jueves, 14 de diciembre de 2017

CINCO VECES TRISTE


Lo que conoces
es tan poco
lo que conoces
de mí
lo que conoces
son mis nubes
son mis silencios
son mis gestos
lo que conoces
es la tristeza
de mi casa vista de afuera
son los postigos de mi tristeza
el llamador de mi tristeza.


Pero no sabes
nada
a lo sumo
piensas a veces
que es tan poco
lo que conozco
de ti
lo que conozco
o sea tus nubes
o tus silencios
o tus gestos
lo que conozco
es la tristeza
de tu casa vista de afuera
son los postigos de tu tristeza
el llamador de tu tristeza. 


Pero no llamas.
Pero no llamo.



Mario Benedetti

miércoles, 13 de diciembre de 2017

DIAS DE COLEGIO


A golpes de silbato subíamos a clase,
un vaso de yogurt nos servia de plumier
en los pupitres.


El cuaderno de ortografía
nos obligaba a escribir
nuestras peores frases:
mi mama me mima.


La consigna de la semana
presidía la clase.
A medio día comíamos
con comida del colegio
o con comida de casa.


Por las tardes Pepita
nos traía cacao con galletas,
luego la ruta de autobús
nos llevaba a casa.


En mayo: con flores a María.
El ángelus a las doce.
A formar en filas:
a cubrirse ya, firmes ya.


Así trascurrían nuestros días de colegio.
Con el tiempo lo normal
fue estar loco o ser poeta.



Javier Perez Ayala

martes, 12 de diciembre de 2017

ATASCO


El rugido incesante
de los engranajes
cuatro por dos
me habla de la extraña
carrera de la ciudad
para llegar al trabajo.


Las máquinas
varadas en el asfalto
recuerdan que hoy
tampoco
serás puntual a tu cita rutinaria.


El movimiento
se demuestra
a pequeños impulsos
y el silencio es interrumpido
por la impaciencia del claxon.


Unos cristales rotos en el arcén
recuerda la violencia
que supone ganar unos minutos
a la inquietud que provoca
nunca ser el primero.


Por el retrovisor
te queda el consuelo
de que el que está detrás
llegará mas tarde.



Javier Perez Ayala

lunes, 11 de diciembre de 2017

ROMANCE DEL BOSQUE Y LA NIÑA POBRE

 
El bosque se alimenta del regocijo
de las aves;
en el cielo las nubes se disfrazan de algodón
cuando renace el nuevo día
¡y hay un coro de silbidos y un desfile
de plumajes!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


Hay una armonía de frutales
que embruja la mañana con su esencia
un naranjo, un ciruelo y un pino;
crece la madreselva en libertad
¡una calandria me saluda con su trino!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


Una niña pobre enamorada de los ojos
Mágicos del bosque
pinta con sus labios una eterna sonrisa
en un sauce de cristal
¡ella ama al bosque y a sus hijos!
¡ella anhela ser una cigüeña para retozar!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


Y un duende milagroso que camina por el bosque
buscando un corazón enamorado
a quien regalar un arcoiris de colores
y una estrella de coral
ve a una niña pobre sollozando en un jacinto
¡y siente ganas de llorar!
¡y siente ganas de llorar!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


El duende se aproxima a la niña
y le ofrece su amistad y su consuelo;
la niña, con su larga cabellera rubia,
lo mira con serenidad
y lo encandila con sus pupilas
y le da un beso con sus labios de cerezas
y el duende se desmaya de felicidad

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


¡El cielo descorcha una sidra!
y llueven pétalos de rosas...
¡sobre el río se baña una cigüeña!
y el bosque como gran tenor canta una opera
cuando el horizonte cierra su telón
y la niña sonríe, descalza, sobre una corchea

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


¡Yo amo a la niña! dice el bosque...
Y bostezando al horizonte, repite:
¡yo amo a la niña porque yo también soy pobre!
¡su alma es mi vida!
¡su inocencia, la pureza de mis noches!

¿Qué haría yo sin ella?
¿Qué haría yo sin ella?



Ali Al Haded