miércoles, 18 de julio de 2018

FE DE VIDA

Pintura de Dans Reve


Esperar junto a este mar (en el que nacieron las ideas)
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas).


Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de orquídeas
en las calas olvidadas.


    Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie de relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.


O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.


Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como un remo perdido.


O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.


    Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.


Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.


O con sus muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.


o con la luz de todos los azules.

    Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.


Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano como a un puñado de sal.
O de luz.


    Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón —al fin— pueda ver.


Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.


Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.



Antonio Colinas

martes, 17 de julio de 2018

HE CONSTRUIDO UN JARDÍN...

Pintura de Odilon Redon

He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.


Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.


He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón. 


Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos
dejarse ir para cuidarlo
y ser, el jardín. 


Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano. 


Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte. 


Ahora la lengua puede desatarse para hablar. 

Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido. 


Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse. 


El jardín exige, a su jardinera verlo morir. 


Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo. 


Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.



Diana Bellessi

lunes, 16 de julio de 2018

MAREA DE MI CORAZÓN...

Pintura de Odilon Redon.
Marea de mi corazón
déjame ir
en las ligustrinas
como un insecto o como la
misma ligustrina en el rumor
en el rasante
vuelo de las
golondrinas alrededor
de los aleros en la música
minimal donde se hunde
mi vecino mientras tapiza
con golpecitos los respaldos
de las sillas en el sol
rasgado por la brisa
no ser lo otro
lo que mira. Desligarme
del ser hacia aquel
estar mayestático de
la dicha. Alfombra
de orquídeas diminutas
sobre el pasto florecen
antes que la máquina
cortadora de césped
las arrase ¿aprendieron? 


Corolas violáceas
enjoyadas que emergen
en cinco días de sus tallos
aprendieron la brevedad?
de la vida sin ser
lo otro que del origen
nos aparta

 
 
Diana Bellessi
 

domingo, 15 de julio de 2018

CANTA LA NOCHE

Pintura de Odilon Redon


Asomándose al cielo de la selva
escuchan las estrellas en silencio,
del ruiseñor el canto, voz alada
de las entrañas de la noche augusta.


Cantan amores al abierto cielo
que cierra el sol, al alba, con sus llaves
de oro encendido; cantan las tinieblas,
canta la noche, y con su canto vierte
de los rendidos hijos de la vida
y en su regazo los acoge a todos
bajo una sola manta negra y suave.


Sombra no se hacen entre sí los seres,
ni luchan por la luz, todos se abrazan
en el regazo de la buena madre.


Canta la noche; arrulla el sueño dulce
de los rendidos hijos de la vida;
canta la noche, y con su canto vierte
un dulce olvido en los llagados pechos;
canta la noche y con su canto lava
las visiones que al alma congojosa
le metió bajo el sol que el cielo cierra
el silencio mortal del mediodía.





Miguel de Unamuno