jueves, 14 de diciembre de 2017

CINCO VECES TRISTE


Lo que conoces
es tan poco
lo que conoces
de mí
lo que conoces
son mis nubes
son mis silencios
son mis gestos
lo que conoces
es la tristeza
de mi casa vista de afuera
son los postigos de mi tristeza
el llamador de mi tristeza.


Pero no sabes
nada
a lo sumo
piensas a veces
que es tan poco
lo que conozco
de ti
lo que conozco
o sea tus nubes
o tus silencios
o tus gestos
lo que conozco
es la tristeza
de tu casa vista de afuera
son los postigos de tu tristeza
el llamador de tu tristeza. 


Pero no llamas.
Pero no llamo.



Mario Benedetti

miércoles, 13 de diciembre de 2017

DIAS DE COLEGIO


A golpes de silbato subíamos a clase,
un vaso de yogurt nos servia de plumier
en los pupitres.


El cuaderno de ortografía
nos obligaba a escribir
nuestras peores frases:
mi mama me mima.


La consigna de la semana
presidía la clase.
A medio día comíamos
con comida del colegio
o con comida de casa.


Por las tardes Pepita
nos traía cacao con galletas,
luego la ruta de autobús
nos llevaba a casa.


En mayo: con flores a María.
El ángelus a las doce.
A formar en filas:
a cubrirse ya, firmes ya.


Así trascurrían nuestros días de colegio.
Con el tiempo lo normal
fue estar loco o ser poeta.



Javier Perez Ayala

martes, 12 de diciembre de 2017

ATASCO


El rugido incesante
de los engranajes
cuatro por dos
me habla de la extraña
carrera de la ciudad
para llegar al trabajo.


Las máquinas
varadas en el asfalto
recuerdan que hoy
tampoco
serás puntual a tu cita rutinaria.


El movimiento
se demuestra
a pequeños impulsos
y el silencio es interrumpido
por la impaciencia del claxon.


Unos cristales rotos en el arcén
recuerda la violencia
que supone ganar unos minutos
a la inquietud que provoca
nunca ser el primero.


Por el retrovisor
te queda el consuelo
de que el que está detrás
llegará mas tarde.



Javier Perez Ayala

lunes, 11 de diciembre de 2017

ROMANCE DEL BOSQUE Y LA NIÑA POBRE

 
El bosque se alimenta del regocijo
de las aves;
en el cielo las nubes se disfrazan de algodón
cuando renace el nuevo día
¡y hay un coro de silbidos y un desfile
de plumajes!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


Hay una armonía de frutales
que embruja la mañana con su esencia
un naranjo, un ciruelo y un pino;
crece la madreselva en libertad
¡una calandria me saluda con su trino!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


Una niña pobre enamorada de los ojos
Mágicos del bosque
pinta con sus labios una eterna sonrisa
en un sauce de cristal
¡ella ama al bosque y a sus hijos!
¡ella anhela ser una cigüeña para retozar!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


Y un duende milagroso que camina por el bosque
buscando un corazón enamorado
a quien regalar un arcoiris de colores
y una estrella de coral
ve a una niña pobre sollozando en un jacinto
¡y siente ganas de llorar!
¡y siente ganas de llorar!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


El duende se aproxima a la niña
y le ofrece su amistad y su consuelo;
la niña, con su larga cabellera rubia,
lo mira con serenidad
y lo encandila con sus pupilas
y le da un beso con sus labios de cerezas
y el duende se desmaya de felicidad

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


¡El cielo descorcha una sidra!
y llueven pétalos de rosas...
¡sobre el río se baña una cigüeña!
y el bosque como gran tenor canta una opera
cuando el horizonte cierra su telón
y la niña sonríe, descalza, sobre una corchea

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


¡Yo amo a la niña! dice el bosque...
Y bostezando al horizonte, repite:
¡yo amo a la niña porque yo también soy pobre!
¡su alma es mi vida!
¡su inocencia, la pureza de mis noches!

¿Qué haría yo sin ella?
¿Qué haría yo sin ella?



Ali Al Haded

domingo, 10 de diciembre de 2017

CONSINTIENDO TU SILENCIO II


Me da la impresión de que no sé querer
como si mi alma y cuerpo no supieran amar
Me suena que lo dices y debe ser verdad
pues reacciono en silencio, lloro en soledad
Me da la impresión de que soy como la llama
de un fuego sin luz, mirada de lejos
mas no concibes que mi calor sí embriaga
a la gente cercana a mí corazón
Sabes bien que donde hubo fuego,
hay cenizas y en ellas vive el calor
A veces siento como mi silencio te hiere
Reconozco te he acostumbrado al canto libre
Requieres de una caricia que hoy extraviada
descansa quizás en brazos de otro ser
Este gorrión cansado de vivir, ya no canta
apenas posa sus ojos en el umbral de la ventana
Supongo que es debido a la pereza
o tal vez al encuentro inusitado de su destino
Estúpida práctica de tener que optar por caminos
estrechos, sinuosos, corridos, desconocidos
en los que uno se sabe perdido y debe seguir
Me da la impresión de que no sé querer
y es que habiendo entregado todo lo mío
noto que al irme, no tan sólo he partido
he dejado que mi alma vuele sin ganas de volver
Admito, inquirí  para dejarte marcas que te sirvan
que en mis uñas conservo residuos de tu piel de amor
En mi boca mantengo el fuego abrazador
de tu lengua y por ende de tus deseos
Sí, sé que me dirás otra vez, como de costumbre,
que no he dicho nada como para que te consuele
como tampoco he entregado de mí los bienes
ni deben haber sido tantos los momentos gratos
como ahora aspiro de las palabras que fueron dichas
Menos aún la inequívoca expresión de mi cuerpo
o las huellas que en ti él con afecto imprimió
Detalles que te faciliten el saber de que sí, un día
cuando caminando de tu mano, te decía
entre otras cosa y no me refiero a todas
tan sólo algunas de ellas, pues de las demás me olvidé
que cuando te amé, sí, mi amor, ¡Yo te quería!




Samuel Akinin Levy

sábado, 9 de diciembre de 2017

ROMPER UN AMOR


Pasada la oscura noche de las dudas
en las que el pensamiento no descansa
tratando de encontrar de ellas, alguna
de las que pudieron ser las causas
no sé si estoy preparado para andanzas
o para seguir llorándole a la luna
Me encuentro otra vez arrinconado
Presagio que la puerta siga abierta
y al alcanzarla pueda pronto salir airado
del triste escarnio de la inconciencia
Me he visto viviendo del pasado su lujuria
asfixiando todas aquellas penas ocultas
Así, luego va el hombre de una vez enfilando
temeroso y en ruta a su nueva batalla
¿Què pasó de todas la palabras dichas?
¿Qué del los abrazos tan expresivos?
¿Qué de los besos que nos dimos?
Y de todo aquello que me guardo
Son demasiadas preguntas en hilo
como excesivas las respuesta sin camino
Manejarse con el sueño de la gaviota
que pretende vivir en primavera
soñar con la culpa no propia, sí ajena
para sentir el alivio a los quejidos
son en parte cosas que para el olvido
uno trabaja y a la ilusión la hace compañera
El día aclara todos los sentidos
luego viene el sol y con todo su brillo
no permite que las nubes oscurezcan
a la plácida y solitaria presencia,
en la que un hombre habla consigo,
para descubrir las trabas del camino
para erradicar las bardas del olvido
y entrar con fresca brisa al paraíso
de una nueva visión mañanera
De nuevo surgen tremendas dudas
¿Qué sentirá la no mencionada compañera?
Lamento desde lo más profundo de mí ser
La herida que causó la despedida
Quisiera mas no puedo llorar en contra mía
ni hacerlo en su nombre con orgullo
que Dios la bendiga pido al cielo
aprendí lo que ella mucho de lo que tengo:
amansar mi furia, abrir mi silencio
soportar la crítica aunque sea dura
para poder por momentos ir creciendo




Samuel Akinin Levy

viernes, 8 de diciembre de 2017

SONETO XXXI

                  
Dentro de mi alma fue de mí engendrado
un dulce amor, y de mi sentimiento
tan aprobado fue su nacimiento
como de un solo hijo deseado;

mas luego de él nació quien ha estragado
del todo el amoroso pensamiento:
que en áspero rigor y en gran tormento
los primeros deleites ha tornado.

¡Oh crudo nieto, que das vida al padre,
y matas al abuelo! ¿por qué creces
tan disconforme a aquel de que has nacido?

¡Oh, celoso temor! ¿a quién pareces?
¡que la envidia, tu propia y fiera madre,
se espanta en ver el monstruo que ha parido!

 
 
 
 
Garcilaso de la Vega

jueves, 7 de diciembre de 2017

SONETO XXX

 
Sospechas, que en mi triste fantasía
puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
volviendo y revolviendo el afligido
pecho, con dura mano noche y día;

ya se acabó la resistencia mía
y la fuerza del alma; ya rendido
vencer de vos me dejo, arrepentido
de haberos contrastado en tal porfía. 


Llevadme a aquel lugar tan espantable,
que, por no ver mi muerte allí esculpida,
cerrados hasta aquí tuve los ojos. 


Las armas pongo ya, que concedida
no es tan larga defensa al miserable;
colgad en vuestro carro mis despojos.

 

Garcilaso de la Vega

miércoles, 6 de diciembre de 2017

TIGRES EN EL JARDIN



Como un ascua de odio te hemos visto en la aurora,
como un trigal de cielo derramado en la vega,
y hemos sorbido el agua que tu contacto dora
y ese aroma de rosas que nos cerca y anega.


En este huerto el lirio es feliz. Sólo implora
libertad nuestra sangre, mientras la nube llega,
se riza y, leve, pasa. Da el chamariz la hora,
y el gozo de la sombra, como un rencor, nos niega.


Solos entre las dalias, entre cedros y fuentes,
tanto nos asediamos que nos cala hasta el hueso
este amor sin futuro y esta luz de los dientes.


Tigres somos de un fuego siempre vivo e ileso,
y te odiamos por libre, recio sol, mientras puentes
de plata ha levantado la muerte a nuestro beso.





Antonio Carvajal

martes, 5 de diciembre de 2017

A VECES EL AMOR TIENE CARICIAS


A veces el amor tiene caricias
frías, como navajas de barbero.
Cierra los ojos. Das tu cuello entero
a un peligroso filo de delicias.

Otras veces se clava como aguja
irisada de sedas en el raso
del bastidor: raso del lento ocaso
donde un cisne precoz se somorguja.

En general, adopta una manera
belicosa, de horcas y cuchillos,
de lanza en ristre o de falcón en mano.

Pero es lo más frecuente que te hiera
con ojos tan serenos y sencillos
como un arroyo fresco en el verano.




Antonio Carvajal

lunes, 4 de diciembre de 2017

HACIA LA TIERRA


Cuando tiempo y distancia
engañan los recuerdos,
¿Quién lo ignora?, es amargo
volver. Porque interpuesto


Algo está entre los ojos
la imagen primera,
mudando duramente
amor en extrañeza.


Es acaso un espacio
vacío, una luz ida,
ajada en toda cosa
ya la hermosura viva.


Mas volver debe el alma
tal pájaro en otoño,
y aquel dolor pasado
visitar, y aquel gozo.


Nube de una mañana
áurea, rama de púrpura
junto a una tapia, sombra
azul bajo la luna.


Posibles paraísos
o infiernos ya no entiende
el alma sino en tierra.
Por eso el alma quiere,


Cansada de los sueños
y los delirios tristes,
volver a la morada
suya antigua. Y unirse,


Como se une la piedra
al fondo de su agua,
fatal, oscuramente,
con una tierra amada.




Luis Cernuda

domingo, 3 de diciembre de 2017

CUERPO EN PENA


Lentamente el ahogado recorre sus dominios
Donde el silencio quita su apariencia a la vida.


Transparentes llanuras inmóviles le ofrecen
Árboles sin colores y pájaros callados.


Las sombras indecisas alargándose tiemblan,
Mas el viento no mueve sus alas irisadas;
Si el ahogado sacude sus lívidos recuerdos,
Halla un golpe de luz, la memoria del aire.


Un vidrio denso tiembla delante de las cosas,
Un vidrio que despierta formas color de olvido;
Olvidos de tristeza, de un amor, de la vida,
Ahogados como un cuerpo sin luz, sin aire, muerto.


Delicados, con prisa, se insinúan apenas
Vagos revuelos grises, encendiendo en el agua
Reflejos de metal o aceros relucientes,
Y su rumbo acuchilla las simétricas olas.


Flores de luz tranquila despiertan a lo lejos,
Flores de luz quizá, o miradas tan bellas
Como pudo el ahogado soñarlas una noche,
Sin amor ni dolor, en su tumba infinita.


A su fulgor el agua seducida se aquieta,
Azulada sonrisa asomando en sus ondas.


Sonrisas, oh miradas alegres de los labios;
Miradas, oh sonrisas de la luz triunfante.


Desdobla sus espejos la prisión delicada;
Claridad sinuosa, errantes perspectivas.


Perspectivas que rompe con su dolor ya muerto
Ese pálido rostro que solemne aparece.


Su insomnio maquinal el ahogado pasea.


El silencio impasible sonríe en sus oídos.


Inestable vacío sin alba ni crepúsculo,
Monótona tristeza, emoción en ruinas.


En plena mar al fin, sin rumbo, a toda vela;
Hacia lo lejos, más, hacia la flor sin nombre.


Atravesar ligero como pájaro herido
Ese cristal confuso, esas luces extrañas.


Pálido entre las ondas cada vez más opacas
El ahogado ligero se pierde ciegamente
En el fondo nocturno como un astro apagado.


Hacia lo lejos, sí, hacia el aire sin nombre.




Luis Cernuda

sábado, 2 de diciembre de 2017

GUTIÉRREZ


Era un empleado
que parecía más igual al resto
que, entre sí, cada uno de los demás
y por ello era calurosamente felicitado. 


Es curioso: de aquella época
sólo recuerdo un largo corredor desierto
y a él,
pero no sé si es sólo una pesadilla
ni lo sabré nunca,
pues me dicen que murió hace pocos meses
y pensándolo bien
ni siquiera esto es seguro,
ya que nadie fue al entierro
y su gabardina sigue colgando del mismo perchero,
o al menos una gabardina igual que la suya. 


¿Tal vez nuestros jefes eran hipnotizadores?
Tal vez...en todo caso
la leyenda del empleado modelo
les servía admirablemente
para convertir la oficina en un hormiguero,
donde nadie se relacionaba con sus pensamientos
y menos todavía con sus semejantes. 


Sólo los expedientes importaban,
mejor dicho: no los expedientes sino su número,
siempre inferior al realizado
por ese héroe llamado Gutiérrez,
del cual, ahora me doy cuenta,
ni siquiera estoy seguro de recordar las facciones
a causa de su mimetismo
con las de cualquiera que me abra una puerta
y luego desaparezca.
Sin embargo, se comentaba que le gustaban las quinielas. 


Entonces ¿Quién, o qué, era Gutiérrez?
Si le gustaban las quinielas
tal vez también las mujeres,
tal vez estaba casado. 


Sus hijos lo mirarían con desdén,
su mujer con disgusto por ser la suya una vida tan gris...
y él se refugiaría en la oficina
para hacer de los expedientes su familia. 


Si así era, pensé, mejor que nunca se haya sabido. 


Al fin y al cabo ¿quién podría haber sobrevivido
sin fusilar a Gutiérrez en su mente
cada vez que terminaba un expediente? 


A pesar de ello, una turbia obsesión me dominaba
y una mañana me fui al cementerio,
pero fue inútil: en el lugar indicado
había muchas lápidas y en todas ellas
el mismo nombre: Gutiérrez.



Jose Elgarresta

viernes, 1 de diciembre de 2017

CARTA ABIERTA A UN POETA


Hoy un amigo me ha regalado su último libro
y lo que dice el libro es que, en definitiva,
sólo querría volar alto en el cielo,
pero se ve reducido a arrastrarse por el fango
que es la vida cotidiana, la de todos los días,
y lo más terrible es que uno se acostumbra
y termina pensando que eso es lo bueno,
chapotear en el barro, y lo otro realmente
no deja de ser una bobada, fantasías infantiles. 


Tiene razón mi amigo, hay algo llamado supervivencia
y en su nombre la especie sacrifica al individuo,
la estrella devora a la estrella y el universo se fagocita a sí mismo,
pero como ninguno de nosotros es el universo
nadie sabe de qué va todo eso y pasa de saberlo,
uno se conforma con hallar un hueco y allí,
sin sacar la cabeza del fondo, por si se la pisan,
aguantar mecha hasta la consumación de los siglos,
que es como algunos optimistas llaman
a los pocos momentos que nos quedan de vida. 


Bien, tal vez esto sea así y hasta pueda considerarse
un resumen cabal del pensamiento humano,
al menos en cuanto a sus efectos en la mayoría de la gente,
pero debo señalar que un poeta, como mi amigo,
es un grano de arena en la máquina del mundo
y no se contenta con hacerla chirriar,
lo cual es bastante incluso para muchos sabios,
sino que necesita salir de su agujero
y cagarse en los engranajes de la máquina
y saber si, cuando muera, su cabeza reposará en otra cuna
o en la cesta del verdugo, segada por la guillotina de la nada.


Está claro que a los poetas,
aparte de deleitar a la concurrencia con armónicas estrofas,
lo que nos gusta es incordiar,
dar un toque desgarrado al sonido del arpa,
en una palabra: aguar la fiesta. 


Es así y nadie tiene la culpa de ello.
Además, si fuera de otra forma,
es posible que incluso hubiera fiesta,
pero no invitados.



Jose Elgarresta

jueves, 30 de noviembre de 2017

ASI NUNCA VOLVIÓ A SER




Como llevaba trenza
la llamábamos trencita en la tarde del jueves.


Jugábamos a montarnos en ella y nos llevaba
a una extraña región de la que nunca volveríamos.


Porque es casi imposible abandonar
aquel olor a tierra de su cabello sucio,
sus ásperas rodillas todavía con polvo
y con sangre de la última caída
y, sobre todo,
la nacarada nuca donde se demoraban
unas gotas de luz cuando ya luz no había.


Allí me dejó un día de verano
y jamás regresó
a recoger mi insomne pensamiento
que desde entonces vaga por sus brazos
corrigiendo su ruta, terco y contradictorio,
lo mismo que una hormiga que no sabe salir
de la rama de un árbol en el que se ha perdido.




Angel Gonzalez

miércoles, 29 de noviembre de 2017

ARTRITIS METAFÍSICA


Siempre alguna mujer me llevó de la nariz
(para no hacer mención de otros apéndices).


Anillado
como un mono doméstico,
salté de cama en cama.


¡Cuánta zalema alegre,
qué equilibrios tan altos y difíciles,
qué acrobacias tan ágiles,
qué risa!


Aunque era un espectáculo hilarante,
hubo quien se dolió de mis piruetas,
lo cual no es nada extraño:
en semejante trance
yo mismo
me rompí el alma en más de una ocasión.


Es una pena que esos golpes
que, entregados al júbilo del vuelo,
entonces casi no sentimos,
algunas tardes ahora,
en el otoño,
cuando amenaza lluvia
y viene el frío,
nos vuelvan a doler tanto en el alma;
renovado dolor que no permite
reconciliar el sueño interrumpido.


En esas condiciones no hay alivio posible:
ni el bálsamo falaz de la nostalgia,
ni el más firme consuelo del olvido.




Angel Gonzalez

martes, 28 de noviembre de 2017

RECUERDO DE OTOÑO


Primavera:
Tú eres quimera;
es el otoño el enamorado...

Carnaval de fuego
que en la alameda
de hojas doradas
que tintinean
a cada paso,
has recogido mis sueños rotos,
y ahora los meces
en tu regazo.

Prendidas quedan las primaveras
¡efímeras!
Dormidas quedan entre los brazos
de plataneras, de piel dorada
y de cuerpos altos.

¡Tañir de bronce
que agita el viento
por las aceras!
¿No es el otoño el enamorado?

Primavera...
que no me diste
lo que yo ansiaba
¿No eres quimera?




Dario P. Carvajal

lunes, 27 de noviembre de 2017

ENTRE TINIEBLAS


Palabras tenebrosas
en pérfidos cultismos,
ocultas intenciones,
profundos los abismos.

Oscuras inquietudes,
herméticas miradas,
misterios perfumados,
imágenes veladas.

Quimeras fantasmales,
madejas enredadas,
idiomas marginales,
palabras maquilladas.

En libros encerradas
con cueros sus cadenas,
ingrávidos los gritos,
ingrávidas las penas.

Prefiero las palabras
que viven en tu boca,
prefiero algun silencio
o alguna frase rota.

Cadencia silenciosa,
sincera melodía,
madeja deshilada,
sencilla la poesía.



Dario P. Carvajal

domingo, 26 de noviembre de 2017

LA ORACIÓN DEL ATEO



Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes. 

Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes. 


¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.




Miguel de Unamuno

sábado, 25 de noviembre de 2017

LA LUNA Y LA ROSA

 
En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía —sedienta boca—
el paladar del espíritu,
que adurmiendo su congoja
se abría al cielo nocturno
de Dios y su Madre toda... 


Toda cabellos tranquilos,
la Luna, tranquila y sola,
acariciaba a la Tierra
con sus cabellos de rosa
silvestre, blanca, escondida... 


La Tierra, desde sus rocas,
exhalaba sus entrañas
fundidas de amor, su aroma... 


Entre las zarzas, su nido,
era otra luna la rosa,
toda cabellos cuajados
en la cuna, su corola;
las cabelleras mejidas
de la Luna y de la rosa
y en el crisol de la noche
fundidas en una sola... 


En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba
a la Luna, quieta y sola.




Miguel de Unamuno

viernes, 24 de noviembre de 2017

EN EL FONDO FORESTAL DEL DÍA


El acto simple de la araña que teje una estrella
en la penumbra,
el paso elástico del gato hacia la mariposa,
la mano que resbala por la espalda tibia del caballo,
el olor sideral de la flor del café,
el sabor azul de la vainilla,
me detienen en el fondo del día. 


Hay un resplandor cóncavo de helechos,
una resonancia de insectos,
una presencia cambiante del agua en los rincones pétreos.


Reconozco aquí mi edad hecha de sonidos silvestres,
de lumbre de orquídea,
de cálido espacio forestal,
donde el pájaro carpintero hace sonar el tiempo.


Aquí el atardecer inventa una roja pedrería,
una constelación de luciérnagas,
una caída de hojas lúcidas hacia los sentidos,
hacia el fondo del día,
donde se encantan mis huesos agrestes.




Vicente Gerbasi

jueves, 23 de noviembre de 2017

BOSQUE DE MUSICA



Mi ser fluye en tu música,
bosque dormido en el tiempo,
rendido a la nostalgia de los lagos del cielo. 


¿cómo olvidar que soy oculta melodía
y tu adusta penumbra voz de los misterios? 


He interrogado los aires que besan la sombra,
he oído en el silencio tristes fuentes perdidas,
y todo eleva mis sueños a músicas celestes. 


Voy con las primaveras que te visitan de noche,
que dan vida a las flores en tus sombras azules
y me revelan el vago sufrir de tus secretos. 


Tu sopor de luciérnagas es lenta astronomía
que gira en mi susurro de follaje en el viento
y alas da a los suspiros de las almas que escondes. 


¿Murió aquí el cazador, al pie de las orquídeas,
el cazador nostálgico por tu magia embriagado? 


Oh, bosque: tú que sabes vivir de soledades
¿adonde va en la noche el hondo suspirar?




Vicente Gerbasi

miércoles, 22 de noviembre de 2017

LLAMO A LA JUVENTUD


Los quince y los dieciocho,
los dieciocho y los veinte...
Me voy a cumplir los años
al fuego que me requiere,
y si resuena mi hora
antes de los doce meses,
los cumpliré bajo tierra.



Yo trato que de mí queden
una memoria de sol
y un sonido de valiente.


Si cada boca de España,
de su juventud, pusiese
estas palabras, mordiéndolas,
en lo mejor de sus dientes:
si la juventud de España,
de un impulso solo y verde,
alzara su gallardía,
sus músculos extendiese
contra los desenfrenados
que apropiarse España quieren,
sería el mar arrojando
a la arena muda siempre
varios caballos de estiércol
de sus pueblos transparentes,
con un brazo inacabable
de perpetua espuma fuerte.


Si el Cid volviera a clavar
aquellos huesos que aún hieren
el polvo y el pensamiento,
aquel cerro de su frente,
aquel trueno de su alma
y aquella espada indeleble,
sin rival, sobre su sombra
de entrelazados laureles:
al mirar lo que de España
los alemanes pretenden,
los italianos procuran,
los moros, los portugueses,
que han grabado en nuestro cielo
constelaciones crueles
de crímenes empapados
en una sangre inocente,
subiera en su airado potro
y en su cólera celeste
a derribar trimotores
como quien derriba mieses.


Bajo una zarpa de lluvia,
y un racimo de relente,
y un ejército de sol,
campan los cuerpos rebeldes
de los españoles dignos
que al yugo no se someten,
y la claridad los sigue,
y los robles los refieren.


Entre graves camilleros
hay heridos que se mueren
con el rostro rodeado
de tan diáfanos ponientes,
que son auroras sembradas
alrededor de sus sienes.


Parecen plata dormida
y oro en reposo parecen.


Llegaron a las trincheras
y dijeron firmemente:
¡Aquí echaremos raíces antes que nadie nos eche!
Y la muerte se sintió
orgullosa de tenerles.


Pero en los negros rincones,
en los más negros, se tienden
a llorar por los caídos
madres que les dieron leche,
hermanas que los lavaron,
novias que han sido de nieve
y que se han vuelto de luto
y que se han vuelto de fiebre;
desconcertadas viudas,
desparramadas mujeres,
cartas y fotografías
que los expresan fielmente,
donde los ojos se rompen
de tanto ver y no verles,
de tanta lágrima muda,
de tanta hermosura ausente.


Juventud solar de España:
que pase el tiempo y se quede
con un murmullo de huesos
heroicos en su corriente.


Echa tus huesos al campo,
echar las fuerzas que tienes
a las cordilleras foscas
y al olivo del aceite.


Reluce por los collados,
y apaga la mala gente,
y atrévete con el plomo,
y el hombro y la pierna extiende.


Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen.


Cuerpos que nacen vencidos,
vencidos y grises mueren:
vienen con la edad de un siglo,
y son viejos cuando vienen.


La juventud siempre empuja
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.


La muerte junto al fusil,
antes que se nos destierre,
antes que se nos escupa,
antes que se nos afrente
y antes que entre las cenizas
que de nuestro pueblo queden,
arrastrados sin remedio
gritemos amargamente:
¡Ay España de mi vida,
ay España de mi muerte!




Miguel Hernandez

martes, 21 de noviembre de 2017

LOS COBARDES


Hombres veo que de hombres
sólo tienen, sólo gastan
el parecer y el cigarro,
el pantalón y la barba.


En el corazón son liebres,
gallinas en las entrañas,
galgos de rápido vientre,
que en épocas de paz ladran
y en épocas de cañones
desaparecen del mapa.


Estos hombres, estas liebres,
comisarios de la alarma,
cuando escuchan a cien leguas
el estruendo de las balas,
con singular heroísmo
a la carrera se lanzan,
se les alborota el ano,
el pelo se les espanta.


Valientemente se esconden,
gallardamente se escapan
del campo de los peligros
estas fugitivas cacas,
que me duelen hace tiempo
en los cojones del alma.


¿Dónde iréis que no vayáis
a la muerte, liebres pálidas,
podencos de poca fe
y de demasiadas patas?
¿No os avergüenza mirar
en tanto lugar de España
a tanta mujer serena
bajo tantas amenazas?
Un tiro por cada diente
vuestra existencia reclama,
cobardes de piel cobarde
y de corazón de caña.


Tembláis como poseídos
de todo un siglo de escarcha
y vais del sol a la sombra
llenos de desconfianza.


Halláis los sótanos poco
defendidos por las casas.


Vuestro miedo exige al mundo
batallones de murallas,
barreras de plomo a orillas
de precipicios y zanjas
para vuestra pobre vida,
mezquina de sangre y ansias.


No os basta estar defendidos
por lluvias de sangre hidalga,
que no cesa de caer,
generosamente cálida,
un día tras otro día
a la gleba castellana.


No sentís el llamamiento
de las vidas derramadas.


Para salvar vuestra piel
las madrigueras no os bastan,
no os bastan los agujeros,
ni los retretes, ni nada.


Huís y huís, dando al pueblo,
mientras bebéis la distancia,
motivos para mataros
por las corridas espaldas.


Solos se quedan los hombres
al calor de las batallas,
y vosotros, lejos de ellas,
queréis ocultar la infamia,
pero el color de cobardes
no se os irá de la cara.


Ocupad los tristes puestos
de la triste telaraña.
Sustituid a la escoba,
y barred con vuestras nalgas
la mierda que vais dejando
donde colocáis la planta.



Miguel Hernandez

lunes, 20 de noviembre de 2017

HÁBLAME DEL MAR MARINERO


Dicen que hay toros azules
en la primavera del mar.


El sol es el caporal
y las mantillas las nubes,



que las mueve el temporal.
Dicen que hay toros azules
en la primavera del mar.


Háblame del mar, marinero.
Dime si es verdad
lo que dicen de él.


Desde mi ventana
no puedo yo verlo.


Desde mi ventana
el mar no se ve.
Háblame del mar, marinero.


Cuéntame que sientes
allí, junto a él.


Desde mi ventana
no puedo saberlo,
desde mi ventana
el mar no se ve.


Dicen que el barco navega
enamorado del mar.


Buscando sierenas va,
buscando sirenas nuevas
que le canten al pasar.


Dicen que el barco navega
enamorado del mar.


Háblame del mar, marinero,
háblame del mar, háblame.




Rafael Alberti

domingo, 19 de noviembre de 2017

NOCTURNO




Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven: son palabras.

Balas. Balas. 

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas. 


¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

Balas. Balas. 

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar lo que no puede por imposible, y calla.


Balas. Balas. 

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.



Rafael Alberti

sábado, 18 de noviembre de 2017

AQUI ENTRE LA VERDE JUNICIA


Aquí entre la verde juncia
Quiero (como el blanco cisne
Que envuelto en dulce armonía,
La dulce vida despide)

Despedir mi vida amarga
Envuelta en endechas tristes,
Y querellarme de aquélla
Tan hermosa como libre. 


Descanse entre tanto el arco
De la cuerda que le aflige,
Y pendiente de sus ramos
Orne esta planta de Alcides,

Mientras yo a la tortolilla
Que sobre aquel olmo gime,
Le hurto todo el silencio
Que para sus quejas pide. 


Bellísima cazadora,
Más fiera que las que sigues
Por los bosques cruel verdugo
De mis años infelices:

Tan grandes son tus extremos
De hermosa y de terrible,
Que están los montes en duda
Si eres diosa o si eres tigre. 


Préciaste de tan soberbia
Contra quien es tan humilde
Que, considerados bien,
Todos los monteros dicen

Que los dos nos parecemos
Al roble que más resiste
Los soplos del viento airado:
Tú en ser dura, yo en ser firme. 


En esto sólo eres roble,
Y en lo demás flaca mimbre,
No sólo a los recios vientos,
Mas a los aires sutiles. 


Ya no persigues, cruel,
Después que a mí me persigues,
A los ciervos voladores
Ni a los fieros jabalíes. 


Ni de tu dichoso albergue
Las nobles paredes visten
Los despojos de las fieras
Que, como a mí, muerte diste. 


No porque no gustes de ello,
Sino porque no te obligue
El encontrarme en la caza
A que siquiera me mires. 


Los monteros te suspiran
Por todos estos confines,
Y el mismo monte se agravia
De que tus pies no le pisen,

Por el rastro que dejaban
De rosas y de jazmines,
Tanto que eran a sus campos
Tus dos plantas dos abriles. 


Haz tu gusto, que yo quiero
Dejar (pues de ello te sirves)
El espíritu cansado
Que mis flacos miembros rige. 


Conseguiremos en esto
Ambos a dos nuestros fines:
Tú el de cruel en dejarme,
Yo el de leal en morirme. 


Tú, rey de los otros ríos,
Que de las sierras sublimes
De Segura al Oceano
El fértil terreno mides,

Pues en tu dichoso seno
Tantas lágrimas recibes
De mis ojos, que en el mar
Entran dos Guadalquivires,

Ruégote que su crueldad
Y mi firmeza publiques
Por todo el húmedo reino
De la gran madre de Aquiles,

Porque no sólo en las selvas,
Mas los que en las aguas viven
Conozcan quién es Daliso
Y quién es la ingrata Nise.



Luis de Gongora y Argote

viernes, 17 de noviembre de 2017

IMITACIÓN DE DIVERSOS




Vuestra tirana exención
y ese vuestro cuello erguido
estoy cierto que Cupido
pondrá en dura sujeción.
Vivid esquiva y exenta;
que a mi cuenta
vos serviréis al amor
cuando de vuestro dolor
ninguno quiera hacer cuenta.

  Cuando la dorada cumbre
fuere de nieve esparcida,
y las dos luces de vida
recogieren ya su lumbre:
cuando la ruga enojosa
en la hermosa
frente y cara se mostrare,
y el tiempo que vuela helare
esa fresca y linda rosa:

  Cuando os viéredes perdida,
os perderéis por querer,
sentiréis que es padecer
querer y no ser querida.
Diréis con dolor, Señora,
cada hora:
¡quién tuviera, ay sin ventura,
o agora aquella hermosura
o antes el amor de agora!

  A mil gentes que agraviadas
tenéis con vuestra porfía,
dexaréis en aquel día
alegres y bien vengadas.
Y por mil partes volando
publicando
el amor irá este cuento,
para aviso y escarmiento
de quien huye de su bando.

  —¡Ay! por Dios, Señora bella,
mirad por vos, mientras dura
esa flor graciosa y pura,
que el no gozalla es perdella,
y pues no menos discreta
y perfeta
sois que bella y desdeñosa,
mirad que ninguna cosa
hay que a amor no esté sujeta.

  El amor gobierna el cielo
con ley dulce eternamente,
¿y pensáis vos ser valiente
contra él acá en el suelo?
Da movimiento y viveza
a belleza
el amor, y es dulce vida;
y la suerte más valida
sin él es triste pobreza.

  ¿Qué vale el beber en oro,
el vestir seda y brocado,
el techo rico labrado,
los montones de tesoro?
¿Y qué vale si a derecho
os da pecho
el mundo todo y adora,
si á la fin dormís, Señora,
en el solo y frío lecho?




Fray Luis de Leon

jueves, 16 de noviembre de 2017

AMOR CASI UN VUELO


Amor casi de un vuelo me ha encumbrado
adonde no llegó ni el pensamiento;
mas toda esta grandeza de contento
me turba, y entristece este cuidado,

que temo que no venga derrocado
al suelo por faltarle fundamento;
que lo que en breve sube en alto asiento,
suele desfallecer apresurado.

mas luego me consuela y asegura
el ver que soy, señora ilustre, obra
de vuestra sola gracia, y que en vos fío:

porque conservaréis vuestra hechura,
mis faltas supliréis con vuestra sobra,
y vuestro bien hará durable el mío.

 
 
 
Fray Luis de Leon
 
 
 

miércoles, 15 de noviembre de 2017

EN UNA DESPEDIDA

 
Tardan las cartas y son poco
para decir lo que uno quiere. 


Después pasan los años, y la vida
(demasiado confusa para explicar por carta)
nos hará más perdidos. 


Los unos en los otros, iguales a las sombras
al fondo un pasillo desvayéndonos,
viviremos de luz involuntaria
pero sólo un instante, porque ya el recuerdo
será como un puñado de conchas recogidas,
tan hermoso en sí mismo que no devuelve nunca
las palmeras felices y el mar trémulo. 


Todo fue hace minutos: dos amigos
hemos visto tu rostro terriblemente serio
queriendo sonreír. 


                            Has desaparecido.
Y estamos los dos solos y en silencio,
en medio de este día de domingo,
bellísimo de mayo, con matrimonios jóvenes
y niños excitados que gritaban
al levantarse tu avión. 


Ahora las montañas parecen más cercanas. 


Y, por primera vez,
pensamos en nosotros. 


A solas con tu imagen,
cada cual se conoce por este sentimiento
de cansancio, que es dulce —como un brillo de lágrimas
que empaña la memoria de estos días,
esta extraña semana. 


Y el mal que nos hacemos,
como el que a ti te hicimos, lo inevitablemente
amargo de esta vida en la que siempre, siempre,
somos peores que nosotros mismos,
acaso resucite un viejo sueño
sabido y olvidado. 


El sueño de ser buenos y felices.

Porque sueño y recuerdo tienen fuerza
para obligar la vida,
aunque sean no más que un límite imposible. 


Si este mar de proyectos
y tentativas naufragadas,
este torpe tapiz a cada instante
tejido y destejido,
esta guerra perdida,
nuestra vida,
da de sí alguna vez un sentimiento digno,
un acto verdadero,
en él tu estarás para siempre asociado
a mi amigo y a mí. No te habremos perdido.



 Jaime Gil de Biedma

martes, 14 de noviembre de 2017

INTERIOR


 
Ya nadie sabía qué hacer, qué palabra
decir. No quisimos romper el silencio.
Entraba la luz, nos llegaba la luz.


Pero nadie sabía qué hacer, qué palabra
decir. Cada uno miraba sus manos,
cada uno tenía sus manos mojadas de sombra.


Arriba, en la abierta ventana, de cara al poniente,
seguía él mirando.


Ya nadie sabía qué hacer, qué palabra
decir. Nadie quiso mirarle la frente dorada
donde pronto la luz, como un zumo de fruta, se haría violeta.


Cada uno miraba sus manos.
Cada uno sabía que él vendría
con la tarde en los ojos abiertos
y en los labios, temblando, la bella palabra.


Arriba, en la abierta ventana,
De cara al poniente, seguía él mirando.


Y ya nadie sabía qué hacer, qué palabra
decir, de qué modo anhelar,
cómo hablar sin romper antes que él el divino silencio.




Jose Hierro

lunes, 13 de noviembre de 2017

DESPEDIDA DEL MAR


 
Por más que intente al despedirme
guardarte entero en mi recinto
de soledad, por más que quiera
beber tus ojos infinitos,
tus largas tardes plateadas,
tu vasto gesto, gris y frío,
sé que al volver a tus orillas
nos sentiremos muy distintos. 


Nunca jamás volveré a verte
con estos ojos que hoy te miro.


Este perfume de manzanas,
¿de dónde viene? ¡Oh sueño mío,
mar mío! ¡Fúndeme, despójame
de mi carne, de mi vestido
mortal! ¡Olvídame en la arena,
y sea yo también un hijo
más, un caudal de agua serena
que vuelve a ti, a su salino
nacimiento, a vivir tu vida
como el más triste de los ríos!


Ramos frescos de espuma... Barcas
soñolientas y vagas... Niños
rebañando la miel poniente
del sol... ¡Qué nuevo y fresco y limpio
el mundo...! Nace cada día
del mar, recorre los caminos
que rodean mi alma, y corre
a esconderse bajo el sombrío,
lúgubre aceite de la noche;
vuelve a su origen y principio.


¡Y que ahora tenga que dejarte
para emprender otro camino!...

Por más que intente al despedirme
llevar tu imagen, mar, conmigo;
por más que quiera traspasarte,
fijarte, exacto, en mis sentidos;
por más que busque tus cadenas
para negarme a mi destino,
yo sé que pronto estará rota
tu malla gris de tenues hilos. 


Nunca jamás volveré a verte
con estos ojos que hoy te miro.




Jose Hierro

domingo, 12 de noviembre de 2017

AMBICIÓN MEDIDA


La palma, talle juvenil del aire,
el granado, mi brasa superada,
mi George Dickson, sangre bien rizada,
violetas, miniaturas al desgaire,


han de rodear mi casa, la del sueño
y del ensueño musical y breve,
con una dicha asordinada y leve
y un bien medido bienestar pequeño.


Empezar en pobrezas armoniosas
la conquista de panes y de rosas,
que me entreguen la paz de cada día.


Medirme la ambición con una vara,
que nunca pueda resultarme cara,
ni darle pena ya a Santa María.




Juana de Ibarbourou

sábado, 11 de noviembre de 2017

EL BAÑO


¡Agua viva del mar!
¡Agua inquieta del mar!
¡Las poesías que inspiras
en tu eterno rodar!
Los mil ojos del agua.


¡Cuántas cosas verán!
Las mil bocas del agua.
¡Cuántas cosas dirán!


Viejo espejo de estrellas,
gruñidor, fiero mar
que por siempre a la tierra
como un can lamerás:
al rozarme los brazos,
al saltarme a la boca,
tu agua siéntese dueña
de la carne que toca.
¿De qué barco andariego
bajaré para ti?


En la noche de bodas,
¿qué tendrás para mí?


¡Oh novia a la que el novio
mecerá como un aya
para luego acostarla
ya dormida en la playa!


¡Novia predestinada
que ha de hacerse un collar
con los hilos de luna
que ondulan sobre el mnar!


¡Novia a la que el amante
carnal no tendrá más
que un momento impreciso,
que un instante fugaz!


Cuando envuelves los cuerpos,
cuando rozas las bocas,
mar: ¿te sientes ya el dueño
de la carne que tocas?



Juana Ibarbourou

viernes, 10 de noviembre de 2017

SIERRA NEVADA


Cantar oigo los vientos de mi Sierra Nevada;
La de nieves perpetuas e inefable balada.


De belleza gigante, rotunda y colosal,
Grandiosa su presencia, su perfil peculiar.


Sus soberbias laderas anduvieron las recuas
De mulas, abrumadas de carga por sus sendas

Y los bravos neveros  que en las cimas excelsas
Sacan el duro hielo de profundas cavernas.


Y regresan cantando por estrechas gargantas
Hasta la seca urbe que su frescor aguarda.


Audaces transitando por riscos y cañadas,
Por senderos inciertos y abismales escarpas,

Pasando por la vida robando a la montaña
Su nieve para darles frescura a la solana,

Desde blancos picachos y escabrosas laderas
Que ofrecen un festín de esplendor y belleza.


¿Do están las blancas nieves? ¿Do los hielos se guardan
Que aunque hondos y ocultos, bravos neveros hallan?

Gente ruda que brega;  que a los montes despoja
De sus heladas nieves y las roba a las cárcavas;

Que se afana y que escruta el hondo en la montaña,
Cobrando con esfuerzo botín de escarcha blanca

Que Granada febril, anhela con nostalgia
El frescor de la Vega, del álamo y la  acequia, 

Caudales del Genil, regatos de la Alhambra,
Que es delicada gema, y es reina de prosapia.


Pues tan garbosa dama, de calinas tan ásperas
No soporta rigores de la calina cárdena

Y un sol que cada tarde, de noche y madrugada,
Marchita con sus rayos a la  olorosa albahaca

Que con perfume encanta Sacromonte y Alhambra,
Del Albaicín las calles en noches embrujadas.


Y a finas azaleas de pulcra filigrana
Y a radiantes claveles que a brunos ojos guardan.

La sequía y ardores su blandura quebrantan;
Sus efluvios fragantes, la sequedad apaga.  


Deslucen los mensajes que desde las persianas
Captan apuestos mozos que rondan las calzadas.


Noche, luna y luceros, frescor de madrugada
Necesitan las rejas y cierres de Granada

¿Adonde irán los mozos si en penumbra celada
No catan el olor de búcaros y plantas?

Que adornan entre nardos, los ojos de la amada,
De abéñula cercados y alguna vez de lágrimas.




Rafael Marañon

jueves, 9 de noviembre de 2017

IMPRESIÓN DE DESTIERRO


Fue la pasada primavera,
hace ahora casi un año,
En un salón del viejo Temple, en Londres,
Con viejos muebles. Las ventanas daban,
Tras edificios viejos, a lo lejos,
Entre la hierba el gris relámpago del río.


Todo era gris y estaba fatigado
Igual que el iris de una perla enferma.


Eran señores viejos, viejas damas,
En los sombreros plumas polvorientas;
Un susurro de voces allá por los rincones,
Junto a mesas con tulipanes amarillos,
Retratos de familia y teteras vacías.


La sombra que caía
Con un olor a gato,
Despertaba ruidos en cocinas.


Un hombre silencioso estaba
Cerca de mí. Veía
La sombra de su largo perfil algunas veces
Asomarse abstraído al borde de la taza,
Con la misma fatiga
Del muerto que volviera
Desde la tumba a una fiesta mundana.


En los labios de alguno,
Allá por los rincones
Donde los viejos juntos susurraban,
Densa como una lágrima cayendo,
Brotó de pronto una palabra: España.


Un cansancio sin nombre
Rodaba en mi cabeza.


Encendieron las luces. Nos marchamos.


Tras largas escaleras casi a oscuras
Me hallé luego en la calle,
Y mi lado, al volverme,
Vi otra vez a aquel hombre silencioso,
Que habló indistinto algo
Con acento extranjero,
Un acento de niño en voz envejecida.


Andando me seguía
Como si fuera solo bajo un peso invisible,
Arrastrando la losa de su tumba;
Mas luego se detuvo.


«¿España?», dijo. «Un nombre.
España ha muerto.» Había
Una súbita esquina en la calleja.


Le vi borrarse entre la sombra húmeda.




Luis Cernuda

miércoles, 8 de noviembre de 2017

LAMENTO Y ESPERANZA





Soñábamos algunos cuando niños, caídos
En una vasta hora de ocio solitario
Bajo la lámpara, ante las estampas de un libro,
Con la revolución. Y vimos su ala fúlgida
Plegar como una mies los cuerpos poderosos.

Jóvenes luego, el sueño quedó lejos
De un mundo donde desorden e injusticia,
Hinchendo oscuramente las ávidas ciudades,
Se alzaban hasta el aire absorto de los campos.
Y en la revolución pensábamos: un mar
Cuya ira azul tragase tanta fría miseria.

El hombre es una nube de la que el sueño es viento.
¿Quién podrá al pensamiento separarlo del sueño?
Sabedlo bien vosotros, los que envidiéis mañana
En la calma este soplo de muerte que nos lleva
Pisando entre ruinas un fango con rocío de sangre.

Un continente de mercaderes y de histriones,
Al acecho de este loco país, está esperando
Que vencido se hunda, solo ante su destino,
Para arrancar jirones de su esplendor antiguo.
Le alienta únicamente su propia gran historia dolorida.

Si con dolor el alma se ha templado, es invencible;
Pero, como el amor, debe el dolor ser mudo:
No lo digáis, sufridlo en esperanza. Así este pueblo iluso
Agonizará antes, presa ya de la muerte,
Y vedle luego abierto, rosa eterna en los mares.




Luis Cernuda

martes, 7 de noviembre de 2017

RITUAL DE MIS PIERNAS


Largamente he permanecido mirando mis largas piernas
con ternura infinita y curiosa, con mi acostumbrada pasión,
como si hubieran sido las piernas de una mujer divina
profundamente sumida en el abismo de mi tórax:
y es que, la verdad, cuando el tiempo, el tiempo pasa,
sobre la tierra, sobre el techo, sobre mi impura cabeza,
y pasa, el tiempo pasa, y en mi lecho no siento de noche que
una mujer está respirando, durmiendo, desnuda y a mi lado,
entonces, extrañas, oscuras cosas toman el lugar de la ausente,
viciosos, melancólicos pensamientos
siembran pesadas posibilidades en mi dormitorio,
y así, pues, miro mis piernas como si pertenecieran a otro cuerpo,
y fuerte y dulcemente estuvieran pegadas a mis entrañas.



Como tallos o femeninas, adorables cosas,
desde las rodillas suben, cilíndricas y espesas,
con turbado y compacto material de existencia:
como brutales, gruesos brazos de diosa,
como árboles monstruosamente vestidos de seres humanos,
como fatales, inmensos labios sedientos y tranquilos,
son allí la mejor parte de mi cuerpo:
lo enteramente substancial, sin complicado contenido
de sentidos o tráqueas o intestinos o ganglios:
nada, sino lo puro, lo dulce y espeso de mi propia vida,
nada, sino la forma y el volumen existiendo,
guardando la vida, sin embargo, de una manera completa.


Las gentes cruzan el mundo en la actualidad
sin apenas recordar que poseen un. 


cuerpo y en él la vida,
y hay miedo, hay miedo en el mundo de las palabras que designan el cuerpo,
y se habla favorablemente de la ropa,
de pantalones es posible hablar, de trajes,
y de ropa interior de mujer (de medias y ligas de "señora"),
como si por las calles fueran las prendas y los trajes vacíos por completo
y un oscuro y obsceno guardarropas ocupara el mundo.


Tienen existencia los trajes, color, forma, designio,
y profundo lugar en nuestros mitos, demasiado lugar,
demasiados muebles y demasiadas habitaciones hay en el mundo,
y mi cuerpo vive entre y bajo tantas cosas abatido,
con un pensamiento fijo de esclavitud y de cadenas.


Bueno, mis rodillas, como nudos,
particulares, funcionarios, evidentes,
separan las mitades de mis piernas en forma seca:
y en realidad dos mundos diferentes, dos sexos diferentes
no son tan diferentes como las dos mitades de mis piernas.


Desde la rodilla hasta el pie una forma dura,
mineral, fríamente útil aparece,
una criatura de hueso y persistencia,
y los tobillos no son ya sino el propósito desnudo,
la exactitud y lo necesario dispuestos en definitiva.


Sin sensualidad, cortas y duras, y masculinas,
son allí mis piernas, y dotadas
de grupos musculares como animales complementarios,
y allí también una vida, una sólida, sutil, aguda vida
sin temblar permanece, aguardando y actuando.


En mis pies cosquillosos,
y duros como el sol, y abiertos como flores,
y perpetuos, magníficos soldados
en la guerra gris del espacio,
todo termina, la vida termina definitivamente en mis pies,
lo extranjero y lo hostil allí comienza,
los nombres del mundo, lo fronterizo y lo remoto,
lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi corazón,
con densa y fría constancia allí se originan.


Siempre,
productos manufacturados, medias, zapatos,
o simplemente aire infinito,
habrá entre mis pies y la tierra
extremando lo aislado y lo solitario de mi ser,
algo tenazmente supuesto entre mi vida y la tierra,
algo abiertamente invencible y enemigo.




Pablo Neruda

lunes, 6 de noviembre de 2017

MONZÓN DE MAYO


El viento de la estación, el viento verde,
cargado de espacio y agua, entendido en desdichas,
arrolla su bandera de lúgubre cuero:
y de una desvanecida substancia, como dinero de limosna,
así, plateado, frío, se ha cobijado un día,
frágil como la espada de cristal de un gigante
entre tantas fuerzas que amparan su suspiro que teme,
su lágrima al caer, su arena inútil,
rodeado de poderes que cruzan y crujen,
como un hombre desnudo en una batalla,
levantando su ramo blanco, su certidumbre incierta,
su gota de sal trémula entre lo invadido.


Qué reposo emprender, qué pobre esperanza amar,
con tan débil llama y tan fugitivo fuego?
Contra qué levantar el hacha hambrienta?
De qué materia desposeer, huir de qué rayo?
Su luz apenas hecha de longitud y temblor
arrastra como cola de traje de novia triste
aderezada de sueño mortal y palidez.


Porque todo aquello que la sombra tocó y ambicionó el desorden,
gravita, líquido, suspendido, desprovisto de paz,
indefenso entre espacios, vencido de muerte.


Ay, y es el destino de un día que fue esperado,
hacia el que corrían cartas, embarcaciones, negocios,
morir, sedentario y húmedo, sin su propio cielo.


Dónde está su toldo de olor, su profundo follaje,
su rápido celaje de brasa, su respiración viva?
Inmóvil, vestido de un fulgor moribundo y una escama opaca,,
verá partir la lluvia sus mitades
y al viento nutrido de aguas atacarlas.




Pablo Neruda

domingo, 5 de noviembre de 2017

PALABRAS PARA JULIA


Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.


Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.


Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.


Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.


Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.


La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.


Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.


Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.


Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.


Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.


Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.


La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.


Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.


Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.


Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.



Jose Agustin Goytisolo