domingo, 31 de diciembre de 2017

ALMA DESNUDA


Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos. 


Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola. 


Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta. 


Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares. 


Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla. 


Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera. 


Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas(*)
con que la primavera nos envuelve. 


Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas. 


Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia. 


Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega. 


Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia. 


Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.



Alfonsina Storni

sábado, 30 de diciembre de 2017

LOS FANTASMAS DEL DESEO

 
Yo no te conocía, tierra;
con los ojos inertes, la mano aleteante,
lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa,
aunque, alentar juvenil, sintiera a veces
un tumulto sediento de postrarse,
como huracán henchido aquí en el pecho;
ignorándote, tierra mía,
ignorando tu alentar, huracán o tumulto,
idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy
a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir. 


Bien sé ahora que tú eres
quien me dicta esta forma y este ansia;
sé al fin que el mar esbelto,
la enamorada luz, los niños sonrientes,
no son sino tú misma;
que los vivos, los muertos,
el placer y la pena,
la soledad, la amistad,
la miseria, el poderoso estúpido,
el hombre enamorado, el canalla,
son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy;
mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles,
para llevar tu afán que nada satisface. 


El amor no tiene esta o aquella forma,
no puede detenerse en criatura alguna;
todas son por igual viles y soñadoras. 


Placer que nunca muere
beso que nunca muere,
sólo en ti misma encuentro, tierra mía. 


Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos,
rizosos o lánguidos como una primavera,
sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos
que tanto he amado inútilmente,
no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra,
en la tierra que aguarda, aguarda siempre
con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos. 


Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes
este mundo divino que ahora es mío,
mío como lo soy yo mismo,
como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos,
como la arena, que al besarla los labios
finge otros labios, dúctiles al deseo,
hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos. 


Como la arena, tierra,
como la arena misma,
la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira. 


Tú sola quedas con el deseo,
con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío,
sino el deseo de todos,
malvados, inocentes,
enamorados o canallas. 


Tierra, tierra y deseo.
Una forma perdida.



Luis Cernuda

viernes, 29 de diciembre de 2017

1936


Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
Cuando asqueados de la bajeza humana,
Cuando iracundos de la dureza humana:
Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.


En 1961 y en ciudad extraña,
Más de un cuarto de siglo
Después. Trivial la circunstancia,
Forzado tú a pública lectura,
Por ella con aquel hombre conversaste:
Un antiguo soldado
En la Brigada Lincoln.


Veinticinco años hace, este hombre,
Sin conocer tu tierra, para él lejana
Y extraña toda, escogió ir a ella
Y en ella, si la ocasión llegaba, decidió apostar su vida,
Juzgando que la causa allá puesta al tablero
Entonces, digna era
De luchar por la fe que su vida llenaba.


Que aquella causa aparezca perdida,
Nada importa;
Que tantos otros, pretendiendo fe en ella
Sólo atendieran a ellos mismos,
Importa menos.


Lo que importa y nos basta es la fe de uno.


Por eso otra vez hoy la causa te aparece
Como en aquellos días:
Noble y tan digna de luchar por ella.


Y su fe, la fe aquella, él la ha mantenido
A través de los años la derrota,
Cuando todo parece traicionarla.

Mas esa fe, te dices, es lo que sólo importa.

Gracias, Compañero, gracias
Por el ejemplo. Gracias porque me dices Que el hombre es noble.

Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan sólo basta Como testigo irrefutable De toda la nobleza humana.


Luis Cernuda

jueves, 28 de diciembre de 2017

AL ESPEJO



¿Por qué persistes, incesante espejo?
¿Por qué duplicas, misterioso hermano,
el movimiento de mi mano?
¿Por qué en la sombra el súbito reflejo?

Eres el otro yo de que habla el griego
y acechas desde siempre. En la tersura
del agua incierta o del cristal que dura
me buscas y es inútil estar ciego.


El hecho de no verte y de saberte
te agrega horror, cosa de magia que osas
multiplicar la cifra de las cosas

que somos y que abarcan nuestra suerte.

Cuando esté muerto, copiarás a otro
y luego a otro, a otro, a otro, a otro…



Jose Luis Borges

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LOS FANTASMAS DEL DESEO


 
Yo no te conocía, tierra;
con los ojos inertes, la mano aleteante,
lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa,
aunque, alentar juvenil, sintiera a veces
un tumulto sediento de postrarse,
como huracán henchido aquí en el pecho;
ignorándote, tierra mía,
ignorando tu alentar, huracán o tumulto,
idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy
a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir. 


Bien sé ahora que tú eres
quien me dicta esta forma y este ansia;
sé al fin que el mar esbelto,
la enamorada luz, los niños sonrientes,
no son sino tú misma;
que los vivos, los muertos,
el placer y la pena,
la soledad, la amistad,
la miseria, el poderoso estúpido,
el hombre enamorado, el canalla,
son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy;
mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles,
para llevar tu afán que nada satisface. 


El amor no tiene esta o aquella forma,
no puede detenerse en criatura alguna;
todas son por igual viles y soñadoras. 


Placer que nunca muere
beso que nunca muere,
sólo en ti misma encuentro, tierra mía. 


Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos,
rizosos o lánguidos como una primavera,
sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos
que tanto he amado inútilmente,
no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra,
en la tierra que aguarda, aguarda siempre
con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos. 


Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes
este mundo divino que ahora es mío,
mío como lo soy yo mismo,
como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos,
como la arena, que al besarla los labios
finge otros labios, dúctiles al deseo,
hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos. 


Como la arena, tierra,
como la arena misma,
la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira. 


Tú sola quedas con el deseo,
con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío,
sino el deseo de todos,
malvados, inocentes,
enamorados o canallas. 


Tierra, tierra y deseo.
Una forma perdida.



Luis Cernuda

martes, 26 de diciembre de 2017

CANCION DEL JiNETE


 
En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas.

  Caballito negro. 

¿Dónde llevas tu jinete muerto?

  ...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas. 


  Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

  En la luna negra,
sangraba el costado
de Sierra Morena. 


  Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

  La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas. 


  Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

  En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera. 


  Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?




Federico Garcia Lorca

lunes, 25 de diciembre de 2017

¿QUE ES TU VIDA, ALMA MIA?


 
¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?,
¡Lluvia en el lago!
¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?
¡Viento en la cumbre!

¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?,
¡Sombra en la cueva!,
¡Lluvia en el lago!,
¡Viento en la cumbre!,
¡Sombra en la cueva!

Lágrimas es la lluvia desde el cielo,
y es el viento sollozo sin partida,
pesar, la sombra sin ningún consuelo,
y lluvia y viento y sombra hacen la vida.




Miguel de Unamuno 



FELIZ NAVIDAD AMIGOS DESDE ESPAÑA
QUE DISFRUREIS EN ESTAS FIESTAS CON TODOS VUESTROS SERES QUERIDOS.


Teodoro Cañete Martinez (SUEKO)

domingo, 24 de diciembre de 2017

NOCHEBUENA


Pastores y pastoras,
abierto está el edén.

¿No oís voces sonoras?
Jesús nació en Belén.

La luz del cielo baja,
el Cristo nació ya,
y en un nido de paja
cual pajarillo está.

El niño está friolento.
¡Oh noble buey,
arropa con tu aliento
al Niño Rey!

Los cantos y los vuelos
invaden la extensión,
y están de fiesta cielos
y tierra… y corazón.

Resuenan voces puras
que cantan en tropel:
Hosanna en las alturas
al Justo de Israel!

¡Pastores, en bandada
venid, venid,
a ver la anunciada
Flor de David!…

  Amado Nervo

sábado, 23 de diciembre de 2017

SONETO IV


 
Un rato se levanta mi esperanza:
mas, cansada de haberse levantado,
torna a caer, que deja, mal mi grado,
libre el lugar a la desconfianza. 


¿Quién sufrirá tan áspera mudanza
del bien al mal? ¡Oh corazón cansado!
Esfuerza en la miseria de tu estado;
que tras fortuna suele haber bonanza.


Yo mesmo emprenderé a fuerza de brazos
romper un monte, que otro no rompiera,
de mil inconvenientes muy espeso.


Muerte, prisión no pueden, ni embarazos,
quitarme de ir a veros, como quiera,
desnudo espirtu o hombre en carne y hueso.




Garcilaso de la Vega

viernes, 22 de diciembre de 2017

SONETO XXX


Sospechas, que en mi triste fantasía
puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
volviendo y revolviendo el afligido
pecho, con dura mano noche y día;

ya se acabó la resistencia mía
y la fuerza del alma; ya rendido
vencer de vos me dejo, arrepentido
de haberos contrastado en tal porfía.


Llevadme a aquel lugar tan espantable,
que, por no ver mi muerte allí esculpida,
cerrados hasta aquí tuve los ojos. 


Las armas pongo ya, que concedida
no es tan larga defensa al miserable;
colgad en vuestro carro mis despojos.





Garcilaso de la Vega

jueves, 21 de diciembre de 2017

ROMANCE

 
Francelisa, la más bella
ninfa que pisó cristal,
y sobre coturnos de oro
lleva su tributo al mar,


doliente y correspondida
de Amarilis en el mal,
ella sabe por qué llora
y cuán llorosa estará.


Primas son y las primeras
flores que dio Portugal:
una, formación de estrellas;
otra, de rayos no más;


lo que rubrica la perla,
la siempre luz orïental,
tensa imagen del Aurora
y sol que amanece ya.


Rojos anima claveles
en los dos labios que más
bella afrenta de las perlas
el Amor supo celar.


De sí mismo dé sus flechas,
pues las que al arco da
hebras son finas que Clori
apenas sabe envidiar.


El aliento que respira
quintaesencia es del azahar;
abriles y mayos pisa
con su animado cristal.

Si con dos luceros mira
-que aun no se dejan mirar-,
qué no rinde, qué no vence,
y qué no conquistará.


Presa tiene a Francelisa,
y ella en sus brazos está;
el peligro de sus brazos
de mi muerte lo sabrá.


Con rayos el sol
a cuya lumbre jamás
habrá libre corazón,
habrá exenta libertad.


Dulces son de Amor cadenas,
y aun dellas no liberal,
en la mezcla de los ojos
donde es dulce el espirar.


Cuanto dice y cuanto hace
es peligroso ademán,
el buen aire es su retrato,
si se puede retratar.


La que en su norte es estrella
y no de lumbre polar,
sino de la luz más fija
que venera nuestra edad;


es la suya en pocos años
muchos siglos de beldad,
hermosura con veneno
y peligro que adorar.


Que se le huye y que vive
y que se deja alcanzar,
que no envidie el escarmiento,
que no desprecie el afán.


Por ella llora Amarilis,
por ella llorando están
cuantos saben entender,
cuantos supieren mirar.


Francelisa, agradecida,
o teniendo que pagar,
con su hermosísima prima
dio celos y aun quizá más;


pues para sacar de Amor
misterio que oculto está,
hoy le faltará el deseo
y mañana le sobrará.


Discursos son de la envidia
en la culpa de un mordaz,
Francelisa y Amarilis
magna conjunción es ya.





Juan de Tassis y Peralta
Conde de Villamediana


miércoles, 20 de diciembre de 2017

A UN RETRATO


Ofensas son, señora, las que veo,
hechas a vuestras grandes perfecciones,
porque donde acredita sus pasiones
sólo amor las escribe y yo las leo.

Vencido queda el arte del deseo,
los imposibles dando por razones,
y en esta fe tan libre de opiniones
fundo lo que de vos no alcanzo y creo.


Si en lo menos se pierde más el tino,
en lo más, ¿qué será de aquel traslado
que procura sacar el arte en vano?


Sólo yo tengo aquel tan peregrino
en que el original no está agraviado,
hecho en mi corazón por vuestra mano.




Juan de Tassis y Peralta
Conde de Villamediana

martes, 19 de diciembre de 2017

LA SOLEDAD


 
Esta limitación esta barrera
esta separación
esta soledad la conciencia
la efímera gratuita cerrada
ensimismada conciencia
esta conciencia
existiendo nombrándose
fulgurando un instante
en la nada absoluta
en la noche absoluta
en el vacío.


Esta soledad
esta vanidad la conciencia
condenada impotente
que termina en sí misma
que se acaba
enclaustrada
en la luz
y que no obstante se alza
se envanece
se ciega
tapa el vacío con cortinas de humo
manotea ilusiones
y nunca toca nada
nunca conoce nada
nunca posee nada.


Esta ausencia distancia
este confinamiento
esta desesperada
esta vana infinita soledad
la conciencia.



Idea Vilariño

lunes, 18 de diciembre de 2017

YA EN DESNUDEZ TOTAL


Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.


La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.

Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.


Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.


Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada



Idea Vilariño

domingo, 17 de diciembre de 2017

ESENCIA


Resurge en el Paraíso Prometido
La fuerza de la Fe del Amor Divino
Al sumergirme en la cálida geografía
Sinuosa y curvilínea de tu cuerpo
Que generoso entrega al sediento
La frescura de tus líquidos femeninos
En el momento mismo en que estrecho
Dentro de mi boca, la clave del Universo
Con el gemido suave y profundo de tu pecho
Vibrante por los pulsos eléctricos amorosos
Que emergen del centro de tu cosmos
Y bañas con tu esencia la razón de ser
De mi efímera existencia
Moldeando la forma y el fondo
Para encontrar la inmortalidad del alma
Sumergido en el Paraíso Prometido
De la cálida geografía de tu cuerpo
Hoy por hoy, símbolo del Arca de la Alianza
Por medio de la Fuerza de la Fe del Amor Divino




Mario Luis Altuzar Suarez

sábado, 16 de diciembre de 2017

CANTICO GRADUAL


En el canto del silencio
Se conduce el Espíritu
Hacia la felicidad prometida
Alcanzándose con el ímpetu
De sustraerse del entorno
Buscando, siempre buscando
En los recovecos de la sangre
Un recuerdo que se presiente
¡Tan lleno de Vida!


Como en el Principio del Tiempo
En que se creó todo el Universo
A imagen y semejanza de nuestro cuerpo
Cierto es que en el canto del silencio
Se Manifiesta la Bondad del Eterno
Al abrir mis ojos y descubrirme
Muy adentro de la ternura que me acuna
En ese regazo que como Manto Sagrado
Protege al no nato sin escapulario
Y bebe el Maná generoso de sus pechos
Unificándose, entonces, los dos silencios
Con el Canto del Creador de los Universos




Mario Luis Altuzar Suarez

viernes, 15 de diciembre de 2017

ENTRE ESTATUAS [NO TE SALVES]


No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de gracia
no te arrepientas
cuando
alguien te lo aconseje
no reserves del mundo
sólo
un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados
pesados como juicios
no te seques sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
y si
después de todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y te quedas inmóvil
y te salvas
entonces
no te quedes
conmigo.




Mario Benedetti

jueves, 14 de diciembre de 2017

CINCO VECES TRISTE


Lo que conoces
es tan poco
lo que conoces
de mí
lo que conoces
son mis nubes
son mis silencios
son mis gestos
lo que conoces
es la tristeza
de mi casa vista de afuera
son los postigos de mi tristeza
el llamador de mi tristeza.


Pero no sabes
nada
a lo sumo
piensas a veces
que es tan poco
lo que conozco
de ti
lo que conozco
o sea tus nubes
o tus silencios
o tus gestos
lo que conozco
es la tristeza
de tu casa vista de afuera
son los postigos de tu tristeza
el llamador de tu tristeza. 


Pero no llamas.
Pero no llamo.



Mario Benedetti

miércoles, 13 de diciembre de 2017

DIAS DE COLEGIO


A golpes de silbato subíamos a clase,
un vaso de yogurt nos servia de plumier
en los pupitres.


El cuaderno de ortografía
nos obligaba a escribir
nuestras peores frases:
mi mama me mima.


La consigna de la semana
presidía la clase.
A medio día comíamos
con comida del colegio
o con comida de casa.


Por las tardes Pepita
nos traía cacao con galletas,
luego la ruta de autobús
nos llevaba a casa.


En mayo: con flores a María.
El ángelus a las doce.
A formar en filas:
a cubrirse ya, firmes ya.


Así trascurrían nuestros días de colegio.
Con el tiempo lo normal
fue estar loco o ser poeta.



Javier Perez Ayala

martes, 12 de diciembre de 2017

ATASCO


El rugido incesante
de los engranajes
cuatro por dos
me habla de la extraña
carrera de la ciudad
para llegar al trabajo.


Las máquinas
varadas en el asfalto
recuerdan que hoy
tampoco
serás puntual a tu cita rutinaria.


El movimiento
se demuestra
a pequeños impulsos
y el silencio es interrumpido
por la impaciencia del claxon.


Unos cristales rotos en el arcén
recuerda la violencia
que supone ganar unos minutos
a la inquietud que provoca
nunca ser el primero.


Por el retrovisor
te queda el consuelo
de que el que está detrás
llegará mas tarde.



Javier Perez Ayala

lunes, 11 de diciembre de 2017

ROMANCE DEL BOSQUE Y LA NIÑA POBRE

 
El bosque se alimenta del regocijo
de las aves;
en el cielo las nubes se disfrazan de algodón
cuando renace el nuevo día
¡y hay un coro de silbidos y un desfile
de plumajes!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


Hay una armonía de frutales
que embruja la mañana con su esencia
un naranjo, un ciruelo y un pino;
crece la madreselva en libertad
¡una calandria me saluda con su trino!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


Una niña pobre enamorada de los ojos
Mágicos del bosque
pinta con sus labios una eterna sonrisa
en un sauce de cristal
¡ella ama al bosque y a sus hijos!
¡ella anhela ser una cigüeña para retozar!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


Y un duende milagroso que camina por el bosque
buscando un corazón enamorado
a quien regalar un arcoiris de colores
y una estrella de coral
ve a una niña pobre sollozando en un jacinto
¡y siente ganas de llorar!
¡y siente ganas de llorar!

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


El duende se aproxima a la niña
y le ofrece su amistad y su consuelo;
la niña, con su larga cabellera rubia,
lo mira con serenidad
y lo encandila con sus pupilas
y le da un beso con sus labios de cerezas
y el duende se desmaya de felicidad

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


¡El cielo descorcha una sidra!
y llueven pétalos de rosas...
¡sobre el río se baña una cigüeña!
y el bosque como gran tenor canta una opera
cuando el horizonte cierra su telón
y la niña sonríe, descalza, sobre una corchea

...y el viento como un niño
jugando solitario en el río,
dando tumbos en el aire,
mueve un guijarro sobre el agua
descorriendo el velo de un espejo...


¡Yo amo a la niña! dice el bosque...
Y bostezando al horizonte, repite:
¡yo amo a la niña porque yo también soy pobre!
¡su alma es mi vida!
¡su inocencia, la pureza de mis noches!

¿Qué haría yo sin ella?
¿Qué haría yo sin ella?



Ali Al Haded

domingo, 10 de diciembre de 2017

CONSINTIENDO TU SILENCIO II


Me da la impresión de que no sé querer
como si mi alma y cuerpo no supieran amar
Me suena que lo dices y debe ser verdad
pues reacciono en silencio, lloro en soledad
Me da la impresión de que soy como la llama
de un fuego sin luz, mirada de lejos
mas no concibes que mi calor sí embriaga
a la gente cercana a mí corazón
Sabes bien que donde hubo fuego,
hay cenizas y en ellas vive el calor
A veces siento como mi silencio te hiere
Reconozco te he acostumbrado al canto libre
Requieres de una caricia que hoy extraviada
descansa quizás en brazos de otro ser
Este gorrión cansado de vivir, ya no canta
apenas posa sus ojos en el umbral de la ventana
Supongo que es debido a la pereza
o tal vez al encuentro inusitado de su destino
Estúpida práctica de tener que optar por caminos
estrechos, sinuosos, corridos, desconocidos
en los que uno se sabe perdido y debe seguir
Me da la impresión de que no sé querer
y es que habiendo entregado todo lo mío
noto que al irme, no tan sólo he partido
he dejado que mi alma vuele sin ganas de volver
Admito, inquirí  para dejarte marcas que te sirvan
que en mis uñas conservo residuos de tu piel de amor
En mi boca mantengo el fuego abrazador
de tu lengua y por ende de tus deseos
Sí, sé que me dirás otra vez, como de costumbre,
que no he dicho nada como para que te consuele
como tampoco he entregado de mí los bienes
ni deben haber sido tantos los momentos gratos
como ahora aspiro de las palabras que fueron dichas
Menos aún la inequívoca expresión de mi cuerpo
o las huellas que en ti él con afecto imprimió
Detalles que te faciliten el saber de que sí, un día
cuando caminando de tu mano, te decía
entre otras cosa y no me refiero a todas
tan sólo algunas de ellas, pues de las demás me olvidé
que cuando te amé, sí, mi amor, ¡Yo te quería!




Samuel Akinin Levy

sábado, 9 de diciembre de 2017

ROMPER UN AMOR


Pasada la oscura noche de las dudas
en las que el pensamiento no descansa
tratando de encontrar de ellas, alguna
de las que pudieron ser las causas
no sé si estoy preparado para andanzas
o para seguir llorándole a la luna
Me encuentro otra vez arrinconado
Presagio que la puerta siga abierta
y al alcanzarla pueda pronto salir airado
del triste escarnio de la inconciencia
Me he visto viviendo del pasado su lujuria
asfixiando todas aquellas penas ocultas
Así, luego va el hombre de una vez enfilando
temeroso y en ruta a su nueva batalla
¿Què pasó de todas la palabras dichas?
¿Qué del los abrazos tan expresivos?
¿Qué de los besos que nos dimos?
Y de todo aquello que me guardo
Son demasiadas preguntas en hilo
como excesivas las respuesta sin camino
Manejarse con el sueño de la gaviota
que pretende vivir en primavera
soñar con la culpa no propia, sí ajena
para sentir el alivio a los quejidos
son en parte cosas que para el olvido
uno trabaja y a la ilusión la hace compañera
El día aclara todos los sentidos
luego viene el sol y con todo su brillo
no permite que las nubes oscurezcan
a la plácida y solitaria presencia,
en la que un hombre habla consigo,
para descubrir las trabas del camino
para erradicar las bardas del olvido
y entrar con fresca brisa al paraíso
de una nueva visión mañanera
De nuevo surgen tremendas dudas
¿Qué sentirá la no mencionada compañera?
Lamento desde lo más profundo de mí ser
La herida que causó la despedida
Quisiera mas no puedo llorar en contra mía
ni hacerlo en su nombre con orgullo
que Dios la bendiga pido al cielo
aprendí lo que ella mucho de lo que tengo:
amansar mi furia, abrir mi silencio
soportar la crítica aunque sea dura
para poder por momentos ir creciendo




Samuel Akinin Levy

viernes, 8 de diciembre de 2017

SONETO XXXI

                  
Dentro de mi alma fue de mí engendrado
un dulce amor, y de mi sentimiento
tan aprobado fue su nacimiento
como de un solo hijo deseado;

mas luego de él nació quien ha estragado
del todo el amoroso pensamiento:
que en áspero rigor y en gran tormento
los primeros deleites ha tornado.

¡Oh crudo nieto, que das vida al padre,
y matas al abuelo! ¿por qué creces
tan disconforme a aquel de que has nacido?

¡Oh, celoso temor! ¿a quién pareces?
¡que la envidia, tu propia y fiera madre,
se espanta en ver el monstruo que ha parido!

 
 
 
 
Garcilaso de la Vega

jueves, 7 de diciembre de 2017

SONETO XXX

 
Sospechas, que en mi triste fantasía
puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
volviendo y revolviendo el afligido
pecho, con dura mano noche y día;

ya se acabó la resistencia mía
y la fuerza del alma; ya rendido
vencer de vos me dejo, arrepentido
de haberos contrastado en tal porfía. 


Llevadme a aquel lugar tan espantable,
que, por no ver mi muerte allí esculpida,
cerrados hasta aquí tuve los ojos. 


Las armas pongo ya, que concedida
no es tan larga defensa al miserable;
colgad en vuestro carro mis despojos.

 

Garcilaso de la Vega

miércoles, 6 de diciembre de 2017

TIGRES EN EL JARDIN



Como un ascua de odio te hemos visto en la aurora,
como un trigal de cielo derramado en la vega,
y hemos sorbido el agua que tu contacto dora
y ese aroma de rosas que nos cerca y anega.


En este huerto el lirio es feliz. Sólo implora
libertad nuestra sangre, mientras la nube llega,
se riza y, leve, pasa. Da el chamariz la hora,
y el gozo de la sombra, como un rencor, nos niega.


Solos entre las dalias, entre cedros y fuentes,
tanto nos asediamos que nos cala hasta el hueso
este amor sin futuro y esta luz de los dientes.


Tigres somos de un fuego siempre vivo e ileso,
y te odiamos por libre, recio sol, mientras puentes
de plata ha levantado la muerte a nuestro beso.





Antonio Carvajal

martes, 5 de diciembre de 2017

A VECES EL AMOR TIENE CARICIAS


A veces el amor tiene caricias
frías, como navajas de barbero.
Cierra los ojos. Das tu cuello entero
a un peligroso filo de delicias.

Otras veces se clava como aguja
irisada de sedas en el raso
del bastidor: raso del lento ocaso
donde un cisne precoz se somorguja.

En general, adopta una manera
belicosa, de horcas y cuchillos,
de lanza en ristre o de falcón en mano.

Pero es lo más frecuente que te hiera
con ojos tan serenos y sencillos
como un arroyo fresco en el verano.




Antonio Carvajal

lunes, 4 de diciembre de 2017

HACIA LA TIERRA


Cuando tiempo y distancia
engañan los recuerdos,
¿Quién lo ignora?, es amargo
volver. Porque interpuesto


Algo está entre los ojos
la imagen primera,
mudando duramente
amor en extrañeza.


Es acaso un espacio
vacío, una luz ida,
ajada en toda cosa
ya la hermosura viva.


Mas volver debe el alma
tal pájaro en otoño,
y aquel dolor pasado
visitar, y aquel gozo.


Nube de una mañana
áurea, rama de púrpura
junto a una tapia, sombra
azul bajo la luna.


Posibles paraísos
o infiernos ya no entiende
el alma sino en tierra.
Por eso el alma quiere,


Cansada de los sueños
y los delirios tristes,
volver a la morada
suya antigua. Y unirse,


Como se une la piedra
al fondo de su agua,
fatal, oscuramente,
con una tierra amada.




Luis Cernuda

domingo, 3 de diciembre de 2017

CUERPO EN PENA


Lentamente el ahogado recorre sus dominios
Donde el silencio quita su apariencia a la vida.


Transparentes llanuras inmóviles le ofrecen
Árboles sin colores y pájaros callados.


Las sombras indecisas alargándose tiemblan,
Mas el viento no mueve sus alas irisadas;
Si el ahogado sacude sus lívidos recuerdos,
Halla un golpe de luz, la memoria del aire.


Un vidrio denso tiembla delante de las cosas,
Un vidrio que despierta formas color de olvido;
Olvidos de tristeza, de un amor, de la vida,
Ahogados como un cuerpo sin luz, sin aire, muerto.


Delicados, con prisa, se insinúan apenas
Vagos revuelos grises, encendiendo en el agua
Reflejos de metal o aceros relucientes,
Y su rumbo acuchilla las simétricas olas.


Flores de luz tranquila despiertan a lo lejos,
Flores de luz quizá, o miradas tan bellas
Como pudo el ahogado soñarlas una noche,
Sin amor ni dolor, en su tumba infinita.


A su fulgor el agua seducida se aquieta,
Azulada sonrisa asomando en sus ondas.


Sonrisas, oh miradas alegres de los labios;
Miradas, oh sonrisas de la luz triunfante.


Desdobla sus espejos la prisión delicada;
Claridad sinuosa, errantes perspectivas.


Perspectivas que rompe con su dolor ya muerto
Ese pálido rostro que solemne aparece.


Su insomnio maquinal el ahogado pasea.


El silencio impasible sonríe en sus oídos.


Inestable vacío sin alba ni crepúsculo,
Monótona tristeza, emoción en ruinas.


En plena mar al fin, sin rumbo, a toda vela;
Hacia lo lejos, más, hacia la flor sin nombre.


Atravesar ligero como pájaro herido
Ese cristal confuso, esas luces extrañas.


Pálido entre las ondas cada vez más opacas
El ahogado ligero se pierde ciegamente
En el fondo nocturno como un astro apagado.


Hacia lo lejos, sí, hacia el aire sin nombre.




Luis Cernuda

sábado, 2 de diciembre de 2017

GUTIÉRREZ


Era un empleado
que parecía más igual al resto
que, entre sí, cada uno de los demás
y por ello era calurosamente felicitado. 


Es curioso: de aquella época
sólo recuerdo un largo corredor desierto
y a él,
pero no sé si es sólo una pesadilla
ni lo sabré nunca,
pues me dicen que murió hace pocos meses
y pensándolo bien
ni siquiera esto es seguro,
ya que nadie fue al entierro
y su gabardina sigue colgando del mismo perchero,
o al menos una gabardina igual que la suya. 


¿Tal vez nuestros jefes eran hipnotizadores?
Tal vez...en todo caso
la leyenda del empleado modelo
les servía admirablemente
para convertir la oficina en un hormiguero,
donde nadie se relacionaba con sus pensamientos
y menos todavía con sus semejantes. 


Sólo los expedientes importaban,
mejor dicho: no los expedientes sino su número,
siempre inferior al realizado
por ese héroe llamado Gutiérrez,
del cual, ahora me doy cuenta,
ni siquiera estoy seguro de recordar las facciones
a causa de su mimetismo
con las de cualquiera que me abra una puerta
y luego desaparezca.
Sin embargo, se comentaba que le gustaban las quinielas. 


Entonces ¿Quién, o qué, era Gutiérrez?
Si le gustaban las quinielas
tal vez también las mujeres,
tal vez estaba casado. 


Sus hijos lo mirarían con desdén,
su mujer con disgusto por ser la suya una vida tan gris...
y él se refugiaría en la oficina
para hacer de los expedientes su familia. 


Si así era, pensé, mejor que nunca se haya sabido. 


Al fin y al cabo ¿quién podría haber sobrevivido
sin fusilar a Gutiérrez en su mente
cada vez que terminaba un expediente? 


A pesar de ello, una turbia obsesión me dominaba
y una mañana me fui al cementerio,
pero fue inútil: en el lugar indicado
había muchas lápidas y en todas ellas
el mismo nombre: Gutiérrez.



Jose Elgarresta

viernes, 1 de diciembre de 2017

CARTA ABIERTA A UN POETA


Hoy un amigo me ha regalado su último libro
y lo que dice el libro es que, en definitiva,
sólo querría volar alto en el cielo,
pero se ve reducido a arrastrarse por el fango
que es la vida cotidiana, la de todos los días,
y lo más terrible es que uno se acostumbra
y termina pensando que eso es lo bueno,
chapotear en el barro, y lo otro realmente
no deja de ser una bobada, fantasías infantiles. 


Tiene razón mi amigo, hay algo llamado supervivencia
y en su nombre la especie sacrifica al individuo,
la estrella devora a la estrella y el universo se fagocita a sí mismo,
pero como ninguno de nosotros es el universo
nadie sabe de qué va todo eso y pasa de saberlo,
uno se conforma con hallar un hueco y allí,
sin sacar la cabeza del fondo, por si se la pisan,
aguantar mecha hasta la consumación de los siglos,
que es como algunos optimistas llaman
a los pocos momentos que nos quedan de vida. 


Bien, tal vez esto sea así y hasta pueda considerarse
un resumen cabal del pensamiento humano,
al menos en cuanto a sus efectos en la mayoría de la gente,
pero debo señalar que un poeta, como mi amigo,
es un grano de arena en la máquina del mundo
y no se contenta con hacerla chirriar,
lo cual es bastante incluso para muchos sabios,
sino que necesita salir de su agujero
y cagarse en los engranajes de la máquina
y saber si, cuando muera, su cabeza reposará en otra cuna
o en la cesta del verdugo, segada por la guillotina de la nada.


Está claro que a los poetas,
aparte de deleitar a la concurrencia con armónicas estrofas,
lo que nos gusta es incordiar,
dar un toque desgarrado al sonido del arpa,
en una palabra: aguar la fiesta. 


Es así y nadie tiene la culpa de ello.
Además, si fuera de otra forma,
es posible que incluso hubiera fiesta,
pero no invitados.



Jose Elgarresta

jueves, 30 de noviembre de 2017

ASI NUNCA VOLVIÓ A SER




Como llevaba trenza
la llamábamos trencita en la tarde del jueves.


Jugábamos a montarnos en ella y nos llevaba
a una extraña región de la que nunca volveríamos.


Porque es casi imposible abandonar
aquel olor a tierra de su cabello sucio,
sus ásperas rodillas todavía con polvo
y con sangre de la última caída
y, sobre todo,
la nacarada nuca donde se demoraban
unas gotas de luz cuando ya luz no había.


Allí me dejó un día de verano
y jamás regresó
a recoger mi insomne pensamiento
que desde entonces vaga por sus brazos
corrigiendo su ruta, terco y contradictorio,
lo mismo que una hormiga que no sabe salir
de la rama de un árbol en el que se ha perdido.




Angel Gonzalez

miércoles, 29 de noviembre de 2017

ARTRITIS METAFÍSICA


Siempre alguna mujer me llevó de la nariz
(para no hacer mención de otros apéndices).


Anillado
como un mono doméstico,
salté de cama en cama.


¡Cuánta zalema alegre,
qué equilibrios tan altos y difíciles,
qué acrobacias tan ágiles,
qué risa!


Aunque era un espectáculo hilarante,
hubo quien se dolió de mis piruetas,
lo cual no es nada extraño:
en semejante trance
yo mismo
me rompí el alma en más de una ocasión.


Es una pena que esos golpes
que, entregados al júbilo del vuelo,
entonces casi no sentimos,
algunas tardes ahora,
en el otoño,
cuando amenaza lluvia
y viene el frío,
nos vuelvan a doler tanto en el alma;
renovado dolor que no permite
reconciliar el sueño interrumpido.


En esas condiciones no hay alivio posible:
ni el bálsamo falaz de la nostalgia,
ni el más firme consuelo del olvido.




Angel Gonzalez

martes, 28 de noviembre de 2017

RECUERDO DE OTOÑO


Primavera:
Tú eres quimera;
es el otoño el enamorado...

Carnaval de fuego
que en la alameda
de hojas doradas
que tintinean
a cada paso,
has recogido mis sueños rotos,
y ahora los meces
en tu regazo.

Prendidas quedan las primaveras
¡efímeras!
Dormidas quedan entre los brazos
de plataneras, de piel dorada
y de cuerpos altos.

¡Tañir de bronce
que agita el viento
por las aceras!
¿No es el otoño el enamorado?

Primavera...
que no me diste
lo que yo ansiaba
¿No eres quimera?




Dario P. Carvajal

lunes, 27 de noviembre de 2017

ENTRE TINIEBLAS


Palabras tenebrosas
en pérfidos cultismos,
ocultas intenciones,
profundos los abismos.

Oscuras inquietudes,
herméticas miradas,
misterios perfumados,
imágenes veladas.

Quimeras fantasmales,
madejas enredadas,
idiomas marginales,
palabras maquilladas.

En libros encerradas
con cueros sus cadenas,
ingrávidos los gritos,
ingrávidas las penas.

Prefiero las palabras
que viven en tu boca,
prefiero algun silencio
o alguna frase rota.

Cadencia silenciosa,
sincera melodía,
madeja deshilada,
sencilla la poesía.



Dario P. Carvajal

domingo, 26 de noviembre de 2017

LA ORACIÓN DEL ATEO



Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes. 

Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes. 


¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.




Miguel de Unamuno

sábado, 25 de noviembre de 2017

LA LUNA Y LA ROSA

 
En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía —sedienta boca—
el paladar del espíritu,
que adurmiendo su congoja
se abría al cielo nocturno
de Dios y su Madre toda... 


Toda cabellos tranquilos,
la Luna, tranquila y sola,
acariciaba a la Tierra
con sus cabellos de rosa
silvestre, blanca, escondida... 


La Tierra, desde sus rocas,
exhalaba sus entrañas
fundidas de amor, su aroma... 


Entre las zarzas, su nido,
era otra luna la rosa,
toda cabellos cuajados
en la cuna, su corola;
las cabelleras mejidas
de la Luna y de la rosa
y en el crisol de la noche
fundidas en una sola... 


En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba
a la Luna, quieta y sola.




Miguel de Unamuno

viernes, 24 de noviembre de 2017

EN EL FONDO FORESTAL DEL DÍA


El acto simple de la araña que teje una estrella
en la penumbra,
el paso elástico del gato hacia la mariposa,
la mano que resbala por la espalda tibia del caballo,
el olor sideral de la flor del café,
el sabor azul de la vainilla,
me detienen en el fondo del día. 


Hay un resplandor cóncavo de helechos,
una resonancia de insectos,
una presencia cambiante del agua en los rincones pétreos.


Reconozco aquí mi edad hecha de sonidos silvestres,
de lumbre de orquídea,
de cálido espacio forestal,
donde el pájaro carpintero hace sonar el tiempo.


Aquí el atardecer inventa una roja pedrería,
una constelación de luciérnagas,
una caída de hojas lúcidas hacia los sentidos,
hacia el fondo del día,
donde se encantan mis huesos agrestes.




Vicente Gerbasi

jueves, 23 de noviembre de 2017

BOSQUE DE MUSICA



Mi ser fluye en tu música,
bosque dormido en el tiempo,
rendido a la nostalgia de los lagos del cielo. 


¿cómo olvidar que soy oculta melodía
y tu adusta penumbra voz de los misterios? 


He interrogado los aires que besan la sombra,
he oído en el silencio tristes fuentes perdidas,
y todo eleva mis sueños a músicas celestes. 


Voy con las primaveras que te visitan de noche,
que dan vida a las flores en tus sombras azules
y me revelan el vago sufrir de tus secretos. 


Tu sopor de luciérnagas es lenta astronomía
que gira en mi susurro de follaje en el viento
y alas da a los suspiros de las almas que escondes. 


¿Murió aquí el cazador, al pie de las orquídeas,
el cazador nostálgico por tu magia embriagado? 


Oh, bosque: tú que sabes vivir de soledades
¿adonde va en la noche el hondo suspirar?




Vicente Gerbasi

miércoles, 22 de noviembre de 2017

LLAMO A LA JUVENTUD


Los quince y los dieciocho,
los dieciocho y los veinte...
Me voy a cumplir los años
al fuego que me requiere,
y si resuena mi hora
antes de los doce meses,
los cumpliré bajo tierra.



Yo trato que de mí queden
una memoria de sol
y un sonido de valiente.


Si cada boca de España,
de su juventud, pusiese
estas palabras, mordiéndolas,
en lo mejor de sus dientes:
si la juventud de España,
de un impulso solo y verde,
alzara su gallardía,
sus músculos extendiese
contra los desenfrenados
que apropiarse España quieren,
sería el mar arrojando
a la arena muda siempre
varios caballos de estiércol
de sus pueblos transparentes,
con un brazo inacabable
de perpetua espuma fuerte.


Si el Cid volviera a clavar
aquellos huesos que aún hieren
el polvo y el pensamiento,
aquel cerro de su frente,
aquel trueno de su alma
y aquella espada indeleble,
sin rival, sobre su sombra
de entrelazados laureles:
al mirar lo que de España
los alemanes pretenden,
los italianos procuran,
los moros, los portugueses,
que han grabado en nuestro cielo
constelaciones crueles
de crímenes empapados
en una sangre inocente,
subiera en su airado potro
y en su cólera celeste
a derribar trimotores
como quien derriba mieses.


Bajo una zarpa de lluvia,
y un racimo de relente,
y un ejército de sol,
campan los cuerpos rebeldes
de los españoles dignos
que al yugo no se someten,
y la claridad los sigue,
y los robles los refieren.


Entre graves camilleros
hay heridos que se mueren
con el rostro rodeado
de tan diáfanos ponientes,
que son auroras sembradas
alrededor de sus sienes.


Parecen plata dormida
y oro en reposo parecen.


Llegaron a las trincheras
y dijeron firmemente:
¡Aquí echaremos raíces antes que nadie nos eche!
Y la muerte se sintió
orgullosa de tenerles.


Pero en los negros rincones,
en los más negros, se tienden
a llorar por los caídos
madres que les dieron leche,
hermanas que los lavaron,
novias que han sido de nieve
y que se han vuelto de luto
y que se han vuelto de fiebre;
desconcertadas viudas,
desparramadas mujeres,
cartas y fotografías
que los expresan fielmente,
donde los ojos se rompen
de tanto ver y no verles,
de tanta lágrima muda,
de tanta hermosura ausente.


Juventud solar de España:
que pase el tiempo y se quede
con un murmullo de huesos
heroicos en su corriente.


Echa tus huesos al campo,
echar las fuerzas que tienes
a las cordilleras foscas
y al olivo del aceite.


Reluce por los collados,
y apaga la mala gente,
y atrévete con el plomo,
y el hombro y la pierna extiende.


Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen.


Cuerpos que nacen vencidos,
vencidos y grises mueren:
vienen con la edad de un siglo,
y son viejos cuando vienen.


La juventud siempre empuja
la juventud siempre vence,
y la salvación de España
de su juventud depende.


La muerte junto al fusil,
antes que se nos destierre,
antes que se nos escupa,
antes que se nos afrente
y antes que entre las cenizas
que de nuestro pueblo queden,
arrastrados sin remedio
gritemos amargamente:
¡Ay España de mi vida,
ay España de mi muerte!




Miguel Hernandez

martes, 21 de noviembre de 2017

LOS COBARDES


Hombres veo que de hombres
sólo tienen, sólo gastan
el parecer y el cigarro,
el pantalón y la barba.


En el corazón son liebres,
gallinas en las entrañas,
galgos de rápido vientre,
que en épocas de paz ladran
y en épocas de cañones
desaparecen del mapa.


Estos hombres, estas liebres,
comisarios de la alarma,
cuando escuchan a cien leguas
el estruendo de las balas,
con singular heroísmo
a la carrera se lanzan,
se les alborota el ano,
el pelo se les espanta.


Valientemente se esconden,
gallardamente se escapan
del campo de los peligros
estas fugitivas cacas,
que me duelen hace tiempo
en los cojones del alma.


¿Dónde iréis que no vayáis
a la muerte, liebres pálidas,
podencos de poca fe
y de demasiadas patas?
¿No os avergüenza mirar
en tanto lugar de España
a tanta mujer serena
bajo tantas amenazas?
Un tiro por cada diente
vuestra existencia reclama,
cobardes de piel cobarde
y de corazón de caña.


Tembláis como poseídos
de todo un siglo de escarcha
y vais del sol a la sombra
llenos de desconfianza.


Halláis los sótanos poco
defendidos por las casas.


Vuestro miedo exige al mundo
batallones de murallas,
barreras de plomo a orillas
de precipicios y zanjas
para vuestra pobre vida,
mezquina de sangre y ansias.


No os basta estar defendidos
por lluvias de sangre hidalga,
que no cesa de caer,
generosamente cálida,
un día tras otro día
a la gleba castellana.


No sentís el llamamiento
de las vidas derramadas.


Para salvar vuestra piel
las madrigueras no os bastan,
no os bastan los agujeros,
ni los retretes, ni nada.


Huís y huís, dando al pueblo,
mientras bebéis la distancia,
motivos para mataros
por las corridas espaldas.


Solos se quedan los hombres
al calor de las batallas,
y vosotros, lejos de ellas,
queréis ocultar la infamia,
pero el color de cobardes
no se os irá de la cara.


Ocupad los tristes puestos
de la triste telaraña.
Sustituid a la escoba,
y barred con vuestras nalgas
la mierda que vais dejando
donde colocáis la planta.



Miguel Hernandez

lunes, 20 de noviembre de 2017

HÁBLAME DEL MAR MARINERO


Dicen que hay toros azules
en la primavera del mar.


El sol es el caporal
y las mantillas las nubes,



que las mueve el temporal.
Dicen que hay toros azules
en la primavera del mar.


Háblame del mar, marinero.
Dime si es verdad
lo que dicen de él.


Desde mi ventana
no puedo yo verlo.


Desde mi ventana
el mar no se ve.
Háblame del mar, marinero.


Cuéntame que sientes
allí, junto a él.


Desde mi ventana
no puedo saberlo,
desde mi ventana
el mar no se ve.


Dicen que el barco navega
enamorado del mar.


Buscando sierenas va,
buscando sirenas nuevas
que le canten al pasar.


Dicen que el barco navega
enamorado del mar.


Háblame del mar, marinero,
háblame del mar, háblame.




Rafael Alberti

domingo, 19 de noviembre de 2017

NOCTURNO




Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven: son palabras.

Balas. Balas. 

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas. 


¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

Balas. Balas. 

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar lo que no puede por imposible, y calla.


Balas. Balas. 

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.



Rafael Alberti

sábado, 18 de noviembre de 2017

AQUI ENTRE LA VERDE JUNICIA


Aquí entre la verde juncia
Quiero (como el blanco cisne
Que envuelto en dulce armonía,
La dulce vida despide)

Despedir mi vida amarga
Envuelta en endechas tristes,
Y querellarme de aquélla
Tan hermosa como libre. 


Descanse entre tanto el arco
De la cuerda que le aflige,
Y pendiente de sus ramos
Orne esta planta de Alcides,

Mientras yo a la tortolilla
Que sobre aquel olmo gime,
Le hurto todo el silencio
Que para sus quejas pide. 


Bellísima cazadora,
Más fiera que las que sigues
Por los bosques cruel verdugo
De mis años infelices:

Tan grandes son tus extremos
De hermosa y de terrible,
Que están los montes en duda
Si eres diosa o si eres tigre. 


Préciaste de tan soberbia
Contra quien es tan humilde
Que, considerados bien,
Todos los monteros dicen

Que los dos nos parecemos
Al roble que más resiste
Los soplos del viento airado:
Tú en ser dura, yo en ser firme. 


En esto sólo eres roble,
Y en lo demás flaca mimbre,
No sólo a los recios vientos,
Mas a los aires sutiles. 


Ya no persigues, cruel,
Después que a mí me persigues,
A los ciervos voladores
Ni a los fieros jabalíes. 


Ni de tu dichoso albergue
Las nobles paredes visten
Los despojos de las fieras
Que, como a mí, muerte diste. 


No porque no gustes de ello,
Sino porque no te obligue
El encontrarme en la caza
A que siquiera me mires. 


Los monteros te suspiran
Por todos estos confines,
Y el mismo monte se agravia
De que tus pies no le pisen,

Por el rastro que dejaban
De rosas y de jazmines,
Tanto que eran a sus campos
Tus dos plantas dos abriles. 


Haz tu gusto, que yo quiero
Dejar (pues de ello te sirves)
El espíritu cansado
Que mis flacos miembros rige. 


Conseguiremos en esto
Ambos a dos nuestros fines:
Tú el de cruel en dejarme,
Yo el de leal en morirme. 


Tú, rey de los otros ríos,
Que de las sierras sublimes
De Segura al Oceano
El fértil terreno mides,

Pues en tu dichoso seno
Tantas lágrimas recibes
De mis ojos, que en el mar
Entran dos Guadalquivires,

Ruégote que su crueldad
Y mi firmeza publiques
Por todo el húmedo reino
De la gran madre de Aquiles,

Porque no sólo en las selvas,
Mas los que en las aguas viven
Conozcan quién es Daliso
Y quién es la ingrata Nise.



Luis de Gongora y Argote