lunes, 14 de agosto de 2017

PUERTA DE LA NADA


No sentir más el aire fresco
cuando roza mi frente en las mañanas,
ni volver a escuchar el firmamento
cuando toca el cristal de mi ventana.
No mirar a los valles soñolientos
que adornados de verdes se perfilan
en la escalera azul del horizonte.
No sentir el mensaje de tus manos,
ni mirar a los ojos a lo eterno.
No escuchar el murmullos de las aguas
cuando bajan ansiosas las laderas,
ni atrapar el silbido de los vientos
cuando azotan el margen del otoño,
esperando en el quicio del invierno.
No acercarme despacio hasta el silencio
invocando tu nombre en la callada
abreviatura insigne del deseo.
No poder decirte que te quiero,
ni recordar el dulce de los besos,
cuando el amor se acuesta con tu almohada.
No volver a sentir la primavera,
guirnalda de colores coronada,
cuando me hablan tus ojos a distancia,
y olvidarme de ti aunque no quiera,
esa es la muerte, puerta de la nada.




Luis Calama Rodriguez

domingo, 13 de agosto de 2017

CANTO DE LIBERTAD




Me despojé del cerco de las cosas
que tapaban mis ojos con un velo
impidiéndome ver, y mariposas
volaron a millares por el cielo.


Imaginé la vida contemplando
primaveras de miel, suaves y rosas,
que construyeron tardes cadenciosas
de momentos que el alma fue libando,
y para huir sin más del aire frío
imaginé mañanas adornadas
con el frescor caliente del estío,
de las praderas aterciopeladas,
soñando los silencios de mis noches,
como sueñan las flores perfumadas
al adornar los valles con sus broches
en los alegres velos de las hadas.


Y así me despedí de los temores,
pues mientras siga recitando el río
y en el campo haya gotas de rocío
adornando de espejos los alcores,
mientras el sol modele los colores
del fuego sin igual de los ponientes
y tras las tardes de sopor, ardientes,
un ábrego cristal bese las flores,
mientras la luz se acerque a mi ventana
inundando mi estancia de poesía,
cada tarde abrirá en otra mañana,
cada noche será otro mediodía.




Luis Calama Rodriguez

sábado, 12 de agosto de 2017

EL MIEDO A PERDERTE


La base del hongo
se recostó
en la carne del último niño.


Se abrieron las cercas
y se hicieron cuchillos
que humean neblina.


Hay murciélagos
de volar eterno
y casas sin acústica al futuro.


No existen pozas
en la tierra que todo devora.


Muere el olvido
y el recuerdo,
en una fogata ciega,
donde el pasado es combustible.


El fin llama al principio,
      firman la nada
  y salto en mi sueño,
      junto a la vida,
            a tu lado.

 
 
 
Alfredo Lavergne

viernes, 11 de agosto de 2017

AMANTE

 
Es igual que reír dentro de una campana:
sin el aire, ni oírte, ni saber a qué hueles. 


Con gesto vas gastando la noche de tu cuerpo
y yo te transparento: soy tú para la vida.


No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos. 

No te juntan a mí, nadie sabe que es tuya
esta mortal ausencia que se duerme en mi boca,
cuando clama la voz en desiertos de llanto. 


Brotan tiernos laureles en las frentes ajenas,
y el amor se consuela prodigando su alma. 


Todo es luz y desmayo donde nacen los hijos,
y la tierra es de flor y en la flor hay un cielo. 


Solamente tú y yo (una mujer al fondo
de ese cristal sin brillo que es campana caliente),
vamos considerando que la vida..., la vida
puede ser el amor, cuando el amor embriaga;
es sin duda sufrir, cuando se está dichosa;
es, segura, la luz, porque tenemos ojos. 


Pero ¿reír, cantar, estremecernos libres
de desear y ser mucho más que la vida...?
No. Ya lo sé. Todo es algo que supe
y por ello, por ti, permanezco en el Mundo.




Carmen Conde

jueves, 10 de agosto de 2017

CANTO LIBRE


Sutil soplo vacío y envolvente,
susúrrame al oído la gran calma
que generoso el cielo ofrece al alma
y esculpe los terrores del presente,
impulsas el camino de mi mente,
que leves pensamientos hoy enjalma,
respiración con hálito que empalma
la huida y el retorno de la gente.


Arrasas y construyes lo vivido,
tutelas la vejez y pubertad,
etérea brisa, céfiro, donaire,
sobre el encadenado hombre caído
no se encuentra otro canto en libertad
tan pleno e independiente como el aire.




Jose Mañoso

miércoles, 9 de agosto de 2017

APOGEO DEL APIO


Del centro puro que los ruidos nunca
atravesaron, de la intacta cera,
salen claros relámpagos lineales,
palomas con destino de volutas,
hacia tardías calles con olor
a sombra y a pescado.


Son las venas del apio! Son la espuma, la risa,
los sombreros del apio!
Son los signos del apio, su sabor
de luciérnaga, sus mapas
de color inundado,
y cae su cabeza de ángel verde,
y sus delgados rizos se acongojan,
y entran los pies del apio en los mercados
de la mañana herida, entre sollozos,
y se cierran las puertas a su paso.
y los dulces caballos se arrodillan.


Sus pies cortados van, sus ojos verdes
van derramados, para siempre hundidos
en ellos los secretos y las gotas:
los túneles del mar de donde emergen,
las escaleras que el apio aconseja,
las desdichadas sombras sumergidas,
las determinaciones en el centro del aire,
los besos en el fondo de las piedras.


A medianoche, con manos mojadas,
alguien golpea mi puerta en la niebla,
y oigo la voz del apio, voz profunda,
áspera voz de viento encarcelado,
se queja herido de aguas y raíces,
hunde en mi cama sus amargos rayos,
y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho
buscándome la boca del corazón ahogado.


Qué quieres, huésped de corsé quebradizo,
en mis habitaciones funerales?
Qué ámbito destrozado te rodea?


Fibras de oscuridad y luz llorando,
ribetes ciegos, energías crespas,
río de vida y hebras esenciales,
verdes ramas de sol acariciado,
aquí estoy, en la noche, escuchando secretos,
desvelos, soledades,
y entráis, en medio de la niebla hundida,
hasta crecer en mí, hasta comunicarme
la luz oscura y la rosa de la tierra.



Pablo Neruda

martes, 8 de agosto de 2017

EL SUEÑO

 
Andando en las arenas
yo decidí dejarte.


Pisaba un barro oscuro
que temblaba,
y hundiéndome y saliendo
decidí que salieras
de mí, que me pesabas
como piedra cortante,
y elaboré tu pérdida
paso a paso:
cortarte las raíces,
soltarte sola al viento.


Ay, en ese minuto,
corazón mío, un sueño
con sus alas terribles
te cubría.


Te sentías tragada por el barro,
y me llamabas y yo no acudía,
te ibas, inmóvil,
sin defenderte
hasta ahogarte en la boca de arena.


Después
mi decisión se encontró con tu sueño,
y desde la ruptura
que nos quebraba el alma,
surgimos limpios otra vez, desnudos,
amándonos
sin sueño, sin arena,
completos y radiantes,
sellados por el fuego.

 
 
 
Pablo Neruda

lunes, 7 de agosto de 2017

NOCHE DE PRESAGIO




El aliento del aura inocente
deambula entre pilares milenarios
de una noche de presagios,
retoza en los jardines
en forma de fragantes lenguas,
suena en los hilos
de algún títere travieso
y empuja el concierto
por los umbrales sordos.


En la sinfonía de los tiempos
con la bravura de la cadencia final
él viene hacia mí.


Su paso de relámpago embrujado
promete desafiar las hogueras
de todas las ausencias.


Parece un héroe troyano 
en medio de un alud de lunas rotas
ganadas en victorias
de no sé qué camposanto.


Las caricias se atropellan
como vibraciones cromáticas
de un fragor de timbales.


Los besos se descuelgan
como de un olivar
las maduras aceitunas.


Mis moradas encienden
las ascuas enterradas,
estallan las compuertas
tras cascadas de burbujas
y al temblor acompasado
de encandilados tropeles
se cuaja en un latido
el fulmíneo brebaje del amor.


Por una fisura del aire
se evapora el eco
del último suspiro
y el testigo de una lágrima
se asfixia en secreto
en la penumbra de los párpados.


Entonces el raudo, falaz
sabor del sueño
recoge sus trofeos,
huye en la piel
de un pájaro absorto
y me deja la llaga
de un adiós irremediable
sin un puñado de soles,
sin el soplo de una estrella.




Martha Napolitano

domingo, 6 de agosto de 2017

INJURIA EL POETA AL AMOR

  

Amor, con flores ligas nuestros brazos;
los míos te ofrecí lleno de penas,
me echaste tus guirnaldas más amenas,
secáronse las flores, vi los lazos,
            y vi que eran cadenas.

Nos guías por la senda placentera
al templo del placer ciego y propicio;
yo te seguí, mas viendo el artificio,
el peligro y tropel de tu carrera,
            vi que era un precipicio.

Con dulce copa al parecer sagrada,
al hombre brindas, de artificio lleno;
bebí; quemose con su ardor mi seno;
con sed insana la dejé apurada
        y vi que era veneno.

Tu mar ofrece, con fingida calma,
bonanza sin escollo ni contagio;
yo me embarqué con tal falaz presagio,
vi cada rumbo que se ofrece al alma,
        y vi que era un naufragio.

El carro de tu madre, ingrata diosa,
vi que tiraban aves inocentes;
besáronlas mis labios imprudentes,
el pecho me rasgó la más hermosa
        y vi que eran serpientes.

Huye Amor, de mi pecho ya sereno,
tus alas mueve a climas diferentes,
lleva a los corazones imprudentes
cadenas, precipicios y veneno,
        naufragios y serpientes.



 Jose Cadalso

sábado, 5 de agosto de 2017

ROMANCE


Yo me acerqué hasta tu vera
con miedo, ¿por qué negarlo?

En las sienes me latían
cincuenta y dos desengaños;
gris de paisaje en los ojos,
risas sin sol en los labios,
y el corazón jadeante
como un pájaro cansado. 


Yo me acerqué hasta tu vera
con miedo, ¿por qué negarlo?

Te reventaba en la boca
un clavel de veinte años
y en la mejilla un süave
melocotón sonrosado. 


Cuando dijistes: «Te quiero»
fue tu voz igual que un caño
de agua fresca en una tarde
calurosa de verano. 


Se me echó encima el cariño
lo mismo que un toro bravo
y quedé sobre la arena
muerto de amor y sangrando
por cuatro besos lentísimos
que me brindaron tus labios. 


De la sien a la cintura,
de la garganta al costado. 


¡Qué boda sin requilorios
sobre la hierba del campo!
¡Qué marcha nupcial cantaba
el viento sobre los álamos!
¡Qué luna grande y redonda
iluminó nuestro abrazo,
y qué olor el de tu cuerpo
a trigo recién cortado!

El pueblo, a las dos semanas
hizo lengua en los colmados,
en las barandas del río,
en la azotea, en los patios,
en las mesas del casino
y en los surcos del arado:
«Un hombre que peina canas
y que le dobla los años». 


Es cierto que peino canas
pero en cambio, cuando abrazo
soy lo mismo que un olivo,
igual que un ciprés sonámbulo,
Cristobalón de aguas puras
que atraviesa el río a nado
si ve en la orilla unos ojos
o una boca hecha de nardos,
para cortarle el suspiro
con el calor de mis labios. 


Que me escupan en la frente,
que me pregonen en bandos,
que vayan diciendo y digan. 


Tú conmigo; yo a tu lado
respirando de tu aliento,
yendo al compás de tus pasos,
refrescándome las sientes
en la palma de tu mano. 


Centinela de tus sueños,
hombro para tu descanso,
Cirineo de tus penas
Y San Juan de tu calvario
para quererte y tenerte
en la noche de mis brazos.


¡¿Qué importa que haya cumplido
cincuenta y pico de años?!
¿En qué código de amores,
en qué partida de cargos,
hay leyes que determinen
la edad del enamorado?
En cariños no hay fronteras,
ni senderos, ni vallados,
que el cariño es como un monte
con un letrero en lo alto
que dice sólo: «Te quiero»
Y colorín colorado.



Rafael de Leon

viernes, 4 de agosto de 2017

CUERPO DE PIEDRA


Luna de mármol, rígido calor,
noche de estío cuando el perro es mudo,
cuando un velo de esparto ante los ojos
casi acaricia, sueño o plumón leve.


Luna de piedra, manos por el cielo,
manos de piedra rompedoras siempre,
retorcidas a veces con destellos,
manos de lumbre láctea, ya rígidas.


Cuerpo de piedra, senda de cristales,
mudo siempre o doliente con los soles,
cuando perros de lana flotan quietos
por pantanos de seda acariciada.


Yo no sé si la sangre es roja o verde.
Ignoro si la luna vence o ama,
si su lengua acaricia los desvíos,
axilas que palpitan ya de pluma.


Cielo quieto de fango que ahora gira
dulcemente mintiendo un sol activo,
bella túnica amada por lo dura
sobre muslos de piedra avanzadores.


Dulce careta blanca que ladea
su morado celeste ya sin órbita.


Tibia saliva nueva que en los bordes
pide besos azules como moscas.


Soledad, soledad, calvero, mundo,
realidad viva donde el plomo es frío;
no, ya no quema el fuego que en las ingles
aquel remoto mar dejó al marcharse.




Vicente Aleixandre

jueves, 3 de agosto de 2017

EL DESNUDO

 
Basta, basta.

Tanto amor en las aves,
en esos papeles fugitivos que en la tierra se buscan,
en ese cristal indefenso que siente el beso de la luz,
en la gigante lámpara que bajo tierra solloza
iluminando el agua subterránea que espera.


Tú, corazón clamante que en medio de las nubes
o en las plumas del ave,
o en el secreto tuétano del hueso de los tigres,
o en la piedra en que apoya su cabeza la sombra.


Tú, corazón que dondequiera existes como existe la muerte,
como la muerte es esa contracción de la cintura
que siente que la abarca una secreta mano,
mientras en el oído fulgura un secreto previsto.


Di, qué palabra impasible como la esmeralda
deslumbra unos ojos con su signo durísimo,
mientras sobre los hombros todas, todas las plumas
resbalan tenuemente como sólo memoria.


Di, qué manto pretende envolver nuestro desnudo,
qué calor nos halaga mientras la luz dice nombres,
mientras escuchamos unas letras que pasan,
palomas hacia un seno que, herido, a sí se ignora.


La muerte es el vestido.
Es la acumulación de los siglos que nunca se olvidan,
es la memoria de los hombres sobre un cuerpo único,
trapo palpable sobre el que un pecho solloza
mientras busca imposible un amor o el desnudo.



Vicente Aleixandre

miércoles, 2 de agosto de 2017

CARTA DE ROMA


Te escribo, amor, desde la primavera.

Crucé la mar para poder decirte
que, bajo el cielo de la tarde, Roma
tiene otro cielo de golondrinas,
y entre los dos un ángel de oro pasa
danzando.


La cascada de piedra que desciende
por Trinitá dei Monti hasta la plaza,
se detuvo de pronto y ahora suben
azaleas rosadas por su cuerpo.


Los árboles repiten siete veces
la música del viento en las colinas,
y el húmedo llamado de las fuentes
guía mis pasos.


Más bella que en el aire
una rota columna hallé en el césped,
caída en el abrazo de una rosa.


Cuando fluye la luz,
cuando se para
el tiempo,
asomada a los puentes Roma busca
su imagen sobre el Tevere,
y en vez del nombre suyo ve que tiembla
tu nombre, amor, en el rodante espejo.




Meira Delmar

martes, 1 de agosto de 2017

ALGUIEN PASA


Alguien pasa y pregunta
por los jazmines, madre.


Y yo guardo silencio.


Las palabras no acuden
en mi ayuda, se esconden
en el fondo del pecho,
por no subir vestidas
de luto hasta mi boca,
y derramarse luego
en un río de lágrimas.


No sé si tú recuerdas
los días aún tempranos
en que ibas como un ángel
por el jardín, y dabas
a los lirios y rosas
su regalo de agua,
y las hojas marchitas
recogías en esa
tu manera tan suave
de tratar a las plantas
y a los que se acercaban
a tu amistad perfecta.


Yo sí recuerdo, madre,
tu oficio de ser tierna
y fina como el aire.


Una tarde un poeta
recibió de tus manos
un jazmín que cortaste
para él. Con asombro
te miró largamente
y se llevó a los labios,
reverente, la flor.


Se me quedó en la frente
aquel momento, digo
la frente cuando debo
decir el corazón.


Y se me va llenando
de nostalgia la vida,
como un vaso colmado
de un lento vino pálido,
si alguien pasa y pregunta
por los jazmines, madre.




Meira Delmar

lunes, 31 de julio de 2017

AMOR SÁDICO

         
Ya no te amaba, sin dejar por eso
de amar la sombra de tu amor distante.
Ya no te amaba, y sin embargo el beso
de la repulsa nos unió un instante...

Agrio placer y bárbaro embeleso
crispó mi faz, me demudó el semblante.
Ya no te amaba, y me turbé, no obstante,
como una virgen en un bosque espeso.

Y ya perdida para siempre, al verte
anochecer en el eterno luto,
—mudo el amor, el corazón inerte—,

huraño, atroz, inexorable, hirsuto...
¡Jamás viví como en aquella muerte,
nunca te amé como en aquel minuto!




Julio Herrera y Ressig

domingo, 30 de julio de 2017

A UN AMIGO MUERTO

 
Qué desierto está el mundo, amigo mío,
desde que te cubrió el polvo postrero;
cómo al pensarte el viento, lastimero,
azota mi ventana; cuánto frío.


Qué vacío dejaste, compañero,
en mi vida; qué estruendoso vacío.
¿Con quién hablaré ahora? ¿En quién confío?
¿Por qué tuviste que partir primero?
Cuando visito tu última morada
dejo sobra la losa, dolorido,
una flor y una carga de tristeza;
después me voy, llevando en la cabeza
esta triste pregunta ya gastada:
¿a quién tengo, desde que tú te has ido?



Elias. Gomez Garcia

sábado, 29 de julio de 2017

AMANECIDA


Soy una amanecida del amor...

Raro que no me sigan centenares de pájaros
picoteando canciones sobre mi sombrilla blanca.


(Será que van cercando, en vigilia de nubes,
la claridad inmensa donde avanza mi alma).


Raro que no me carguen pálidas margaritas
por la ruta amorosa que han tomado mis alas.


(Será que están llorando a su hermana más triste,
que en silencio se ha ido a la hora del alba).


Raro que no me vista de novia la más leve
de aquellas brisas suaves que durmieron mi infancia.


(Será que entre los árboles va enseñando a mi amado
los surcos inocentes por donde anduve, casta...)


Raro que no me tire su emoción el rocío,
en gotas donde asome risueña la mañana.


(Será que por el surco de angustia del pasado,
con agua generosa mis decepciones baña).


Soy una amanecida del amor...


En mí cuelgan canciones y racimos de pétalos,
y muchos sueños blancos,  y emociones aladas.

Raro que no me entienda el hombre,  conturbado
por la mano sencilla que recogió mi alma.


(Será que en él la noche se deshoja más lenta,
o tal vez no comprenda la emoción depurada...)



Julia de Burgo

viernes, 28 de julio de 2017

A UNA VIOLETA


 
Pobre y humilde violeta,
Que deshojada y perdida
Por el viento compelida
Sigues su impulso fatal;
    Ayer entre verdes hojas
Pudorosa te ocultabas,
Y la imagen presentabas
De modestia virginal:


    Te acariciaban las auras
En tu apacible retiro:
Secreto como el suspiro
De enamorada beldad.


    Hoy de tu tallo arrancada
Vagas ¡ayl con rumbo incierto
Por el camino desierto
Do te impele el huracán:


    Y sumisa te abandonas
Al poder que te arrebata,
Ya te eleve, ya te abata
Su caprichosa crueldad.


    Mas no ¡cuitada! lamentes
De tu suerte los rigores,
Que la reina de las flores
La sufre, violeta, igual.


    Hasta la soberbia palma
Cede humilde a tal destino,
Y en inquieto remolino
Contigo sus hojas van:


    Que el huracán inclemente
Beldad ni orgullo respeta,
Y a rosa, palma, y violeta,
Un mismo sepulcro da.



Gertrudis Gomez de Avellaneda

jueves, 27 de julio de 2017

YO EN EL FONDO DEL MAR


En el fondo del mar
hay una casa de cristal. 


A una avenida
de madréporas
da.


Un gran pez de oro,
a las cinco,
me viene a saludar. 


Me trae
un rojo ramo
de flores de coral. 


Duermo en una cama
un poco más azul
que el mar. 


Un pulpo
me hace guiños
a través del cristal. 


En el bosque verde
que me circunda
—din don... din dan—
se balancean y cantan
las sirenas
de nácar verdemar. 


Y sobre mi cabeza
arden, en el crepúsculo,
las erizadas puntas del
mar.



Alfonsina Storny

miércoles, 26 de julio de 2017

PRIMAVERA



¿Vendrás tú? Por mis jardines vuelan
Ya las primeras mariposas
Sobre las rosas. 


                Velan
De noche los cocuyos
Entre los yuyos.
Sonríen las estrellas
Pálidamente bellas.


¿Y vendrás tú? Se cubren
Alegres, mis floreros
De madreselvas. 


Anda por los largos canteros
La risa azul del nomeolvides
Y se cargan las vides.


                Selvas
Tengo en el corazón;
Árboles gruesos
Prietos de ramas;
Yuyos, retamas,
Flores de malvón,
Pájaros en las ramas,
Todo eso tengo en el corazón.


¿Y vendrás tú?
                Mis manos
Fabricaron panales. 


Yendo de rosa en rosa cogí miel;
Hice linos; no recuerdo de males.


El lecho mío es blanco
Y es Primavera. Huele
Bien, el alto barranco
Mojado por la ría. 


Desde el mar que diviso
¿Vendrá tu vela?
Vuela,
Primavera es gacela
Fugitiva
Y furtiva,
¡Vuela!



Alfonsina Storny

martes, 25 de julio de 2017

BALADA DE LA PLACETA


Cantan los niños
En la noche quieta:
¡Arroyo claro,
Fuente serena! 


    LOS NIÑOS
¿Qué tiene tu divino
Corazón en fiesta?


    YO
Un doblar de campanas,
Perdidas en la niebla. 


    LOS NIÑOS
Ya nos dejas cantando
En la plazuela.
¡Arroyo claro,
Fuente serena!

¿Qué tienes en tus manos
De primavera? 


    YO 
Una rosa de sangre
Y una azucena. 


    LOS NIÑOS
Mójalas en el agua
De la canción añeja. 


¡Arroyo claro,
Fuente serena!

¿Qué sientes en tu boca
Roja y sedienta? 


    YO
El sabor de los huesos
De mi gran calavera. 


    LOS NIÑOS
Bebe el agua tranquila
De la canción añeja. 


¡Arroyo claro,
Fuente serena!

¿Por qué te vas tan lejos
De la plazuela?

    YO
¡Voy en busca de magos
Y de princesas! 


    LOS NIÑOS
¿Quién te enseñó el camino
De los poetas? 


    YO
La fuente y el arroyo
De la canción añeja. 


    LOS NIÑOS
¿Te vas lejos, muy lejos
Del mar y de la tierra? 


    YO
Se ha llenado de luces
Mi corazón de seda,
De campanas perdidas,
De lirios y de abejas,
Y yo me iré muy lejos,
Más allá de esas sierras,
Más allá de los mares
Cerca de las estrellas,
Para pedirle a Cristo
Señor que me devuelva
Mi alma antigua de niño,
Madura de leyendas,
Con el gorro de plumas
Y el sable de madera. 


    LOS NIÑOS
Ya nos dejas cantando
En la plazuela. 


¡Arroyo claro,
Fuente serena!

Las pupilas enormes
De las frondas resecas,
Heridas por el viento,
Lloran las hojas muertas.




Federico Garcia Lorca

lunes, 24 de julio de 2017

LA LUNA Y LA ROSA



En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía —sedienta boca—
el paladar del espíritu,
que adurmiendo su congoja
se abría al cielo nocturno
de Dios y su Madre toda... 


Toda cabellos tranquilos,
la Luna, tranquila y sola,
acariciaba a la Tierra
con sus cabellos de rosa
silvestre, blanca, escondida... 


La Tierra, desde sus rocas,
exhalaba sus entrañas
fundidas de amor, su aroma... 


Entre las zarzas, su nido,
era otra luna la rosa,
toda cabellos cuajados
en la cuna, su corola;
las cabelleras mejidas
de la Luna y de la rosa
y en el crisol de la noche
fundidas en una sola... 


En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba
a la Luna, quieta y sola.

 


Miguel de Unamuno

domingo, 23 de julio de 2017

SONETO XVI


No las francesas armas odïosas,
en contra puestas del airado pecho,
ni en los guardados muros con pertecho
los tiros y saetas ponzoñosas;

no las escaramuzas peligrosas,
ni aquel fiero rüido contrahecho
de aquel que para Júpiter fue hecho,
por manos de Vulcano artificiosas,

pudieron, aunque más yo me ofrecía
a los peligros de la dura guerra,
quitar una hora sola de mi hado. 


Mas infición del aire en sólo un día
me quitó el mundo, y me ha en ti sepultado,
Parténope, tan lejos de mi tierra.



Garcilaso de la Vega

sábado, 22 de julio de 2017

CUMBRE


Firme, bajo mi pie, cierta y segura,
de piedra y música te tengo;
no como entonces, cuando a cada instante
te levantabas de mi sueño. 


Ahora puedo tocar tus lomas tiernas,
el verde fresco de tus aguas. 


Ahora estamos, de nuevo, frente a frente
como dos viejos camaradas. 


Nueva canción con nuevos instrumentos.
Cantas, me duermes y me acunas. 


Haces eternidad de mi pasado.
Y luego el tiempo se desnuda. 


¡Cantarte, abrir la cárcel donde espera
tanta pasión acumulada!
Y ver perderse nuestra antigua imagen
arrebatada por el agua. 


Firme, bajo mi pie, cierta y segura,
de piedra y música te tengo. 


Señor, Señor, Señor: todo lo mismo.
Pero, ¿qué has hecho de mi tiempo?




Jose Hierro

viernes, 21 de julio de 2017

CARRETERA


Volví, volvía —con qué poca ilusión—
a donde tuve mis raíces, mis recuerdos, mi casa
frente al mar, y los árboles
plantados por mis manos, pisoteados por los niños,
comidos por los animales.


Mi casa junto al mar, más solariega
que otras, la que fue más hermosa que todas.
Con qué poca ilusión volvía.


Cárdenas tierras húmedas y soleadas, trigos
color de aquellos ojos, pincelada morada
sobre lo verde, allá en Vivar del Cid,
murallas de olmos negros, amapolas,
verdes sombríos por Entrambasmestas,
platas de la bahía, con qué poca ilusión
pasaba por vosotros.


Cómo se puede vaciar así
un corazón. Cómo se puede
llorar así, por dentro. Frustraciones o muertes
nada me arrancó lágrimas desde aquellos aviones
los que volaban sobre mí y arrasaban mi mundo
sin que arrojasen bombas, ni ametrallasen: sólo
con el ruido de sus motores,
demasiado terrible para mí entonces y ahora.


Qué quedó de mi vida entre sus alas.



Qué en la música oída en la noche,
la que vestía nuestra desnudez
mientras caía el agua cálida, qué gozo, el agua...


Qué se hundió por aquellas escaleras
precipitadas en la noche.


Qué congeló la luna que iluminaba las fachadas.
Qué llevó la marea en la playa de octubre.


Cómo es posible edificar,
reconstruir con tantos materiales
disueltos en el tiempo,
gastados por la lluvia que no vimos caer...


Volví, volvía como ahogado
bajo un montón de escombros
que fueron mi edificio, mi alcázar,
sin una sola lágrima —para qué— que llorar,
apoyado en el llanto de otros días,
como si sólo con lágrimas de entonces
pudiese liberarse este dolor presente
que ya no encuentra llanto.




Jose Hierro

jueves, 20 de julio de 2017

Aquí entre la verde juncia


Quiero (como el blanco cisne
Que envuelto en dulce armonía,
La dulce vida despide)

Despedir mi vida amarga
Envuelta en endechas tristes,
Y querellarme de aquélla
Tan hermosa como libre. 


Descanse entre tanto el arco
De la cuerda que le aflige,
Y pendiente de sus ramos
Orne esta planta de Alcides,

Mientras yo a la tortolilla
Que sobre aquel olmo gime,
Le hurto todo el silencio
Que para sus quejas pide. 


Bellísima cazadora,
Más fiera que las que sigues
Por los bosques cruel verdugo
De mis años infelices:

Tan grandes son tus extremos
De hermosa y de terrible,
Que están los montes en duda
Si eres diosa o si eres tigre. 


Préciaste de tan soberbia
Contra quien es tan humilde
Que, considerados bien,
Todos los monteros dicen

Que los dos nos parecemos
Al roble que más resiste
Los soplos del viento airado:
Tú en ser dura, yo en ser firme. 


En esto sólo eres roble,
Y en lo demás flaca mimbre,
No sólo a los recios vientos,
Mas a los aires sutiles. 


Ya no persigues, cruel,
Después que a mí me persigues,
A los ciervos voladores
Ni a los fieros jabalíes. 


Ni de tu dichoso albergue
Las nobles paredes visten
Los despojos de las fieras
Que, como a mí, muerte diste. 


No porque no gustes de ello,
Sino porque no te obligue
El encontrarme en la caza
A que siquiera me mires. 


Los monteros te suspiran
Por todos estos confines,
Y el mismo monte se agravia
De que tus pies no le pisen,

Por el rastro que dejaban
De rosas y de jazmines,
Tanto que eran a sus campos
Tus dos plantas dos abriles. 


Haz tu gusto, que yo quiero
Dejar (pues de ello te sirves)
El espíritu cansado
Que mis flacos miembros rige. 


Conseguiremos en esto
Ambos a dos nuestros fines:
Tú el de cruel en dejarme,
Yo el de leal en morirme. 


Tú, rey de los otros ríos,
Que de las sierras sublimes
De Segura al Oceano
El fértil terreno mides,

Pues en tu dichoso seno
Tantas lágrimas recibes
De mis ojos, que en el mar
Entran dos Guadalquivires,

Ruégote que su crueldad
Y mi firmeza publiques
Por todo el húmedo reino
De la gran madre de Aquiles,

Porque no sólo en las selvas,
Mas los que en las aguas viven
Conozcan quién es Daliso
Y quién es la ingrata Nise.




Luis de Gongora y Argote

miércoles, 19 de julio de 2017

A UNOS ÁLAMOS BLANCOS


Verdes hermanas del audaz mozuelo
Por quien orilla el Po dejastes presos
En verdes ramas ya y en troncos gruesos
El delicado pie, el dorado pelo,

Pues entre las rüinas de su vuelo
Sus cenizas bajar en vez de huesos,
Y sus errores largamente impresos
De ardientes llamas vistes en el cielo,

Acabad con mi loco pensamiento,
Que gobernar tal carro no presuma,
Antes que le desate por el viento

Con rayos de desdén la beldad suma,
Y las reliquias de su atrevimiento
Esconda el desengaño en poca espuma.




Luis de Gongora y Argote

martes, 18 de julio de 2017

A LA TRISTEZA


Tristeza, pues yo soy tuyo,
tú no dejes de ser mía;
mira bien que me destruyo
sólo en ver que el alegría
presume de hacerme suyo. 


  ¡Oh, tristeza!
que apartarme de contigo
es la más alta crueza
que puedes usar conmigo. 


No huyas ni seas tal
que me apartes de tu pena;
soy tu tierra natural,
no me dejes por la ajena
do quizá te querrán mal. 


  Pero, di:
ya que estó en tu compañía,
¿cómo gozaré de ti,
que no goce de alegría?
Que el placer de verte en mí,
no hay remedio para echallo,
¿quién jamás estuvo así?
que de ver que en ti me hallo,
me hallo que estoy sin ti. 


  ¡Oh ventura!
¡Oh amor, que tú hiciste
que el placer de mi tristura
me quitase de ser triste!
Pues me das por mi dolor
el placer que en ti no tienes,
porque te sienta mayor,
no vengas, que si no vienes,
entonces vernás mejor. 


Pues me places,
vete ya, que en tu ausencia
sentiré yo lo que haces
mucho más que en tu presencia.




Juan Boscán

lunes, 17 de julio de 2017

CALLE DEL ARRABAL



Se me quedó en lo hondo
una visión tan clara,
que tengo que entornar los ojos cuando
intento recordarla.


A un lado, hay un calvero de solares
en frente, están las casas alineadas
porque esperan que de un momento a otro
la Primavera pasará.


                                Las sábanas,
aún goteantes, penden
de todas las ventanas,
el viento juega con el sol en ellas
y ellas ríen del juego y de la gracia.


Y hay las niñas bonitas
que se peinan al aire libre.


                                          Cantan
los chicos de una escuela la lección.
Las once dan.


                    Por el arroyo pasa
un viejo cojitranco
que empuja su carrito de naranjas.



Damaso Alonso

domingo, 16 de julio de 2017

ENCAJES


   
Alma son de mis cantares,
tus hechizos...
Besos, besos
a millares. Y en tus rizos,
besos, besos a millares. 


¡Siempre amores! ¡Nunca amor!

Los placeres
van de prisa:
una risa
y otra risa,
y mil nombres de mujeres,
y mil hojas de jazmín
desgranadas
y ligeras... 


Y son copas no apuradas,
y miradas
pasajeras,
que desfloran nada más. 


Desnudeces,
hermosuras,
carne tibia y morbideces,
elegancias y locuras... 


No me quieras, no me esperes...
¡No hay amor en los placeres!
¡No hay placer en el amor!



Manuel Machado

sábado, 15 de julio de 2017

CANCIONES DE AMOR Y DESAMOR


A veces me siento
como un águila en el aire
          (de una canción de Pablo Milanés)
Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas

unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano

a veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas

pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones

una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces

sereno en mi confianza
confiado en que una tarde
te acerques y te mires
te mires al mirarme.

 
 
Mario Benedetti

viernes, 14 de julio de 2017

BIENVENIDA

     
Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
                       ni más dócil
                                           ni más cauta
tan sólo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
como te pienso y te enumero

despues de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco

yo nostalgio
tú nostalgias
y como me revienta que él nostalgie

tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros

no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
                                        inapagable

ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
                   con hondura
                                        con franqueza

sé que voy a quererte         sin preguntas
sé que vas a quererme         sin respuestas.

Mario Benedetti

jueves, 13 de julio de 2017

SERÁ...


Será que estoy un poco húmeda
de hueso y carne.


Será que el pasado fue parte de la novela
develada
atormentadas noches y secretos de amor
prohibido.


Será que en un tiempo remoto
la soledad oscureció instantes
y nadie salió en defensa.


Será que hay batallas que el destino
nos permite ganar
y otras no
como un sino que está escrito.


Será que uno va cambiando
los arrebatos dejan de ser incendio
y pasan a ser llama
o destellos inhóspitos.


Será que la adultez corrompe
parte del asombro
y la ingenuidad de los primeros días.


O será que como el ave fénix
estoy nuevamente renaciendo
dispuesta a todo
por vivir



Claudia Ainchil

miércoles, 12 de julio de 2017

CANTO DE LA PROSTITUTA


Jazmines albos y purpúreas rosas
Adornen hoy mi peregrina sien;
Baje el cabello destrenzado al seno
Que, mal velado, palpitando esté.


Inquietas brillen, las pupilas negras
Como agitadas por intenso ardor,
Y en torno al lecho, do la frente pose,
Inciensos ardan de embriagante olor.


Venid, doncellas de rubor teñidas,
Esposas fieles, que bendijo Dios,
Venid—testigos de su dicha quiere
La vil ramera que os inspira horror.


Venid—Arturo, el de los labios rojos,
De las palabras con sabor de miel,
El prometido de la hermosa Elvira
Que mil de veces la juró ser fiel.


Hoy en mis brazos buscará el delirio
Que no consigue vuestro amor causar,
Que no se encuentra en vuestros besos tibios,
Ni en vuestro rostro se pintó jamás.


También Eduardo, de Lucía esposo,
En mis halagos buscará el placer,
Y reclinado en mis desnudos hombros,
Verá las horas, sin afán, correr.


¡Con cuánto gozo beberé su aliento
Para templar esta insaciable sed
Que los desprecios de la amante esposa
En mi alma hicieron, por su mal, nacer!


¡Ella, la vana! que al pasar volvía
Para no verme la encendida faz,
Cual si temiera que mi vista ardiente
Le arrebatara su envidiable paz:


Y recogía los flotantes pliegues
De su vestido, como el cielo azul,
Por que la brisa, revolando inquieta,
No le rozara con mi leve tul.


Pensaba, acaso, que su dicha eterna,
Sería siempre como el mismo Sol,
¡Y un solo instante se abrigó en su seno,
Como el perfume en la cortada flor!


Tal vez, en tanto que su ingrato esposo
Raudales de oro verterá a mis pies,
Y con guirnaldas ceñirá mi frente
Para besarla con ardor después,


Sola, anegada en perdurable llanto
Ella los ojos tornará al Señor,
Sustento pobre demandando, en vano,
Para los frutos de su triste amor.


Venid, doncellas de rubor teñidas,
Esposas fieles, que bendijo Dios,
Venid —testigos de su dicha quiere
La vil ramera que os inspira horror.



Adolfo Berro

martes, 11 de julio de 2017

EL VIENTO

 
Por la oscura senda la dura sombra iba
Luchando con el frío viento
que de alguna parte alguien le soplaba.


Apenas a mí su voz me alcanzaba:

"¿De qué lado malvado viento,
vienes a perturbar mi solitaria marcha,
qué labios azuzan tu instinto,
qué extrañas fuerzas
sobre mi cuerpo te dirigen?


Continuar debo yo este camino
que tanto tiempo
los dioses prometieron a mis ojos"

 
Quebrada la sombra iba entre las piedras
con humana voz diciendo:

"Salir quisiera de este indeseado
tiempo que la muerte acosa a mis ojos.


Mirar quisiera yo tus ojos
Noble Esperanza, en este valle,
antes que todo tinieblas sea en mi alma
y nada mover pueda mi cuerpo,
ni el desventurado viento
que sin razón mis pasos va truncando,
ni la desnuda noche
que cabalgando va por los desiertos deshielados
para cobijar mi nombre entre sus manos."

 
Más eran los ruidos
que sus pasos en el charco hacían,
lo que de él hasta mí llegaban.


El sonido de su hambrienta voz
con suavidad el viento aniquilaba.


Así, ya despuntaba para mí otro día,
y otra larga noche para él,
el frío viento a sus ojos ofrecía.

 
 
 
Porfirio Mamani Macedo

lunes, 10 de julio de 2017

YO IBA CONTIGO



Yo iba contigo. Tú con tristes ojos
parecías la tarde en la mañana. 


Mi amor, al verte triste, atardecía.
Atardecía, pero alboreaba. 


Pues yo te quise más. Para alegrarte,
la luz del mundo celebré más ancha. 


Y mi alma entonces exhaló el perfume
agreste y fresco que madruga y canta.


Como el jilguero su garganta oprime
en donde suena una experiencia humana,
se escuchaban arrullos, liras, voces,
atambores, venturas, violas, arpas. 


Y el mundo era el sonido no vivido
que en mi interior vivía y resonaba.




Carlos Bousoño

domingo, 9 de julio de 2017

MI AMOR... ¡POR UNA ROSA!


Ayer crecía, enhiesto,
el tallo de una rosa en mi huerto
y soñaba, el bohemio,
en el ajetreo de un mirlo
y en el cantar de una calandria 


Ayer crecía, enhiesto,
el tallo de una rosa en mi huerto
y corría el niño divertido
por el patio de una casa 


Ayer crecía, enhiesto,
el tallo de una rosa en mi huerto
mientras yo besaba a la novia
con mis labios encendidos
al despuntar el alba
ese pimpollo tierno
que coronaba la flora
de su seno virgo 


Ayer crecía, enhiesto,
el tallo de una rosa en mi huerto
pero ayer era otro día  —decía un filósofo
adivinando que, tal vez, el hoy
se moriría inextricablemente en el mañana 


Ayer crecía, enhiesto,
el tallo de una rosa en mi huerto
la luna lo sabía y por eso
su sonrisa era de nácar
y su aliento a caramelo
que eclipsaba al cielo
todas las noches desde la terraza 


Sin su tallo, sin su fruto, sin su aroma
¡hoy, amaneció la rosa deshojada
por el arbitrio de unos dedos!
apagando la sonrisa de una infancia
el cantar de una calandria
el ajetreo de un mirlo
y el sueño de un bohemio...

¡y se marchitó mil huerto!
y se fue la novia...
y la luna fue vista llorando en la terraza

¡Oh, Rosa! ¡Oh, huerto! ¡resucitad os pido!
que aún deseo besar a la novia
con mis labios encendidos
al despuntar el alba
ese pimpollo tierno
que coronaba la flora
de su seno virgo

 
 
 
Ali Al Haded

sábado, 8 de julio de 2017

EL AUSENTE

 
Aunque no estés aquí, sigues estando
en la memoria de los que te vieron,
en quienes yo me sé,
a quienes pido
entrada por sus ojos
para poder llegar a tu presencia.


Aunque no estés aquí sigues estando,
repartido tu cuerpo entre otros cuerpos
en los que reconozco,
en éste tu mirada,
en ese otro tu voz,
en aquél tu contorno.


Sigues estando aquí casi completo,
que para mí tú lo eras todo,
todo parte de ti: el aire, el suelo,
los pájaros, las flores...
como si el mundo fuera un traje tuyo.


Y ahora sólo me falta;
parte de ese vestido,
pues sigues siendo tú
el paisaje total que yo contemplo,
con aire, suelo, pájaros y flores,
sin carne humana:
esa parte de ti que esta ahora ausente.



Manuel Altolaguirre

viernes, 7 de julio de 2017

VOLVIENDO A CASA


Sentado en el alba de la primavera,
soy ahogado por un insufrible dolor
al recordar los tiempos de antaño
cuando me sentía dueño de tu amor. 


Tiempos que sin anunciarse se asoman
trayendo ríos de tristeza y soledad,
dejándome el recuerdo de un pasado
donde conocí tu refugio y bondad. 


Emigre como viajero sin rumbo. . .
sin el abrigo de la tierra prometida,
cambiando los colores por tinieblas,
guiado por la sombra de una mentira. 


Mis párpados caídos cierran mis ojos
temiendo al abrirlos ver la realidad
que aun siendo por Dios escogido
he dejado el camino de su verdad. 


Añoro encontrar el cielo perdido,
volver a sentir la llama del primer amor. 


Y aun cuando otros no lo comprendan,
deseo morir y vivir para mi Señor. 


He aquí tu siervo pidiendo perdón,
abandonando el camino desolado,
volviendo por el sendero de la cruz,
volviendo a la casa de su amado.




Pablo Caballero

jueves, 6 de julio de 2017

LA LUNA Y LA ROSA

 
En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía —sedienta boca—
el paladar del espíritu,
que adurmiendo su congoja
se abría al cielo nocturno
de Dios y su Madre toda... 


Toda cabellos tranquilos,
la Luna, tranquila y sola,
acariciaba a la Tierra
con sus cabellos de rosa
silvestre, blanca, escondida... 


La Tierra, desde sus rocas,
exhalaba sus entrañas
fundidas de amor, su aroma... 


Entre las zarzas, su nido,
era otra luna la rosa,
toda cabellos cuajados
en la cuna, su corola;
las cabelleras mejidas
de la Luna y de la rosa
y en el crisol de la noche
fundidas en una sola... 


En el silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
mientras la rosa se daba
a la Luna, quieta y sola.




Miguel de Unamuno

miércoles, 5 de julio de 2017

ALMA AUSENTE

 
No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa. 


No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.


No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas. 


No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.


El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.


Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.


No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia. 


La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca. 


La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura. 


Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.




Federico Garcia Lorca

martes, 4 de julio de 2017

SONETO XXIX


             
Pasando el mar Leandro el animoso,
en amoroso fuego todo ardiendo,
esforzó el viento, y fuese embraveciendo
el agua con un ímpetu furioso.


Vencido del trabajo presuroso,
contrastar a las ondas no pudiendo,
y más del bien que allí perdía muriendo,
que de su propia muerte congojoso,

como pudo, esforzó su voz cansada,
y a las ondas habló desta manera
mas nunca fue su voz de ellas oída:


«Ondas, pues no se excusa que yo muera,
dejadme allá llegar, y a la tornada
vuestro furor ejecutad en mi vida».




Garcilaso de la Vega

lunes, 3 de julio de 2017

POEMA DE LA CULPA


Yo la amé, y era de otro, que también la quería.
Perdónala Señor, porque la culpa es mía.


Después de haber besado sus cabellos de trigo,
nada importa la culpa, pues no importa el castigo.


Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo
mis labios están dulces por ese amor amargo.


Ella fue como un agua callada que corría...
Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.


Perdónala Señor, tú que le diste a ella
su frescura de lluvia y esplendor de estrella.


Su alma era transparente como un vaso vacío.
Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.


Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera
turbadora y fragante como la primavera?


¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
sobre la yerba seca y ávida del estío?


Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,
como un surco que intenta rechazar la simiente.


Era de otro. Era de otro, que no la merecía,
y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.


Era de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño:
Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.


Y ella me dio su amor como se da una rosa,
como quien lo da todo, dando tan poca cosa...


Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco!


La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella
y me diste los ojos para mirarla a ella.


Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde 1
para matar un sueño porque llegaba tarde. 1


Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar 2
y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.


Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
que sería un pecado mayor si no la amara. 3


Y, por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
que tú que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,


tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
¡tú también la amarías, si pudieras ser hombre!




Jose Angel Buesa