jueves, 24 de septiembre de 2026


ANIMALES E INSCRIPCIONES

Eduardo Anguita

Vienes y ves un tiempo blanco
Sin embargo sin lobos de diáfana estructura
Abriendo los muebles donde los recuerdos estudian
Y el viento pasa de dos años y miedo.

Los nuevos sepelios viajan por las carnes del mundo
Afilada quietud palabra con bordes de cabeza
El amor cae gota a gota al fondo y el fondo
Es recia mirada de pozo que niega
Su aire
La viva humedad del sueño donde los ojos
Zumban.

Vienes y ves a los amigos del tiempo
A los que hacen del tiempo su muerto preferido
Y los que tantean la piedra salada del corazón
Y los que rezongan una muda hierba
Y los que aprenden su orilla más próxima
Y los que ven el tiempo blanco de dignidad transeúnte
Y los que venden
Y los que contemplan
El por qué de su vida como un hoyo en el agua
En ágiles especulaciones de reflejos.

Vienes y ves después de la familia
Cuando sentada en torno de su rencor que se quema
Pasan las páginas buscando un escondite aunque sea una lámpara
Devienen nubes alrededor de la mesa
Devienen días alrededor del año
Tú vienes y sólo ves el tiempo blanco.

Oh servidora de lo cotidiano que es un color de cristal rápido
Que demasiado tememos para usarlo de hermano vaporoso
En ti traté al huésped que creemos y no existe
Y vive según se abren y cierran las puertas
Y se va sin sombrero como un reflejo por las corrientes de aire.

Vienes y ves que todo se destina a algo secreto
La taza al amor que cae desde los tejados a la primera evidencia
Para que no se huya digo y obedece.

Oyes que se conversa de la primera luz
Porque hoy se fue por las huellas ascendentes de sus padres
Un golpe de pasos puros por la espalda un cuchillo refrescante
Todo lo ves: los lobos abiertos de par en par.

Y aquel relámpago que enseñaba a mis pies a ser espacio
Sin memoria duro como la piedad del espejo que a nadie alberga
Yo abro mi memoria a las amigas y tú sales.

Sales del mar como la respiración de tu pecho
Sales llena de sales conmemorativas
A pesar de una ondulación que pudiera haberte hecho perder tu persona
Conmemorada de rumores rizados en tu cabeza
Mascas el círculo de amenazas la música que moja tu destino
Mas yo no sé qué hacer de ti
Como si poseyera mucha arena.

Dices: Hoy hace un tiempo blanco
Y el viento viene a componer los muebles
El mar espera su antigua carne de caballo
Con una inscripción de piedra
Hace un tiempo de piedra
Debes mascar el destino estrella o piedra.

Yo pregunto si han oído tu escritura en los alrededores
Pasar de una lágrima a otra como aguja
Y el hombre huye de mujer en mujer
Y se encuentra caído en el trayecto.

Y tú no vienes y no ves
Las manos sobre el espejo calientan las imágenes
Los árboles bajo un mismo turista
El bosque golpeando mi frente
Yo abro la frente a los amigos.

Abro la puerta y la memoria
Alguien apagó la escritura silenciosa que me dejaste
Lobos guiadme a vuestra piedra de miedo
Corazón, piedra indescifrable pero que un agua borra

Vienes vienes y ves un tiempo blanco. 

martes, 22 de septiembre de 2026


HE CONSTRUIDO UN JARDIN

Diana Bellesi

 

He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos
dejarse ir para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no

jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero. 

domingo, 20 de septiembre de 2026


ANTES QUE NOS DEN LAS UVAS DE LA IRA

Paz Diez Taboada

Envolveré el ayer. Pondré mucho cuidado
en recoger las briznas de los viejos tesoros,
también las horas llenas de un concierto de voces
ansiosas por huir de los sueños dormidos.
Recogeré uno a uno los cabos de los lápices,
las miguitas de pan de las meriendas,
las dulces y aromadas perrunillas
y el ondear del humo del chocolate hirviente.
Ordenaré aquel fuego entrecruzado
de agilidad verbal -surtidor crepitante-,
las vacuas sutilezas y juegos del ingenio,
siempre con una gota de acíbar escondido.
Pondré a secar al sol, en los balcones,
sobre una extensa sábana de lágrimas,
humores agrios, sangre desmedida
y la saliva espesa de la cólera.
...Enterraré el rencor en las macetas.
Tras el febril trasiego en tarea tan ardua,
abriré un libro antiguo con viñetas y “santos”
y emprenderé un buen viaje al país en que todos
los ogros son cobardes, las brujas, feas,
las madrastras, malas. Rubias y un poco tontas
las princesitas lucen cucurucho
y el rey es bonachón y regordete.
Hay un enano saltarín, un paje
enamorado de una pizpireta,
un chambelán estólido, un lacayo gomoso
y un pastor que conversa con la luna.
El héroe -siempre un poco afeminado-
porta una flor oronda en la mano derecha
y, a la izquierda, le cuelga la espada como adorno...
Hace tiempo que el sol se ha perdido. La sombra
acecha tras el oro de la lámpara.
Canta el reloj y en los cristales brilla

un irisado adiós. Esto es la noche. 

viernes, 18 de septiembre de 2026


RIO DEL OLVIDO

Pilar Paz Pasamar

A la sombra del árbol del olvido,
a la orilla de Guad-El-Letheo,
allí hicimos los hoyos para clavar la tienda
y vivir esa tregua que el destino nos daba.

Por el cielo, las blancas palomas,
por el río, las pausas del agua,
de tu mano a la mía un olor transferible,
el efluvio del liquen entre cantos rodados.

Contaba. Contaste. Supimos al fin qué decirnos.
Un pacto inaudito, sonoro, vibrante,
tal el fuego que apaga las brasas al tiempo
de hacerse humo y ceniza en la sombra insaciable.
Y el color amarillo y supremo,
el color del color que se extingue,
que devora el ocaso apetente de tonos,
plenitud de lo efímero el recaudo en la luz vespertina,
y un solo quejido. Y un paso de ala.

A la sombra del río comenzaba a escindirse
en mitades el todo que fuimos.
El agua mostraba su rostro implacable y solemne,
la luz despaciosa, las manchas rodaban en cuestas abajo,

Supimos, supiste de mí lo que hubo,
lo que hubiera podido ser otra la forma de vida...

¡Ay, que fuese el adiós quien pudiera
descifrar el sentido de aquello que no comprendimos!

¡Que un instante, una tregua tuviera respuesta,
diera sentido a todo, creara mil lenguajes!

¡Ay, que todos los besos fueran un solo beso
y uno solo -este último- el amor condensara!

A la sombra del árbol del olvido,
a la orilla de Guad-El-Letheo,
tu mano queda y oigo la voz innumerable,

la eternidad que al otro lado clama.