lunes, 28 de septiembre de 2026

IN MEMORIAN

Gabriela Mistral

Amado Nervo, suave perfil, labio sonriente;
Amado Nervo, estrofa y corazón en paz:
mientras te escribo, tienes losa sobre la frente,
baja en la nieve tu mortaja inmensamente
y la tremenda albura cayó sobre tu faz.

Me escribías: «Soy triste como los solitarios,
pero he vestido de sosiego mi temblor,
mi atroz angustia de la mortaja y el osario
y el ansia viva de Jesucristo, mi Señor».

¡Pensar que no hay colmena que entregue tu dulzura;
que entre las lenguas de odio eras lengua de paz;
que se va el canto mecedor de la amargura,
que habrá tribulación y no responderás!

De donde tú cantabas se me levantó el día.
Cien noches con tu verso yo me he dormido en paz.
Aun era heroica y fuerte, porque aún te tenía;
sobre la confusión tu resplandor caía.
¡Y ahora tú callas, y tienes polvo, y no eres más!

No te vi nunca. No te veré. Mi Dios lo ha hecho.
¿Quién te juntó las manos? ¿Quién dio, rota la voz,
la oración de los muertos al borde de tu lecho?
¿Quién te alcanzó en los ojos el estupor de Dios?

Aún me quedan jornadas bajo los soles. ¿Cuándo
verte, dónde encontrarte y darte mi aflicción,
sobre la Cruz del Sur que me mira temblando,
o más allá, donde los vientos van callando,
y, por impuro, no alcanzará mi corazón?

Acuérdate de mí ?lodo y ceniza triste?
cuando estés en tu reino de extasiado zafir.
A la sombra de Dios, grita lo que supiste:
que somos huérfanos, que vamos solos, que tú nos viste.
¡que toda carne con angustia pide morir!


sábado, 26 de septiembre de 2026


DESVELOS AL PIE DEL LABERINTO

Eduardo Espina

Menos la mónada de los himnos al hado dando
holgada la verdad con edad de libro y ludibrios
al revés de las circunstancias en que otra lengua
toca tu bezo y yo me desmenuzo al lamer el mar
que moja el fundillo de la inoportuna vestimenta
con su vislumbre por el bidet, pero tras la puerta
anunciando la postración del dedo junto al apero
y en la rotación de las bragas el mecanismo del
monte que a su vigilia con tanta aspereza aturde
por más oda o empolvadura que acabe diciendo
sí, que era el barquero quien a flote mostraba el
furor de atar al glande sobre el forro disfrazable
que a duras desdeñaba una pérdida de palinodia
en cuya escasez iban los amantes la noche antes
refregando el óxido del sextante y en el escozor
del corzo polvos de lisonjero o un tacto total de
mínima musa que no pasa al posar para víctima
celestial vestida a veces de ceremoniosas sedas
y por eso de moda no pasas con el talle de falda
donde escrita dirás que la belleza tiene siempre
dieciocho años y si exagero que al pulso vuelva
el ampo de los ópalos como suelen los números
o un dozavo a la altura de soledumbre llenando
de felicidad a mi tercera mano que termina una
tregua cuando abreviada y distraída se enturbia
por quitarse el barro del comienzo y de la boca
la paja impostada de su divo delante del espejo
que no sé con qué sed de adoncelados juntando
en la alta lombriz a la luciérnaga que al tararear
de la miserable musiquilla por los patios rediga,
que vaya ella con cal llena como en las películas
a continuar la fuga final de su ficción hogareña
y si así lo haces toma en mí casa un alma nueva
la que pongo en la puerta para que rápida pases
pero hay otro y la sé y me quemo en los lienzos
que entrampan la razón del deseo al desvestirte
las enaguas y hacia el echarpe de leches para el
mando que a borrar mi baba viene cansado ante
lo telúrico de quien arrastrado del ojo al badajo
dejará en el cráter su mancha lamosa de aldabas
que por olas lamilan como miles que la hicieron
y por saberlo, en la rima de traspasar el pasmo
siguiendo los cercos que hueco y larva separan
he debido posponer el no al revés de la derrota
hasta que la indivisible desarrope los destellos
gorjeantes a conjugar al augur según los ajenos
y al gajo dejar la niebla por ser o el helado lago
halagando en el logos la fe del alfa y el omega:
la felicidad que refracta, del principio al delfín.

  

jueves, 24 de septiembre de 2026


ANIMALES E INSCRIPCIONES

Eduardo Anguita

Vienes y ves un tiempo blanco
Sin embargo sin lobos de diáfana estructura
Abriendo los muebles donde los recuerdos estudian
Y el viento pasa de dos años y miedo.

Los nuevos sepelios viajan por las carnes del mundo
Afilada quietud palabra con bordes de cabeza
El amor cae gota a gota al fondo y el fondo
Es recia mirada de pozo que niega
Su aire
La viva humedad del sueño donde los ojos
Zumban.

Vienes y ves a los amigos del tiempo
A los que hacen del tiempo su muerto preferido
Y los que tantean la piedra salada del corazón
Y los que rezongan una muda hierba
Y los que aprenden su orilla más próxima
Y los que ven el tiempo blanco de dignidad transeúnte
Y los que venden
Y los que contemplan
El por qué de su vida como un hoyo en el agua
En ágiles especulaciones de reflejos.

Vienes y ves después de la familia
Cuando sentada en torno de su rencor que se quema
Pasan las páginas buscando un escondite aunque sea una lámpara
Devienen nubes alrededor de la mesa
Devienen días alrededor del año
Tú vienes y sólo ves el tiempo blanco.

Oh servidora de lo cotidiano que es un color de cristal rápido
Que demasiado tememos para usarlo de hermano vaporoso
En ti traté al huésped que creemos y no existe
Y vive según se abren y cierran las puertas
Y se va sin sombrero como un reflejo por las corrientes de aire.

Vienes y ves que todo se destina a algo secreto
La taza al amor que cae desde los tejados a la primera evidencia
Para que no se huya digo y obedece.

Oyes que se conversa de la primera luz
Porque hoy se fue por las huellas ascendentes de sus padres
Un golpe de pasos puros por la espalda un cuchillo refrescante
Todo lo ves: los lobos abiertos de par en par.

Y aquel relámpago que enseñaba a mis pies a ser espacio
Sin memoria duro como la piedad del espejo que a nadie alberga
Yo abro mi memoria a las amigas y tú sales.

Sales del mar como la respiración de tu pecho
Sales llena de sales conmemorativas
A pesar de una ondulación que pudiera haberte hecho perder tu persona
Conmemorada de rumores rizados en tu cabeza
Mascas el círculo de amenazas la música que moja tu destino
Mas yo no sé qué hacer de ti
Como si poseyera mucha arena.

Dices: Hoy hace un tiempo blanco
Y el viento viene a componer los muebles
El mar espera su antigua carne de caballo
Con una inscripción de piedra
Hace un tiempo de piedra
Debes mascar el destino estrella o piedra.

Yo pregunto si han oído tu escritura en los alrededores
Pasar de una lágrima a otra como aguja
Y el hombre huye de mujer en mujer
Y se encuentra caído en el trayecto.

Y tú no vienes y no ves
Las manos sobre el espejo calientan las imágenes
Los árboles bajo un mismo turista
El bosque golpeando mi frente
Yo abro la frente a los amigos.

Abro la puerta y la memoria
Alguien apagó la escritura silenciosa que me dejaste
Lobos guiadme a vuestra piedra de miedo
Corazón, piedra indescifrable pero que un agua borra

Vienes vienes y ves un tiempo blanco. 

martes, 22 de septiembre de 2026


HE CONSTRUIDO UN JARDIN

Diana Bellesi

 

He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos
dejarse ir para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no

jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.