domingo, 8 de marzo de 2026


SIERRA NEVADA

Rafael Marañon Barrio

Cantar oigo los vientos de mi Sierra Nevada;
La de nieves perpetuas e inefable balada.

De belleza gigante, rotunda y colosal,
Grandiosa su presencia, su perfil peculiar.

Sus soberbias laderas anduvieron las recuas
De mulas, abrumadas de carga por sus sendas

Y los bravos neveros  que en las cimas excelsas
Sacan el duro hielo de profundas cavernas.

Y regresan cantando por estrechas gargantas
Hasta la seca urbe que su frescor aguarda.

Audaces transitando por riscos y cañadas,
Por senderos inciertos y abismales escarpas,

Pasando por la vida robando a la montaña
Su nieve para darles frescura a la solana,

Desde blancos picachos y escabrosas laderas
Que ofrecen un festín de esplendor y belleza.

¿Do están las blancas nieves? ¿Do los hielos se guardan
Que aunque hondos y ocultos, bravos neveros hallan?

Gente ruda que brega;  que a los montes despoja
De sus heladas nieves y las roba a las cárcavas;

Que se afana y que escruta el hondo en la montaña,
Cobrando con esfuerzo botín de escarcha blanca

Que Granada febril, anhela con nostalgia
El frescor de la Vega, del álamo y la  acequia, 

Caudales del Genil, regatos de la Alhambra,
Que es delicada gema, y es reina de prosapia.

Pues tan garbosa dama, de calinas tan ásperas
No soporta rigores de la calina cárdena

Y un sol que cada tarde, de noche y madrugada,
Marchita con sus rayos a la  olorosa albahaca

Que con perfume encanta Sacromonte y Alhambra,
Del Albaicín las calles en noches embrujadas.

Y a finas azaleas de pulcra filigrana
Y a radiantes claveles que a brunos ojos guardan.

La sequía y ardores su blandura quebrantan;
Sus efluvios fragantes, la sequedad apaga. 

Deslucen los mensajes que desde las persianas
Captan apuestos mozos que rondan las calzadas.

Noche, luna y luceros, frescor de madrugada
Necesitan las rejas y cierres de Granada

¿Adonde irán los mozos si en penumbra celada
No catan el olor de búcaros y plantas?

Que adornan entre nardos, los ojos de la amada,

De abéñula cercados y alguna vez de lágrimas. 

viernes, 6 de marzo de 2026

 

A SUS PAISANOS

Luis Cernuda

No me queréis, lo sé, y que os molesta
Cuanto escribo. ¿Os molesta? Os ofende.
¿Culpa mía tal vez o es de vosotros?
Porque no es la persona y su leyenda
Lo que ahí, allegados a mí, atrás os vuelve.
 Mozo, bien mozo era, cuando no había brotado
Lengua alguna, caísteis sobre un libro
Primerizo lo mismo que su autor: yo, mi primer libro.
Algo os ofende, porque sí, en el hombre y su tarea.

¿Mi leyenda dije? Tristes cuentos
Inventados de mí por cuatro amigos
(¿Amigos?), que jamás quisisteis
Ni ocasión buscasteis de ver si acomodaban
A la persona misma así traspuesta.
Mas vuestra mala fe los ha aceptado.
Hecha está la leyenda, y vosotros, de mí desconocidos,
Respecto al ser que encubre mintiendo doblemente,
Sin otro escrúpulo, a vuestra vez la propaláis.

Contra vosotros y esa vuestra ignorancia voluntaria,
Vivo aún, sé y puedo, si así quiero, defenderme.
Pero aguardáis al día cuando ya no me encuentre
Aquí. Y entonces la ignorancia,
La indiferencia y el olvido, vuestras armas
De siempre, sobre mí caerán, como la piedra,
Cubriéndome por fin, lo mismo que cubristeis
A otros que, superiores a mí, esa ignorancia vuestra
Precipitó en la nada, como al gran Aldana.

De ahí mi paradoja, por lo demás involuntaria,
Pues la imponéis vosotros: en nuestra lengua escribo,
Criado estuve en ella y, por eso, es la mía,
A mi pesar quizá, bien fatalmente. Pero con mis expresas excepciones,
A vuestros escritores de hoy ya no los leo.
De ahí la paradoja: soy, sin tierra y sin gente,
Escritor bien extraño; sujeto quedo aún más que otros
Al viento del olvido que, cuando sopla, mata.

Si vuestra lengua es la materia
Que empleé en mi escribir y, si por eso,
Habréis de ser vosotros los testigos
De mi existencia y su trabajo,
En hora mala fuera vuestra lengua
La mía, la que hablo, la que escribo.
Así podréis, con tiempo, como venís haciendo,
A mi persona y mi trabajo echar afuera
De la memoria, en vuestro corazón y vuestra mente.

Grande es mi vanidad, diréis,
Creyendo a mi trabajo digno de la atención ajena
Y acusándoos de no querer la vuestra darle.
Ahí tendréis razón. Mas el trabajo humano
Con amor hecho, merece la atención de los otros,
Y poetas de ahí tácitos lo dicen
Enviando sus versos a través del tiempo y la distancia
Hasta mí, atención demandando.
¿Quise de mí dejar memoria? Perdón por ello pido.

Mas no todos igual trato me dais,
Que amigos tengo aún entre vosotros,
Doblemente queridos por esa desusada
Simpatía y atención entre la indiferencia,
Y gracias quiero darles ahora, cuando amargo
Me vuelvo y os acuso. Grande el número
No es, mas basta para sentirse acompañado
A la distancia en el camino. A ellos
Vaya así mi afecto agradecido.

Acaso encuentre aquí reproche nuevo:
Que ya no hablo con aquella ternura
Confiada, apacible de otros días.
Es verdad, os lo debo, tanto como
A la edad, al tiempo, a la experiencia.
A vosotros y a ellos debo el cambio. Si queréis
Que ame todavía, devolvedme
Al tiempo del amor. ¿Os es posible?
Imposible como aplacar ese fantasma que de mí evocasteis.

miércoles, 4 de marzo de 2026


CÍRCULO

Julio Barrenechea

Mi abuela es pequeña y distante.
Llena de asuntos lejanos.
Situada al fin de muchos años,
en el comienzo de mi padre.

Es pequeña como una aldea.
Y desde ella mi padre un día,
salió con su atado de música,
a andar por la vida del mundo.

Mi padre fue de pueblo en pueblo.
Fue por las ciudades, buscándome.
Hasta divisarme escondido,
bajo los ojos de mi madre.

Al fondo de sus aguas claras
estaba yo, como un guijarro.

Y mi padre, con el más tierno
de los esfuerzos de su vida,
me sacó a sufrir y a jugar
con los otros niños del mundo.

Un día mi padre partió
hacia la tierra del silencio.
Llevaba los ojos cerrados,
y en las manos un frío intenso.

Y la abuela ha permanecido,
como una cosa de otra vida.
Pequeña aldea que visito,
para soñar frente a sus ruinas.

Pequeña aldea del recuerdo,
donde reviven cosas muertas.
Yo soy mi padre para ella,

mi padre que ha dado una vuelta. 

lunes, 2 de marzo de 2026


LA MUÑECA

Vital Aza

En una noche de enero
una niña pordiosera,
con los pies casi desnudos,
con las manecitas yertas,
cubriendo, a modo de manto,
con su falda la cabeza,
y sin temor a la lluvia
que más cada vez arrecia,
contempla, extasiada y triste
el interior de una tienda,
que por su gusto en juguetes
es en Madrid la primera.

—¿Qué haces aquí? le pregunta,
con voz desabrida y seca,
un dependiente, empujando
a la niña hasta la acera.
—¡Déjeme usted! ¡Si es que estaba
mirando aquella muñeca!
—¡Vaya! Retírate pronto
y deja libre la puerta.
—¿Dígame usted. ¿Cuesta mucho?
—¿Quieres marcharte, chicuela?
—¿Será muy cara, verdad?
¡Lo que es como yo pudiera!...
—¡El demonio de la chica
¿Pues no quiere comprar ella?...
¡Lárgate a pedir limosna!
y déjate de simplezas.
La muñeca que te gusta
vale un duro, con que ¡fuera!

                        * * *

Marchose la pobre niña
ocultando su tristeza…
en vano pide limosna…
ninguno escucha sus quejas…
Y desfallecida y débil,
cruza calles y plazuelas
recordando en su amargura
la tentadora muñeca…

                        * * *

—¡Caballero, una limosna
a esta pobrecita huérfana!
—¡Déjame, que voy de prisa!
—¡Por Dios, señor! Aunque sea
un centimito… ¡Tengo hambre!...
—(¡Pobre niña! ¡Me da pena!)
Toma.

—¡Señor! ¡Si es un duro!
—Te lo doy para que puedas,
siquiera por esta noche,
tener buena cama y cena.
—¡Déjeme usted que le bese
la mano!

—Quita, tontuela.
—¡Que Dios se lo pague a usted!
¡Un duro!... ¡Estoy muy contenta!...
¿No será falso, verdad?
—¡Cómo muchacha! ¿Tú piensas?...
—No, señor… perdone usted…
Pero… ¡vamos!... la sorpresa...
¡Si voy a volverme loca
de alegría!... ¡Quién dijera!
¡Que Dios le premie en el mundo
y le dé la gloria eterna!

                        * * *

Y apretando entre sus manos
convulsivas la moneda,
corrió por la calle abajo
veloz como una saeta.

                        * * *

A la mañana siguiente
se comentaba en la prensa
el hecho de haberse hallado
en el quicio de una puerta,
¡el cadáver de una niña

abrazado a una muñeca!