viernes, 30 de octubre de 2026

ENEMIGO INTIMO

Antonio Gala

Hay tardes en que todo

huele a enebro quemado

y a tierra prometida.

Tardes en que está cerca el mar y se oye

la voz que dice: "Ven".

Pero algo nos retiene todavía

junto a los otros: el amor, el verbo

transitivo, con su pequeña garra

de lobezno o su esperanza apenas.

No ha llegado el momento. La partida

no puede improvisarse, porque sólo

al final de una savia prolongada,

de una pausada sangre,

brota la espiga desde

la simiente enterrada.

En esas largas

tardes en que se toca casi el mar

y su música, un poco

más y nos bastaría

cerrar los ojos para morir. Viene

de abajo la llamada, del lugar

donde se desmorona la apariencia

del fruto y sólo queda su dulzor.

Pero hemos de aguardar

un tiempo aún: más labios, más caricias,

el amor otra vez, la misma, porque

la vida y el amor transcurren juntos

o son quizá una sola

enfermedad mortal.

Hay tardes de domingo en que se sabe

que algo está consumándose entre el cálido

alborozo del mundo,

y en las que recostar sobre la hierba

la cabeza no es más que un tibio ensayo

de la muerte. Y está

bien todo entonces, y se ordena todo,

y una firme alegría nos inunda

de abril seguro. Vuelven

las estrellas el rostro hacia nosotros

para la despedida.

Dispone un hueco exacto

la tierra. Se percibe

el pulso azul del mar. "Esto era aquello".

Con esmero el olvido ha principiado

su menuda tarea...

Y de repente

busca una boca nuestra boca, y unas

manos oprimen nuestras manos y hay

una amorosa voz

que nos dice: "Despierta.

Estoy yo aquí. Levántate". Y vivimos. 

 

miércoles, 28 de octubre de 2026

AGUA.SEXUAL

Pablo Neruda

 Rodando a goterones solos,

a gotas como dientes,

a espesos goterones de mermelada y sangre,

rodando a goterones,

cae el agua,

como una espada en gotas,

como un desgarrador río de vidrio,

cae mordiendo,

golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del

alma,

rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,

un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,

un movimiento agudo,

haciéndose, espesándose,

cae el agua,

a goterones lentos,

hacia su mar, hacia su seco océano,

hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,

bodegas, cigarras,

poblaciones, estímulos,

habitaciones, niñas

durmiendo con las manos en el corazón,

soñando con bandidos, con incendios,

veo barcos,

veo árboles de médula

erizados como gatos rabiosos,

veo sangre, puñales y medias de mujer,

y pelos de hombre,

veo camas, veo corredores donde grita una virgen,

veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,

admito los postreros días,

y también los orígenes, y también los recuerdos,

como un párpado atrozmente levantado a la fuerza

estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:

un ruido rojo de huesos,

un pegarse de carne,

y piernas amarillas como espigas juntándose.

Yo escucho entre el disparo de los besos,

escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,

con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma

en la tierra,

y con las dos mitades del alma miro al mundo.

y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,

veo caer un agua sorda,

a goterones sordos.

Es como un huracán de gelatina,

como una catarata de espermas y medusas.

Veo correr un arco iris turbio.

Veo pasar sus aguas a través de los huesos.



lunes, 26 de octubre de 2026

 FARMACIA DE GUARDIA

Carmen Martin Gaite

No es Valium ni Orfidal,

no me ha entendido.

Se trata de la fe. Sí: de la fe.

Comprendo que es muy tarde

y no son horas

de andar telefoneando a una

farmacia

con tales quintaesencias.

Lo que yo necesito

para entrar confiada en el vientre

del sueño

es algún específico protector de

la fe.

¿Que le ponga un ejemplo más

concreto?

Pues no sé... Necesito

creerme que este saco

cerrado por la boca

y en cuya superficie

se aprecia la joroba

de envoltorios estáticos

puede volver a abrirse alguna vez

a provocar deseos y sorpresas

bajo la luz del sol y de la luna,

bajo el fervor clemente

de los dioses del mar.

¡Oh, volver a sentir lo que era

eso!

Y ni siquiera necesito tanto

-ya es menos lo que pido-;

simplemente creerme

que un día lo sentí

intempestivamente

cuando más descuidada andaba

de esperarlo,

y supe con certeza

que sí, que se podía,

que un corazón doméstico

cuando al fin se desboca

es porque está latiendo sin

saberlo

desde otro muy cercano.


Ya. Que no tienen nada.

Pues perdone.

Comprendo que es muy tarde

para hacerle perder a usted el

tiempo

con tales quintaesencias.

Ya me lo figuraba.

Buenas noches. 

sábado, 24 de octubre de 2026

 LAS VIRGENES PRUDENTES

Carlos Martinez Rivas

¿Quién es esa mujer que canta

en la noche? ¿Quién llama a su hermana?

De país en país, esa rapsoda que vuelva en el viento

por encima del mar tenebroso donde culebrea el cielo?


¡Salidle al encuentro!

Ella, la enamorada.

Ella nada más, y su hermana.

¿Ese viento que canta?


Es la voz del amor. La voz del deseo del amor que se alza

en la noche alta.

Sobre la potencia de la ciudad, esa voz que gira.

Esa aria exquisita!


Sólo esa nota vibra en la noche helada.

Esa arpa sola tañendo en la noche vasta.

Ese único silbo penetrante de la pureza.

Sólo esa serenata encantada.


Y el amor de las hermanas!

De las estrellas protegiendo sus llamas

para el Deseado que tarda.

Nada sino eso: el cañaveral de las desposadas

y la sombra alargada del Ladrón que escala.


Canta la noche y las llanuras solitarias

sometidas al hechizo de la luna. Claras,

vacías súbitamente al paso de las hermanas.

Al paso de la bandada blanca de las vírgenes hermanas.


Las que se entregaron al amor.

A quienes no se les concedió sino el amor.


Las Vírgenes Prudentes cuchicheando en la alcoba [estrellada.

Bajando la voz y subiendo la llama.

Cerrándose en medio de su sombra. Desapareciendo detrás

de su lámpara.

Aquí sólo tienes abismo. Aquí sólo hay un punto fijo:

el pábilo quieto ardiendo y el halo frío.


Aquí vas a rasgar el velo.

Aquí vas a inventar el centro.

Aquí vas a tocar el cuerpo

Como toca un ciego el sueño.


Aquí podrás soplar y apagar tu secreto.

Aquí ya podrás quedarte muerto.