martes, 20 de octubre de 2026

 Toisha V (I)

Camilo José Cela

Ahora que ya tus ojos son como sal, y fértil

Tu inmensa boca es un volcán difunto.

Ahora que ya los lobos y las piedras,

Tus vestidos pegados cual olvidadas vendas

Y este atroz mineral que extraje de tu pecho,

Son reliquias tan ciertas como antiguos abrazos.

Ahora que tus axilas pueblan de olor el mundo

Donde yo con mi piel de viudo te presiento.

Ahora que tus zapatos, tus sostenes, tu lápiz de labios,

No me dan más que frío al encontrarlos.

Ahora que ya no puedo dormir donde has dormido

Porque mis ojos lloran azufre y yodo ardiendo.

Ahora que ya no puedo ver tu talla desnuda

Porque alambres al rojo se clavan en mi sexo.

Ahora que los domingos, salgo sin rumbo, inmóvil.

Y que tranvías, yeguas, las moradas mujeres ni el consuelo,

Han de torcer mi ruta de novio eternamente.

Ahora que ya conozco lo bastante a los hombres,

Para que no me fíe ni de mi pena misma.

Ahora que los difuntos, en montones austeros,

Son incapaces de hacerme verter lágrimas

Porque mis ojos son de cristal y aluminio.

Ahora que ya me olvido de qué es dormir tranquilo,

E imbéciles amigos pueblan mi soledad de compasiones que no quiero.

Ahora que mis dos manos son totalmente inútiles

Porque en clavos con óxido sólo encuentran tu cuerpo.

Ahora que ya mi boca pudiera cerrarse eternamente,

Porque tus salobres ingles, tus sustanciosos huesos,

Ya ni me pertenecen.

Ahora que ni cuchillos, ni pistolas, ni ojos envenenados,

Me hacen temblar de miedo, porque un solo veneno

Es quien late en mis pulsos. 

domingo, 18 de octubre de 2026

 DONES

Heberto Padilla

No te fue ddo el tiempo del amor

ni el tiempo de la calma. No pudiste leer

el claro libro de que te hablaron tus abuelos.

Un viento de furia te meció desde niño,

un aire de primavera destrozada.

¿Qué viste cuando tus ojos buscaron el pabellón

despejado? ¿Quiénes te recibieron

cuando esperabas alegría?

¿Qué mano tempestuosa te asió cuando extendiste

el cuerpo hacia la vida?


No te fue dado el tiempo de la gracia.

No se abrieron para ti blancos papeles por llenar.

No te acogieron; fuiste un niño confuso.

Golpeaste y protestaste en vano.

Saliste en vano a la calle.

Te pusieron un cuello negro y una gorra de luto,

y un juego torpe, indescifrable.


No te fue dado el tiempo abierto

como un arco hacia la edad de la esperanza.

Donde naciste te sacudieron e hicieron mofa

de tus ojos miopes; y no pudiste ser

testigo en el umbral o el huésped,

o simplemente el loco.

En tu patria sobre su roca,

con tanto sol y aire caliente, silbaste

largamente hasta herir o soñar; silbaste

contra la lejanía, contra el azar,

contra la fastidiosa esperanza,

contra la noche deslavazada, tonto.


Y sin embargo, tenías cosas que decir:

sueños, anhelos, viajes, resoluciones angustiosas;

una voz que no torcieron

tu demasiado amor ni ciertas cóleras.


No te fue dado el tiempo de aquel pájaro

que destruye su forma y reaparece,

sino la boca con usura, la mano leguleya,

la transacción penosa entre los presidarios,

las cenizas derramadas sobre los crematorios

aún alentando, aún alentando.


No te fue dado el tiempo del halcón,

(el arco, la piedra lisa y útil); tiempo

de los oficios, tiempo versado en fuegos

sobre la huella de los hombres,

sino el año harapiento, libidinoso

en que se queman tus labios con amor. 

viernes, 16 de octubre de 2026

 MAS ALLA DEL AMOR

Octavio Paz

Todo nos amenaza:

el tiempo, que en vivientes fragmentos divide

al que fui

del que seré,

como el machete a la culebra;

la conciencia, la transparencia traspasada,

la mirada ciega de mirarse mirar;

las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,

el agua, la piel;

nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,

murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.


Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,

ni el delirio y su espuma profética,

ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.

Más allá de nosotros,

en las fronteras del ser y el estar,

una vida más vida nos reclama.


Afuera la noche respira, se extiende,

llena de grandes hojas calientes,

de espejos que combaten:

frutos, garras, ojos, follajes,

espaldas que relucen,

cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.


Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,

de tanta vida que se ignora y se entrega:

tú también perteneces a la noche.

Extiéndete, blancura que respira,

late, oh estrella repartida,

copa,

pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,

pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida. 

miércoles, 14 de octubre de 2026

 HOMENAJE

Amado Nervo

Ha muerto Rubén Darío,

¡el de las piedras preciosas!

Hermano, ¡cuántas noches tu espíritu y el mío,

unidos para el vuelo, cual dos alas ansiosas,

sondar quisieron ávidas el Enigma sombrío,

más allá de los astros y de las nebulosas!

Ha muerto Rubén Darío,

¡el de las piedras preciosas!

¡Cuántos años intensos junto al Sena vivimos,

engarzando en el oro de un común ideal

los versos juveniles que, a veces, brotar vimos

como brotan dos rosas a un tiempo de un rosal!

Hoy tu vida, inquieta cual torrente bravío,

en el Mar de las Causas desembocó; ya posas

las plantas errabundas en el islote frío

que pintó Böckin... ¡ya sabes todas las cosas!

Ha muerto Rubén Darío,

¡el de las piedras preciosas!

Mis ondas rezagadas van de las tuyas; pero

pronto en el insondable y eterno mar del todo

se saciara mi espíritu de lo que saber quiero:

del Cómo y del Porqué, de la Esencia y del Modo.

Y tú, como en Lutecia las tardes misteriosas

en que pensamos juntos a la orilla del Río

lírico, habrás de guiarme... Yo iré donde tu osas,

para robar entrambos al musical vacío

y al coro de los orbes sus claves portentosas...

Ha muerto Rubén Darío

¡el de las piedras preciosas!