miércoles, 18 de febrero de 2026


A ISABEL

Ignacio Manuel Altamirano

Sereno cielo azul, sol esplendente.
Grandes nubes de púrpura y de gualda
Limitando los mares de esmeralda.

Aquí un volcán, cuya altanera frente
Una corona ciñe trasparente
De nieves y de brumas; y a lo lejos,
En continuas y espesas oleadas,
Las sierras de la costa iluminadas
De la luz tropical por los reflejos.

Bosques do quier de ceibas altaneras,
    De arrayanes frondosos,
    De gallardas palmeras
Bañadas por torrentes espumosos,

Y al pie de las parotas seculares,
    Junto a mansos arroyos,
Agrupados los verdes platanares
    Que entoldan con sus hojas
Los naranjos cubiertos de azahares.

Arcos de perfumados floripondios
    Sobre las frescas linfas,
Circundadas de eneldos y de mirtos
    Como baños de ninfas.

Y pájaros, y flores, y céfiros,
    Formando a todas horas
Con sus cantos, aromas y suspiros,
    Un raudal de delicias bienchechoras,
Del alma adolorida arrulladoras.

Este el santuario es donde se elevan
    Tus dorados altares,
Majestuosa beldad de negros ojos
    Y de atrevida frente,
    Ante quien el creyente
Debe culto rendir puesto de hinojos.

Este el santuario es, do en mi camino
Lleno de admiración vine a encontrarme,
Cuando pobre y cansado peregrino
A esta playa feliz quiso arrojarme
La voluntad potente del destino.

    Mi corazón ardiente,
Que lo bello idolatra y lo grandioso.
    Tu mágico poder adora y siente,
    Y con amor inmenso,
    A tus plantas se acerca
También a tributar su humilde incienso.

Recíbelo, Isabel, y una mirada
Pague mi adoración, con una dulce
Sonrisa de tus labios de granada.

Después voy a alejarme, mas llevando
    Tu imagen hechicera
En el sagrario del cariño oculta.

    ¡Ay! ojalá que siga
Un recuerdo siquier de tu alma amiga
    La estela de mi buque,
Y el camino erial, oscuro, incierto,
Que tengo que seguir penosamente
De una vida infeliz en el desierto.

    Y cuando en algún día,
De la aflicción la tempestad sombría
    Ruja dentro del alma,
Para volver a la anhelada calma
    Evocaré tu nombre,
Y tu recuerdo dulce y sonriente
Disipará la nube de desgracia
Que abrume entonces mi tostada frente.













A ISABEL

Ignacio Manuel Altamirano

Sereno cielo azul, sol esplendente.
Grandes nubes de púrpura y de gualda
Limitando los mares de esmeralda.

Aquí un volcán, cuya altanera frente
Una corona ciñe trasparente
De nieves y de brumas; y a lo lejos,
En continuas y espesas oleadas,
Las sierras de la costa iluminadas
De la luz tropical por los reflejos.

Bosques do quier de ceibas altaneras,
    De arrayanes frondosos,
    De gallardas palmeras
Bañadas por torrentes espumosos,

Y al pie de las parotas seculares,
    Junto a mansos arroyos,
Agrupados los verdes platanares
    Que entoldan con sus hojas
Los naranjos cubiertos de azahares.

Arcos de perfumados floripondios
    Sobre las frescas linfas,
Circundadas de eneldos y de mirtos
    Como baños de ninfas.

Y pájaros, y flores, y céfiros,
    Formando a todas horas
Con sus cantos, aromas y suspiros,
    Un raudal de delicias bienchechoras,
Del alma adolorida arrulladoras.

Este el santuario es donde se elevan
    Tus dorados altares,
Majestuosa beldad de negros ojos
    Y de atrevida frente,
    Ante quien el creyente
Debe culto rendir puesto de hinojos.

Este el santuario es, do en mi camino
Lleno de admiración vine a encontrarme,
Cuando pobre y cansado peregrino
A esta playa feliz quiso arrojarme
La voluntad potente del destino.

    Mi corazón ardiente,
Que lo bello idolatra y lo grandioso.
    Tu mágico poder adora y siente,
    Y con amor inmenso,
    A tus plantas se acerca
También a tributar su humilde incienso.

Recíbelo, Isabel, y una mirada
Pague mi adoración, con una dulce
Sonrisa de tus labios de granada.

Después voy a alejarme, mas llevando
    Tu imagen hechicera
En el sagrario del cariño oculta.

    ¡Ay! ojalá que siga
Un recuerdo siquier de tu alma amiga
    La estela de mi buque,
Y el camino erial, oscuro, incierto,
Que tengo que seguir penosamente
De una vida infeliz en el desierto.

    Y cuando en algún día,
De la aflicción la tempestad sombría
    Ruja dentro del alma,
Para volver a la anhelada calma
    Evocaré tu nombre,
Y tu recuerdo dulce y sonriente
Disipará la nube de desgracia

Que abrume entonces mi tostada frente. 

lunes, 16 de febrero de 2026


CAMINOS

Antonio Machado

  De la ciudad moruna
tras las murallas viejas,
yo contemplo la tarde silenciosa,
a solas con mi sombra y con mi pena.

  El río va corriendo,
entre sombrías huertas
y grises olivares,
por los alegres campos de Baeza

  Tienen las vides pámpanos dorados
sobre las rojas cepas.
Guadalquivir, como un alfanje roto
y disperso, reluce y espejea.

  Lejos, los montes duermen
envueltos en la niebla,
niebla de otoño, maternal; descansan
las rudas moles de su ser de piedra
en esta tibia tarde de noviembre,
tarde piadosa, cárdena y violeta.

  El viento ha sacudido
los mustios olmos de la carretera,
levantando en rosados torbellinos
el polvo de la tierra.
La luna está subiendo
amoratada, jadeante y llena.

  Los caminitos blancos
se cruzan y se alejan,
buscando los dispersos caseríos
del valle y de la sierra.
Caminos de los campos...

¡Ay, ya, no puedo caminar con ella! 

sábado, 14 de febrero de 2026


CANCIÓN PARA UNA DESPEDIDA

Cesar Aching Samatelo

Kuntur vuela y llévame hasta sus sueños
antes que despierten las margaritas,
toma en tus alas el aire que me falta,
toma también la libertad que añoro
y entrégasela al Inti como ofrenda

Mamacha, despierta, mira que asoma la mañana,
enjuaga tu carita con el agua del cielo
recién atrapada entre las hojas y
camina conmigo por los nanis que dejaron nuestros Incas...
extranjeros ahora en su propia tierra;
démonos sacrílegos pero libres
en el Kero sagrado la eucaristía y
sorbamos chicha en vez de vino por nuestros ancestros.

Viérteme tu aliento inocente
ahora precisamente que respiro melancolía,
lento y constante como los puquios
lavan la piedra para calmar la sed del indio;
alcánzame un poco de tu quina y
dancemos por los Andes la melodía que el viento silba
ante el absoluto silencio de sus nevados;
rondemos una vez más en la fiesta de la yunza,
el canto del pueblo alrededor del árbol
sólo para que me quede el recuerdo.

Mañana me habré marchado... muy lejos y
espero llevar como equipaje cada detalle tuyo
desprendido a tientas en la oscuridad de tus ojos,
imaginaré que tus labios son dos caballitos de totora,
nidos de una sonrisa que lo dice todo... sin decir...

a Dios. 

jueves, 12 de febrero de 2026

 


BRINDIS DE LOS TERCIOS

Hernando de Acuña

No os preguntarán por mí,
que en estos tiempos a nadie
le da lustre haber nacido
segundón en casa grande;
pero si pregunta alguno,
bueno será contestarle
que, español, a toda vena
amé, reñí, di mi sangre,
pensé poco, recé mucho,
jugué bien, perdí bastante
y, porque esa empresa loca
que nunca debió tentarme,
que, perdiendo ofende a todos,
que, triunfando alcanza a nadie,
no quise salir del mundo
sin poner mi pica en Flandes.
¡Por España!
y el que quiera defenderla,
honrado muera.
Y el traidor que la abandone,
no tenga quien le perdone,
ni en Tierra Santa cobijo,
ni una cruz en sus despojos,
ni las manos de un buen hijo
para cerrarle los ojos.