viernes, 2 de octubre de 2026

AÑO NUEVO

Ruben Dario

A las doce de la noche, por las puertas de la gloria

y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,

sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,

San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,

de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;

y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para

Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,

y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;

y colgada sobre el pecho resplandece la divina

Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco

donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?

Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco

del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno

el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;

le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno

y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;

doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;

en la sombra se destaca la figura vencedora

del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo

misterioso y fugitivo de las almas que se van,

y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo

con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,

del celeste Vaticano se detiene en los umbrales

mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes

inmortales.

Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco

donde en triunfo llega Enero,

ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco

y el Arquero.  

miércoles, 30 de septiembre de 2026


DADME MI NUMERO

Julia de Burgos

¿Qué es lo que esperan? ¿No me llaman?

¿Me han olvidado entre las yerbas,

mis camaradas más sencillos,

todos los muertos de la tierra?


¿Por qué no suenan sus campanas?

Ya para el salto estoy dispuesta.

¿Acaso quieren más cadáveres

de sueños muertos de inocencia?


¿Acaso quieren más escombros

de más goteadas primaveras,

más ojos secos en las nubes,

más rostro herido en las tormentas?


¿Quieren el féretro del viento

agazapado entre mis greñas?

¿Quieren el ansia del arroyo,

muerta en mi muerte de poeta?


¿Quieren el sol desmantelado,

ya consumido en mis arterias?

¿Quieren la sombra de mi sombra,

donde no quede ni una estrella?


Casi no puedo con el mundo

que azota entero mi conciencia?


¡Dádme mi número! No quiero

que hasta el amor se me desprenda?

(Unido sueño que me sigue

como a mis pasos va la huella.)


¡Dádme mi número, porque si no,

me moriré después de muerta!  

lunes, 28 de septiembre de 2026

IN MEMORIAN

Gabriela Mistral

Amado Nervo, suave perfil, labio sonriente;
Amado Nervo, estrofa y corazón en paz:
mientras te escribo, tienes losa sobre la frente,
baja en la nieve tu mortaja inmensamente
y la tremenda albura cayó sobre tu faz.

Me escribías: «Soy triste como los solitarios,
pero he vestido de sosiego mi temblor,
mi atroz angustia de la mortaja y el osario
y el ansia viva de Jesucristo, mi Señor».

¡Pensar que no hay colmena que entregue tu dulzura;
que entre las lenguas de odio eras lengua de paz;
que se va el canto mecedor de la amargura,
que habrá tribulación y no responderás!

De donde tú cantabas se me levantó el día.
Cien noches con tu verso yo me he dormido en paz.
Aun era heroica y fuerte, porque aún te tenía;
sobre la confusión tu resplandor caía.
¡Y ahora tú callas, y tienes polvo, y no eres más!

No te vi nunca. No te veré. Mi Dios lo ha hecho.
¿Quién te juntó las manos? ¿Quién dio, rota la voz,
la oración de los muertos al borde de tu lecho?
¿Quién te alcanzó en los ojos el estupor de Dios?

Aún me quedan jornadas bajo los soles. ¿Cuándo
verte, dónde encontrarte y darte mi aflicción,
sobre la Cruz del Sur que me mira temblando,
o más allá, donde los vientos van callando,
y, por impuro, no alcanzará mi corazón?

Acuérdate de mí ?lodo y ceniza triste?
cuando estés en tu reino de extasiado zafir.
A la sombra de Dios, grita lo que supiste:
que somos huérfanos, que vamos solos, que tú nos viste.
¡que toda carne con angustia pide morir!


sábado, 26 de septiembre de 2026


DESVELOS AL PIE DEL LABERINTO

Eduardo Espina

Menos la mónada de los himnos al hado dando
holgada la verdad con edad de libro y ludibrios
al revés de las circunstancias en que otra lengua
toca tu bezo y yo me desmenuzo al lamer el mar
que moja el fundillo de la inoportuna vestimenta
con su vislumbre por el bidet, pero tras la puerta
anunciando la postración del dedo junto al apero
y en la rotación de las bragas el mecanismo del
monte que a su vigilia con tanta aspereza aturde
por más oda o empolvadura que acabe diciendo
sí, que era el barquero quien a flote mostraba el
furor de atar al glande sobre el forro disfrazable
que a duras desdeñaba una pérdida de palinodia
en cuya escasez iban los amantes la noche antes
refregando el óxido del sextante y en el escozor
del corzo polvos de lisonjero o un tacto total de
mínima musa que no pasa al posar para víctima
celestial vestida a veces de ceremoniosas sedas
y por eso de moda no pasas con el talle de falda
donde escrita dirás que la belleza tiene siempre
dieciocho años y si exagero que al pulso vuelva
el ampo de los ópalos como suelen los números
o un dozavo a la altura de soledumbre llenando
de felicidad a mi tercera mano que termina una
tregua cuando abreviada y distraída se enturbia
por quitarse el barro del comienzo y de la boca
la paja impostada de su divo delante del espejo
que no sé con qué sed de adoncelados juntando
en la alta lombriz a la luciérnaga que al tararear
de la miserable musiquilla por los patios rediga,
que vaya ella con cal llena como en las películas
a continuar la fuga final de su ficción hogareña
y si así lo haces toma en mí casa un alma nueva
la que pongo en la puerta para que rápida pases
pero hay otro y la sé y me quemo en los lienzos
que entrampan la razón del deseo al desvestirte
las enaguas y hacia el echarpe de leches para el
mando que a borrar mi baba viene cansado ante
lo telúrico de quien arrastrado del ojo al badajo
dejará en el cráter su mancha lamosa de aldabas
que por olas lamilan como miles que la hicieron
y por saberlo, en la rima de traspasar el pasmo
siguiendo los cercos que hueco y larva separan
he debido posponer el no al revés de la derrota
hasta que la indivisible desarrope los destellos
gorjeantes a conjugar al augur según los ajenos
y al gajo dejar la niebla por ser o el helado lago
halagando en el logos la fe del alfa y el omega:
la felicidad que refracta, del principio al delfín.