sábado, 10 de octubre de 2026


POEMA EN FORMA DE MUJER QUE DICEN TEMEROSO, MATUTINO, INUTIL

Camilo José Cela

Ese amor que cada mañana canta

y silba, temeroso, matutino, inútil

(también silba)

bajo las húmedas tejas de los más solitarios corazones

-¡Ave María Purísima!-

y rosas son, o escudos, o pajaritas recién paridas,

te aseguro que escupe, amoroso

(también escupe)

en ese pozo en el que la mirada se sobresalta.

Sabes por donde voy:

tan temeroso

tan tarde ya

(también tan sin objeto).

Y amargas o semiamargas voces que todos oyen

llenos de sentimiento,

no han de ser suficientes para convertirme en ese dichoso,

caracol al que renuncio

(también atentamente).

Un ojo por insignia,

un torpe labio,

y ese pez que navega nuestra sangre.

Los signos de oprobio nacen dulces

(también llenos de luz)

y gentiles.

Eran

-me horroriza decirlo-

muchos los años que volqué en la mar

(también como las venas de tu garganta, teñida de un tímido color).

Eran

-¿por qué me lo preguntas?-

dos las delgadas piernas que devoré.

Quisiera peinar fecundos ríos en la barba

(también acariciarlos)

e inmensas cataratas de lágrimas

sin sosiego,

desearía, lleno de ardor, acunar allí mismo donde nadie se atreve a

levantar la vista.

Un muerto es un concreto

(también se ríe)

pensamiento que hace señas al aire.

La mariposa,

aquella mariposa ruin que se nutría de las más privadas

sensaciones,

vuela y revuela sobre los altos campanarios

(también hollados campanarios)

aún sin saber,

como no sabe nadie,

que ese amor que cada día grita

y gime, temeroso, matutino, inútil

(también gime)

bajo las tibias tejas de los corazones,

es un amor digno de toda lástima.


jueves, 8 de octubre de 2026


EL ALA DEL CUERVO

Ruben Dario

I

¡Ea! apretad esas cinchas

y apercibid los overos;

y que ya tasquen los potros

el bocado de los frenos.

Preparad las jabalinas,

poned traílla a los perros;

sonad las trompas de caza

y azores llevad dispuestos.

¿Ya estáis listos? Pues aprisa,

vamos al bosque siniestro.?

II

Quien tal dice es un altivo,

noble y alto caballero

que, con sus alrededores,

tiene la comarca en feudo.

Es Don Pedro de Almendares,

el infanzón altanero

a quien, por lo valeroso,

ninguno venció en el duelo.

El que ha astillado sus lanzas

en las justas y torneos,

siempre sereno y triunfante,

sin temores ni recelos.

III

Es Violante una doncella

con unos ojos muy negros,

con unos oscuros rizos

que cuando le caen sueltos

por la garganta blanquísima,

por la espalda y por el seno,

fingen en fondo de mármol

mallas finísimas de ébano.

Don Pedro adora a Violante

y Violante ama a Don Pedro;

y ambos gozan en deliquios

de ardorosos embelesos.

IV

Pero Violante, la hermosa,

se enciende en llamas de celos,

sin que nada de sus ansias

pueda aminorar el fuego.

La linda Violante busca

para sus males remedio,

y a un nigromante interroga

contándole sus secretos.

El nigromante medita;

y luego, fruncido el ceño,

busca en yerbas misteriosas

filtros; y ve los luceros;

y en caballísticos signos

quiere hallar el verdadero

modo de que sus retortas

puedan curar aquel pecho.

Por fin, después de lograr

descifrar aquel misterio,

y ya encontrada la clave

del enigma, dijo luego

a Violante: ?Que el que os ama

os traiga el ala de un cuervo;

y con el oscuro copo

del suave plumaje negro,

podréis curar la dolencia,

llevándole junto al pecho.

V

Por eso va en su corcel

el valeroso Don Pedro,

y con sus gentes al bosque,

con jaurías y pertrechos.

Ese es el bosque maldito,

ese es el bosque siniestro,

del que mil supersticiones

andan en boca del pueblo.

Con temor van caminando

ojeadores y monteros,

que a ese bosque nunca llegan

porque les ataja el miedo.

?Don Pedro, el bosque es terrible?.

...Don Pedro se ríe de eso;

que no teme ese hijodalgo

ni a los vivos ni a los muertos.

?Ese bosque está maldito.

?No importa?dice Don Pedro.

Y siguen andando, andando;

y ya están del bosque dentro;

y ya los toques de caza

repiten sonoros cuernos,

y van los genios del aire

desparramando los ecos.

Don Pedro no busca fieras

ni sigue la pista a ciervos,

ni a cerdosos jabalíes;

él busca un nido de cuervos.

VI

Iba la noche empezando;

el día iba oscureciendo;

cuando en un árbol robusto

medio destroncado y seco,

graznó un cuervo enorme echado

en unos grietosos huecos;

sus ojos fosforescentes,

su corvo pico entreabierto.

VII

Don Pedro fuese hacia él

afanoso ya y contento;

puso en comba un arco entonces,

y disparó... cuando el cuervo

como una flecha veloz

voló donde el caballero;

hincó en los hombros robustos

sus largas uñas de acero,

y con picotazos rápidos

le sacó los ojos negros...

Don Pedro dio un hondo grito,

mas mató al pájaro; y luego

le sacaron aterrados

servidores y pecheros

de aquel lugar tenebroso,

de en medio el bosque siniestro.

Fue al castillo de Violante,

con un ala entre sus dedos

del pájaro, y a la hermosa

le dijo: ?Mira, estoy ciego;

por ti he perdido mis ojos

ángel de mis dulces sueños...

Yo llegué al bosque maldito

y me castigó el infierno.

VIII

La niña miróle entonces

y le dijo: ?Buen mancebo,

yo ya no puedo quererte:

primero, porque eres ciego;

y después, porque el de Alcántara,

noble señor extranjero,

pidió a mi padre mi mano

y nos casamos hoy mesmo.

IX

Dio un grito de horror terrible,

y tornado loco el ciego,

en carrera desatada,

fue tropezando y cayendo

por los bosques; y apretando

contra el dolorido pecho,

entre los puños crispados,

la espantosa ala del cuervo.  

martes, 6 de octubre de 2026

 TODAS IBAMOS A SER REINAS

Rosalia de Castro

Todas íbamos a ser reinas,

de cuatro reinos sobre el mar:

Rosalía con Efigenia

y Lucila con Soledad.

En el valle de Elqui, ceñido

de cien montañas o de más,

que como ofrendas o tributos

arden en rojo y azafrán,

Lo decíamos embriagadas,

y lo tuvimos por verdad,

que seríamos todas reinas

y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años,

y batas claras de percal,

persiguiendo tordos huidos

en la sombra del higueral,

De los cuatro reinos, decíamos,

indudables como el Korán,

que por grandes y por cabales

alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían,

por el tiempo de desposar,

y eran reyes y cantadores

como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos,

ellos tendrían, sin faltar,

mares verdes, mares de algas,

y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos,

árbol de leche, árbol del pan,

el guayacán no cortaríamos

ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas,

y de verídico reinar;

pero ninguna ha sido reina

ni en Arauco ni en Copán.

Rosalía besó marino

ya desposado en el mar,

y al besador, en las Guaitecas,

se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos

y su sangre dejó en su pan,

y sus ojos quedaron negros

de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,

con su puro seno candeal,

mece los hijos de otras reinas

y los suyos no mecerá.

Efigenia cruzó extranjero

en las rutas, y sin hablar,

le siguió, sin saberle nombre,

porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río,

a montaña y cañaveral,

en las lunas de la locura

recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos

y en los salares su reinar,

en los ríos ha visto esposos

y su manto en la tempestad.

Pero en el Valle de Elqui, donde

son cien montañas o son más,

cantan las otras que vinieron

y las que vienen cantarán:

?«En la tierra seremos reinas,

y de verídico reinar,

y siendo grandes nuestros reinos,

llegaremos todas al mar». 

domingo, 4 de octubre de 2026

CAMECUARO

ATENOGENES SEGALE

Salve, la alberca azul, nido de fuentes

que en medio de antiquísimos sabinos

dilata de sus aguas transparentes

la soñolencia y el color divinos.

Las raíces lamiendo con molicie

de los troncos tan altos como viejos,

extiendes tu serena superficie,

que forma aquí y allá rotos espejos.

Cien y cien escondidos manantiales

tu seno rasgan con pausado giro,

y atesoran en tu álveo sus cristales

de líquida esmeralda y de zafiro;

pero tan lentos en manar se esmeran

que la arena brillante mal revuelven

en espirales, que tu paz no alteran

y en tu seno muy pronto se disuelven.

Sólo turba tu plácido sosiego

una gota, que suele deslizarse,

en círculos concéntricos que luego

en tu eterna quietud van a borrarse.

Como naves de templos comenzados,

como bosques de cimbras y pilares

se elevan, por tus aguas retratados,

en filas los sabinos seculares.

Y enseñan en los rudos filamentos,

de sus troncos los siglos, que han vivido,

y cuelgan desceñidos a los vientos

sus mechones de musgo encanecido.

¡Cómo es encantador, cuando en la tarde

abraza al rojo sol para morirse,

ver el incendio, que a lo lejos arde,

en tu inmenso cristal reproducirse!

¡Cómo crece la hermosa perspectiva

mirada contra el sol! Forman las ramas

aquí y allá las curvas de la ojiva,

dejando penetrar vividas llamas.

Los rayos en fantástica aureola

a tus ancianos árboles circuyen,

y su luz el ramaje tornasola

de tus enebros, que su luz obstruyen.

Cuando la luna con su fuego blando

los dorsos de los árboles platea,

sus gigantescas sombras recortando

sobre tu linfa, a trechos cabrillea.

Claridad y tinieblas en lo hondo

alguna forma caprichosa abultan;

y con la luz cien iris en el fondo

de tus veneros límpidos resultan,

que al remover la arena en borbollones,

debajo de tus aguas cristalinas,

hacen pensar en tales ocasiones

en el mito de Náyades y Ondinas.Arropada en translúcidos vapores

viene a verte la luz de la mañana:

no le das ni suspiros, ni rumores,

que eres muda, mi plácida fontana.

Tú no sabes parlar, cual si vivieras

en un eterno amor embebecida

o como si por siempre padecieras

la tristeza más honda de la vida. 


viernes, 2 de octubre de 2026

AÑO NUEVO

Ruben Dario

A las doce de la noche, por las puertas de la gloria

y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,

sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,

San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,

de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;

y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para

Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,

y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;

y colgada sobre el pecho resplandece la divina

Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco

donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?

Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco

del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno

el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;

le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno

y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;

doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;

en la sombra se destaca la figura vencedora

del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo

misterioso y fugitivo de las almas que se van,

y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo

con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,

del celeste Vaticano se detiene en los umbrales

mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes

inmortales.

Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco

donde en triunfo llega Enero,

ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco

y el Arquero.  

miércoles, 30 de septiembre de 2026


DADME MI NUMERO

Julia de Burgos

¿Qué es lo que esperan? ¿No me llaman?

¿Me han olvidado entre las yerbas,

mis camaradas más sencillos,

todos los muertos de la tierra?


¿Por qué no suenan sus campanas?

Ya para el salto estoy dispuesta.

¿Acaso quieren más cadáveres

de sueños muertos de inocencia?


¿Acaso quieren más escombros

de más goteadas primaveras,

más ojos secos en las nubes,

más rostro herido en las tormentas?


¿Quieren el féretro del viento

agazapado entre mis greñas?

¿Quieren el ansia del arroyo,

muerta en mi muerte de poeta?


¿Quieren el sol desmantelado,

ya consumido en mis arterias?

¿Quieren la sombra de mi sombra,

donde no quede ni una estrella?


Casi no puedo con el mundo

que azota entero mi conciencia?


¡Dádme mi número! No quiero

que hasta el amor se me desprenda?

(Unido sueño que me sigue

como a mis pasos va la huella.)


¡Dádme mi número, porque si no,

me moriré después de muerta!  

lunes, 28 de septiembre de 2026

IN MEMORIAN

Gabriela Mistral

Amado Nervo, suave perfil, labio sonriente;
Amado Nervo, estrofa y corazón en paz:
mientras te escribo, tienes losa sobre la frente,
baja en la nieve tu mortaja inmensamente
y la tremenda albura cayó sobre tu faz.

Me escribías: «Soy triste como los solitarios,
pero he vestido de sosiego mi temblor,
mi atroz angustia de la mortaja y el osario
y el ansia viva de Jesucristo, mi Señor».

¡Pensar que no hay colmena que entregue tu dulzura;
que entre las lenguas de odio eras lengua de paz;
que se va el canto mecedor de la amargura,
que habrá tribulación y no responderás!

De donde tú cantabas se me levantó el día.
Cien noches con tu verso yo me he dormido en paz.
Aun era heroica y fuerte, porque aún te tenía;
sobre la confusión tu resplandor caía.
¡Y ahora tú callas, y tienes polvo, y no eres más!

No te vi nunca. No te veré. Mi Dios lo ha hecho.
¿Quién te juntó las manos? ¿Quién dio, rota la voz,
la oración de los muertos al borde de tu lecho?
¿Quién te alcanzó en los ojos el estupor de Dios?

Aún me quedan jornadas bajo los soles. ¿Cuándo
verte, dónde encontrarte y darte mi aflicción,
sobre la Cruz del Sur que me mira temblando,
o más allá, donde los vientos van callando,
y, por impuro, no alcanzará mi corazón?

Acuérdate de mí ?lodo y ceniza triste?
cuando estés en tu reino de extasiado zafir.
A la sombra de Dios, grita lo que supiste:
que somos huérfanos, que vamos solos, que tú nos viste.
¡que toda carne con angustia pide morir!


sábado, 26 de septiembre de 2026


DESVELOS AL PIE DEL LABERINTO

Eduardo Espina

Menos la mónada de los himnos al hado dando
holgada la verdad con edad de libro y ludibrios
al revés de las circunstancias en que otra lengua
toca tu bezo y yo me desmenuzo al lamer el mar
que moja el fundillo de la inoportuna vestimenta
con su vislumbre por el bidet, pero tras la puerta
anunciando la postración del dedo junto al apero
y en la rotación de las bragas el mecanismo del
monte que a su vigilia con tanta aspereza aturde
por más oda o empolvadura que acabe diciendo
sí, que era el barquero quien a flote mostraba el
furor de atar al glande sobre el forro disfrazable
que a duras desdeñaba una pérdida de palinodia
en cuya escasez iban los amantes la noche antes
refregando el óxido del sextante y en el escozor
del corzo polvos de lisonjero o un tacto total de
mínima musa que no pasa al posar para víctima
celestial vestida a veces de ceremoniosas sedas
y por eso de moda no pasas con el talle de falda
donde escrita dirás que la belleza tiene siempre
dieciocho años y si exagero que al pulso vuelva
el ampo de los ópalos como suelen los números
o un dozavo a la altura de soledumbre llenando
de felicidad a mi tercera mano que termina una
tregua cuando abreviada y distraída se enturbia
por quitarse el barro del comienzo y de la boca
la paja impostada de su divo delante del espejo
que no sé con qué sed de adoncelados juntando
en la alta lombriz a la luciérnaga que al tararear
de la miserable musiquilla por los patios rediga,
que vaya ella con cal llena como en las películas
a continuar la fuga final de su ficción hogareña
y si así lo haces toma en mí casa un alma nueva
la que pongo en la puerta para que rápida pases
pero hay otro y la sé y me quemo en los lienzos
que entrampan la razón del deseo al desvestirte
las enaguas y hacia el echarpe de leches para el
mando que a borrar mi baba viene cansado ante
lo telúrico de quien arrastrado del ojo al badajo
dejará en el cráter su mancha lamosa de aldabas
que por olas lamilan como miles que la hicieron
y por saberlo, en la rima de traspasar el pasmo
siguiendo los cercos que hueco y larva separan
he debido posponer el no al revés de la derrota
hasta que la indivisible desarrope los destellos
gorjeantes a conjugar al augur según los ajenos
y al gajo dejar la niebla por ser o el helado lago
halagando en el logos la fe del alfa y el omega:
la felicidad que refracta, del principio al delfín.

  

jueves, 24 de septiembre de 2026


ANIMALES E INSCRIPCIONES

Eduardo Anguita

Vienes y ves un tiempo blanco
Sin embargo sin lobos de diáfana estructura
Abriendo los muebles donde los recuerdos estudian
Y el viento pasa de dos años y miedo.

Los nuevos sepelios viajan por las carnes del mundo
Afilada quietud palabra con bordes de cabeza
El amor cae gota a gota al fondo y el fondo
Es recia mirada de pozo que niega
Su aire
La viva humedad del sueño donde los ojos
Zumban.

Vienes y ves a los amigos del tiempo
A los que hacen del tiempo su muerto preferido
Y los que tantean la piedra salada del corazón
Y los que rezongan una muda hierba
Y los que aprenden su orilla más próxima
Y los que ven el tiempo blanco de dignidad transeúnte
Y los que venden
Y los que contemplan
El por qué de su vida como un hoyo en el agua
En ágiles especulaciones de reflejos.

Vienes y ves después de la familia
Cuando sentada en torno de su rencor que se quema
Pasan las páginas buscando un escondite aunque sea una lámpara
Devienen nubes alrededor de la mesa
Devienen días alrededor del año
Tú vienes y sólo ves el tiempo blanco.

Oh servidora de lo cotidiano que es un color de cristal rápido
Que demasiado tememos para usarlo de hermano vaporoso
En ti traté al huésped que creemos y no existe
Y vive según se abren y cierran las puertas
Y se va sin sombrero como un reflejo por las corrientes de aire.

Vienes y ves que todo se destina a algo secreto
La taza al amor que cae desde los tejados a la primera evidencia
Para que no se huya digo y obedece.

Oyes que se conversa de la primera luz
Porque hoy se fue por las huellas ascendentes de sus padres
Un golpe de pasos puros por la espalda un cuchillo refrescante
Todo lo ves: los lobos abiertos de par en par.

Y aquel relámpago que enseñaba a mis pies a ser espacio
Sin memoria duro como la piedad del espejo que a nadie alberga
Yo abro mi memoria a las amigas y tú sales.

Sales del mar como la respiración de tu pecho
Sales llena de sales conmemorativas
A pesar de una ondulación que pudiera haberte hecho perder tu persona
Conmemorada de rumores rizados en tu cabeza
Mascas el círculo de amenazas la música que moja tu destino
Mas yo no sé qué hacer de ti
Como si poseyera mucha arena.

Dices: Hoy hace un tiempo blanco
Y el viento viene a componer los muebles
El mar espera su antigua carne de caballo
Con una inscripción de piedra
Hace un tiempo de piedra
Debes mascar el destino estrella o piedra.

Yo pregunto si han oído tu escritura en los alrededores
Pasar de una lágrima a otra como aguja
Y el hombre huye de mujer en mujer
Y se encuentra caído en el trayecto.

Y tú no vienes y no ves
Las manos sobre el espejo calientan las imágenes
Los árboles bajo un mismo turista
El bosque golpeando mi frente
Yo abro la frente a los amigos.

Abro la puerta y la memoria
Alguien apagó la escritura silenciosa que me dejaste
Lobos guiadme a vuestra piedra de miedo
Corazón, piedra indescifrable pero que un agua borra

Vienes vienes y ves un tiempo blanco. 

martes, 22 de septiembre de 2026


HE CONSTRUIDO UN JARDIN

Diana Bellesi

 

He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos
dejarse ir para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no

jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero. 

domingo, 20 de septiembre de 2026


ANTES QUE NOS DEN LAS UVAS DE LA IRA

Paz Diez Taboada

Envolveré el ayer. Pondré mucho cuidado
en recoger las briznas de los viejos tesoros,
también las horas llenas de un concierto de voces
ansiosas por huir de los sueños dormidos.
Recogeré uno a uno los cabos de los lápices,
las miguitas de pan de las meriendas,
las dulces y aromadas perrunillas
y el ondear del humo del chocolate hirviente.
Ordenaré aquel fuego entrecruzado
de agilidad verbal -surtidor crepitante-,
las vacuas sutilezas y juegos del ingenio,
siempre con una gota de acíbar escondido.
Pondré a secar al sol, en los balcones,
sobre una extensa sábana de lágrimas,
humores agrios, sangre desmedida
y la saliva espesa de la cólera.
...Enterraré el rencor en las macetas.
Tras el febril trasiego en tarea tan ardua,
abriré un libro antiguo con viñetas y “santos”
y emprenderé un buen viaje al país en que todos
los ogros son cobardes, las brujas, feas,
las madrastras, malas. Rubias y un poco tontas
las princesitas lucen cucurucho
y el rey es bonachón y regordete.
Hay un enano saltarín, un paje
enamorado de una pizpireta,
un chambelán estólido, un lacayo gomoso
y un pastor que conversa con la luna.
El héroe -siempre un poco afeminado-
porta una flor oronda en la mano derecha
y, a la izquierda, le cuelga la espada como adorno...
Hace tiempo que el sol se ha perdido. La sombra
acecha tras el oro de la lámpara.
Canta el reloj y en los cristales brilla

un irisado adiós. Esto es la noche. 

viernes, 18 de septiembre de 2026


RIO DEL OLVIDO

Pilar Paz Pasamar

A la sombra del árbol del olvido,
a la orilla de Guad-El-Letheo,
allí hicimos los hoyos para clavar la tienda
y vivir esa tregua que el destino nos daba.

Por el cielo, las blancas palomas,
por el río, las pausas del agua,
de tu mano a la mía un olor transferible,
el efluvio del liquen entre cantos rodados.

Contaba. Contaste. Supimos al fin qué decirnos.
Un pacto inaudito, sonoro, vibrante,
tal el fuego que apaga las brasas al tiempo
de hacerse humo y ceniza en la sombra insaciable.
Y el color amarillo y supremo,
el color del color que se extingue,
que devora el ocaso apetente de tonos,
plenitud de lo efímero el recaudo en la luz vespertina,
y un solo quejido. Y un paso de ala.

A la sombra del río comenzaba a escindirse
en mitades el todo que fuimos.
El agua mostraba su rostro implacable y solemne,
la luz despaciosa, las manchas rodaban en cuestas abajo,

Supimos, supiste de mí lo que hubo,
lo que hubiera podido ser otra la forma de vida...

¡Ay, que fuese el adiós quien pudiera
descifrar el sentido de aquello que no comprendimos!

¡Que un instante, una tregua tuviera respuesta,
diera sentido a todo, creara mil lenguajes!

¡Ay, que todos los besos fueran un solo beso
y uno solo -este último- el amor condensara!

A la sombra del árbol del olvido,
a la orilla de Guad-El-Letheo,
tu mano queda y oigo la voz innumerable,

la eternidad que al otro lado clama. 

miércoles, 16 de septiembre de 2026


LUZ

Salome Ureña de Henríquez

¿Adónde el alma incierta
pretende el vuelo remontar ahora?
¿Qué rumor de otra vida la despierta?
¿Qué luz deslumbradora
inunda los espacios y reviste
de lujoso esplendor cuanto era triste?

¿La inquieta fantasía
finge otra vez en la tiniebla oscura
los destellos vivísimos del día,
lanzándose insegura,
enajenada en su delirio vago,
de un bien engañador tras el halago?

¡Ah, no! Que ya desciende
sobre Quisqueya, a iluminar las almas,
rayo de amor que el entusiasmo enciende,
y de las tristes calmas
el espíritu en ocio, ya contento,
surge a la actividad del pensamiento.

Y surge a la existencia,
al trabajo, a la paz, la Patria mía,
a la egregia conquista de la ciencia
que en inmortal porfía
los pueblos y los pueblos arrebata
y del error las nieblas desbarata.

Ayer, meditabunda,
lloré sobre tus ruinas ¡oh, Quisqueya!
toda una historia en esplendor fecunda,
al remover la huella
del arte, de la ciencia, de la gloria
allí esculpida en perennal memoria.

Y el ánimo intranquilo
llorando pregunto si nunca al suelo
donde tuvo el saber preclaro asilo
a detener su vuelo
el genio de la luz en fausto día
con promesas de triunfos volvería.

Y de esperanzas llena
temerosa aguarde, y al viento ahora,
cuando amanece fúlgida, serena,
del bienestar la aurora,
lanzo del pecho, que enajena el gozo,
las notas de mi afán y mi alborozo.

Sí, que ensancharse veo
las aulas, del saber propagadoras,
y de fama despiértase el deseo,
brindando protectoras
las ciencias sus tesoros al talento,
que inflamado en ardor corre sediento.

Ya de la patria esfera
los horizontes dilatarse miro:
el futuro sonriendo nos espera,
que en entusiasta giro,
ceñida de laurel, a la eminencia
se levanta feliz la inteligencia.

Es esa la futura
prenda de paz, de amor y de grandeza,
la que el bien de los pueblos asegura.
la base de firmeza
donde al mundo, con timbres y blasones,
se elevan prepotentes las naciones.

¡Cuántas victorias altas
el destino te guarda, Patria mía,
si con firme valor la cumbre asaltas
Escúchame y porfía;
escucha una vez más, oye ferviente
la palabra de amor que nunca miente:

yo soy la voz que canta
del polvo removiendo tus memorias,
el himno que a tus triunfos se adelanta,
el eco de tus glorias...
No desmayes, no cejes, sigue, avanza:

¡tuya del porvenir es la esperanza! 

lunes, 14 de septiembre de 2026


EL GATO, EL LAGARTO Y EL GRILLO

Tomas de Iriarte

Ello es que hay animales muy científicos
en curarse con varios específicos
y en conservar su construcción orgánica,
como hábiles que son en la botánica,
pues conocen las hierbas diuréticas,
catárticas, narcóticas, eméticas,
febrífugas, estípticas, prolíficas,
cefálicas también y sudoríficas.

En esto era gran práctico y teórico
un gato, pedantísimo retórico,
que hablaba en un estilo tan enfático
como el más estirado catedrático.
Yendo a caza de plantas salutíferas,
dijo a un lagarto: «¡Qué ansias tan mortíferas!
Quiero por mis turgencias semi-hidrópicas,
chupar el zumo de hojas heliotrópicas».

Atónito el lagarto con lo exótico
de todo aquel preámbulo estrambótico,
no entendió más la frase macarrónica
que si le hablasen lengua babilónica;
pero notó que el charlatán ridículo
de hojas de girasol llenó el ventrículo,
y le dijo: «Ya, en fin, señor hidrópico,
he entendido lo que es zumo heliotrópico».

¡Y no es bueno que un grillo, oyendo el diálogo,
aunque se fue en ayunas del catálogo
de términos tan raros y magníficos,
hizo del gato elogios honoríficos!
Sí; que hay quien tiene la hinchazón por mérito,
y el hablar liso y llano por demérito.

Mas ya que esos amantes de hiperbólicas
cláusulas y metáforas diabólicas,
de retumbantes voces el depósito
apuran, aunque salga un despropósito,
caiga sobre su estilo problemático
este apólogo esdrújulo-enigmático.

  

sábado, 12 de septiembre de 2026

RETORNO

Teofilo Cid

Nadie podría interrumpir el reposo de la bóveda terrestre
Aquí el silencio ha juntado sus labios para nunca pronunciar palabra
Que pudiera profanar la ostensible flor que cae
Como un junco en la ribera de los sueños.
Un sol amarillento acaricia el pórtico
Mientras haya aún verdad para la muerte y queden hombres
Por caer hacia su túmulo
Como caen los costados de los ríos en las sórdidas vertientes sin celaje
El tiempo está temblando
Temblando como un ópalo en la mano
De este día jubiloso
Yo sé que este día, sin embargo, no puede interrumpir el curso
De los muertos que aquí yacen
Esparcidos como frutas
Aunque el gallo en su plumaje de guerrero etrusco y asoleado
Borre con la esponja de su canto
La indescifrable desdicha de la vida
Y los gorriones veloces y las cautivas golondrinas
Impongan un blasón de idilio a la comarca
La tierra está sorbiendo nuestras lágrimas
Bebiendo la salud que se nos va
La alegría que perdemos a medida que vivimos
La tierra está atrapándonos la sombra que el sol proyecta mediante nuestros sueños
Ella combina con su química dorada la esencia de la luz
El aroma de la esbelta peripecia que añoramos
A las fórmulas más dulces de la ciencia de la vida.
Y esa causa de inocencia nos induce a perpetuar la reverencia
Que sentimos por la dulce redondez de sus regiones
Donde cálido el amor anida a veces
Y se teje la aureola del deseo
Más amado cuanto más eliminado
No existe ungüento parecido al eco de la vida
Cuando cae sobre el cáliz
De la flor de los que callan
Ellos escuchan envueltos en terrestres ropajes de sonoridad
Detenidos ante las vagas conversaciones,
Como ante una llave de sol
Escuchan el paso de los caminantes
Escuchan el hastío de sus voces taladradas de terror
Y conocen el origen de sus nieblas musicales
Los muertos son sabios porque no andan
Porque no buscan porque no anhelan
Y conocen además la soledad
La que tanto nos asusta cuando faltan las palabras
Y un esplendor de musgo nos crece entre los párpados.
Los muertos carecen de sentido propio
Ni hablan ni opinan pero tienen no obstante
Valor, personalidad
Para herir con su acento extranjero
El idioma que hablamos cuando hablamos de amor

Ellos saben por qué el olvido nos está acechando
Y por qué el amor sin el olvido atroz sería
Ya que los muertos, muertos son porque vivieron
Y el tiempo les dejó su huella para tenderse
Una huella que el deseo ha cubierto con sus árboles nativos
Una huella en donde el viento sopla como sobre un páramo
Y en donde el rostro de la vida pierde su sombría intensidad
Así los muertos escuchan por medio de las hojas entreabiertas
El marítimo rumor de la sangre humana

La cascada de pesar
Que espuma la corriente del lenguaje
Si vosotros estuvierais siempre atentos
Al llamado de sus cuerpos ataviados para el llanto
Las palabras sonarían como pompas de silencio

Ante la bóveda terrestre
La barbarie transparente se ha poblado de bocinas
Y de túnicas ardientes
¿Cuántas veces la estación primaveral
Ha hecho el júbilo del mundo
Provocando una ilusión de eternidad?

Si recuerdo aquel verano
No es por gusto de su fértil geografía
Ni por ser aquel verano
La enjoyada pedrería
Del deseo jubiloso

Fue tal vez porque soñaba
Con hallar tu rostro puro desvestido
Tu rostro sin candor y sin fiereza
Apoyado en el estambre
De una étnica embriaguez
Solitario
Con sus ojos temblorosos cual batallas
Entregado al dulce sino de callar

Conmovido sin embargo hasta la médula natal
Rostro abierto de vendimia
Sobre el riente tornasol
Centellante en los enigmas que propone
Devorado por la altura de la luz
Que lo emigra, de período en período,
De una época a otra época fugaz

Si recuerdo aquel verano
Con sus púberes manzanas y sus árboles cautivos
No amaba amar en ese tiempo
Cuando era cual vosotros un pigmento de familia
Raza humana o bandera nacional

Tenía demasiados dones que ocultar
Mucha luz que obscurecer
Munido estambre de jardín electrizante
El sol llegaba a mí desde los dedos
Que lo iban despojando
De su cólera carnal

(Era un sol como el que miran
Los bañistas ejemplares
Y que embebe de verdor los viejos céspedes)

Pero ahora los caminos
Han perdido su papel de antiguo encanto
Tal secas lanzas sus veredas se han hundido
En mi costado

Poseer acaso el único resabio
La piel que cubre el cuerpo de los versos
Es todo lo que hallo
Cuando trato de saber lo que poseo

Despojos ya sin sangre
Es todo
Yo he sentido a veces que el amor
Como un cabello caía ante mis ojos
Nublando la esencia del paisaje
Gris en que me muevo
Por forzoso automatismo

He sentido en la mirada el nacimiento
De un cristal preconizante
En cuyos finos lóbulos de cuarzo
Un huevo angélico nacía

Precioso de ese don yo estaba triste
Sin embargo de sentir
El grave peso de un emblema
Cuya enorme lucidez no comprendía
El amor me ataba el sol a las espaldas

Poniendo distancia de soledad
Entre cada arterial presión de las palabras
Por eso me embargaba el deseo generoso
De hablar con todo el mundo
De abrazar alguna orden extranjera
A los dominios conocidos de mi imperio personal

El amor me convertía en vaso roto
Y en fisura estrellada mis pensamientos
Por donde me derramaba
En un fluir constante de medusas
Y compactos traumatismos de la infancia

No
Es tal vez porque el verano aquí presente
Nada dice nada canta nada oculta
Y en vértice de amor y sufrimiento
Abro un ángulo hacia el tiempo irremediable

Por amar lo que he perdido
Vivo a tientas despojado de la luz
Vivo ciego en un transcurso mineral transfigurado

Por un hálito de piedra y de cemento. 

jueves, 10 de septiembre de 2026


DE LA BOCA ASOMBROSA DE LA NADA

Pedro Miguel Lamet

De la boca asombrosa de la nada,
que era el eco de un Alguien
en busca de su espejo
había estallado el mundo
como un cuadro. Ni pincel ni color.
Algodones de nubes poblaron el azul
y un perfil encrestado de montañas
se alzaba sin un nombre, una voz, un destino,
la entrañable mirada que los llegara a ser
definitivamente.
Las frutas aliviaban el verde de los árboles
rezumándose inútiles
en espera de labios,
y el mar, desde las rocas
a nadie había amado aún.
Dios silbaba en las ramas de los chopos
arias de solitario
y reía, escurriendo silencios,
en el nadar incierto de los peces.
0 era un trino de
pájaros no oídos
o sorpresa ausentada de la nieve,
o brisa juguetona por los pétalos
que nunca nadie olió como a perfume.
Todo el mundo era un huérfano
carente de palabra.
Huían los caminos sin sentirse caminos.
Soñaba la madera con
transformarse en silla, en porche,
en la mesa redonda con un jarro de flores
que mira a la ventana,
o en el arca con sombra
por cobijar al lino,
que aún pendía,
añorando el calor de una piel,
del frágil ser del tallo.
Era el mundo un edén
sin el temblor de un dueño,
un bosque sin pisadas,
el hueco de un vacío sin tan siquiera el verbo
soledad,
brillante alumbramiento
para nadie.
El Creador se asomaba
acodado en el marco
y, después de un suspiro, se decía:
«Es hermoso el retrato, mas le falta
el brillo de los ojos».
Caía todo el ser en búsqueda del tiempo.
Moría en sí el espacio
perdido en el deseo de alcanzar
su conciencia. « ¡Qué sola -dijo Dios
es la pura belleza! »
«Vengamos de algún modo
a gozar de la sombra de los robles
en las tardes de sol
y a dejar, con el paso, una forma de huella
en la arena mojada de las playas;
a engendrar con las piedras los hogares
y a poblar a la noche
de canciones.
Que el jilguero se adorne con la risa
y el haya se haga cuna
y la rosa, recuerdo de la ausencia.
Inclinose el Creador,
miró su Ser
copiándose en la paz de las aguas.
Cogió en su mano tierra
y sopló hacia aquel mundo
sus sueños infinitos.
Cuando Adán despertó,
un azul transparente vibró en la savia oculta
de las cosas.
Ascendió a la montaña,
se deslizó en la ola
y en el nervio secreto de los árboles.
Un pedazo de El se paseaba nombrando al universo.
Había amanecido.
«Ya tenemos espejo»,
exclamó el Hacedor
sentado en su tertulia trinitaria.
«Que sepa el hombre ahora
del gozo de mirarse
prolongado.»
Y tomando su forma, dejó surgir
lo otro a la medida misma
de su sueño. «Serás como la loma
redondamente tibia
o la orilla de mar y el pecho reluciente
de paloma. Serás ella,
para que Adán se abra al abismo del tú,
su mitad mejorada
y sepa al contemplar sus ausencias.»
Eva abrió las pestañas
igual que la obertura de una gran sinfonía.
Y Adán supo que el mar, la lluvia entre la hierba y el rugido
del viento, tendrían para siempre
un deje de infinito.
Besó una mano a Eva
rompiendo con su beso el límite sabido
de las cosas.
«Ya sé, Señor, que soy.»
En el umbral ardiente de su abrazo
sembraba ya su herencia,
el mundo iluminado.
Una sombra le urgía:
«Ve a poseerlo.»
Y otra íntima voz:

«Sé solo, sé, y contémplalo.» 

martes, 8 de septiembre de 2026


EL INDIO Y EL VIOLIN

Pablo Antonio Cuadra

Cuando Mondoy toca el violín
las nubes de diciembre se desmenuzan en plumas
y al Este cruzan seres celestes en bandos de Calandrias
de Paujiles de Jilgueros de Zorzales.
Mondoy cierra los ojos y ladea la cabeza como los ciegos
porque la música es una ceguera dulce
una laguna de aguas azules.
Por su escala
bajan la siete muchachas, las madrugadoras
a recoger en su red el lucero matutino
-coletea entre los juncos en el agua orillera-
y Tonantzin lo toma de las agallas y lo ilumina el alba.

El aliento de Tonantzin es el país ilimitado
donde aletea el violín de Mondoy y gira
volátil con un plumaje de palabras secretas. He oído
cánticos en las cerámicas chorotegas
–ocarinas lunares de vientos lentos que levantan
olas en la laguna como escamas de peces-
pero no esta lluvia, no esta ternura cuando
Mondoy toca el violín y llueve
en Diorimo, en Diriá, en Dirita, en Nindirí.
(¿Acaso no has tenido en el pecho, empapándote
en música, el rostro de una mujer que llora?)

Volverá, tal vez, Agosto, el opresor
azuzando sus perros de fuego en la canícula.
Husmean los caminos del sueño. Saben
que la libertad es un vuelo. O un pensar.
O un cantar cuando Mondoy toca el violín.
Pero nada muere. En el aire
hemos sembrado nuestras estrellas y podemos
levantar el pensamiento y sostenerlo
sobre el puro azul. Mondoy
traza una cruz de música en la constelación
del Sur. Mondoy toca el violín
y nuestros pueblos indios peregrinan
al lugar de la promesa.
Una línea blanca marca el borde tiernísimo del horizonte.
Es la hora en que bajan las siete muchachas
-las soñadoras-con sus sábanas blancas
a recoger el lucero vespertino
y Tonantzin lo toma entre sus brazos
y escuchamos el llanto de un niño

cuando Mondoy toca el violín. 

domingo, 6 de septiembre de 2026


LA POESIA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Gabriel Celaya

 

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.

Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos. 

viernes, 4 de septiembre de 2026

EL CANJE
Paulina Vinderman

 

En algunos poemas el arte es la acuarela,
el arte de la dilución, escribo,
y los cisnes de Natales se esfuman ante la palabra cisne.
La vida se esconde detrás del color
para engañarme,
la vida corre el riesgo de convertirse en una carta infinita.


'Una moneda por cada palabra me daba
el tiempo,
lo invitaba a pasar (él siempre iba apurado),
le regalaba una estampilla rara y un vaso de té frío'.


En algunos poemas el arte es el tatuaje, escribo,
y añado: las palabras duelen mucho más
que el peso de las cosas.


A veces el mundo es lento y viejo como una casa
que huele a barco y a bodega
y recibe a las gaviotas como grandes presencias.


A veces el mundo me devuelve
la visita del tiempo -afable pero firme-
que reclama su parte del león.


Abro las alacenas, muestro el cielo.
El fulgor de las pocas palabras que me quedan
es mi oscura tensión
-en el fondo de mi dicha-
la belleza de aquellas palmeras despeinadas
contra la lancha a punto de partir.