sábado, 28 de febrero de 2026


GUATEMALA
(CANTATA)
1954

Miguel Angel Asturias

¡Patria de las perfectas luces, tuya
la ingenua, agraria y melodiosa fiesta,
campos que cubren hoy brazos de cruces!

¡Patria de los perfectos lagos, altos
espejos que tu mano acerca al cielo
para que vea Dios tantos estragos!

¡Patria de los perfectos montes, cauda
de verdes curvas imantando auroras,
hoy por cárcel te dan tus horizontes!

¡Patria de los perfectos días, horas
de pájaros, de flores, de silencio
que ahora, ¡oh dolor!, son agonías!

¡Patria de los perfectos cielos, dueña
de tardes de oro y noches de luceros,
alba y poniente que hoy visten tus duelos!

¡Patria de los perfectos valles, tienden
de volcán a volcán verdes hamacas
que escuchan hoy llorar casas y calles!

¡Patria de los perfectos frutos, pulpa
de paraíso en cáscara de luces,
agridulces ahora por tus lutos!

¡Patria del armadillo y la luciérnaga
del pavoazul y el pájaro esmeralda,
por la que llora sin cesar el grillo!

¡Patria del monaguillo de los monos,
el atel colilargo, los venados,
los tapires, el pájaro amarillo

y los cenzontles reales, fuego en plumas
del colibrí ligero, juego en voces
de la protesta de tus animales!

Loros de verde que a tu oído gritan
no ser del oro verde que ambicionan
los que la libertad, Patria, te quitan.

Guacamayas que son tu plusvalía
por el plumaje de oro, cielo y sangre,
proclamándote va su gritería...

¡Patria de las perfectas aves, libre
vive el quetzal y encarcelado muere,
la vida es libertad, Patria, lo sabes!

¡Patria de los perfectos mares, tuyos
de tu profundidad y ricas costas,
más salóbregos hoy por tus pesares!

¡Patria de las perfectas mieses, antes
que tuyas, júbilo del pueblo, gente
con la que ahora en el pesar te creces!

¡Patria de los perfectos goces, hechos
de sonido, color, sabor, aroma,
que ahora para quién no son atroces!

¡Patria de las perfectas mieles, llanto
salado hoy, llanto en copa de amargura,
no la apartes de mí, no me consueles!

¡Patria de las perfectas siembras, calzan
con hambre de maíz sus pies desnudos,

los que huyen hoy, tus machos y tus hembras! 

jueves, 26 de febrero de 2026


LA FUNCIÓN DE VACAS

Juan Bautista de Arriaza y Superviela

Grande alboroto, mucha confusión,
voces de “Vaya” y “Venga el boletín”,
gran prisa por sentarse en un tablón,
mucho soldado sobre su rocín;
ya se empieza el magnífico pregón,
ya hace señal Simón con el clarín,
el pregonero grita: “Manda el Rey”,
todo para anunciar que sale un buey.

Luego el toro feroz sale corriendo
(pienso que más de miedo que de ira);
todo el mundo al mirarle tan tremendo,
ligero hacia las vallas se retira;
párase en medio el buey, y yo comprendo
del ceño con que a todas partes mira
que iba diciendo en sí el animal manso:
“Por fin, aquí me matan y descanso”.

Sale luego a echar plantas a la plaza
un jaque presumido de ligero;
zafio, torpe, soez, y con más traza
de mozo de cordel que de torero;
vase acercando al toro con cachaza;
mas no bien llega a ver que el bruto fiero
parte tras él furioso como un diablo,
vuelve la espalda y dice: “Guarda, Pablo”.

Síguese a tan gloriosa maravilla
un general aplauso de la gente;
uno le grita: “Corre, que te pilla”;
otro le dice: “Bárbaro, detente”.
Y al escuchar lo que el concurso chilla,
iba diciendo el corredor valiente:
“Para qué os quiero, pies? dadme socorro.
¿No es corrida de bestias? Pues yo corro”.

A las primeras vueltas ya se halla
el toro solo en medio de la arena;
por no saber qué hacerse, va a la valla,
a ver si en algún tonto el cuerno estrena;
mas desde allí la timida canalla,
que estando en salvo de valor se llena,
al pobre buey ablandan el cogote,
unos con pinchos, y otros con garrote.

En esto, con su capa colorada
sale a la plaza un malcarado pillo;
puesto en jarras, la vista atravesada,
y escupiendo al través por el colmillo,
dice con una voz agacharada:
“Echen, échenme acá el animalillo”;
mas viene el buey; él piensa que le atrapa;
quiere echarle la capa, pero escapa.

Hecha al fin la señal de retirada,
que en otras partes suele ser de entierro,
pues muere el animal de una estocada
o a las furiosas presas de algún perro,
sale el manso y pastor de la vacada,
y al reclamo del áspero cencerro,
la plaza al punto el buey desembaraza,

quedando otros más bueyes en la plaza. 

martes, 24 de febrero de 2026


BALADA

Juan Jose Arreola

El gavilán que suelta en el aire la paloma
y gana las alturas con el estómago vacío;
el barquero que tira por la borda el cargamento
y recobra su línea de flotación;
el bandido que arroja la bolsa en su carrera
y se salva por piernas de la fortuna o de la horca;
el primitivo aeronauta que corta para siempre las amarras de su globo
y saluda y se despide desde la canastilla
agitando su sombrero de copa sobre la muchedumbre pedestre.
Todos me dicen:
mira tu paloma.

                  Ya puedes ser del chivo, del puerco, del caimán y del caballo.

El que abriéndose las venas en la tina del baño
dio por fin rienda suelta a sus rencores;
el que cambió de opinión en la mañana llena de estupor
y en vez de afeitarse hundió la navaja al pie de la jabonadura
(afuera, en el comedor,
le esperaba el desayuno envenenado por la rutina de todos los días);
los que de un modo o de otro se mataron de amor o de rabia,
o los que se fueron por el ábrete sésamo de la locura,
me están mirando
y me dicen con la sonrisa extraviada:
mira tu paloma.

                  Ya puedes ser del chivo, del puerco, del caimán y del caballo.

Mírala desde el vértice del amor propio,
girando en barrena, dándolo todo al diablo,
descendiendo con pocas alas y con mucho bodrio.

Mírala cumpliendo con la intima ley de su gravedad,
cayendo en la piara, enganchándose en los cuernos,
entrando por el hocico empedrado de colmillos,
yaciendo en los lomos calientes y desnudos.

Desplumada ya por las pinches,
espetada en el asador del cocinero indecente;
trufada de anécdotas para el regocijo de los bergantes
y el usufructo de los follones.

                  Ya puedes ser del chivo, del puerco, del caimán y del caballo. 

domingo, 22 de febrero de 2026


CÍRCULOS DE SOLEDAD

Manuel Altolaguirre

Círculos de soledad
dibujados por mi espera.
Girando sobre mis pies,
impaciente, arrastro y doblo
las puntas de mis miradas
sobre lo inútil perpetuo.

Sendero abrirá, llegando
a mi centro permanente;
radio de circunferencia,
minutero de reloj
señalando con sus huellas.

Y quedará en mí, o se irá
marcando nuevo caminos
perpendicular al otro,
en ángulo al de llegada:
gráfico cuarto de hora.

Impaciente espera larga.

Entero horizonte ciñe
la estatua de mi ansiedad:
faro en islote perdido,
monumento a la inquietud

en una plaza redonda. 

viernes, 20 de febrero de 2026


REDONDILLAS.
A LA FÁBULA DE JÚPITER Y EUROPA

Gaspar Aguilar

El que derretido en oro
a Danae pudo engañar,
perdiendo más el decoro,
por las orillas del mar
pace convertido en toro
qu' en fuego de amor deshecho
busca remedio al dolor,
y aunque es Júpiter, se ha hecho
toro, porque es el amor
toro que brama en el pecho.

                        * * *

Llega Europa y enriquece
al mundo con su venida
y en verle no se entristece,
que la deidad escondida
por mil partes resplandece.
Jove le sale al encuentro
y caúsale algún recelo,
mas como el cielo es su centro,
viene encaminada al cielo
que está escondido allí dentro.

                        * * *

No le teme aunque es mujer
por ver su gran gentileza,
que muy grande había de ser,
pues delante la belleza
de Europa se pudo ver,
porque el resplandor tenía
del Tauro que está en los cielos,
y tal formado se había,
que él mismo tenía celos
del toro a quien parecía.

                        * * *

Ella, que menospreciaba
cualquier peligro de muerte,
cuando el toro la buscaba
huía, pero de suerte,
que huyendo más le llamaba.
Al fin, cuando la alcanzó,
corvó la luciente espalda
y el blanco pie le besó,
y ella con una guirnalda
la cabeza le adornó.

                        * * *

Y como le vino a cuenta
ver postrado el bello amante,
sobre su espalda se sienta,
dándole el cargo de Atlante
que a todo el cielo sustenta.
El toro con la doncella
hacia el mar camina luego
por apagar su centella
y encender un vivo fuego
en el pensamiento della.

                        * * *

Ella, viendo el mal visible,
aunque del cielo blasfeme,
teme lo qu' es imposible,
qu' es caer, pero no teme
del dios el furor terrible.
El cual, como se apresura,
llega a la isla de Creta,
donde vuelta esta figura
en su figura perfeta,
gozó de la cojuntura.

miércoles, 18 de febrero de 2026


A ISABEL

Ignacio Manuel Altamirano

Sereno cielo azul, sol esplendente.
Grandes nubes de púrpura y de gualda
Limitando los mares de esmeralda.

Aquí un volcán, cuya altanera frente
Una corona ciñe trasparente
De nieves y de brumas; y a lo lejos,
En continuas y espesas oleadas,
Las sierras de la costa iluminadas
De la luz tropical por los reflejos.

Bosques do quier de ceibas altaneras,
    De arrayanes frondosos,
    De gallardas palmeras
Bañadas por torrentes espumosos,

Y al pie de las parotas seculares,
    Junto a mansos arroyos,
Agrupados los verdes platanares
    Que entoldan con sus hojas
Los naranjos cubiertos de azahares.

Arcos de perfumados floripondios
    Sobre las frescas linfas,
Circundadas de eneldos y de mirtos
    Como baños de ninfas.

Y pájaros, y flores, y céfiros,
    Formando a todas horas
Con sus cantos, aromas y suspiros,
    Un raudal de delicias bienchechoras,
Del alma adolorida arrulladoras.

Este el santuario es donde se elevan
    Tus dorados altares,
Majestuosa beldad de negros ojos
    Y de atrevida frente,
    Ante quien el creyente
Debe culto rendir puesto de hinojos.

Este el santuario es, do en mi camino
Lleno de admiración vine a encontrarme,
Cuando pobre y cansado peregrino
A esta playa feliz quiso arrojarme
La voluntad potente del destino.

    Mi corazón ardiente,
Que lo bello idolatra y lo grandioso.
    Tu mágico poder adora y siente,
    Y con amor inmenso,
    A tus plantas se acerca
También a tributar su humilde incienso.

Recíbelo, Isabel, y una mirada
Pague mi adoración, con una dulce
Sonrisa de tus labios de granada.

Después voy a alejarme, mas llevando
    Tu imagen hechicera
En el sagrario del cariño oculta.

    ¡Ay! ojalá que siga
Un recuerdo siquier de tu alma amiga
    La estela de mi buque,
Y el camino erial, oscuro, incierto,
Que tengo que seguir penosamente
De una vida infeliz en el desierto.

    Y cuando en algún día,
De la aflicción la tempestad sombría
    Ruja dentro del alma,
Para volver a la anhelada calma
    Evocaré tu nombre,
Y tu recuerdo dulce y sonriente
Disipará la nube de desgracia
Que abrume entonces mi tostada frente.













A ISABEL

Ignacio Manuel Altamirano

Sereno cielo azul, sol esplendente.
Grandes nubes de púrpura y de gualda
Limitando los mares de esmeralda.

Aquí un volcán, cuya altanera frente
Una corona ciñe trasparente
De nieves y de brumas; y a lo lejos,
En continuas y espesas oleadas,
Las sierras de la costa iluminadas
De la luz tropical por los reflejos.

Bosques do quier de ceibas altaneras,
    De arrayanes frondosos,
    De gallardas palmeras
Bañadas por torrentes espumosos,

Y al pie de las parotas seculares,
    Junto a mansos arroyos,
Agrupados los verdes platanares
    Que entoldan con sus hojas
Los naranjos cubiertos de azahares.

Arcos de perfumados floripondios
    Sobre las frescas linfas,
Circundadas de eneldos y de mirtos
    Como baños de ninfas.

Y pájaros, y flores, y céfiros,
    Formando a todas horas
Con sus cantos, aromas y suspiros,
    Un raudal de delicias bienchechoras,
Del alma adolorida arrulladoras.

Este el santuario es donde se elevan
    Tus dorados altares,
Majestuosa beldad de negros ojos
    Y de atrevida frente,
    Ante quien el creyente
Debe culto rendir puesto de hinojos.

Este el santuario es, do en mi camino
Lleno de admiración vine a encontrarme,
Cuando pobre y cansado peregrino
A esta playa feliz quiso arrojarme
La voluntad potente del destino.

    Mi corazón ardiente,
Que lo bello idolatra y lo grandioso.
    Tu mágico poder adora y siente,
    Y con amor inmenso,
    A tus plantas se acerca
También a tributar su humilde incienso.

Recíbelo, Isabel, y una mirada
Pague mi adoración, con una dulce
Sonrisa de tus labios de granada.

Después voy a alejarme, mas llevando
    Tu imagen hechicera
En el sagrario del cariño oculta.

    ¡Ay! ojalá que siga
Un recuerdo siquier de tu alma amiga
    La estela de mi buque,
Y el camino erial, oscuro, incierto,
Que tengo que seguir penosamente
De una vida infeliz en el desierto.

    Y cuando en algún día,
De la aflicción la tempestad sombría
    Ruja dentro del alma,
Para volver a la anhelada calma
    Evocaré tu nombre,
Y tu recuerdo dulce y sonriente
Disipará la nube de desgracia

Que abrume entonces mi tostada frente. 

lunes, 16 de febrero de 2026


CAMINOS

Antonio Machado

  De la ciudad moruna
tras las murallas viejas,
yo contemplo la tarde silenciosa,
a solas con mi sombra y con mi pena.

  El río va corriendo,
entre sombrías huertas
y grises olivares,
por los alegres campos de Baeza

  Tienen las vides pámpanos dorados
sobre las rojas cepas.
Guadalquivir, como un alfanje roto
y disperso, reluce y espejea.

  Lejos, los montes duermen
envueltos en la niebla,
niebla de otoño, maternal; descansan
las rudas moles de su ser de piedra
en esta tibia tarde de noviembre,
tarde piadosa, cárdena y violeta.

  El viento ha sacudido
los mustios olmos de la carretera,
levantando en rosados torbellinos
el polvo de la tierra.
La luna está subiendo
amoratada, jadeante y llena.

  Los caminitos blancos
se cruzan y se alejan,
buscando los dispersos caseríos
del valle y de la sierra.
Caminos de los campos...

¡Ay, ya, no puedo caminar con ella! 

sábado, 14 de febrero de 2026


CANCIÓN PARA UNA DESPEDIDA

Cesar Aching Samatelo

Kuntur vuela y llévame hasta sus sueños
antes que despierten las margaritas,
toma en tus alas el aire que me falta,
toma también la libertad que añoro
y entrégasela al Inti como ofrenda

Mamacha, despierta, mira que asoma la mañana,
enjuaga tu carita con el agua del cielo
recién atrapada entre las hojas y
camina conmigo por los nanis que dejaron nuestros Incas...
extranjeros ahora en su propia tierra;
démonos sacrílegos pero libres
en el Kero sagrado la eucaristía y
sorbamos chicha en vez de vino por nuestros ancestros.

Viérteme tu aliento inocente
ahora precisamente que respiro melancolía,
lento y constante como los puquios
lavan la piedra para calmar la sed del indio;
alcánzame un poco de tu quina y
dancemos por los Andes la melodía que el viento silba
ante el absoluto silencio de sus nevados;
rondemos una vez más en la fiesta de la yunza,
el canto del pueblo alrededor del árbol
sólo para que me quede el recuerdo.

Mañana me habré marchado... muy lejos y
espero llevar como equipaje cada detalle tuyo
desprendido a tientas en la oscuridad de tus ojos,
imaginaré que tus labios son dos caballitos de totora,
nidos de una sonrisa que lo dice todo... sin decir...

a Dios. 

jueves, 12 de febrero de 2026

 


BRINDIS DE LOS TERCIOS

Hernando de Acuña

No os preguntarán por mí,
que en estos tiempos a nadie
le da lustre haber nacido
segundón en casa grande;
pero si pregunta alguno,
bueno será contestarle
que, español, a toda vena
amé, reñí, di mi sangre,
pensé poco, recé mucho,
jugué bien, perdí bastante
y, porque esa empresa loca
que nunca debió tentarme,
que, perdiendo ofende a todos,
que, triunfando alcanza a nadie,
no quise salir del mundo
sin poner mi pica en Flandes.
¡Por España!
y el que quiera defenderla,
honrado muera.
Y el traidor que la abandone,
no tenga quien le perdone,
ni en Tierra Santa cobijo,
ni una cruz en sus despojos,
ni las manos de un buen hijo
para cerrarle los ojos.

domingo, 8 de febrero de 2026

 

A LA ROSA

Francisco de Rioja

Pura, encendida rosa,
Émula de la llama
Que sale con el día,
¿Cómo naces tan llena de alegría
Si sabes que la edad que te da el cielo
Es apenas un breve y veloz vuelo?
Y no valdrán las puntas de tu rama
Ni tu púrpura hermosa
A detener un punto
La ejecución del hado presurosa.


El mismo cerco alado,
Que estoy viendo riente,
Ya temo amortiguado,
Presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
Te dio Amor de sus alas blandas plumas,
Y oro de su cabello dio a tu frente.


¡Oh fiel imagen suya peregrina!
Bañote en su color sangre divina
De la deidad que dieron las espumas;
Y esto, purpúrea flor, y esto ¿no pudo
Hacer menos violento el rayo agudo?
Róbate en una hora,
Róbate licencioso su ardimiento
El color y el aliento;
Tiendes aun no las alas abrasadas,
Y ya vuelan al suelo desmayadas.


Tan cerca, tan unida
Está al morir tu vida,
Que dudo si en sus lágrimas la aurora
Mustia tu nacimiento o muerte llora.

viernes, 6 de febrero de 2026


VARIACIÓN I

AZULES

Pedro Salinas

Variaciones que enseñaban
en la escuela: Egeo, Atlántico,
Indico, Caribe, Mármara,
mar de la Sonda, mar Blanco.
Todos sois uno a mis ojos:
el azul del Contemplado.


En los atlas,
un azul te finge, falso.
Pero a mí no me engañó
ese engaño.
Te busqué el azul verdad;
un ángel, azul celeste,
me llevaba de la mano.


Y allí en tu azul te encontré
jugando con tus azules,
a encenderlos, a apagarlos.
¿Eras como te pensaba?
Más azul. Se queda pálido
el color del pensamiento
frente al que miran los ojos,
en más azul extasiados.


Eres lo que queda, azul;
lo que sirve
de fondo a todos los pasos,
que da lo que pasa, olas,
espumas, vidas y pájaros,
velas que vienen y van.
Pasa lo blanco, mortal.


Y tú estás siempre llenando,
como llena un alma un cuerpo,
las formas de tus espacios.
Cada vez que fui en tu busca,
allí te encontré, en tu gloria,
la que nunca me ha fallado.
Tu azul por azul se explica:
color azul, paraíso;

y mirarte a ti, mirarlo. 

miércoles, 4 de febrero de 2026


A UN ÁRBOL VIEJO

Diego Uribe

¡Oh árbol que te elevas de tu asiento
              A tan inmensa altura,
Tú tienes por dosel el firmamento,
              Por peana la espesura!

Aunque enseñas del tiempo las escamas,
              Vida y vigor te quedan,
Y desde tu raíz hasta tus ramas
              Verdes lianas se enredan.

Tus nudosas raíces han salido
              Entre hirsuta maleza;
Y llevas encerrado, comprimido,
              Un siglo en tu corteza.

Y en tus hojas, inmenso rey del monte,
              Gigante centenario,
Vuelan las aves todas, el sinzonte,
              La mirla y el canario.

Tú que has visto el relámpago brillante,
              Hijo del trueno ronco,
En el cielo brillar, y agonizante
              Morir sobre tu tronco;

Tú que has visto bajar de la montaña
              El ventarrón deshecho,
Y lanzarse después con fiera saña
              Contra tu rudo pecho;

Y has oído bramar las tempestades
              Y retumbar el trueno,
Y has visto el cielo roto en claridades,
              Impávido, sereno;

Y tú que hasta del hombre has resistido
              Los temibles hachazos,
A las aves del bosque das un nido
              En tus musgosos brazos.

Y así como un gigante que meciera
              Con paternal cariño
Y entre sus fuertes brazos adurmiera
              Un delicado niño;

Así también con majestad alojas
              En tus ramas perdido,
Arrullándolo al ruido de tus hojas,

              Un blando y tierno nido. 

lunes, 2 de febrero de 2026


ROSA DEL PARAÍSO

Ramón María del Valle-Inclán

 

Esta emoción divina es de la infancia,
cuando felices el camino andamos
y todo se disuelve en la fragancia
de un domingo de Ramos.

El campo verde de una tinta tierna,
los montes mitos de amatista opaca,
la esfera de cristal como una eterna
voz de estrellas. ¡Un ídolo la vaca!

Aladas sombras en la gracia intacta
del ocaso, poblaron los senderos,
y contempló la luna, estupefacta,
el paso de los blancos mensajeros.

Negros pastores, quietos en los tolmos,
adivinan la hora en las estrellas.
Cantan todas las hojas de los olmos.
La mano azul del viento va entre ellas.

En su temblor azul, devoto y pronto,
tiene ansias de ideal la flor del lino,
ansias de deshojarse en el tramonto
y hacer de su temblor, temblor de trino.

El agua por las hierbas mueve olores
de frescos paraísos terrenales;
las fuentes quietas, oyen a las flores
celestes conversar en sus cristales.

Con reflejos azules y ligeros
el mar cantaba su odisea remota,
y se encendía bajo los luceros
que a los bajeles dicen la derrota.

Mi bajel, en el claro de la luna,
navegaba, impulsado por la brisa,
sobre ocultos caminos de fortuna...
¡Era el cielo cristal, canto y sonrisa!

Con el ritmo que vuelan las estrellas
acordaba su ritmo la resaca,
y peregrina en las doradas huellas
vi sobre el mar una nocturna vaca.

Mi alma, tendida como un vasto sueño,
se alegró bajo el árbol del enigma.
Ya enroscaba en la copa su diseño
flamígero, la sierpe del Estigma.

En mi ardor infantil no cupo el miedo.
La vaca vino a mí, de luz dorada,
y en sus ojos enormes, con el dedo
quise tocar la claridad sagrada.

Su ojo redondo, que copiaba el mundo,
me habló como la sierpe del pecado,
y busqué la manzana en su profundo

con un dedo de rosa levantado.