sábado, 29 de noviembre de 2025

Imagen de Delmira Agustini


A LO LEJOS...

Delmira Agustini

Tu vida viuda enjoyará aquel día...
En la gracia silvestre de la aldea
Era una llaga tu perfil arcano;
Insólito, alarmante sugería
El esmalte de espléndida presea
Sobre un pecho serrano.

Por boca de la abierta ventana suspiraba
Toda la huerta en flor, era por puro
Toda la aldea el cuarto asoleado;
¿Recuerdas?... Sobre mí se proyectaba,
Más mortal que tu sombra sobre el muro,
Tu solemne tristeza de extraviado...
Tus manos alargadas de tenderse al Destino,
Todopalidecidas de amortajar quimeras,
Parecían tocarme de muy lejos...
Tus ojos eran un infinito camino
Y crecían las lunas nuevas de tus ojeras;
En solo un beso nos hicimos viejos...

—¡Oh beso!... flor de cuatro pétalos... dos de Ciencia
Y dos iluminados de inocencia…
El cáliz una sima embriagante y sombría...
Por un milagro de melancolía,
Mármol ó bronce me rompí en tu mano
Derramando mi espíritu, tal un pomo de esencia.

Tu vida viuda enjoyará aquel día...
Mi nostalgia ha pintado tu perfil Wagneriano

Sobre el velo tremendo de la ausencia. 

jueves, 27 de noviembre de 2025




Imagen Indios originarios de Chile


INDIO DE AMÉRICA

Mirta Aguirre 

Indio, noble indio, médula de mi América,
que hoy eres con el negro nuestra sola esperanza.
Indio humilde de Alaska, de Ecuador o de Chile,
¡ya es hora de que yergas la espalda sudorosa!

Yo sabía de la herida gangrenada del negro,
pero sólo de lejos lamenté tu amargura,
fue preciso que viera tus ojos y tu cara,
tus hombros y tus brazos para saberte, indio.

Y vi que nuestra América no es lo que se cree,
la de grandes burgueses, rascacielos y aviones,
sino una tierra humilde y silenciosa,
dolorida y opresa como tu raza, indio.

Y vi que en ella pronto se oirá sonar la hora
¡la hora tuya, indio! ¡la de tu hermano el negro!
La hora de la siega y el martilleo terrible,
¡la que vendrá a ponerte justicia entre los brazos!

Indio, noble indio, médula de mi América,
para entonces no puedes estar ya de rodillas.
Acuérdate que eres, junto a tu hermano el negro,

para esta hora suprema nuestra única esperanza. 

martes, 25 de noviembre de 2025

Imagen de Escritor Manuel Acuña


A ASUNCIÓN
        EN SU ÁLBUM

Manuel Acuña

Mire usted, Asunción: aunque algún ángel
Metiéndose a envidioso,
Conciba allá en el cielo el mal capricho
De venir por la noche a hacerle el oso
Y en un acto glorioso
Llevársela de aquí, como le ha dicho
No sé que nigromante misterioso,
No vaya usted, por Dios, a hacerle caso,
Ni a dar con el tal ángel un mal paso;
Estese usted dormida,
Debajo de las sábanas metida,
Y deje usted que la hable
Y que la vuelva a hablar y que se endiable,
Que entonces con un dedo
Puesto sobre otro en cruz, ¡afuera miedo!
No vaya usté a rendirse
Ante el ruego o las lágrimas y a irse...
Que donde usted nos deje
Por seguir en el vuelo a su Tenorio,
Después irá a llorar al purgatorio
Sin tener quien la mime, aunque se queje...
Conque mucho cuidado
Si siente usted un ángel a su lado,
Que yo, como su amigo,
Con tal que usted me lo permita,1
Le aconsejo y le digo
Que después de Rosario y Margarita
No admita usted más ángeles consigo.
Estese usted con ellas
Compartiendo delicias e ilusiones
Todas las horas tienen que ser bellas;
Viva usted muchos años
(Como un humilde criado le diría)
Y mañana que sola o entre extraños
Se encuentre por desgracia en este día,
Si busca usted una alma que la ame,
Llame usted a mi pecho, y con que llame,

Si no estoy muerto encontrará la mía. 

domingo, 23 de noviembre de 2025

Pintura del Mar autor desconocido


SIGO EL PALINDROMO DEL MAR

Gerardo Fernández Bustos

 

Sigo el palíndromo del mar
—alguna vez, lo sé, su oleaje
traspasaba estas puertas,
discurría por estas calles
y balbucía su memoria de lluvia
entre las rendijas de esta
piedra.

Su desamparo se inscribía en el Lido
como un lamento que seca la arena.

Sé que me perderé
Sé que pasaré muchas veces por el mismo campo:
una gota de agua de lluvia
que se mezclará y se hará
laguna
y se estancará;
donde los peces son invisibles
y con ellos se escribe
el olvido sordo del mar.

Apagar las farolas
una a una
dos a dos
tres a tres
y dar con una ciudad pertrechada
para un largo invierno.
Venecia, tan llena de dones
que apenas puede saborear.

Caer borracho al agua
y hacer con mi cuerpo una bonita estampa
digna de una carta postal
            —habrá quien la recoja y
la amontone,
enriqueciendo su propio basurero.

Esperaba encontrar una ciudad
donde los gondoleros amasasen
estuarios de peces desaparecidos.
Canta tu canción, pájaro a rayas,
de lo que siempre fue primero
y se perdió,
y vuelve a enhebrarse
en cada señuelo que la ciudad da
al viajero.

El hombre ocultó la sal para poder nombrar
su propia supervivencia.
La vieja actriz se mira al espejo
y recuerda
tras la máscara
que algún día ella venció
a la naturaleza
sin saber que se venció a sí misma.

 

viernes, 21 de noviembre de 2025

Autor de la Pintura Hotel la Parada: Ernest Descals

 Octavio Paz

              I

A la luz cenicienta del recuerdo
que quiere redimir lo ya vivido
arde el ayer fantasma. ¿Yo soy ese
que baila al pie del árbol y delira
con nubes que son cuerpos que son olas,
con cuerpos que son nubes que son playas?
¿Soy el que toca el agua y canta el agua,
la nube y vuela, el árbol y echa hojas,
un cuerpo y se despierta y le contesta?
Arde el tiempo fantasma:
arde el ayer, el hoy se quema y el mañana.
Todo lo que soñé dura un minuto
y es un minuto todo lo vivido.
Pero no importan siglos o minutos:
también el tiempo de la estrella es tiempo,
gota de sangre o fuego: parpadeo.

              II

Roza mi frente con sus manos frías
el río del pasado y sus memorias
huyen bajo mis párpados de piedra.
No se detiene nunca su carrera
y yo, desde mí mismo, lo despido.
¿Huye de mí el pasado?
¿Huyo con él y aquel que lo despide
es una sombra que me finge, hueca?
Quizá no es él quien huye: yo me alejo
y él no me sigue, ajeno, consumado.
Aquel que fui se queda en la ribera.
No me recuerda nunca ni me busca,
no me contempla ni despide:
contempla, busca a otro fugitivo.
Pero tampoco el otro lo recuerda.

              III

No hay  antes ni después. ¿Lo que viví
lo estoy viviendo todavía?
¡Lo que viví! ¿Fui acaso? Todo fluye:
lo que viví lo estoy muriendo todavía.
No tiene fin el tiempo: finge labios,
minutos, muerte, cielos, finge infiernos,
puertas que dan a nada y nadie cruza.
No hay fin, ni paraíso, ni domingo.
No nos espera Dios al fin de semana.
Duerme, no lo despiertan nuestros gritos.
Sólo el silencio lo despierta.
Cuando se calle todo y ya no canten
la sangre, los relojes, las estrellas,
Dios abrirá los ojos
y al reino de su nada volveremos.

Octavio Paz

              I

A la luz cenicienta del recuerdo
que quiere redimir lo ya vivido
arde el ayer fantasma. ¿Yo soy ese
que baila al pie del árbol y delira
con nubes que son cuerpos que son olas,
con cuerpos que son nubes que son playas?
¿Soy el que toca el agua y canta el agua,
la nube y vuela, el árbol y echa hojas,
un cuerpo y se despierta y le contesta?
Arde el tiempo fantasma:
arde el ayer, el hoy se quema y el mañana.
Todo lo que soñé dura un minuto
y es un minuto todo lo vivido.
Pero no importan siglos o minutos:
también el tiempo de la estrella es tiempo,
gota de sangre o fuego: parpadeo.

              II

Roza mi frente con sus manos frías
el río del pasado y sus memorias
huyen bajo mis párpados de piedra.
No se detiene nunca su carrera
y yo, desde mí mismo, lo despido.
¿Huye de mí el pasado?
¿Huyo con él y aquel que lo despide
es una sombra que me finge, hueca?
Quizá no es él quien huye: yo me alejo
y él no me sigue, ajeno, consumado.
Aquel que fui se queda en la ribera.
No me recuerda nunca ni me busca,
no me contempla ni despide:
contempla, busca a otro fugitivo.
Pero tampoco el otro lo recuerda.

              III

No hay  antes ni después. ¿Lo que viví
lo estoy viviendo todavía?
¡Lo que viví! ¿Fui acaso? Todo fluye:
lo que viví lo estoy muriendo todavía.
No tiene fin el tiempo: finge labios,
minutos, muerte, cielos, finge infiernos,
puertas que dan a nada y nadie cruza.
No hay fin, ni paraíso, ni domingo.
No nos espera Dios al fin de semana.
Duerme, no lo despiertan nuestros gritos.
Sólo el silencio lo despierta.
Cuando se calle todo y ya no canten
la sangre, los relojes, las estrellas,
Dios abrirá los ojos
y al reino de su nada volveremos.


















CUARTO DE HOTEL

Octavio Paz

              I

A la luz cenicienta del recuerdo
que quiere redimir lo ya vivido
arde el ayer fantasma. ¿Yo soy ese
que baila al pie del árbol y delira
con nubes que son cuerpos que son olas,
con cuerpos que son nubes que son playas?
¿Soy el que toca el agua y canta el agua,
la nube y vuela, el árbol y echa hojas,
un cuerpo y se despierta y le contesta?
Arde el tiempo fantasma:
arde el ayer, el hoy se quema y el mañana.
Todo lo que soñé dura un minuto
y es un minuto todo lo vivido.
Pero no importan siglos o minutos:
también el tiempo de la estrella es tiempo,
gota de sangre o fuego: parpadeo.

              II

Roza mi frente con sus manos frías
el río del pasado y sus memorias
huyen bajo mis párpados de piedra.
No se detiene nunca su carrera
y yo, desde mí mismo, lo despido.
¿Huye de mí el pasado?
¿Huyo con él y aquel que lo despide
es una sombra que me finge, hueca?
Quizá no es él quien huye: yo me alejo
y él no me sigue, ajeno, consumado.
Aquel que fui se queda en la ribera.
No me recuerda nunca ni me busca,
no me contempla ni despide:
contempla, busca a otro fugitivo.
Pero tampoco el otro lo recuerda.

              III

No hay  antes ni después. ¿Lo que viví
lo estoy viviendo todavía?
¡Lo que viví! ¿Fui acaso? Todo fluye:
lo que viví lo estoy muriendo todavía.
No tiene fin el tiempo: finge labios,
minutos, muerte, cielos, finge infiernos,
puertas que dan a nada y nadie cruza.
No hay fin, ni paraíso, ni domingo.
No nos espera Dios al fin de semana.
Duerme, no lo despiertan nuestros gritos.
Sólo el silencio lo despierta.
Cuando se calle todo y ya no canten
la sangre, los relojes, las estrellas,
Dios abrirá los ojos

y al reino de su nada volveremos. 

miércoles, 19 de noviembre de 2025


TU TE AMO Y MI TE QUIERO

Juan Leandro Alzugaray

 

¡Te quiero!, te decía enamorado...
¡Yo te amo!, respondías con fervor,
Tu te quiero es cariño limitado...
Mi te amo, es por siempre eterno amor

No mi vida, te decía replicando,
mi te quiero obnubila la razón,
si solo pienso en verte cuando,
y mi mente desborda de ilusión...

Pero un te amo es todo lo que espero,
mis oídos te lo ruegan, por favor...
Contestabas que te quiero es pasajero
Y un te amo... verdadero amor

Entonces te regalé de mi boca
mil te amo desbordantes de calor,
igual toda expresión era poca...
¿Convertir en palabras tanto amor?

Hoy, el tiempo, que lento ha pasado,
demuestra que trampas siempre conoció,
hace años tus te amo se ha llevado
pero de llevarse mis te quiero olvidó...

Porque mi te quiero pasajero sigue vivo
aunque tu te amo eterno se murió...
perdóname si entenderlo no consigo
Finalmente... ¿Quien de ambos más amó?

Conclusión...

No te pierda la palabra adornada
que te inventa un castillo de ilusión
muchas veces se regala de la nada
y termina olvidada en un colchón

Porque ninguna palabra representa
lo que dentro siente el corazón
un te quiero, un te amo, esta en venta
en cualquier puerto, esquina o callejón

Si quieres asegurarte quien te ama
no confundas sexo con amor,
ni te guíes por la forma en que te llama
quien te pinta mil peces de color

Por eso, si el amor es verdadero,
deja que te llame como decida,
porque te amo es lo mismo que te quiero
cuando el sentimiento es de por vida

Y para ti, dueña de un te amo pasajero
que en tu vida tengas lo mejor,
ojalá encuentres un cariño, que sincero,

te de un te quiero como el mio, eterno amor 

lunes, 17 de noviembre de 2025

Imagen del: Che Guevara


CANCIÓN ANTIGUA A CHE GUEVARA

Mirta Aguirre

 

—¿Dónde estás, caballero Bayardo,

caballero sin miedo y sin tacha?

—En el viento, señora, en la racha

que aciclona la llama en que ardo.

— ¿Dónde estás, caballero gallardo,

caballero sin tacha y sin miedo?

—En la flor que a mi vida concedo:

en el cardo, señora, en el cardo.

—¿Dónde estás, caballero seguro,

caballero del cierto destino?

—Con la espada aclarando camino

al futuro, señora, al futuro.

—¿Dónde estás, caballero el más puro,

caballero el mejor caballero?

— Encendiendo el hachón guerrillero

en lo oscuro, señora, en lo oscuro.

—¿Dónde estás, caballero el más fuerte,

caballero del alba encendida?

—En la sangre, en el polvo, en la herida,

en la muerte, señora, en la muerte.

—¿Dónde estás, caballero ya inerte,

caballero ya inmóvil y andante?

—En aquel que haga suyo mi guante

y mi suerte, señora, mi suerte.

—¿Dónde estás, caballero de gloria,

caballero entre tantos primero?

—Hecho saga en la muerte que muero:

hecho historia, señora, hecho historia. 

sábado, 15 de noviembre de 2025

Imagen de :Delmira Agustini


A LO LEJOS...

Delmira Agustini

 

Tu vida viuda enjoyará aquel día...

En la gracia silvestre de la aldea

Era una llaga tu perfil arcano;

Insólito, alarmante sugería

El esmalte de espléndida presea

Sobre un pecho serrano.

 

Por boca de la abierta ventana suspiraba

Toda la huerta en flor, era por puro

Toda la aldea el cuarto asoleado;

¿Recuerdas?... Sobre mí se proyectaba,

Más mortal que tu sombra sobre el muro,

Tu solemne tristeza de extraviado...

Tus manos alargadas de tenderse al Destino,

Todopalidecidas de amortajar quimeras,

Parecían tocarme de muy lejos...

Tus ojos eran un infinito camino

Y crecían las lunas nuevas de tus ojeras;

En solo un beso nos hicimos viejos...

 

—¡Oh beso!... flor de cuatro pétalos... dos de Ciencia

Y dos iluminados de inocencia…

El cáliz una sima embriagante y sombría...

Por un milagro de melancolía,

Mármol ó bronce me rompí en tu mano

Derramando mi espíritu, tal un pomo de esencia.

 

Tu vida viuda enjoyará aquel día...

Mi nostalgia ha pintado tu perfil Wagneriano

Sobre el velo tremendo de la ausencia. 

jueves, 13 de noviembre de 2025

Imagen de :Claudia Ainchil


RETRATO DE UN VUELO

Claudia Ainchil

 

¿Es tarde? pregunto

el silencio humoso nos mira

queda atrapado en un esbozo

los viajes a anhelos indefinidos

vienen

es temprano? vorazmente

escaleras llevan a algún sitio

a extender piernas caderas pies

a lechos trance de amor sudorosos

y la muchedumbre agolpada queriendo saber

siempre queremos saber cuán oscura

es la profundidad.

Existimos a medida que nuestra condición de pasajeros

no permite detenerse en ningún sitio,

queremos saber si un instante equivale a eternidad

tal vez sólo es instante

entorpecido ademán de un aire alcohólico.

No supiste contestarme

otros tampoco pudieron desenredar la maraña

por eso estoy aquí

por eso estoy aquí? pregunto

resuelve la dimensión de tu vuelo

pero ten cuidado. 

martes, 11 de noviembre de 2025

Imagen: Soledad

 

ALMA Y CUERPO

Miguel de Unamuno 

Enamorada de su cuerpo tu alma,

y por nupcial amor unimismados,

no como a cárcel al morir dejóla,

con el suspiro de quien queda libre,

sino como a un hogar en que se ansía

dejarse vivir siempre en la costumbre

que es la dicha. De raíz insondable

fue el sollozo postrero, la rotura

de la carne vencida y del espíritu

que se hizo carne. Se siguió el silencio.

Y al callar todo con silencio íntimo,

quedó en tinieblas todo; luz es música,

y, ¡ay del que ver creyendo no oye! Tu alma

sobre tinieblas frías recostada,

de la agonía descansando, mira

su compañero cuerpo, al que ha dejado

de la cruz en las garras, de los clavos

pendiente, y al mirarlo se entristece

de amor más vivo que la vida. ¿Cómo

sin él podrá tomar el Sol? ¿La lumbre

dónde prender podrá? ¿Dónde la mano

del Padre eterno encontrará asidero

para apuñarlo? Y al temor oscuro

de, sin vaso, fundirse en las tinieblas

y perderse cual viento libre, ansía

recogerse en su cuenca—carne y hueso—,

añora de su cuerpo la hermosura,

buscando ella, infinita, deslindarse;

las lindes quiere de su coto; ¡quiere

dentro de él abarcándose vivir! 

domingo, 9 de noviembre de 2025

Imagen de: Miguel Hernández


A MIGUEL HERNÁNDEZ, ASESINADO EN LOS PRESIDIOS DE ESPAÑA

Pablo Neruda

 

      Llegaste a mí directamente del Levante. Me traías,

      pastor de cabras, tu inocencia arrugada,

      la escolástica de viejas páginas, un olor

      a Fray Luis, a azahares, al estiércol quemado

      sobre los montes, y en tu máscara

      la aspereza cereal de la avena segada

      y una miel que medía la tierra con tus ojos.

 

      También el ruiseñor en tu boca traías.

      Un ruiseñor manchado de naranjas, un hilo

      de incorruptible canto, de fuerza deshojada.

      Ay, muchacho, en la luz sobrevino la pólvora

      y tú, con ruiseñor y con fusil, andando

      bajo la luna y bajo el sol de la batalla.

 

      Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes

      que para mí, de toda la poesía, tú eras el fuego azul.

      Hoy sobre la tierra pongo mi rostro y te escucho,

      te escucho, sangre, música, panal agonizante.

 

No he visto deslumbradora raza como la tuya,

ni raíces tan duras, ni manos de soldado,

ni he visto nada vivo como tu corazón

quemándose en la púrpura de mi propia bandera.

 

Joven eterno, vives, comunero de antaño,

inundado por gérmenes de trigo y primavera,

arrugado y oscuro, como el metal innato,

esperando el minuto que eleve tu armadura.

 

No estoy solo desde que has muerto. Estoy con los que te buscan.

Estoy con los que un día llegarán a vengarte.

Tú reconocerás mis pasos entre aquellos

que se despeñarán sobre el pecho de España

aplastando a Caín para que nos devuelva

los rostros enterrados.

Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.

Que sepan los que te dieron tormento que me verán un día.

Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre

en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos

de perra, silenciosos cómplices del verdugo,

que no será borrado tu martirio, y tu muerte

caerá sobre toda su luna de cobardes.

Y a los que te negaron en su laurel podrido,

en tierra americana, el espacio que cubres

con tu fluvial corona de rayo desangrado,

déjame darles yo el desdeñoso olvido

porque a mí me quisieron mutilar con tu ausencia.

 

        Miguel, lejos de la prisión de Osuna, lejos

        de la crueldad, Mao Tse-tung dirige

        tu poesía despedazada en el combate

        hacia nuestra victoria.

                                          Y Praga rumorosa

        construyendo la dulce colmena que cantaste,

        Hungría verde limpia sus graneros

        y baila junto al río que despertó del sueño.

 

        Y de Varsovia sube la sirena desnuda

        que edifica mostrando su cristalina espada.

 

        Y más allá la tierra se agiganta,

                                                        la tierra

        que visitó tu canto, y el acero

        que defendió tu patria están seguros,

        acrecentados sobre la firmeza

        de Stalin y sus hijos.

                                        Ya se acerca

        la luz a tu morada.

                                      Miguel de España, estrella

        de tierras arrasadas, no te olvido, hijo mío,

        no te olvido, hijo mío!

                                          Pero aprendí la vida

        con tu muerte: mis ojos se velaron apenas,

        y encontré en mí no el llanto,

        sino las armas

        inexorables!

                              Espéralas! Espérame! 

viernes, 7 de noviembre de 2025

Imagen de Antonio Gala


ALARGABA LA MANO Y ME TOCABA

Antonio Gala

 

Alargaba la mano y te tocaba.

Te tocaba: rozaba tu frontera,

el suave sitio donde tú terminas,

sólo míos el aire y mi ternura.

Tú moras en lugares indecibles,

indescifrable mar, lejana luz

que no puede apresarse.

Te me escapabas, de cristal y aroma,

por el aire, que entraba y que salía,

dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,

en el dintel de siempre, prisionero

de la celda exterior.

La libertad

hubiera sido herir tu pensamiento,

trasponer el umbral de tu mirada,

ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,

como una flor, la infancia , y aspirar

su esencia y devorarla. Hacer

comunes humo y piedra. Revocar

el mandato de ser. Entrar. Entrarnos

uno en el otro. Trasponer los últimos

límites. Reunirnos…..

Alargaba la mano y te tocaba.

Tú mirabas la luz y la gavilla.

Eras luz y gavilla, plenitud

en ti misma, rotunda como el mundo.

Caricias no valían, ni cuchillos,

ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,

sonriente, apartada, eterna tú.

Y yo, eterno, apartado, sonriente,

remitiéndote pactos inservibles,

alianzas de cera.

Todo estuvo de nuestra parte, pero

cuál  era nuestra parte, el punto

de coincidencia, el tacto

que pudo ser llamado sólo nuestro.

Una voz, en la calle, llama y otra

le responde. Dos manos se entrelazan.

Uno en otro, los labios se acomodan;

los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,

se abate, emperador de los encuentros.

¿Esto era amor? La soledad no sabe

qué responder: persiste, tiembla, anhela

destruirse. Impaciente

se derrama en las manos ofrecidas.

Una voz en la calle….Cuánto olor,

cuánto escenario para nada. Miro

tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;

tú, los míos: ¿esto se llama amor?

Permanecemos. Sí, permanecemos

no indiferentes, pero diferentes. Somos

tú y yo: los dos, desde la orilla

de la corriente, solos, desvalidos,

la piel alzada como un muro, solos

tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.

Idénticos en todo,

sólo en amor distintos.

La tristeza, sedosa, nos envuelve

como una niebla: ése es el lazo único;

ésa  la patria en que nos encontramos.

Por fin te identifico con mis huesos

en el candor de la desesperanza.

Aquí estamos nosotros: desvaídos

los dos, borrados, más difíciles,

a punto de no ser….¿Amor es esto?

¿Acaso amor es esta no existencia

de tanto ser? ¿Es este desvivirse

por vivir? Ya desangrado

de mí, ya inmóvil en ti, ya

alterado, el recuerdo se reanuda.

Se reanuda la inútil existencia….

Y alargaba la mano y te tocaba. 

miércoles, 5 de noviembre de 2025



DD:DD

Santiago Azar

 

Vamos a rajar la tierra,

vaciar el océano tan infinito,

respirar ese aire de entonces

y ver si los árboles me dicen algo,

si guardan secretos en sus raíces,

si en primavera tiritan de espanto

y las flores devuelven los rostros tragados por años.

Cómo es posible que a estos muchachos

se les vele en el sonido metálico de los cañones

y hagan una corona los gritos

enfilados de uno en uno,

como marchando en una mañana de uniformes.

Y estos muchachos, y las balas en la nuca!

Quién me dice dónde están?. Aquí los quiero,

como en aquellos días con una espada para el porvenir.

Y se me aparecen, pero no los tengo,

porque son tantos, son como el dolor repartido e inmenso,

en la sombra más amarga de quedar sin aliento.

Quién me puede decir dónde está esta memoria robada?

Para traer de vuelta a los pájaros de la mesa compartida.

Tráiganlos por nombres, no importa el orden,

en brazos, caminando o cantando.

 Ellos están más vivos que yo,

ninguno fue superado por el cuervo devorando el tiempo,

se armaron con puños y  apretaron los dientes

y la muerte salió corriendo asustada por la valentía

y los muertos hicieron realidad el sueño de la resurrección en una boca.

Tráiganlos a todos, que no falte ninguno,

que hable la espalda que esperó los balazos sin piedad,

que hable la jaula que se lleva a cuestas,

que hable la primavera coja en una mañana de humos,

que se le dé la palabra a los que perdieron la lengua.

Se los suplico, mírenme a los ojos derretidos por una lágrima,

díganme dónde están, como si en verdad fuese una llama,

tan inocente, tan tierna como libro de escuela.

Se los suplico a ustedes, enterrados en el patio trasero,

en el aliento de las caracolas de la miseria,

en los desiertos de un corazón amarrado,

háblenme sílaba por sílaba,

al principio de la vocal de la vida,

en la guitarra nueva con las cuerdas de un pueblo levantado.

Háblenme, muchachos, aquí estoy, soy de ustedes,

mi alma les pertenece, tiene vuestras pisadas gigantes,

levántense donde quiera que estén, vengan a mi casa,

he preparado el mejor de los almuerzos,

hay vino en todas las copas y un brindis esperando,

o si quieren yo los recojo y unto la boca en el océano,

o golpeo puerta por puerta, aquí en los campos,

en la indefinibles piedras de los ríos,

en los estadios inundados de rosas muertas,

en los cuarteles del hambre donde hicieron fe los lobos.

Pero aquí los espero, con toda la paciencia de una enfermedad que no para,

y estos besos de vuestras madres, y lo de mañana,

y el hijo clavado en la soledad de un apellido roto,

todos esto les pertenece, así como mis extremidades, mis miembros,

porque las estrellas de este Chile desatado,

se hincarán cuando pasen gritando al infinito sus nombres,

y verán que todos estaremos esperando vuestra llegada, ya no importa cómo,

porque por primera y única vez

la bandera de la patria flameará hacia los cuatro vientos

y un suspiro de descanso permitirá llorar este diluvio.