sábado, 31 de enero de 2026


ELEGÍA DE LEYLA KHÁLED

Meira Delmar


Lo mismo que una espiga
o el tallo de una flor,
te rompieron
los años del asombro y la ternura,
y asolaron la puerta de tu casa
para que entrara el viento del exilio.

Y comenzaste a andar,
la patria a cuestas,
la patria convertida en el recuerdo
de un sitio que borraron de los mapas,
y dolía más hondo cada hora,
y volvía más triste del silencio,
y gritaba más fuerte en el castigo.

Y un día, Leyla Kháled, noche pura,
noche herida de estrellas, te encontraste
los campos, las aldeas, los caminos,
tatuados en la piel de la memoria,
moviéndose en tu sangre roja y viva,
llenándote los ojos de sed suya,
las manos y los hombros de fusiles,
de fiera rebeldía los insomnios.

Y comenzaron a llamarte nombres
amargos de ignominia,
y te lanzaron voces como espinas
desde los cuatro puntos cardinales,
y marcaron tu paso con el hierro
del oprobio.

Tú, sorda y ciega, en medio
de las ávidas zarpas enemigas,
ardías en tu fuego, caminante
de frontera a frontera,
escudando tu pecho contra el odio
con la incierta certeza del regreso
a la tierra luctuosa de que fueras
por mil manos extrañas despojada.

Te vieron los desiertos, las ciudades,
la prisa de los trenes, afiebrada,
absorta en tu destino guerrillero,
negándote al amor y los sollozos,
perdiéndote por fin entre la sombra.

Nadie sabe, no sé, cuál fue tu rumbo,
si yaces bajo el polvo, si deambulas
por los valles del mar, profunda y sola,
o te mueves aún con la pisada
felina de la bestia que persiguen.

Nadie sabe. No sé. Pero te alzas
de repente en la niebla del desvelo,
iracunda y terrible, Leyla Kháled,
oveja en loba convertida, rosa

de dulce tacto en muerte transformada. 

jueves, 29 de enero de 2026


A COLÓN

Rubén Darío

¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.

Un desastroso espirítu posee tu tierra:
donde la tribu unida blandió sus mazas,
hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
se hieren y destrozan las mismas razas.

Al ídolo de piedra reemplaza ahora
el ídolo de carne que se entroniza,
y cada día alumbra la blanca aurora
en los campos fraternos sangre y ceniza.

Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
al son de los cañones y los clarines,
y hoy al favor siniestro de negros reyes
fraternizan los Judas con los Caínes.

Bebiendo la esparcida savia francesa
con nuestra boca indígena semiespañola,
día a día cantamos la Marsellesa
para acabar danzando la Carmañola.

Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
soñadas libertades yacen deshechas.
¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques,
a quienes las montañas daban las flechas!

Ellos eran soberbios, leales y francos,
ceñidas las cabezas de raras plumas;
¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
como los Atahualpas y Moctezumas!

Cuando en vientres de América cayó semilla
de la raza de hierro que fue de España,
mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
con la fuerza del indio de la montaña.

¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
no reflejaran nunca las blancas velas;
ni vieran las estrellas estupefactas
arribar a la orilla tus carabelas!

Libre como las águilas, vieran los montes
pasar los aborígenes por los boscajes,
persiguiendo los pumas y los bisontes
con el dardo certero de sus carcajes.

Que más valiera el jefe rudo y bizarro
que el soldado que en fango sus glorias finca,
que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
o temblar las heladas momias del Inca.

La cruz que nos llevaste padece mengua;
y tras encanalladas revoluciones,
la canalla escritora mancha la lengua
que escribieron Cervantes y Calderones.

Cristo va por las calles flaco y enclenque,
Barrabás tiene esclavos y charreteras,
y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque
han visto engalonadas a las panteras.

Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,

ruega a Dios por el mundo que descubriste! 

martes, 27 de enero de 2026


A LUIS, EL CARPINTERO DE AL LADO DE MI CASA

Leopoldo de Luis

Tú estás, Luis, trabajando tu madera,
dando artesana forma de instrumento
al pino azul, sacando de los troncos
los casi humanos y útiles objetos.

Tú con tu hacer fecundo, Luis. Tu sierra
y tu garlopa susurrante siento
tras la pared que nos separa. Escucho
en la materia vegetal tu empleo.
Oigo tus manos laboriosas mientras
labrar palabra verdadera intento,
desbrozar la palabra de sus ramas
secas, pulir el armonioso leño,
dar forma a esta materia que insumisa
en musical corteza oculta el hueso.

Esta materia en que trabajo apenas
suena bajo mi mano. En el silencio
tu vecindad se crece rumorosa.
Yo mis humildes materiales dejo
para escucharte. Pluma, papel, pobre
palabra que deshace el tiempo.

También quisiera yo lograr ahora
el seguro destino de tu esfuerzo.
El humano servicio de tu exacto
golpear. Un sencillo fin concreto
para los hombres. Como necesarios
utensilios, dejar palabras, versos,
sobre los que apoyar la vida. Como
lisas tablas de paz. Ser carpintero
de esas vivas maderas en que el hombre
ha de dejar su corazón, su peso,
reposando un instante. No es posible
cerrar oídos al sonoro ejemplo
de tu oficio artesano. No es posible
olvidar la materia en que ponemos
esta pasión diaria.

De las palabras crece un manifiesto
de sangre y de verdad. Una esperanza
luminosa y común. Callado obrero
de esa hermosa madera, cada día

trabajo contra el terco desaliento. 

domingo, 25 de enero de 2026

 

X. "BONSOIR..."

Amado Nervo

¡Buenas noches, mi amor, y hasta mañana!
Hasta mañana, sí, cuando amanezca,
y yo, después de más de cuarenta años
de incoherente soñar, abra y estriegue
los ojos del espíritu,
como quien ha dormido mucho, mucho,
y vaya lentamente despertando,
y, en una progresiva lucidez,
ate los cabos del ayer de mi alma
(antes de que la carne la ligara)
y de hoy prodigioso
en que habré de encontrarme, en ese plano
en que ya nada es ilusión y todo
es verdad...

               ¡Buenas noches, amor mío,
buenas noches! Yo quedo en las tinieblas
y tú volaste hacia el amanecer...
¡Hasta mañana, amor, hasta mañana!
Porque, aun en cuando el destino
acumulara lustro sobre lustro
de mi prisión por vida, son fugaces
esos lustros; sucédense los días
como rosarios, cuyas cuentas magnas
son los domingos...
Son los domingos, en que, con mis flores,
voy invariablemente al cementerio
donde yacen tus formas adoradas.
¿Cuántos ramos de flores
he llevado a tu tumba? No lo sé.
¿Cuántos he de llevar? Tal vez ya pocos.
¡Tal vez ya pocos! ¡Oh, qué perspectiva
deliciosa!

                 ¡Quizá el carcelero
se acerca con sus llaves resonantes
a abrir mi calabozo para siempre!
¿Es por ventura el eco de sus pasos
el que se oye, a través de la ventana,
avanzar por los quietos corredores?
¡Buenas noches, amor de mis amores!
Hasta luego, tal vez..., o hasta mañana.

viernes, 23 de enero de 2026


AGUA SEXUAL

Pablo Neruda

 

Rodando a goterones solos,

a gotas como dientes,

a espesos goterones de mermelada y sangre,

rodando a goterones

cae el agua,

como una espada en gotas,

como un desgarrador río de vidrio,

cae mordiendo,

golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma,

rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

 

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,

un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,

un movimiento agudo,

haciéndose, espesándose,

cae el agua,

a goterones lentos,

hacia su mar, hacia su seco océano,

hacia su ola sin agua.

 

Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,

bodegas, cigarras,

poblaciones, estímulos,

habitaciones, niñas

durmiendo con las manos en el corazón,

soñando con bandidos, con incendios,

veo barcos,

veo árboles de médula

erizados como gatos rabiosos,

veo sangre, puñales y medias de mujer,

y pelos de hombre,

veo camas, veo corredores donde grita una virgen,

veo frazadas y órganos y hoteles.

 

Veo los sueños sigilosos,

admito los postreros días,

y también los orígenes, y también los recuerdos,

como un párpado atrozmente levantado a la fuerza

estoy mirando.

 

Y entonces hay este sonido:

un ruido rojo de huesos,

un pegarse de carne,

y piernas amarillas como espigas juntándose.

Yo escucho entre el disparo de los besos,

escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

 

Estoy mirando, oyendo,

con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra,

y con las dos mitades del alma miro el mundo.

 

Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,

veo caer un agua sorda,

a goterones sordos.

 

Es como un huracán de gelatina,

como una catarata de espermas y medusas.

Veo correr un arco iris turbio.

Veo pasar sus aguas a través de los huesos. 

miércoles, 21 de enero de 2026


LOS SONETOS DE LA MUERTE

Gabriela Mistral

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!

II

Este largo cansancio se hará mayor un día,
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada vía,
por donde van los hombres, contentos de vivir...

Sentirás que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente...
¡y después hablaremos por una eternidad!

Sólo entonces sabrás el por qué no madura,
para las hondas huesas tu carne todavía,
tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.

Se hará luz en la zona de los sinos, oscura;
sabrás que en nuestra alianza signo de astros había
y, roto el pacto enorme, tenías que morir...

III

Malas manos tomaron tu vida desde el día
en que, a una señal de astros, dejara su plantel
nevado de azucenas. En gozo florecía.
Malas manos entraron trágicamente en él...

Y yo dije al Señor: ?«Por las sendas mortales
le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar!
¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales
o le hundes en el largo sueño que sabes dar!

»¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!
Su barca empuja un negro viento de tempestad.
Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor».

Se detuvo la barca rosa de su vivir...
¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?

¡Tú que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor! 

lunes, 19 de enero de 2026


LETANIAS DE LA TIERRA MUERTA

Alfonsina Storni

 

Llegará un día en que la raza humana
Se habrá secado como planta vana,

Y el viejo sol en el espacio sea
Carbón inútil de apagada tea.

Llegará un día en que el enfriado mundo
Será un silencio lúgubre y profundo:

Una gran sombra rodeará la esfera
Donde no volverá la primavera;

La tierra muerta, como un ojo ciego,
Seguirá andando siempre sin sosiego,

Pero en la sombra, a tientas, solitaria,
Sin un canto, ni un ¡ay!, ni una plegaria.

Sola, con sus criaturas preferidas
En el seno cansadas y dormidas.

(Madre que marcha aún con el veneno
de los hijos ya muertos en el seno.)

Ni una ciudad de pie... Ruinas y escombros
Soportará sobre los muertos hombros.

Desde allí arriba, negra la montaña
La mirará con expresión huraña.

Acaso el mar no será más que un duro
Bloque de hielo, como todo oscuro.

Y así, angustiado en su dureza, a solas
Soñará con sus buques y sus olas,

Y pasará los años en acecho
De un solo barco que le surque el pecho.

Y allá, donde la tierra se le aduna,
Ensoñará la playa con la luna,

Y ya nada tendrá más que el deseo,
Pues la luna será otro mausoleo.

En vano querrá el bloque mover bocas
Para tragar los hombres, y las rocas

Oír sobre ellas el horrendo grito
Del náufrago clamando al infinito:

Ya nada quedará; de polo a polo
Lo habrá barrido todo un viento solo:

Voluptuosas moradas de latinos
Y míseros refugios de beduinos;

Oscuras cuevas de los esquimales
Y finas y lujosas catedrales;

Y negros, y amarillos y cobrizos,
Y blancos y malayos y mestizos

Se mirarán entonces bajo tierra
Pidiéndose perdón por tanta guerra.

De las manos tomados, la redonda
Tierra, circundarán en una ronda.

Y gemirán en coro de lamentos:
¡Oh cuántos vanos, torpes sufrimientos!

?La tierra era un jardín lleno de rosas
Y lleno de ciudades primorosas;

?Se recostaban sobre ríos unas,
Otras sobre los bosques y lagunas.

?Entre ellas se tendían finos rieles,
Que eran a modo de esperanzas fieles,

?Y florecía el campo, y todo era
Risueño y fresco como una pradera;

?Y en vez de comprender, puñal en mano
Estábamos, hermano contra hermano;

?Calumniábanse entre ellas las mujeres
Y poblaban el mundo mercaderes;

?Íbamos todos contra el que era bueno
A cargarlo de lodo y de veneno...

?Y ahora, blancos huesos, la redonda
Tierra rodeamos en hermana ronda.

?Y de la humana, nuestra llamarada,
¡Sobre la tierra en pie no queda nada!

* * *

Pero quién sabe si una estatua muda
De pie no quede aún sola y desnuda.

Y así, surcando por las sombras, sea
El último refugio de la idea.

El último refugio de la forma
Que quiso definir de Dios la norma

Y que, aplastada por su sutileza,
Sin entenderla, dio con la belleza.

Y alguna dulce, cariñosa estrella,
Preguntará tal vez: ¿Quién es aquélla?

¿Quién es esa mujer que así se atreve,
Sola, en el mundo muerto que se mueve?

Y la amará por celestial instinto
Hasta que caiga al fin desde su plinto.

Y acaso un día, por piedad sin nombre
Hacia esta pobre tierra y hacia el hombre,

La luz de un sol que viaje pasajero
Vuelva a incendiarla en su fulgor primero,

Y le insinúe: Oh fatigada esfera:
¡Sueña un momento con la primavera!

?Absórbeme un instante: soy el alma
Universal que muda y no se calma...

¡Cómo se moverán bajo la tierra
Aquellos muertos que su seno encierra!

¡Cómo pujando hacia la luz divina
Querrán volar al que los ilumina!

Mas será en vano que los muertos ojos
Pretendan alcanzar los rayos rojos.

¡En vano! ¡En vano!... ¡Demasiado espesas
Serán las capas, ay, sobre sus huesas!...

Amontonados todos y vencidos,
Ya no podrán dejar los viejos nidos,

Y al llamado del astro pasajero,

Ningún hombre podrá gritar: ¡Yo quiero!... 

sábado, 17 de enero de 2026


A Miguel Hernández, asesinado en los presidios de España

Pablo Neruda

 

LLEGASTE a mí directamente del Levante. Me traías,
pastor de cabras, tu inocencia arrugada,
la escolástica de viejas páginas, un olor
a Fray Luis, a azahares, al estiércol quemado
sobre los montes, y en tu máscara
la aspereza cereal de la avena segada
y una miel que medía la tierra con tus ojos.

También el ruiseñor en tu boca traías.
Un ruiseñor manchado de naranjas, un hilo
de incorruptible canto, de fuerza deshojada.
Ay, muchacho, en la luz sobrevino la pólvora
y tú, con ruiseñor y con fusil, andando
bajo la luna y bajo el sol de la batalla.

Ya sabes, hijo mío, cuánto no pude hacer, ya sabes
que para mí, de toda la poesía, tú eras el fuego
azul.
Hoy sobre la tierra pongo mi rostro y te escucho,
te escucho, sangre, música, panal agonizante.

No he visto deslumbradora raza como la tuya,
ni raíces tan duras, ni manos de soldado,
ni he visto nada vivo como tu corazón
quemándose en la púrpura de mi propia bandera.

Joven eterno, vives, comunero de antaño,
inundado por gérmenes de trigo y primavera,
arrugado y oscuro como el metal innato,
esperando el minuto que eleve tu armadura.

No estoy solo desde que has muerto. Estoy con los que
te buscan.
Estoy con los que un día llegarán a vengarte.
Tú reconocerás mis pasos entre aquellos
que se despeñarán sobre el pecho de España
aplastando a Caín para que nos devuelva
los rostros enterrados.

Que sepan los que te mataron que pagarán con sangre.
Que sepan los que te dieron tormento que me verán
un día.
Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre
en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos
de perra, silenciosos cómplices del verdugo,
que no será borrado tu martirio, y tu muerte
caerá sobre toda su luna de cobardes.
Y a los que te negaron en su laurel podrido,
en tierra americana, el espacio que cubres
con tu fluvial corona de rayo desangrado,
déjame darles yo el desdeñoso olvido
porque a mí me quisieron mutilar con tu ausencia.

Miguel, lejos de la prisión de Osuna, lejos
de la crueldad, Mao Tse-tung dirige
tu poesía despedazada en el combate
hacia nuestra victoria.
Y Praga rumorosa
construyendo la dulce colmena que cantaste,
Hungría verde limpia sus graneros
y baila junto al río que despertó del sueño.
Y de Varsovia sube la sirena desnuda
que edifica mostrando su cristalina espada.

Y más allá la tierra se agiganta,
la tierra
que visitó tu canto, y el acero
que defendió tu patria están seguros,
acrecentados sobre la firmeza
de Stalin y sus hijos.
Ya se acerca
la luz a tu morada.
Miguel de España, estrella
de tierras arrasadas, no te olvido, hijo mío,
no te olvido, hijo mío!
Pero aprendí la vida
con tu muerte: mis ojos se velaron apenas,
y encontré en mí no el llanto,
sino las armas
inexorables!

· Espéralas! Espérame! 

jueves, 15 de enero de 2026

 


A FRANCISCO SARMIENTO

Baltasar del Alcazar

 

Deseáis, señor Sarmiento,
saber en estos mis años,
sujetos a tantos daños,
cómo me porto y sustento.

Yo os lo diré en brevedad,
porque la historia es bien breve,
y el daros gusto se os debe
con toda puntualidad.

Salido el sol por Oriente
de rayos acompañado,
me dan un güevo pasado
por agua, blando y caliente,

con dos tragos del que suelo
llamar yo néctar divino,
y a quién otros llaman vino,
porque nos vino del cielo.

Cuando el luminoso vaso
toca en la meridional,
distando por un igual
del Oriente y del Ocaso,

me dan, asada y cocida,
de una gruesa y gentil ave,
con tres veces del süave
licor que alegra la vida.

Después que, cayendo, viene
a dar en el mar Hesperio,
desamparado el imperio
que en este horizonte tiene,

me suelen dar a comer
tostadas en vino mulso,
que el enflaquecido pulso
restituyen a su ser.

Luego me cierran la puerta
y me entrego al dulce sueño;
dormido soy de otro dueño:
no sé de mi cosa cierta.

Hasta que, habiendo sol nuevo,
me cuentan cómo he dormido,
y así, de nuevo les pido
que me den néctar y güevo.

Ser vieja la casa es esto;
veo que se va cayendo;
voyle puntales poniendo,
porque no caiga tan presto.

Mas todo es vano artificio:
presto me dicen mis males
que han de faltar los puntales
y allanarse el edificio.

martes, 13 de enero de 2026

Imagen: Viento del Oeste

A MISS X, ENTERRADA EN EL VIENTO DEL OESTE

Rafael Alberti

  ¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!
  Blusas en las ventanas,
los peluqueros
lloran sin tu melena
—fuego rubio cortado—.
  ¡Ah, Miss X, Miss X sin sombrero,
alba sin colorete,
sola,
tan libre,
tú,
en el viento!
  No llevabas pendientes.
  Las modistas, de blanco, en los balcones,
perdidas por el cielo.
          —¡A ver!
                ¡Al fin!
                    ¿Qué?
                          ¡No!
              Sólo era un pájaro,
              no tú,
              Miss X niña.
El barman, ¡oh, qué triste!
    (Cerveza.
    Limonada.
    Whisky.
    Cocktail de ginebra.)
Ha pintado de negro las botellas.
Y las banderas,
alegrías del bar,
de negro, a media asta.
    ¡Y el cielo sin girar tu radiograma!
  Treinta barcos,
cuarenta hidroaviones
y un velero cargado de naranjas,
gritando por el mar y por las nubes.
Nada.

  ¡Ah, Miss X! ¿Adónde?
  S. M. el Rey de tu país no come.
No duerme el Rey.
Fuma.
Se muere por la costa en automóvil.
  Ministerios,
Bancos del oro,
Consulados,
Casinos,
Tiendas,
Parques,
cerrados.
  Y, mientras, tú, en el viento
—¿te aprietan los zapatos?—,
Miss X, de los mares
  —di, ¿te lastima el aire?—.
  ¡Ah, Miss X, Miss X, qué fastidio!
Bostezo.
        Adiós...
                Good bye...
  (Ya nadie piensa en ti. Las mariposas
de acero,
con las alas tronchadas,
incendiando los aires,
fijas sobre las dalias
movibles de los vientos.
Sol electrocutado.
Luna carbonizada.
Temor al oso blanco del invierno.
  Veda.
Prohibida la caza
marítima, celeste,
por orden del Gobierno.

  Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.) 














A MISS X, ENTERRADA EN EL VIENTO DEL OESTE

Rafael Alberti

  ¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!
  Blusas en las ventanas,
los peluqueros
lloran sin tu melena
—fuego rubio cortado—.
  ¡Ah, Miss X, Miss X sin sombrero,
alba sin colorete,
sola,
tan libre,
tú,
en el viento!
  No llevabas pendientes.
  Las modistas, de blanco, en los balcones,
perdidas por el cielo.
          —¡A ver!
                ¡Al fin!
                    ¿Qué?
                          ¡No!
              Sólo era un pájaro,
              no tú,
              Miss X niña.
El barman, ¡oh, qué triste!
    (Cerveza.
    Limonada.
    Whisky.
    Cocktail de ginebra.)
Ha pintado de negro las botellas.
Y las banderas,
alegrías del bar,
de negro, a media asta.
    ¡Y el cielo sin girar tu radiograma!
  Treinta barcos,
cuarenta hidroaviones
y un velero cargado de naranjas,
gritando por el mar y por las nubes.
Nada.

  ¡Ah, Miss X! ¿Adónde?
  S. M. el Rey de tu país no come.
No duerme el Rey.
Fuma.
Se muere por la costa en automóvil.
  Ministerios,
Bancos del oro,
Consulados,
Casinos,
Tiendas,
Parques,
cerrados.
  Y, mientras, tú, en el viento
—¿te aprietan los zapatos?—,
Miss X, de los mares
  —di, ¿te lastima el aire?—.
  ¡Ah, Miss X, Miss X, qué fastidio!
Bostezo.
        Adiós...
                Good bye...
  (Ya nadie piensa en ti. Las mariposas
de acero,
con las alas tronchadas,
incendiando los aires,
fijas sobre las dalias
movibles de los vientos.
Sol electrocutado.
Luna carbonizada.
Temor al oso blanco del invierno.
  Veda.
Prohibida la caza
marítima, celeste,
por orden del Gobierno.
  Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.)

domingo, 11 de enero de 2026


REDONDILLAS
 A UNA MELANCOLÍA DE AMOR

Gaspar Aguilar

Dama triste que en sufrir
sois tan valerosa y fuerte,
tened paciencia en vivir,
que no hay tan pesada muerte
como no poder morir.

La pena en vos vivirá,
y el contento morirá,
porque el ciego amor ordena
que sea inmortal la pena
por el sujeto en que está.

                        * * *

Mi corazón se arrepiente
de la empresa comenzada,
y quiere que le atormente,
más la libertad pasada
qu' el cautiverio presente.

Y aunque del dolor se guarde
no se llamará cobarde,
porque este arrepentimiento
no es porque vino el tormento,
sino porque vino tarde.

                        * * *

Y a tal extremo he llegado,
que vivo sin confianza
de remediar mi cuidado,
y no quiero la esperanza
por no mejorar de estado.

Mi alma esta pena elige,
y de contino la aflige
por una parte mi estrella,
y por otra parte aquélla
por quien mi estrella se rige.

                        * * *

Por el dolor que mantengo,
soy de mí propio homicida,
y a ser pelícano vengo,
que sustento con mi vida
los pensamientos que tengo.

En esta congoja brava,
la vida por ser esclava
de los males es querida,
y la muerte aborrecida

porque los males acaba. 

viernes, 9 de enero de 2026

 

REDONDILLAS.
A LA FÁBULA DE JÚPITER Y EUROPA

Gaspar Aguilar


El que derretido en oro
a Danae pudo engañar,
perdiendo más el decoro,
por las orillas del mar
pace convertido en toro
qu' en fuego de amor deshecho
busca remedio al dolor,
y aunque es Júpiter, se ha hecho
toro, porque es el amor
toro que brama en el pecho.

                        * * *

Llega Europa y enriquece
al mundo con su venida
y en verle no se entristece,
que la deidad escondida
por mil partes resplandece.
Jove le sale al encuentro
y caúsale algún recelo,
mas como el cielo es su centro,
viene encaminada al cielo
que está escondido allí dentro.

                        * * *

No le teme aunque es mujer
por ver su gran gentileza,
que muy grande había de ser,
pues delante la belleza
de Europa se pudo ver,
porque el resplandor tenía
del Tauro que está en los cielos,
y tal formado se había,
que él mismo tenía celos
del toro a quien parecía.

                        * * *

Ella, que menospreciaba
cualquier peligro de muerte,
cuando el toro la buscaba
huía, pero de suerte,
que huyendo más le llamaba.
Al fin, cuando la alcanzó,
corvó la luciente espalda
y el blanco pie le besó,
y ella con una guirnalda
la cabeza le adornó.

                        * * *

Y como le vino a cuenta
ver postrado el bello amante,
sobre su espalda se sienta,
dándole el cargo de Atlante
que a todo el cielo sustenta.
El toro con la doncella
hacia el mar camina luego
por apagar su centella
y encender un vivo fuego
en el pensamiento della.

                        * * *

Ella, viendo el mal visible,
aunque del cielo blasfeme,
teme lo qu' es imposible,
qu' es caer, pero no teme
del dios el furor terrible.
El cual, como se apresura,
llega a la isla de Creta,
donde vuelta esta figura
en su figura perfeta,
gozó de la cojuntura.

miércoles, 7 de enero de 2026


¡QUIÉN SUPIERA ESCRIBIR!

Ramon de Campoamor

       I

—Escribidme una carta, señor Cura.
            —Ya sé para quién es.
—¿Sabéis quién es, porque una noche oscura
            Nos visteis juntos? —Pues.

—Perdonad; mas... —No extraño ese tropiezo.
            La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:
            Mi querido Ramón:

—¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
            —Si no queréis... —¡Sí, sí!
—¡Qué triste estoy! ¿No es eso? —Por supuesto.
            —¡Qué triste estoy sin ti!

Una congoja, al empezar, me viene...
            —¿Cómo sabéis mi mal?
—Para un viejo, una niña siempre tiene
            El pecho de cristal.

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura,
            ¿Y contigo? Un edén.
— Haced la letra clara, señor Cura;
            Que lo entienda eso bien.

—El beso aquel que de marchar a punto
            Te di... —¿Cómo sabéis?...
—Cuando se va y se viene y se está junto
            Siempre... no os afrentéis.

Y si volver tu afecto no procura,
            Tanto me harás sufrir...
—¿Sufrir y nada más? No, señor Cura,
            ¡Que me voy a morir!

—¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?...
            —Pues, sí, señor, ¡morir!
—Yo no pongo morir. —¡Qué hombre de hielo!
            ¡Quién supiera escribir!

              II

¡Señor Rector, señor Rector! en vano
            Me queréis complacer,
Si no encarnan los signos de la mano
            Todo el ser de mi ser.

Escribidle, por Dios, que el alma mía
            Ya en mí no quiere estar;
Que la pena no me ahoga cada día...
            Porque puedo llorar.

Que mis labios, las rosas de su aliento,
            No se saben abrir;
Que olvidan de la risa el movimiento
            A fuerza de sentir.

Que mis ojos, que él tiene por tan bellos,
            Cargados con mi afán,
Como no tienen quien se mire en ellos,
            Cerrados siempre están.

Que es, de cuantos tormentos he sufrido,
            La ausencia el más atroz;
Que es un perpetuo sueño de mi oído
            El eco de su voz...

Que siendo por su causa, el alma mía
            ¡Goza tanto en sufrir!...
Dios mío ¡cuántas cosas le diría
            Si supiera escribir!...

              III

        EPÍLOGO

—Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo:
            A don Ramón... En fin,
Que es inútil saber para esto arguyo

            Ni el griego ni el latín. 

lunes, 5 de enero de 2026


LO QUE HACE EL TIEMPO

A Blanca Rosa de Osma

Ramon de Campoamor

 

Con mis coplas, Blanca Rosa,
Tal vez te cause cuidados
          Por cantar
Con la voz ya temblorosa,
Y los ojos ya cansados
          De llorar.

Hoy para ti sólo hay glorias,
Y danzas y flores bellas;
          Mas después,
Se alzarán tristes memorias,
Hasta de las mismas huellas
          De tus pies.

En tus fiestas seductoras
¿No oyes del alma en lo interno
          Un rumor,
Que lúgubre a todas horas,
Nos dice que no es eterno
          Nuestro amor?

¡Cuánto a creer se resiste
Una verdad tan odiosa
          Tu bondad!
¡Y esto fuera menos triste
Si no fuera, Blanca Rosa,
          Tan verdad!

Te aseguro, como amigo,
Que es muy raro, y no te extrañe,
          Amar bien.
Siento decir lo que digo;
Pero ¿quieres que te engañe
          Yo también?

Pasa un viento arrebatado,
Viene amor, y a dos en uno
          Funde Dios;
Sopla el desamor helado,
Y vuelve a hacer, importuno,
          De uno, dos.

Que amor, de egoísmo lleno,
A su gusto se acomoda
          Bien y mal;
En él hasta herir es bueno,
Se ama o no ama, aquí está toda
          Su moral.

¡Oh! ¡qué bien cumple el amante,
Cuando aun tiene la inocencia,
          Su deber!
Y ¡cómo, más adelante,
Aviene con su conciencia
          Su placer!

¿Y es culpable el que, sediento,
Buscando va en nuevos lazos
          Otro amor?
¡Sí! culpable como el viento
Que, al pasar, hace pedazos
          Una flor.

¿Verdad que es abominable
Que el corazón vagabundo
          Mude así,
Sin ser por ello culpable,
Porque esto pasa en el mundo
          Porque sí?

Se ama una vez sin medida,
Y aun se vuelve a amar sin tino
          Más de dos.
¡Cuán versátil es la vida!
¡Cuán vano es nuestro destino,
          Santo Dios!

Él lleve tu labio ayuno
A algún manantial querido
          De placer,
Donde dichosa, ninguno
Te enseñe nunca el olvido
          Del deber.

Siempre el destino inconstante
Nos da cual vil usurero
          Su favor:
Da amor primero y no amante;
Después mucho amante, pero
          Poco amor.

Tranquila a veces reposa,
Y otras se marcha volando
          Nuestra fe.
Y esto pasa, Blanca Rosa,
Sin saber cómo, ni cuándo,
          Ni por qué.

Nunca es estable el deseo,
Ni he visto jamás terneza
          Siempre igual.
Y ¿a qué negarlo? No creo
Ni del bien en la fijeza,
          Ni del mal.

Este ir y venir sin tasa,
Y este moverse impaciente,
          Pasa así,
Porque así ha pasado y pasa,
Porque sí, y ¡ay! solamente
          Porque sí.

¡Cuán inútil es que huyamos
De los fáciles amores
          Con horror,
Si cuanto más las pisamos,
Más nos embriagan las flores
          Con su olor!

El cielo sin duda envía
La lucha a la tormentosa
          Juventud;
Pues ¿qué mérito tendría
Sin esfuerzos, Blanca Rosa,
          La virtud?

¡Ay! un alma inteligente,
Siempre en nuestra alma divisa
          Una flor,
Que se abre infaliblemente
Al soplo de alguna brisa
          De otro amor.

Mw dirás: —¿Y en qué consiste
Que todo a mudar convida?—
          ¡Ay de mí!
En que la vida es muy triste...
Pero aunque triste, la vida
          Es así.

Y si no es amor el vaso
Donde el sobrante se vierte
          Del dolor,
Pregunto yo: —¿Es digno acaso
De ocuparnos vida y muerte
          Tal amor?—

Nunca sepas, Blanca Rosa,
Que es la dicha una locura,
          Cual yo sé;
Si quieres ser venturosa,
Ten mucha fe en la ventura,
          Mucha fe.

Si eres feliz algún día,
¡Guay, que el recuerdo tirano
          De otro amor
No se filtre en tu alegría,
Cual se desliza un gusano
          Roedor!

Tú eres de las almas buenas,
Cuyos honrados amores
          Siempre son
Los que bendicen sus penas,
Penas que se abren en llores
          De pasión.

Con tus visiones hermosas,
Nunca de tu alma el abismo
          Llenarás,
Pues la fuerza de las cosas
Puede más que Hércules mismo,
          ¡Mucho más!...

Si huye una vez la ventura,
Nadie después ve las flores
          Renacer
Que cubren la sepultura
De los recuerdos traidores
          Del ayer.

¿Y quién es el responsable
De hacer tragar sin medida
          Tanta hiel?
¡La vida! ¡esa es la culpable!
La vida, sólo es la vida
          Nuestra infiel.

La vida, que desalada,
De un vértigo del infierno
          Corre en pos:
Ella corre hacia la nada;
¿Quieres ir hacia lo eterno?
          Ve hacia Dios.

¡Sí! corre hacia Dios, y Él haga
Que tengas siempre una vieja
          Juventud.
La tumba todo lo traga;
Sólo de tragarse deja

          La virtud.