jueves, 12 de julio de 2012

DAMA LUMINOSA



Dama luminosa,
bosque encantado,
dioses eternamente
jóvenes, cabalgando,
cabalgando las riendas
de un blanquísimo unicornio
en la infancia medieval
de este ensueño táctil, ciego.


Tu pálida y hermosa desnudez
levanta remolinos otoñales
de hojas mágicas,
árboles vivísimos y ancianos,
musgosos brocados,
jóvenes eternamente
deificados, cabalgando,
cabalgando a la dama
prisionera del bosque
pero dueña del alma del mundo.

Engéndrase así el tiempo,
lento y voraz como el fuego
vibrante, como el viento
arrasador, como el agua
en su espejo, como la tierra
de la diosa germinal.

El sexo en el bosque
es sagrado, la dama luminosa
expande en silencio su trueno
destructor, tu cabeza estalla
en orgasmo de luz omnipotente
y en extraña cópula
feliz y hermafrodita.

Jerarquía de dioses cabalgando
las riendas luminosas y vibrantes
de la juventud.
Bendita inocencia.
Bendita ignorancia.
Bendita cópula sagrada
que nos une al pueblo inmortal.

Dama luminosa eternamente
extática
en el centro del bosque.
Tu mirada retumba el pensamiento
y el desnudo adolescente se te ofrece
en total abandono.
Cabalgando,
cabalgando el milagro imposible del mundo.

José Mª Herranz (Inédito) 

miércoles, 11 de julio de 2012

EL CIRCULO SE CIERRA


El círculo se cierra, la memoria,
madrastra, por encima
de los días felices, me conduce
hasta la juventud, me abandona en la gruta
interior donde aguarda,
como una estalactita, la tristeza.

O se abre a la piedad
de los únicos dioses pertrechados
de infierno y paraíso.
Del infierno ya sé: Auschwitz, Guantánamo
interminables.
El paraíso exige más imaginación. Sólo consigo
imaginar un cuerpo de veinte años,
sus ángeles, arcángeles,
tronos y potestades.

El círculo se cierra o es mi boca que se abre
 a otra boca: balsámico sabor
                                             de la nada.


Aureliano Cañadas

martes, 10 de julio de 2012

SIN ADIOS




Qué distinto el amor es junto al mar
que en mi tierra nativa, cautiva, a la que siempre
cantaré,
a la orilla del temple de sus ríos,
con su inocencia y su clarividencia,
con esa compañía que estremece,
viendo caer la verdadera lágrima
del cielo
cuando la noche es larga
y el alba es clara.

Nunca sé por qué siento
compañero a mi cuerpo, que es augurio y refugio.
Y ahora, frente al mar,
qué urdimbre la del trigo,
la del oleaje,
qué hilatura, qué plena cosecha
encajan, sueldan, curvan
mi amor.

El movimiento curvo de las olas,
por la mañana,
tan distinto al nocturno,
tan semejante al de los sembrados,
se va entrando en
el rumor misterioso de tu cuerpo,
hoy que hay mareas vivas
y el amor está gris perla, casi mate,
como el color del álamo en octubre.

El soñar es sencillo, pero no el contemplar.
Y ahora, al amanecer, cuando conviene
saber y obrar,
cómo suena contigo esta desnuda costa.

Cuando el amor y el mar
son una sola marejada, sin que el viento nordeste
pueda romper este recogimiento,
esta semilla sobrecogedora,
esta tierra, este agua
aquí, en el puerto,
donde ya no hay adiós, sino ancla pura


Claudio Rodríguez



lunes, 9 de julio de 2012

SOLOS



Para liarse a golpes es preciso
estar solos
 y había tanta gente
a nuestro alrededor. Ah, si de pronto
se hubieran muerto todos, si el mundo hubiera sido
sólo un vasto silencio para nuestras palabras.

Quién habría matado a quién. Con tal
de que hubieras mordido mi boca ensangrentada,
de que un instante sólo hubieras puesto
esta cabeza tonta que decías
sobre tu pecho; hubieras
susurrado mi nombre una vez más.
Para liarse a golpes es preciso estar solos
como para hacer el amor.


Aureliano Cañadas