viernes, 4 de octubre de 2013

ANSARES DE MENGA



Ánsares de Menga
Al arroyo van:
Ellos visten nieve,
Él corre cristal.

El arroyo espera
Las hermosas aves,
Que cisnes suaves
Son de su ribera;
Cuya Venus era
Hija de Pascual.
Ellos visten nieve,
Él corre cristal.

Pudiera la pluma
Del menos bizarro
Conducir el carro
De la que fue espuma.
En beldad, no en suma,
Lucido caudal,
Ellos visten nieve,
Él corre cristal.

Trenzado el cabello
Los sigue Minguilla,
Y en la verde orilla
Desnuda el pie bello,
Granjeando en ello
Marfil oriental
Ellos -(los que)- visten nieve,
Él corre cristal.

La agua apenas trata
Cuando dirás que
Se desata el pie,
Y no se desata,
Plata dando a plata
Con que, liberal,
Los viste de nieve,
Le presta cristal


Luis de Góngora

jueves, 3 de octubre de 2013

EL SELLO PERSONAL



Estos son mis dos pies, mi error de nacimiento,
mi condena visible a volver a caer una vez más bajo las
                (implacables ruedas del zodíaco,
si no logran volar.
No son bases del templo ni piedras del hogar.
Apenas si dos pies, anfibios, enigmáticos,
remotos como dos serafines mutilados por la desgarradura
                 (del camino.

Son mis pies para el paso,
paso a paso sobre todos los muertos,
remontando la muerte con punta y con talón,
cautivos en la jaula de esta noche que debo atravesar y corre
                 (junto a mí.

Pies sobre brasas, pies sobre cuchillos,
marcados por el hierro de los diez mandamientos:
dos mártires anónimos tenaces en partir,
dispuestos a golpear en las cerradas puertas del planeta
y a dejar su señal de polvo y obediencia como una huella más,
apenas descifrable entre los remolinos que barren el umbral.

Pies dueños de la tierra,
pies de horizonte que huye,
pulidos como joyas al aliento del sol y al roce del guijarro:
dos pródigos radiantes royendo mi porvenir en los huesos del presente,
dispersando al pasar los rastros de ese reino prometido
que cambia de lugar y se escurre debajo de la hierba a
                   (medida que avanzo.
¡Qué instrumentos ineptos para salir y para entrar!
Y ninguna evidencia, ningún sello de predestinación bajo mis pies,
después de tantos viajes a la misma frontera.
Nada más que este abismo entre los dos,
esta ausencia inminente que me arrebata siempre hacia adelante,
y este soplo de encuentro y desencuentro sobre cada pisada.
¡Condición prodigiosa y miserable!
He caído en la trampa de estos pies
como un rehén del cielo o del infierno que se interroga en vano
                   (por su especie,
que no entiende sus huesos ni su piel,
ni esta perseverancia de coleóptero solo,
ni este tam-tam con que se le convoca a un eterno retorno.
¿Y adónde va este ser inmenso, legendario, increíble,
que despliega su vivo laberinto como una pesadilla,
aquí, todavía de pie,
sobre dos fugitivos delirios de la espuma, debajo del diluvio?


Olga Orozco

miércoles, 2 de octubre de 2013

SETENTA BALCONES Y NINGUNA FLOR


Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza
¡dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta lleno de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá una clave...

¡Setenta balcones y ninguna flor!


Baldomero Fernández Moreno

martes, 1 de octubre de 2013

TORRE DE MARFIL



Perdí tu amor y tu belleza,
pasó el encanto juvenil,
¡y me quedé con mi tristeza
en esta Torre de Marfil...

Guardan el puente dos leones
desde su altivo pedestal
y la portada seis dragones
y una serpiente colosal...

Con la templanza de los viejos
monjes ascetas, vivo lejos
de lo mundano y de lo vil,

sin más insignia de nobleza,
que mi bandera de Tristeza,
sobre mi Torre de Marfil...


Rubén C. Navarro