viernes, 8 de noviembre de 2013

NO ME CONDENES


Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre:
ojos inusitados de sulfato de cobre. 

Llamábase María; vivía en un suburbio,
y no hubo entre nosotros ni sombra ni disturbio. 

Acabamos de golpe: su domicilio estaba
contiguo a la estación de los ferrocarriles,
y ¿qué noviazgo puede ser duradero entre
campanadas centrífugas y silbatos febriles?
El reloj de su sala desgajaba las ocho;
era diciembre, y yo departía con ella
bajo la limpidez glacial de cada estrella. 

El gendarme, remiso a mi intriga inocente,
hubo de ser, al fin, forzoso confidente.

María se mostraba incrédula y tristona:
yo no tenía traza de una buena persona. 

¿Olvidarás acaso, corazón forastero,
el acierto nativo de aquella señorita
que oía y desoía tu pregón embustero?
Su desconfiar ingénito era ratificado
por los perros noctívagos, en cuya algarabía
reforzábase el duro presagio de María.

¡Perdón, María! Novia triste, no me condenes;
cuando oscile el quinqué y se abatan las ocho,
cuando el sillón te mezca, cuando ululen los trenes,
cuando trabes los dedos por detrás de tu nuca,
no me juzgues más pérfido que uno de los silbatos
que turban tu faena y tus recatos.


Ramon Lopez Velarde


jueves, 7 de noviembre de 2013

CANTARES


Vino, sentimiento, guitarra y poesía
hacen los cantares de la patria mía.
Cantares...
Quien dice cantares dice Andalucía.

A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.

La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.

No importa la vida, que ya está perdida,
y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.

Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,
ojos negros, negros, y negra la suerte...
Cantares...
En ellos el alma del alma se vierte.

Cantares. Cantares de la patria mía,
quien dice cantares dice Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.



Manuel Machado

miércoles, 6 de noviembre de 2013

ELEUSIS



Se perdió en las vagas
selvas de un ensueño,
y sólo de espaldas
la vi desde lejos...
Como una caricia
dorada, el cabello,
tendido, sus hombros
cubría. Y, al verlo,
siguióla mi alma
y fuese muy lejos,
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.

Se fue hasta el castillo
del burgrave fiero,
que está en la alta roca:
los puentes cayeron
y se despertaron
los sones del hierro.

Pasamos... Mi alma,

tras ella corriendo,
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.

Se fue hasta las verdes
llanuras de Jonia; y el templo
cruzó de Partenes.

Del mármol eterno

dejó las regiones...
Y se fue más lejos
con mi alma, dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.

Oro y negras piedras,
y muros inmensos,
y tumbas enormes
—sepulcro de un pueblo
que mira hacia Oriente
con sus ojos muertos—.

Siguió... Y arrastraba

mi alma más lejos,
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.

Siguió; entre menhires
pasamos y horrendos
despojos de fieras...

Siguió; y a lo lejos,

perdióse en las selvas
oscuras del sueño
dejándome solo,
no sé si dormido o despierto.


Manuel Machado

martes, 5 de noviembre de 2013

INDOLENCIA



A pesar de mí misma te amo; eres tan vano 
como hermoso, y me dice, vigilante, el orgullo: 
«¿Para esto elegías? Gusto bajo es el tuyo; 
no te vendas a nada, ni a un perfil de romano» 

Y me dicta el deseo, tenebroso y pagano, 
de abrirte un ancho tajo por donde tu murmullo 
vital fuera colado... Sólo muerto mi arrullo 
más dulce te envolviera, buscando boca y mano. 

?¿Salomé rediviva? ?Son más pobres mis gestos. 
Ya para cosas trágicas malos tiempos son éstos. 
Yo soy la que incompleta vive siempre su vida. 

Pues no pierde su línea por una fiesta griega 
y al acaso indeciso, ondulante, se pliega 
con los ojos lejanos y el alma distraída.


Alfonsina Storni