miércoles, 3 de septiembre de 2014

ADIÓS


 Adiós para siempre, mitad de mi vida,
un alma tan sólo teníamos los dos;
mas hoy es preciso que esta alma divida
la amarga palabra del último adiós.


¿Por qué nos separan? ¿No saben acaso
que pasa la vida cual pasa la flor?
cruzamos el mundo como aves de paso...
mañana la tumba, ¿por qué hoy el dolor?


¿La dicha secreta de dos que se adoran
enoja a los cielos, y es fuerza sufrir?
¿Tan sólo son gratas las almas que lloran
al torvo destino?... ¿La ley es morir?...


¿Quién es el destino?... Te arroja a mis brazos,
en mi alma te imprime, te infunde en mi ser,
y bárbaro luego me arranca a pedazos
el alma y la vida contigo... ¿por qué?


Adiós... es preciso. No llores... y parte.
La dicha de vernos nos quitan no más;
pero un solo instante dejar de adorarte,
hacer que te olvide, ¿lo pueden? ¡Jamás!


Con lazos eternos nos hemos unido;
en vano el destino nos hiere a los dos...
¡las almas que se aman no tienen olvido,
no tienen ausencia, no tienen adiós!



Manuel Maria Flores

martes, 2 de septiembre de 2014

LA HABITACION CERRADA



No hay azar esta vez,
sólo fidelidad, sólo constancia
en un lugar que intuyo
entre lo conocido y lo desconocido.


Mientras crecen los gatos del crepúsculo
y el jardín se oscurece, me doy cuenta
de que estamos allí,
uno al lado del otro en la penumbra
de una habitación en la que todo
nos parece cercano: las paredes, los cuadros,
el silencioso círculo de la madera.


Allí, en el desamparo de las casas
habitadas del mundo,
vivos en el sigilo de los muebles
y en los cielos abiertos por la imaginación de un hombre,
compartimos
la caída en el sueño de tu mano
sobre la inmensidad de otro vacío
que de pronto se colma.


Allí, mientras la noche
se arrastra lentamente debajo de la mesa
y los muros se enfrían,
alumbrados apenas por las cosas,
por su estremecimiento, por su reflejo último,
sólo estamos nosotros.


A la hora en que un hombre y una mujer descienden
por la única calle de dos gritos,
sólo el tiempo, el murmullo
de unas cuantas palabras en las profundidades
del agua de los labios.

Basilio Sanchez




lunes, 1 de septiembre de 2014

LA BASURA TAMBIEN




Con las imperturbables quijadas
de la lluvia,
con la piel de las frutas,
con mis primas las moscas,
con las toallas higiénicas
de la reina del barrio,
con mi cara y la suya,
con mi paz y la suya,
con la insalubridad
y el códex,
con las palabras
carne de basurero,
con las veneraciones y saludos
que van al basurero,
con los preservativos
y los labiosos arrumacos,
con la foto del pan
y los suspiros
que Ud. bota a la calle,
con los suposítorios
que se pasman,
con los ojos gastados
que Ud. bota,
con el vientre caliente
de la chicha...
sin un remordimiento,
sin el más leve escrúpulo,
como si fuese por dinero,
a Víctor Manolenta Caiza.


Pues,
sí señor
no se lave las manos,
no se dé de inocente,
no se quiera pasar
de palomita blanca.

También, señora Ud.

con todo lo que pesan
sus sueños climatéricos,
sus óvulos infértiles
y sus «patas de gallo».

Con el 7% ,
con la devaluación de la moneda,
con los pactos andinos
y la palabrería del gobierno
«nacionalista revolucionario»,
con las maniobras belicistas,
con las reuniones a «alto nivel»,
con los ministros de agricultura,
con los coli bacilos de la leche,
con el costo elevado de los víveres,
con los ANTIHOMBRES ...
como si fuese un enemigo
a Víctor Manolenta Caiza.

Así no más
como hormiga debajo del zapato,
como araña atrapada en la bisagra.
Y señorita, Ud.

Con sus Hot Pants hediondos,
con sus galanes preferidos,
con las cenizas de la marihuana,
con los Hippies,
con los cerebros musculosos
de los señores militares;
así no más,
con la meliflua propaganda
con que los gringos nos roban el petróleo...
como si fuese por venganza
a Víctor Manolenta Caiza.

Ud.
que no es capaz
de matar una pulga
y aunque le soliciten
nunca quiebra un plato,
Ud. mismo y las ratas
que a veces se le escapan del cerebro.

Ud. y yo,
cuando en las deyecciones y desechos
buscaba su sustento,
cual si no fuese un ser humano,
sin que nadie nos viera,
cuidándonos de no dejar
ni siquiera la sombra de una huella,
rezando preces
y apostando al fútbol,
a cuchilladas de basura degollamos
a Víctor Manolenta Caiza.



Euler Granda


DAD LIMOSNA A BELISARIO


Hemos puesto en cuestión numerosas gramáticas,
leído hasta la saciedad la experiencia de otros
y en fotografías borrosas perseguido su imagen
inquiriendo un volumen para sus gestos planos,
codiciosos de aquello de que era razonable
esperar sabiduría, para obtener al fin
un pobre patrimonio de terrenos baldíos,
una colección de medallas y cintas
símbolo de triunfos que ya nadie recuerda,
juguetes con encaje sucio cuyos ojos hundidos
remiten a una infancia convencional y anónima;
y nos devuelve a ellos la vanidad del coleccionista
que dice poseer con los objetos su alma; nos miran
con fijeza de búhos disecados desde la redondez de su urna;
una apariencia que es muerte y serrín y grandes ojos de
vidrio.


Las palabras nos envuelven en su manto de plomo,
nos inmovilizan las manos con su cetro
mientras la perspectiva de las gruesas columnas
percute nuestros ojos en un punto preciso.

Como perseguirlas fue un viaje por mar hacia las tierras
vírgenes,
cielos de color distinto y animales de fábula,
y un día devuelven las olas el cadáver de un ahogado,
recubierto de algas oscuras, con las órbitas huecas;
arrojado a la luz, mira la fiesta de los sentidos
y otras naves que parten, como un huésped
procedente de un país donde todo es silencio.




Guillermo Carnero