sábado, 20 de junio de 2015

EN EL PRINCIPIO


De pronto arranca la memoria,
sin fondos de origen perdido;
muy niño viéndome una tarde
en el espejo de un armario
con doble luz enajenada
por el iris de sus biseles,
decidí que aquello lo había
de recordar, y lo aferré,
y desde ahí empieza mi mundo,
con un piso destartaado,
las vagas personas mayores
y los miedos en el pasillo.


Años y años pasaron luego
y al mirar atrás, allá estaba
la escena en que, hombrecito audaz,
desembarqué en mí, conquistándome.


Hasta que un día, bruscamente,
vi que esa estampa inaugural
no se fundó porque una tarde
se hizo mágica en un espejo,
sino por un toque, más leve,
pero que era todo mi ser:
el haberme puesto a mí mismo
en el espejo del lenguaje
doblando sobre sí el hablar,
diciéndome que lo diriía,
para siempre vuelto palabra,
mía y ya extraña, aquel momento.


Pero cuando lo comprendí
era ya mayor, hombre de libros,
y acaso fue porque en alguno
leí la gran perogrullada:
que no hay más mente que el lenguaje,
y pensamos solo al hablar,
y no queda más mundo vivo
tras las tierras de la palabra.

 
Hasta entonces, niño y muchacho,
creí que hablar era un juguete,
algo añadido, una herramienta,
un ropaje sobre las cosas,
un caballo con que correr
por el mundo, terrible y rico,
o un estorbo en que se aludía
a lo lejos, a ideas vagas:
ahora, de pronto, lo era todo,
igual que el ser de carne y hueso,
nuestra ración de realidad,
el mismo ser hombre, poco o mucho.

 



Jose Maria Valverde

viernes, 19 de junio de 2015

NI LO QUE DIGO



 
El amor es esa estrella filosa
y el desamor quién sabe qué carajos
pero yo no soy yo
ni este aire mi aire
Es un tambor el miedo
y la paz un tejido frecuentado
pero en mi corazón hay un cangrejo
y alguien está torciendo mi pescuezo
¿Qué es el atole blanco?
¿Qué los cigarrillos faros?
Pero a quién le interesan esas cosas
cuando uno se muere de sí mismo.



¿Qué son los huevos fritos, por ejemplo?
¿Qué son los buenos días?
Los vecinos arrían la bandera
de la felicidad, pero quién se los festeja?
quién se los critica?
Sólo los que se aman los comprenden.



Se está tirando el bóiler. Hay que apagarle.
Se encordó este reloj. Hay que arreglarlo.
Hizo frío por la noche.
No lo olvides.



A veces es una araña la palabra amar
una araña en las vigas de la casa
y uno es la mosca la tonta mosca
A veces el amor es una aspirina
vieja olvidada en el botiquín
y uno no el dolor de cabeza sino el aburrimiento
A veces el amor es una botella de tequila
escondida en el fondo del ropero
y uno la mano oscura y el trago rápido.



Si me emborracho pienso en ti.
Si me viene el amor a las palabras, a los ojos, al llanto
a los cigarrro alas, al tequila sauza,
¿en quién voy a pensar?
Hay un Ricardo Yáñez que me pega, que todo el día me pega,
y hay un Ricardo Yáñez que te ama. Ese es el bueno.



Ricardo Yañez

jueves, 18 de junio de 2015

PENSE EN TI


Una nube blanca
mi mirada  traspasó,
dijo tu nombre,
en suaves palabras de
amor verdadero
y... pensé en ti.

Hojas en el viento
la libertad acariciada
tocan  en melancólico cariño
las notas de tu nombre
y... pensé en ti.

El sol, apesumbrado
en sus ardientes brazos
mi dolor cobijó.
En el calor de tu ausencia
mi alma te lloró...
y... pensé en ti.

Miré el cielo
y tu no estabas,
una golondrina voló
al sur de mi desolación,
el viento en fuertes arrullos
mi vuelo levantó
y... pensé en ti.

La tarde ha pasado
al sol a retiro,
la luna se anuncia
en blanco calor,
tu suave presencia
mi alma despoja
de su razón
y... pensé en ti.

La suavidad del recuerdo
trajo a mí tu sonrisa
y el desierto de mi ser
en primaveral destello floreció
mi alma desolada  en  ti,
la lluvia de tu amor suplicó
y... pensé en ti.

el mar viejo, azul y profundo
en suaves olas
empuja mi barca a ti,
la tormenta del recuerdo
con voces se acerca
y... pensé en ti.

En suaves arrullos
una poesía vislumbró
el camino eterno
que el amor de tu ser
en mi corazón
grabó
y... pienso en Ti. 




Nelson Barragan

miércoles, 17 de junio de 2015

AYUDAME A MORIR


Ayúdame a morir ahora que los dos somos nocturnos.
No quiero una muerte de losa y tierra,
deseo morirme y sobre mi boca nazcan amargas hierbas
pues la hiedra se arrastra sobre sus recuerdos
y mi fría lengua sesga los opios enmascarados de tu cuello.


Intento vanamente hallar tu espacio,
déjame morirme roto al menos en tus brazos, ayúdame,
cierra mis pulmones, déjame sin resuello.


Ahora que el arpa segrega el veneno, ábreme los poros
penetra gota a gota en mis venas sobre mi sangre;
Marco descolado, viña de la noche que no se mueve,
amargo fruto de  escarcha, juguete del destino.


Ayúdame a morirme, se mi pañuelo, mi luz en la punzada oscura
no permitas mi desnudez sobre la piedra y el olvido
Ahora esperándote, ven sencilla locura, aroma de néctar
que embriagándome de ti se acabarán mis penas.





Francisco J. Gallardo