"Aquí las palabras laten. Cada verso es un latido, cada poema un refugio. Sumérgete en emociones que arden, que sanan, que susurran lo que el alma calla. Este no es solo un blog: es un santuario donde la poesía florece sin pedir permiso. Un rincón para sentir, llorar, recordar y volar. Bienvenido al lugar donde los sentimientos cobran forma y los sueños se escriben entre líneas."
jueves, 8 de febrero de 2018
ARBOL SECO
Quizá la muerte sea este árbol mocho
con ramas y con huesos hacia el cielo
donde se van quedando como nidos
grandes y helados los desnudos cuerpos
llenándose de gris azul los ojos
sin mirada en el ala de un espejo.
La tierra no corrompe, el aire acuna,
van a ser puro rastro ya los huesos,
la carne pura huella transparente,
flotando como nube, como vuelo.
Este árbol solo en tierra de ceniza,
en paisaje de pálido desierto,
este árbol mineral, petrificado,
esta lejana sombra de esqueleto,
esta oscura bandera inmóvil, esta
descorazonadora isla sin tiempo,
esta estatua de olvido calcinado,
esta corporeizada alma de espectro,
este desazonado escalofrío,
este despojo de un planeta ciego,
este corcel parado de amargura,
este bronquio gigante y sin aliento,
esta seca madera carcomida
sin primavera y sin milagro o verso
machadiano que salve,
pudiera ser aún más que todo eso:
quizá la muerte abierta en puras ramas
esperando tal vez que nos posemos.
Leopoldo de Luis
miércoles, 7 de febrero de 2018
A LA MUERTA
Vienes y vas ligero como el mar,
cuerpo nunca dichoso,
sombra feliz que escapas como el aire
que sostiene a los pájaros casi entero de pluma.
Dichoso corazón encendido en esta noche de invierno,
en este generoso alto espacio en el que tienes alas,
en el que labios largos casi tocan opuestos horizontes
como larga sonrisa o súbita ave inmensa.
Vienes y vas como el manto sutil,
como el recuerdo de la noche que escapa,
como el rumor del día que ahora nace
aquí entre mis dos labios o en mis dientes.
Tu generoso cuerpo, agua rugiente,
agua que cae como cascada joven,
agua que es tan sencillo beber de madrugada
cuando en las manos vivas se sienten todas las estrellas.
Peinar así la espuma o la sombra,
peinar —no— la gozosa presencia,
el margen de delirio en el alba,
el rumor de tu vida que respira.
Amar, amar, ¿quién no ama si ha nacido?,
¿quién ignora que el corazón tiene bordes,
tiene forma, es tangible a las manos,
a los besos recónditos cuando nunca se llora?
Tu generoso cuerpo que me enlaza,
liana joven o luz creciente,
aguda teñida del naciente confín,
beso que llega con su nombre de beso.
Tu generoso cuerpo que no huye,
que permanece quieto tendido como la sombra,
como esa mirada humilde de una carne
que casi toda es párpado vencido.
Todo es alfombra o césped, o el amor o el castigo.
Amarte así como el suelo casi verde
que dulcemente curva un viento cálido,
viento con forma de este pecho
que sobre ti respira cuando lloro.
Vicente Aleixandre
martes, 6 de febrero de 2018
SONETO MATINAL A UNA COLEGIALA INGRAVIDA
Al pasar me saluda y tras el viento
que da al aliento de su voz temprana
en la cuadrada luz de una ventana
se empaña, no el cristal, sino el aliento
que da al aliento de su voz temprana
en la cuadrada luz de una ventana
se empaña, no el cristal, sino el aliento
Es tempranera como una campana.
Cabe en lo inverosímil, como un cuento
y cuando corta el hilo del momento
vierte su sangre blanca la mañana.
Si se viste de azul y va a la escuela,
no se distingue si camina o vuela
porque es como la brisa, tan liviana
no se distingue si camina o vuela
porque es como la brisa, tan liviana
que en la mañana azul no se precisa
cuál de las tres que pasan es la brisa,
cuál es la niña y cuál es la mañana.
cuál de las tres que pasan es la brisa,
cuál es la niña y cuál es la mañana.
Gabriel Garcia Marquez
lunes, 5 de febrero de 2018
LA MUERTE DE LA ROSA
Murió de mal aroma.
Rosa idéntica, exacta.
Subsistió a su belleza,
Sucumbió a su fragancia.
Rosa idéntica, exacta.
Subsistió a su belleza,
Sucumbió a su fragancia.
No tuvo nombre: acaso
la llamarían Rosaura,
O Rosa-fina, o Rosa
del amor, o Rosalba;
o simplemente Rosa,
como la nombra el agua.
Más le hubiera valido
ser siempreviva, Dalia,
pensamiento con luna
como un ramo de acacia.
Pero ella será eterna:
fue rosa; y eso basta;
fue rosa; y eso basta;
Dios la guarde en su reino
a la diestra del alba.
a la diestra del alba.
Gabriel Garcia Marquez
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