A UNA LAGRIMA
José Ángel Buesa
"Aquí las palabras laten. Cada verso es un latido, cada poema un refugio. Sumérgete en emociones que arden, que sanan, que susurran lo que el alma calla. Este no es solo un blog: es un santuario donde la poesía florece sin pedir permiso. Un rincón para sentir, llorar, recordar y volar. Bienvenido al lugar donde los sentimientos cobran forma y los sueños se escriben entre líneas."
A UNA LAGRIMA
José Ángel Buesa
ELEGÍA
POR UN NO NACIDO
Benjamín León
Del
verbo de tus labios, un cielo me derrota,
un trino despertado del viento entumecido,
un barco de papel que por el mar no flota,
un triste atardecer sin ver el sol perdido.
La
vida es un ocaso que pierde su memoria
atado por tus manos el aire huele oscuro,
un día sin mañana, un pueblo sin historia
un alguien que no es hombre, hundido sin futuro.
Acá la
soledad tiene canción de cuna
si en sueños dice un niño llorando ser tu hermano
con rastros del querer vestidos de esta hambruna
que roba del cordón un último hortelano.
De
lágrimas se nublan los días más felices,
de luto en las espigas le llora el tiempo al trigo
cubriendo golondrinas con párpados tan grises
que tanto amor del mundo se tiñe de castigo.
Amarte
es un volver al vientre enmudecido
y ser en lo que queda del sueño despojado
un lánguido lamento de todo lo perdido
que un triste amanecer el cielo me ha robado.
ASCENSIÓN
DE LA ESCOBA
Miguel Hernández
Coronad a la escoba de laurel, mirto,
rosa.
Es el héroe entre aquellos que afrontan la basura.
Para librar del polvo sin vuelo cada cosa
bajó, porque era palma y azul, desde la altura.
Su ardor de espada joven y alegre no reposa.
Delgada de ansiedad, pureza, sol, bravura,
azucena que barre sobre la misma fosa,
es cada vez más alta, más cálida, más pura.
Nunca: la escoba nunca será crucificada,
porque la juventud propaga su esqueleto
que es una sola flauta muda, pero sonora.
Es una sola lengua sublime y acordada.
Y ante su aliento raudo se ausenta el polvo quieto.
Y asciende una palmera, columna hacia la aurora.
A LA SOMBRA DE UNA MECEDORA QUE TENÍA MI ABUELO
Juan Miguel Melgar Becerra