lunes, 30 de septiembre de 2013

QUE ME IMPORTA LA MUERTE



Ráfaga veloz que rasante te besa.
Canción de torrente con veneno en la sangre.
Trueno desierto con arenas que dan tu tiempo.
Vino traicionero, por incapaz.

¿Qué me importa la muerte?
Si total no es mía.
Y si lo fuese, da lo mismo, no me quedo con ella.

Querella prehistórica de buitres trajeados.
Respuesta de pétalo frágil, etéreo, inexistente.
Risotadas turbias de aquellos nogales caídos.
Vértice de verdad que se escapa.
Absurdo infinito de la nada concreta.
Locura atroz al engendrar, una duda que sangra.
Inocencia de argucias falaces, en aquel libro de magia negra.

¿Qué más podría suceder?
¿Acaso alguien preguntaría por la palabra libre?

Pongo condiciones a la butaca sorda y muda,
al lector desconocido,
pero lo ignorado comienza a desligarse.
Así quedo, en un justo medio, sin referentes.

No se olvidará de mí, me lo asegura
no por amor, sí por voraz y voluptuosa.
Será pronto, para un tiempo sideral hecho masa.
El ansiado anonimato verterá su pócima,
entonces sí, todo será normal, real y eterno. 


Gonzalo Osses Vilches

domingo, 29 de septiembre de 2013

ALGUNAS BESTIAS


Era el crepúsculo de la iguana.

Desde la arcoirisada crestería
su lengua como un dardo
se hundía en la verdura,
el hormiguero monacal pisaba
con melodioso pie la selva,
el guanaco fino como el oxígeno
en las anchas alturas pardas
iba calzando botas de oro,
mientras la llama abría cándidos
ojos en la delicadeza
del mundo lleno de rocío.
Los monos trenzaban un hilo
interminablemente erótico
en las riberas de la aurora,
derribando muros de polen
y espantando el vuelo violeta
de las mariposas de Muzo.
Era la noche de los caimanes,
la noche pura y pululante
de hocicos saliendo del légamo,
y de las ciénagas soñolientas
un ruido opaco de armaduras
volvía al origen terrestre.
El jaguar tocaba las hojas
con su ausencia fosforescente,
el puma corre en el ramaje
como el fuego devorador
mientras arden en él los ojos
alcohólicos de la selva.
Los tejones rascan los pies
del río, husmean el nido
cuya delicia palpitante
atacarán con dientes rojos.

Y en el fondo del agua magna,
como el círculo de la tierra,
está la gigante anaconda
cubierta de barros rituales,
devoradora y religiosa.



Pablo Neruda

sábado, 28 de septiembre de 2013

PENTAGÓNICO (FRAGMENTO V)



Este poema no está sucediendo
La memoria
tendría que ser más lenta
archivar sin delirio
mohosamente
cuando rebanaras las nubes de otra despedida
y la nostalgia interpusiera sus cristales
entre tu piel y mi lujuria

No está sucediendo
La distancia
me ardería en los dedos
Sin embargo
estás aquí
brotas a diario de las fotografías
para esposar las manecillas de la fiebre
o pervertir mis sábanas
y dejas que la tinta
despliegue su fauna en el papel
sin avisarme
como en la retina de un fantasma cotidiano

Es el presente lo que ahuyenta las miradas
que hace un segundo
todavía
picoteaban mi sombra espantapájaros
lo que nos confina al tictac in crescendo
del hartazgo
lo que vuelve irreductible
el tacto a la caricia
el habla a la escritura
tus ojos
al recuerdo poliforme de tus ojos

No te engañes
Esto aún está siendo
No es real
Debo escribirlo cuando te hayas ido
y la cuchilla del silencio me descifre
si tu nombre
es lo que agoniza entre mis manos
Roman Lujan

viernes, 27 de septiembre de 2013

DOLOR COMUN


Cállate, corazón, son tus pesares
de los que no deben decirse, deja
se pudran en tu seno; si te aqueja
un dolor de ti solo no acíbares

a los demás la paz de sus hogares
con importuno grito. Esa tu queja,
siendo egoísta como es, refleja
tu vanidad no más. Nunca separes

tu dolor del común dolor humano,
busca el íntimo aquel en que radica
la hermandad que te liga con tu hermano,

el que agranda la mente y no la achica;
solitario y carnal es siempre vano;
sólo el dolor común nos santifica.



Miguel de Unamuno