"Aquí las palabras laten. Cada verso es un latido, cada poema un refugio. Sumérgete en emociones que arden, que sanan, que susurran lo que el alma calla. Este no es solo un blog: es un santuario donde la poesía florece sin pedir permiso. Un rincón para sentir, llorar, recordar y volar. Bienvenido al lugar donde los sentimientos cobran forma y los sueños se escriben entre líneas."
lunes, 31 de marzo de 2014
AL REY OSCAR
Así, sire, en el aire de la Francia nos llega
la paloma de plata de Suecia y de Noruega,
que trae en vez de olivo una rosa de fuego.
Un búcaro latino, un noble vaso griego
recibirá el regalo del país de la nieve.
Que a los reinos boreales el patrio viento lleve
otra rosa de sangre y de luz españolas;
pues sobre la sublime hermandad de las olas,
al brotar tu palabra, un saludo le envía
al sol de media noche el sol de Mediodía.
Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta.
El Norte ama las palmas; y se junta el poeta
del fiord con el del carmen, porque el mismo oriflama
es de azur. Su divina cornucopia derrama
sobre el polo y el trópico la Paz; y el orbe gira
en un ritmo uniforme por una propia lira:
el Amor. Allá surge Sigurd que al Cid se aúna,
cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna,
y la musa de Bécquer del ensueño es esclava
bajo un celeste palio de luz escandinava.
Sire de ojos azules, gracias: por los laureles
de cien bravos vestidos de honor; por los claveles
de la tierra andaluza y la Alhambra del moro;
por la sangre solar de una raza de oro;
por la arrnadura antigua y el yelmo de la gesta;
por las lanzas que fueron una vasta floresta
de gloria y que pasaron Pirineos y Andes;
por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes;
por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña
y Velázquez que pinta y Cortés que domeña;
por el país sagrado en que Herakles afianza
sus macizas columnas de fuerza y esperanza,
mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa
que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga;
por el león simbólico y la Cruz, gracias, sire.
¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire,
mientras la onda cordial aliente un ensueño,
mientras haya una viva pasión, un noble empeño,
un buscado imposible, una imposible hazaña,
una América oculta que hallar, vivirá España!
¡Y pues tras la tormenta vienes de peregrino
real, a la morada que entristeció el destino,
la morada que viste luto su puerta abra
al púrpureo y ardiente vibrar de tu palabra:
y que sonría, oh rey Óscar, por un instante;
y tiemble en la flor áurea el más puro brillante
para quien sobre brillos de corona y de nombre,
con labios de monarca lanza un grito de hombre!
Ruben Dario
domingo, 30 de marzo de 2014
MUCHACHA CAMPESINA
Muchacha en el
arroyo de los malos presagios
muchacha con el amor dormido en una hamaca
sacando de los sueños tu alegría
tu epidermis de sueño
tu mundial nacimiento
tu piel con el jabón de olor de un día de Reyes
llevas una provincia de gestos en tu estampa
en tu asombro goteado de dramas y canciones
donde juegan desnudas las caricias del viento
y el monte citadino que se amplía con tu blusa
y esa canela que regalas cada vez que miras
y esa infancia rosada bajándote las medias
donde las plantas del deseo bordan tu aire
la gracia de los niños jugando con la hierba
y esa batalla de pinchos reposando en tu pelo
donde buscándote se vuelve la migaja del mundo
todo el hechizo que ignoran tus miradas
¿Sabes?
Me preocupa tu silencio virgen
y el comercio que llevan tus pisadas
y este cielo nublado sangrando contrabando
y el campo con la sequedad de un golpe de tambor
hurgando en la aridez que profana tu llanto
exilada en el número que distrae tu bondad
envuelta en aire desde la leche que te niega la vida
la tierra poseída como despojo o burla
los domingos que nunca recitaron
los sudores de todos los domingos
y el raso que en tu ambiente
los galones lo ascienden al delirio
y el hambre como un gotero marcando el meridiano
en fin me preocupa
todo lo que de tráfico llevan tus traficantes
y ese verano ingenuo que nutre tus ojitos,
trato de convencerte para que no te traten
que el alcohol no marchite tu universal sonrisa
ese rojo de bija que pones cuando ríes
ese ruido surcando madrugadas
un jengibre tu voz como un aplauso
como el lenguaje que llevan en las manos
bastante gratitud para no defenderte
niña/ casi muchacha
niña/ casi cosecha de robos con machetes
niña/ preocupación como las de tus ojos
la que espero pintar para otra primavera.
Miguel Antonio Jimenez
muchacha con el amor dormido en una hamaca
sacando de los sueños tu alegría
tu epidermis de sueño
tu mundial nacimiento
tu piel con el jabón de olor de un día de Reyes
llevas una provincia de gestos en tu estampa
en tu asombro goteado de dramas y canciones
donde juegan desnudas las caricias del viento
y el monte citadino que se amplía con tu blusa
y esa canela que regalas cada vez que miras
y esa infancia rosada bajándote las medias
donde las plantas del deseo bordan tu aire
la gracia de los niños jugando con la hierba
y esa batalla de pinchos reposando en tu pelo
donde buscándote se vuelve la migaja del mundo
todo el hechizo que ignoran tus miradas
¿Sabes?
Me preocupa tu silencio virgen
y el comercio que llevan tus pisadas
y este cielo nublado sangrando contrabando
y el campo con la sequedad de un golpe de tambor
hurgando en la aridez que profana tu llanto
exilada en el número que distrae tu bondad
envuelta en aire desde la leche que te niega la vida
la tierra poseída como despojo o burla
los domingos que nunca recitaron
los sudores de todos los domingos
y el raso que en tu ambiente
los galones lo ascienden al delirio
y el hambre como un gotero marcando el meridiano
en fin me preocupa
todo lo que de tráfico llevan tus traficantes
y ese verano ingenuo que nutre tus ojitos,
trato de convencerte para que no te traten
que el alcohol no marchite tu universal sonrisa
ese rojo de bija que pones cuando ríes
ese ruido surcando madrugadas
un jengibre tu voz como un aplauso
como el lenguaje que llevan en las manos
bastante gratitud para no defenderte
niña/ casi muchacha
niña/ casi cosecha de robos con machetes
niña/ preocupación como las de tus ojos
la que espero pintar para otra primavera.
Miguel Antonio Jimenez
sábado, 29 de marzo de 2014
AL FILO DEL AGUA
Aleteando en el
hilo de la sangre
sin resignarse un solo instante a lo eterno
inmerso en el deseo alarga el tiempo
la noche acuchillada por la sed
imán de flor estremecida al ansia
agarrado a su estrella sueña el alba
el dolor de la nada ahondada al beso
el sol blande en su llama
la pasión de los sueños
rueda, una gota de vinagre en tu sed
y en una luz fugaz hiere la vida
el mundo que se ahonda en tu interior
fugitiva de ensueños es tu voz en la nada
sella su honda herida luz de angustia
agoniza la luz sobre la faz de Cristo
subsuelo amado revuelto en la ternura
de tu sangre en el revés del río
fugitivo el fuego venga en tu voz
el instante que fluye de la huida
en el quebrado espejo de tu ser
balanza el equilibrio cuajado de horizontes
siendo del alba su puerto en el hueso de la luz
rueda por su sangre el mundo en la nada del no ser
tiende la sílaba a desnudar la muerte
ardiendo el corazón sobre la tierra
en tu rostro otro paisaje dibujaba el infinito
cede el alma al perfecto mar del sueño
donde beben los tiempos laberintos de sed
invalida el futuro el emblema del ser
gangrenado el planeta emigra en pus
llagas sangran miércoles de ceniza
posee el sentido el ser de su desgarro
sucumbe el pez a la daga del sueño
respira en otra luz su sensitiva escama
los ladrones del tiempo explican tu nostalgia
obsesión del espíritu ante la página
se vuelca el día en la selva de un hacha
derramado en la forma tu conciencia
luz de flor en la huida el sueño toca
el siglo que apuñala un cielo arriba.
sin resignarse un solo instante a lo eterno
inmerso en el deseo alarga el tiempo
la noche acuchillada por la sed
imán de flor estremecida al ansia
agarrado a su estrella sueña el alba
el dolor de la nada ahondada al beso
el sol blande en su llama
la pasión de los sueños
rueda, una gota de vinagre en tu sed
y en una luz fugaz hiere la vida
el mundo que se ahonda en tu interior
fugitiva de ensueños es tu voz en la nada
sella su honda herida luz de angustia
agoniza la luz sobre la faz de Cristo
subsuelo amado revuelto en la ternura
de tu sangre en el revés del río
fugitivo el fuego venga en tu voz
el instante que fluye de la huida
en el quebrado espejo de tu ser
balanza el equilibrio cuajado de horizontes
siendo del alba su puerto en el hueso de la luz
rueda por su sangre el mundo en la nada del no ser
tiende la sílaba a desnudar la muerte
ardiendo el corazón sobre la tierra
en tu rostro otro paisaje dibujaba el infinito
cede el alma al perfecto mar del sueño
donde beben los tiempos laberintos de sed
invalida el futuro el emblema del ser
gangrenado el planeta emigra en pus
llagas sangran miércoles de ceniza
posee el sentido el ser de su desgarro
sucumbe el pez a la daga del sueño
respira en otra luz su sensitiva escama
los ladrones del tiempo explican tu nostalgia
obsesión del espíritu ante la página
se vuelca el día en la selva de un hacha
derramado en la forma tu conciencia
luz de flor en la huida el sueño toca
el siglo que apuñala un cielo arriba.
Miguel Antonio Jimenez
viernes, 28 de marzo de 2014
SIERRA NEVADA
He vuelto a la blancura dolorosa
de las amadas cumbres,
que guardaron con celo
los días de la lejana juventud.
Aquellas blancas cimas que escondían
el milagro indeciso de un tiempo
al que, en vano, persiguen mis palabras.
Porque entonces la vida era esconderse
entre las blancas cotas de un milagro infinito
y respirar el raro perfume de las cosas,
en el reino sin nombre de las nieves efímeras.
Y era sentir un mar de olas silbantes
agitando las frágiles telas del corazón:
la libertad, esa bandera, ese destino
que ha soñado el insecto de fabulosos élitros,
encerrado por la mano gigante
en la pequeña caja de nácar...
La libertad, su frescor en el rostro;
la libertad al amparo de la inmensa oca blanca.
Hoy contemplo estas crestas
que fueron las almenas de la infancia remota.
He seguido las huellas
que dejaron mis plantas en la nieve
y aspiro el aire ígneo
donde aún vibra, misterioso y dorado, el pólen
de las dudas de antaño.
Nada ya se parece a la vieja quimera,
tan sólo la nostalgia aviva el espejismo.
Aquí en la cúspide,
esquivo los puñales del frío
y veo pasar las nubes hacia el ocaso hambriento.
Ya nada permanece sino este frío que alumbra
este gélido aliento de un titán dormitando.
Aquí en la cúspide, miro hacia esos confines
por donde se han perdido los días azarosos
y las noches de fiesta con estrellas por techo,
con estrellas errantes...
A mis pies ya el armiño, pues volar no es posible,
y la blanca locura de la nieve en el rostro.
Jose Lupiañez
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