viernes, 31 de julio de 2015

AMOR, JUSTICIA Y CIELO


Pendón e ignominia:
Furor ennoblecido
Del que ama sin odios. 


El tiempo revela las poquedades
Y la eternidad la medida justa
De ese amor vuelto llamas. 


Pienso en lo ilusorio del sueño
Y me veo enclavado y resurrecto.
Nunca más verá esa cara,
Ni esa piel, ni la desidia. 


Soy de ese modo un energúmeno
Para muchos... 


¿Qué seré para Dios
en mi obcecado pensar
y mis devaneos? 


¿Acaso seré un cero a la izquierda
o uno, un simple uno?
Jamás veré esa cara
Que no merece ser mirada
Para vivir en paz libre del sueño. 


El Cielo se apodera de mí
Y la oquedad se aleja.
Todo.  Pleno.  Puro.  Feliz. 


Reconciliado en Cristo Jesús,
Amántico y grácil,
Decisoriamente vital y vivificante. 




Orlando Alcantara Fernandez

jueves, 30 de julio de 2015

LA MUERTE


Certidumbre que crea incertidumbre,
Pensamiento que trata del olvido,
¿Muro infranqueable o puente a lo desconocido?, 


¿Misterio irresoluble o cómoda costumbre?,

¿Suelo de angustia o de esperanza cumbre?, 

¿Vahído postrero o potencial vagido?,
¿Realidad dura o sueño interrumpido?,
¿Verdad oscura o la que más deslumbre? 


Esconde las respuestas tu silencio,
Que cualquier argumento más explícito, 


En negros libros de formas oblongas.

De la pena a que a priori me sentencio
Sólo esto sé: que, cuando tú dispongas,
A tu llamada acudiré solícito. 





Miguel Barciela

miércoles, 29 de julio de 2015

ROPA VIEJA

 
Ropa vieja de fatigas,
de citas y esplendores
Ropa vieja compañera
de locuras y de amores
Parte mía que me guardas
las caricias. Los ardores
Testigo de mis blancas lunas
Ropa vieja que me escondes
las heridas, las razones.


En mis dulces noches devastada
ropa vieja de mis andas
¡Cuánto dices!
¡Cuánto acoges!
Vieja ropa
de memorias, de delirios y de andanzas
Bellos sueños que se fueron
retozando en la hojarasca.


De aquel cuerpo infiel
lleva siempre ropa vieja
sus mañanas




Joaquin Arespacochaga

martes, 28 de julio de 2015

AHORA EN CAMBIO


Hubiera entregado el Dios que no poseo,
hubiera aprendido tres o cuatro signos,
y así desalentado,
así fiel, ceniciento,
invariable como un recuerdo atroz,
me hubiera respondido,
me hubiera transformado en ademanes
me hubiera convencido como todos,
refugiado en el hambre universal,
salvado para siempre y para nada.


Ahora en cambio estoy un poco solo,
de veras un poco solo y solo.
Mi tristeza es un vaso de oraciones
que se derraman sobre el césped
y desde el césped nace Dios
y está también un poco solo,
de veras un poco solo y solo.


Mas yo le ayudo a conocer las aves
y en toda su extensión la herejía vegetal,
los corazones de sus alegres huérfanos,
la tierra que es la palma de su mano.





Mario Benedetti