domingo, 30 de agosto de 2015

CORDOBA DE LAS CAMPANAS

 
Eran unas dulces
claras notas finas.


Eran las campanas
de las Catalinas
Eran un canto alado
como de promesa.


Eran las campanas
de Santa Teresa
Eran una voz
diciendo un distinto.


Eran las campanas
de Santo Domingo
Eran una voz mansa
llamando al aprisco.


Llamaban a misa
las de San Francisco
Eran unas voces
de amor hecho sed.


A misa llamaban
las de la Merced
Eran una voz llena
diciendo María.


Eran las campanas
de la Compañía
Eran unas notas
de bronce y cristal.


Con altos acentos
ahuyentando el mal
O Gloria diciendo
con el claro metal.


¡Eran las campanas
de la Catedral!
Serán como risas
cuando ríen dos,
repiques del Huerto
y del Niño Dios.



Arturo Capdevila

EL MUEBLE

 
Por escupir secretos en tu vientre,
por el notario
que juntó nuestros besos con un lápiz,
por los paisajes que quedaron presos
en nuestra almohada a trinos desplumados,
por la pantera aún que hay en un dedo,
por tu lengua
que de pronto desprecia superficies,
por las vueltas al mundo sin orillas
en tu ola con náufragos: tu vientre;
y por el lujo que se dan tus senos
de que los limpie un perro que te lame,
un ángel que te ladra si te vistes,
cuatro patas que piensan cuando celan;
todo esto me cuesta solamente tu cuerpo,
un volumen insólito de sueldos regateados,
un ponerme a coser silencios rotos,
un ponerme por dentro detectives,
cuidarme en las esquinas de tu origen,
remendar mi heroísmo de fonógrafo antiguo,
todo el año lavando mis bolsillos ingenuos,
atrasando el reloj de mi sonrisa,
haciendo blanco el día cuando llega visita,
poniendo gramática a tus ruidos,
poniendo en orden
el manicomio cuerdo de tu sexo;
déjame ahora
que le junte mis dudas a la escoba,
quiero quedarme limpio como un plato de pobre;
tú,
que llenaste mi sangre a caballos,
tú,
que si te miro me relincha el ojo,
dobla tu instinto como en una esquina
y hablemos allí solos,
sin el uso,
sin el ruido
del alquilado mueble de tu cuerpo.





Manuel de Cabral




viernes, 28 de agosto de 2015

AGUA DE DESILUSIONES


En la fatiga de un sueño desesperado,
corre el alma detrás de toda corriente
contemplando en cada una de sus gotas
la esperanza de un fiel ser viviente. 


Apresurándose, escribe poesías en el aire
y construye castillos en la arena,
contemplando lo que pudo haber sido
imaginándolo ya como si hubiese existido,

en la soledad de una media verdad
que al tratar de ser alcanzada
siendo espejismo de una realidad
se esconde como espuma en la oleada.


Así se pierden horas de ilusiones,
así se marchitan rosas de recuerdos,
así se quedan sentimientos en el olvido,
ahogados por aguas de desilusiones.

Alma que vive sin encontrar otro consuelo
que el de unos brazos abiertos en un madero
aquella tarde de maldad, pecado y duelo,

perdonando sin que se le pida perdón,
amando sin esperar recibir amor,
bajo la sombra del Omnipotente Creador. 





Pablo Caballero

jueves, 27 de agosto de 2015

EL NO

 
¡Ay cuántas veces a tus pies postrado,
en lágrimas el rostro sumergido,
a tus divinos labios he pedido
un sí: ¡cruel! que siempre me has negado!


Y pensando ya ver tu pecho helado
de mi tormento a compasión movido
en vez del sí ¡ay dolor! he recibido
un no que mi esperanza ha devorado.


Mas si mi llanto no es de algún provecho,
si contra mí tu indignación descarga,
y si una ley de aniquilarme has hecho,


quítame de una vez pena tan larga,
escóndeme un puñal en este pecho,
y no me des un no que tanto amarga.




Juan Bautista Arriaza y Auperviela