sábado, 30 de abril de 2016

LA VIDA HUMANA


Velas de amor en golfos de ternura
vuela mi pobre corazón al viento
y encuentra, en lo que alcanza, su tormento,
y espera, en lo que no halla, su ventura,


viviendo en esta humana sepultura
engañar el pesar es mi contento,
y este cilicio atroz del pensamiento
no halla un linde entre el genio y la locura.


¡Ay! en la vida ruin que al loco embarga,
y que al cuerdo infeliz de horror consterna,
dulce en el nombre, en realidad amarga,


sólo el dolor con el dolor alterna,
y si al contarla a días es muy larga,
midiéndola por horas es eterna.




Ramon de Campoamor

viernes, 29 de abril de 2016

TREN DE FUEGO

 
Tren de fuego:
pájaro de ala humana injertada de piel,
asoleadora de agua y sal,
nave rompedora de arcos
donde la cicatriz es llamarada de frío.


Algún demonio ha llegado tarde,
triste clepsidra.


El Tren ensancha sus costillas,
rueda sobre dientes de hilo en hojas de pedernal,
la ciega estación se paraliza de soles jóvenes,
ángeles destronados en la guerra.


¿El demonio se dulcifica?,
tirador de astros,
plantas,
árboles,
golpeador trampero del viento;
desvirgador,
violador de espacios.




Francisco Azuela Espinoza

jueves, 28 de abril de 2016

A LA POESIA

 
Ya se dijeron las cosas más oscuras.
También las más brillantes.


Ya se enlazaron las palabras como
cabellos, seda y oro en una misma trenza
—adorno de tu espalda transparente—.


Ahora,
tan bella como estás,
recién peinada,
quiero tomar de ti lo que más amo.


Quiero tomarte
—aunque soy viejo y pobre—
no el oro ni la seda:
tan sólo el simple, el fresco, el puro
(apasionadamente), el perfumado,
el leve (airadamente), el suave pelo.


Y sacarte a las calles,
despeinada,
ondulando en el viento
—libre, suelto, a su aire—
tu cabello sombrío
como una larga y negra carcajada.





Angel Gonzalez

miércoles, 27 de abril de 2016

AL MOÑO DE MERCED

 
Me cuentan que ibas corriendo
Como una sílfide alada,
Cuando de tus blondas trenzas
Te lo robaron las auras;
No sé yo de tal historia
Si es cierta o es inventada;
Pero lo que sé es que ardiendo
De amor y de dicha el alma,
Traigo tu moño en la bolsa
Desde ayer por la mañana;
Que le he hecho mil caricias
Y pienso hacerle otras tantas,
Que por ser color de rosa
Y por ser tuyo me encanta,
Y que por toda la vida
Lo guardaré donde se halla,
Reunido con un billete
Que compré, de La Esperanza,
Con cosa de diez poesías,
De dos vales y una carta
Que me escribió hace dos meses
La que me dio calabazas.


Aquí lo tengo, y a menos
Que deje esta vida amarga,
No abandonaré tu moño,
Dulce cariño del alma,
Ni por lo uno ni por lo otro,
Ni por esto ni por nada,
Que de esa prenda querida
Pienso, merced adorada,
Hacer el hermoso emblema
De todas mis esperanzas.




Manuel Acuña