jueves, 31 de agosto de 2017

AMOR EN EL RECUERDO



 
Ya dora el suave terciopelo
de los campos sembrados,
reposan inertes los arados
y la tierra abraza al cielo. 


La vereda de gris plata
se muestra y se esconde,
jugando a ser duende,
entre el cardo y la mata. 


Vieja encina polvorienta,
levanta tu brazo al cielo
mientras que por el suelo
esparces bellotas magenta. 


Allá, entre el bosquecillo,
una fina cinta de bronce
se retuerce en su cauce
orlada de tono amarillo. 


En las ramas, calla el ave,
y enmudece la cigarra,
hasta parece que la tierra
nos hurta su cara grave. 


Son las horas del silencio,
en las que tan solo truenan
y todo el paraje lo llenan,
gemidos de corazón necio. 


Sollozos apenas sofocados
que queman como soles
hasta los retoños nobles
de mis amores soñados. 


Vida prendida en la rama,
ilusiones apenas florecidas,
lágrima de agua bendecida
huida del amor del que ama. 


Ya todo es ahora silencio,
solo me queda el recuerdo
de ese amor que te guardo,
al que idolatro y reverencio. 


Ya dora el suave terciopelo
de los campos sembrados,
reposan inertes los arados
y la tierra abraza al cielo.



Juan Luis Alba

miércoles, 30 de agosto de 2017

EN UN CEMENTERIO DE LUGAR CASTELLANO



  Corral de muertos, entre pobres tapias,
        hechas también de barro,
pobre corral donde la hoz no siega,
sólo una cruz, en el desierto campo
        señala tu destino. 


  Junto a esas tapias buscan el amparo
del hostigo del cierzo las ovejas
al pasar trashumantes en rebaño,
y en ellas rompen de la vana historia,
como las olas, los rumores vanos. 


        Como un islote en junio,
        te ciñe el mar dorado
de las espigas que a la brisa ondean,
y canta sobre ti la alondra el canto
        de la cosecha. 


Cuando baja en la lluvia el cielo al campo
baja también sobre la santa hierba
        donde la hoz no corta,
de tu rincón, ¡pobre corral de muertos!,
y sienten en sus huesos el reclamo
        del riego de la vida. 


Salvan tus cercas de mampuesto y barro
        las aladas semillas,
o te las llevan con piedad los pájaros,
y crecen escondidas amapolas,
clavelinas, magarzas, brezos, cardos,
entre arrumbadas cruces,
no más que de las aves libres pasto.


Cavan tan sólo en tu maleza brava,
        corral sagrado,
para de un alma que sufrió en el mundo
        sembrar el grano;
        luego sobre esa siembra
        ¡barbecho largo!
Cerca de ti el camino de los vivos,
no como tú, con tapias, no cercado,
        por donde van y vienen,
        ya riendo o llorando,
¡rompiendo con sus risas o sus lloros
el silencio inmortal de tu cercado! 


Después que lento el sol tomó ya tierra,
y sube al cielo el páramo
a la hora del recuerdo,
al toque de oraciones y descanso,
        la tosca cruz de piedra
        de tus tapias de barro
queda, como un guardián que nunca duerme,
de la campiña el sueño vigilando.
        No hay cruz sobre la iglesia de los vivos,
en torno de la cual duerme el poblado;
la cruz, cual perro fiel, ampara el sueño
de los muertos al cielo acorralados. 


¡Y desde el cielo de la noche, Cristo,
        el Pastor Soberano,
con infinitos ojos centelleantes,
recuenta las ovejas del rebaño!
¡Pobre corral de muertos entre tapias
        hechas del mismo barro,
sólo una cruz distingue tu destino
en la desierta soledad del campo!



Miguel de Unamuno

martes, 29 de agosto de 2017

A UNA CIEGA


 
¿Por qué no puedes verme tu alma siente?

¿Lloras, tal vez, porque no ves las rosas?


No llores, niña, no; las más hermosas
son mentido color, son luz que miente.


Oye, en tanto, la voz que, dulcemente,
como rompen las ondas temblorosas
en un lago de ondinas y de diosas,
llega hasta ti serena e inocente.


Es la voz del Amor, tu compañera,
la voz de un niño como tú; no llores:
¿no sientes nacer hoy la primavera?


¿No sientes el perfume de mil flores
que no apreciaste ayer, tal vez? Espera
y podrás ser feliz sin ver colores.



Jose Maria de Horna

lunes, 28 de agosto de 2017

CASA

 
Tal vez ésta es la casa en que viví
cuando yo no existí ni había tierra,
cuando todo era luna o piedra o sombra,
cuando la luz inmóvil no nacía.


Tal vez entonces esta piedra era
mi casa, mis ventanas o mis ojos.


Me recuerda esta rosa de granito
algo que me habitaba o que habité,
cueva o cabeza cósmica de sueños,
copa o castillo o nave o nacimiento.


Toco el tenaz esfuerzo de la roca,
su baluarte golpeado en la salmuera,
y sé que aquí quedaron grietas mías,
arrugadas sustancias que subieron
desde profundidades hasta mi alma,
y piedra fui, piedra seré, por eso
toco esta piedra y para mí no ha muerto:
es lo que fui, lo que seré reposo



 Pablo Neruda