miércoles, 30 de julio de 2025

Pintura de Joaquin Sorolla: Madre e Hijo en la Playa

A MI HIJO

Miguel Hernández

 

Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
abiertos ante el cielo como dos golondrinas:
su color coronado de junios, ya es rocío
alejándose a ciertas regiones matutinas.

Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro,
como bajo la tiera, lluvioso, despoblado,
con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro,
como bajo la tierra quiero haberte enterrado.

Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas,
al fuego arrebatadas de tus ojos solares:
precipitado octubre contra nuestras ventanas,
diste paso al otoño y anocheció los mares.

Te ha devorado el sol, rival único y hondo
y la remota sombra que te lanzó encendido;
te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo,
tragándote; y es como si no hubieras nacido.

Diez meses en la luz, redondeando el cielo,
sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado.
Sin pasar por el día se marchitó tu pelo;
atardeció tu carne con el alba en un lado.

El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente,
carne naciente al alba y al júbilo precisa;
niño que sólo supo reír, tan largamente,
que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa.

Ausente, ausente, ausente como la golondrina,
ave estival que esquiva vivir al pie del hielo:
golondrina que a poco de abrir la pluma fina,
naufraga en las tijeras enemigas del vuelo.

Flor que no fue capaz de endurecer los dientes,
de llegar al más leve signo de la fiereza.
Vida como una hoja de labios incipientes,
hoja que se desliza cuando a sonar empieza.

Los consejos del mar de nada te han valido...
Vengo de dar a un tierno sol una puñalada,
de enterrar un pedazo de pan en el olvido,
de echar sobre unos ojos un puñado de nada.

Verde, rojo, moreno; verde, azul y dorado;
los latentes colores de la vida, los huertos,
el centro de las flores a tus pies destinado,
de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos.

Mujer arrinconada: mira que ya es de día.
(¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!)
Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mia,

la noche continúa cayendo desolada. 

lunes, 28 de julio de 2025

LOS AMANTES EN LA FUENTE: Modesto Faustini 


ENEMIGO ÍNTIMO

Antonio Gala

 

Dice el amante en el amor palabras
que no entiende, mentiras
con que procura defender el brote
de su esperanza, rehecha en cada hora.
Antes de que el amor
desenmascare su voracidad
y en litigio se exprima la mandrágora,
del todo y para siempre
piensa nacer. Pero hay una sonrisa
por el aire que sabe la verdad.
No es el tiempo el que pasa,
sino el amante, y dura
la promesa tan solo
el instante que dura su expansión.
No somos dueños del amor, ni puede
el éxtasis morderse como un fruto.
Vuelve el amante en sí
y de su vieja soledad recobra
los fatales rincones. Le sorprende
el despreciado intruso
que a hurtarle vino su abundancia, y odia
la mano que hace poco reclamaba.
No somos dueños del amor: amamos
lo que podemos, pues la muerte y
el amor no se escogen. Presentimos
que los raudales de la soledad
volverán a correr aún más copiosos,
pero intentamos destronar la muerte
con el beso. Y en tanto
besamos, se nos vuela la mirada
hacia lo nuestro, que es el desamor
y su cierta inminencia.
Busca el amante introducirse en
el oculto recinto del amado
para salir del suyo y olvidarse.
Busca otra soledad y no la encuentra,
porque es la soledad el amor mismo
disfrazado de carne y de caricia,
alzando su clamor en el desierto.
Nada puede librarnos
de ese ajeno enemigo,
sino la luminosa muerte, donde
el fuego nos asume, recupera—
nos la quietud y en el silencio se hunden
las promesas de eterno amor. La muerte,
cuya serenidad
detiene la aventura enardecida
o el sonámbulo intento
del que ama. La muerte, cuya cera
no se funde al ardor de los abrazos.

sábado, 26 de julio de 2025



ARROYUELO AUTOR: ARNEY CARDENAS


A SOLAS

José Maria Gabriel y Galán

¡Qué bien se vive así! Pasan los días
sin dejar en el alma sedimentos
de insanas alegrías
ni de amargos tormentos...

Ni el placer emborracha los sentidos
con falsos espejismos, revestidos
de engañosa apariencia,
ni el dolor de vivir en este mundo
nos hace maldecir nuestra existencia.
¡Qué bien se vive así! Pasan las horas
tranquilas y serenas
cual ondas de arroyuelo bullidoras
que ruedan mansamente sobre arenas.

Ni mis pasos acecha un enemigo,
ni la calumnia sobre mí se ensaña,
ni me hiere a traición el falso amigo
que cuanto más me abraza, más me engaña.

¡Qué bien se vive así, sin ser testigo
de ese culto idolátrico del oro
que convierte en mercado la existencia
y nos hace vivir en la presencia
de miserias que ofenden el decoro
y escándalos que alarman la conciencia!

¡Qué bien se vive así; qué bien, Dios mío!
Ni me roba la farsa el albedrío,
ni tiene que estrechar mi honrada mano
la mano del ladrón y del impío
al par que la del hombre honrado y sano.
¡Qué bien se vive sólo a Dios amando,
en Dios viviendo y para Dios obrando!

La atmósfera serena
de esta amorosa soledad amena
de los ruidos del mundo está vacía,
pero Dios está en ella y Dios la llena
con hálitos de amor y de poesía.

Al alma no acongojan
las diarias mundanas tentaciones
que en los abismos del pecado arrojan
tantos flacos vencidos corazones.
Jamás conturban tan augusta calma
los fantasmas del odio y la perfidia,
ni la codicia ruin que seca el alma,
ni el espectro amarillo de la envidia:
jamás se oye rodar por el vacío
la maldecida voz, hija insolente
de la boca podrida del impío
y la boca soez del maldiciente.
¡Qué bien se vive así! La vida entera
se desvanece en Dios, su Sumo Dueño,
y nos abrasa de su amor la hoguera,
y el bien es fácil, el vivir risueño,
sabroso el pan, reparador el sueño
y dulce el esperar para el que espera.

Y en este grato estado
el espíritu está de Dios más lleno,
y el dolor suele ser más resignado,
y el placer es más puro y más sereno...
Calientan las entrañas
generosos deseos de ser bueno;
ansiedades extrañas
a que antes era el corazón ajeno;
misteriosas y nuevas impresiones
que tienen escondido
del alma en los más íntimos rincones
su delicioso nido;
sublimes explosiones
de amor universal, nunca sentido;
deseos de morirse resignado
a la Cruz abrazado;
infinita ternura
que hace llorar con llanto de dulzura;
fuego que el alma abrasa...,
salto desdén de la mundana escoria...
¡El hálito de Dios, que cuando pasa
nos deja la nostalgia de la gloria!

¡Qué bien así se vive, a Dios amando,
en Dios viviendo y para Dios obrando!

Mas, ¡ay!, cómo me olvido,
en estos pensamientos embebido,
de que este hermoso estado
del vivir «ni envidioso ni envidiado»
es para mí tan breve
que, pronto, sí, ¡desvanecerse debe!

Éste no es para mí perenne estado;
es, no más, un momento de reposo
al cuerpo y al espíritu cansado:
un descanso en un puerto
de este mar de la vida borrascoso,
¡un oasis en medio del desierto!
Después..., ¡después lo mismo!
¡A luchar otra vez por este mundo!
¡A saltar de un abismo en otro abismo,
con riesgo de rodar a lo profundo!...

Pero... ¿y si no rodara?
¿Y si Dios de la mano me llevara,
y humilde tras Él fuera,
y entre tantos abismos no cayera
y a la cumbre llegara?
¿Será más meritoria
la victoria sin lucha así lograda,
que la santa victoria
con lágrimas y sangre conquistada?

¡Oh, no; no vale tanto!
No se llega hasta el Dios tres veces Santo,
no se llega hasta Vos, ¡oh Dios Divino!,
por caminos de flores alfombrados.
¡Se llega con los pies ensangrentados

por las duras espinas del camino! 

sábado, 19 de julio de 2025

Pintura de Vincent Gogh


AMOR EN EL RECUERDO

Juan Luis Aba

 

Ya dora el suave terciopelo
de los campos sembrados,
reposan inertes los arados
y la tierra abraza al cielo.

La vereda de gris plata
se muestra y se esconde,
jugando a ser duende,
entre el cardo y la mata.

Vieja encina polvorienta,
levanta tu brazo al cielo
mientras que por el suelo
esparces bellotas magenta.

Allá, entre el bosquecillo,
una fina cinta de bronce
se retuerce en su cauce
orlada de tono amarillo.

En las ramas, calla el ave,
y enmudece la cigarra,
hasta parece que la tierra
nos hurta su cara grave.

Son las horas del silencio,
en las que tan solo truenan
y todo el paraje lo llenan,
gemidos de corazón necio.

Sollozos apenas sofocados
que queman como soles
hasta los retoños nobles
de mis amores soñados.

Vida prendida en la rama,
ilusiones apenas florecidas,
lágrima de agua bendecida
huida del amor del que ama.

Ya todo es ahora silencio,
solo me queda el recuerdo
de ese amor que te guardo,
al que idolatro y reverencio.

Ya dora el suave terciopelo
de los campos sembrados,
reposan inertes los arados

y la tierra abraza al cielo.