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sábado, 10 de marzo de 2012

Sabiduria


En un país lejano, vivía en tiempos remotos, remotísimos, un hombre que poseía toda la sabiduría del mundo. Se llamaba este hombre Padre Zoé, y la fama de su sabiduría se había extendido por todo el país, hasta los más apartados rincones, y así sucedía que de todos los ámbitos acudían a visitarlo las gentes para pedirle consejo y aprender de él.
Pero he aquí que aquellas gentes se comportaron indebidamente y Zoé se enfadó con ellos. Entonces pensó en la manera de castigarlos.
Tras largas y profundas meditaciones decidió privarles de la sabiduría, escondiéndola en un lugar tan hondo e insospechado que nadie pudiera encontrarla.
Pero él ya había prodigado sus consejos y ellos contenían parte de la sabiduría que, ante todo, debía recuperar. Y lo consiguió; al menos así lo pensaba nuestro Zoé
Ahora debía buscar un lugarcito donde esconder el cacharro de la sabiduría; y, sí, también él sabía un lugar. Y se dispuso a llevar hasta allí su preciado tesoro.
Pero... Padre Zoé tenía un hijo que tampoco tenía un pelo de tonto; se llamaba Nabí. Y cuando éste vio a su padre andar tan misteriosamente y con tanta cautela de un lado a otro con su pote, pensó para sus adentros:
-¡Cosa de gran importancia debe ser ésa!
Y como listo que era, se puso ojo avizor, para vigilar lo que su Padre  se proponía.
Como suponía, lo oyó muy temprano, cuando se levantaba. Nabí prestó mucha atención a todo cuanto su padre hacía, sin que éste lo advirtiera. Y cuando poco después Zoé se alejaba rápida y sigilosamente, saltó de un brinco de la cama y se dispuso a seguir a su padre por donde quiera que éste fuese, con la precaución de que no se diera cuenta de ello.
Nabí vio pronto que Zoé llevaba una gran jarra, y le aguijoneaba la curiosidad de saber lo que en ella había.
Zoé atravesó el poblado; era tan de mañana que todo el mundo dormía aún; luego se internó profundamente en el bosque.
Cuando llegó a un macizo de palmeras altas como el cielo, buscó la más esbelta de todas y empezó a trepar con la jarra o pote de la sabiduría pendiendo de un cordel que llevaba atado por la parte delantera del cuello.
Indudablemente, quería esconder el Jarro de la Sabiduría en lo más alto de la copa del árbol, donde seguramente ningún mortal había de acudir a buscarlo... Pero era difícil y pesada la ascensión; con todo, seguía trepando y mirando hacia abajo. No obstante la altura, no le asustó, sino que seguía sube que te sube.
El jarro que contenía toda la sabiduría del mundo oscilaba de un lado a otro, ya a derecha ya a izquierda, igual que un péndulo, y otras veces entre su pecho y el tronco del árbol. ¡La subida era ardua, pero Zoé era muy tozudo! No cesó de trepar hasta que Nabí, que desde su puesto de observatorio se moría de curiosidad, ya no lo podía distinguir.
-Padre -le gritó- ¿por qué no llevas colgado de la espalda el jarro? ¡Tal como te lo propones, la ascensión te será difícil y arriesgada!
Apenas había oído Zoé estas palabras, se inclinó para mirar a la tierra que tenía a sus pies.
-Escucha -gritó a todo pulmón Zoé-, yo creía haber metido toda la sabiduría del mundo en este jarro, y ahora descubro, de repente, que mi propio hijo me da lección de sabiduría. Yo no me había percatado de la mejor manera de subir este jarro sin incidente y con relativa comodidad hasta la copa de este árbol. Pero mi hijito ha sabido lo bastante para decírmelo.
Su decepción era tan grande que, con todas sus fuerzas, tiró el Jarro de la Sabiduría todo lo lejos que pudo. El jarro chocó contra una piedra y se rompió en mil pedazos.
Y como es de suponer, toda la sabiduría del mundo que allí dentro estaba encerrada se derramó, esparciéndose por todos los ámbitos de la tierra.
Sueko

viernes, 9 de marzo de 2012

El Sueño




Un leñador de un pequeño pueblo, se encontró en el campo con un ciervo asustado y 
lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar el ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:
-Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.
-Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo. ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero -dijo la mujer.
-Aun suponiendo que encontré el ciervo por un sueño -contestó el marido- ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?
Aquella noche el leñador volvió a su casa, pensando todavía en el ciervo, si realmente soñó, y si en el sueño, soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y también, si soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró el ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador:
-Realmente mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró el ciervo y ahora te lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo que otro había matado. Luego, nadie mató al ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.
El caso llegó a oídos del rey, y dijo:
-¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?


Sueko

domingo, 26 de febrero de 2012

La Escuela del Hambre


Un Pastor que no tenía con qué alimentar a su familia se acuerda de una vieja  costumbre, que promete una fuerte recompensa al que sea capaz de desafiar y vencer al maestro de una escuela de sable.
Aunque no había tocado un arma en su vida, el Pastor hambriento desafía al maestro más famoso de la región. El día fijado, delante de un público numeroso, los dos hombres se enfrentan. El Pastor, no se muestra  nada impresionado por la reputación de su adversario, lo espera a pie firme, mientras que el maestro de sable esta  un poco turbado por tal  comportamiento.
"¿Quién será este hombre?", piensa. "Jamás ningún villano hubiera tenido el valor de desafiarme. ¿No será una trampa de mis enemigos?"
El Pastor, acuciado por el hambre, se adelanta resueltamente hacia su rival. El Maestro duda, desconcertado por la total ausencia de técnica de su adversario. Finalmente, retrocede movido por el miedo. Antes incluso del primer asalto, el Maestro siente que será vencido. Baja su sable y dice:
-Usted es el vencedor. Por primera vez en mi vida he sido abatido. Entre todas las escuelas de sable, la mía es la más renombrada. Es conocida con el nombre de "La que en un solo gesto te llevas diez mil golpes". ¿Puedo preguntarle, respetuosamente, el nombre de su escuela?
-La escuela del hambre -responde el Pastor.

Sueko

jueves, 16 de febrero de 2012

El Hombre de Vida Inexplicable



Había una vez un hombre  que se llamaba Thai . Vivía en una aldea en la que había obtenido un puesto como pequeño funcionario y parecía muy probable que fuese a terminar sus días como inspector de pesas y medidas. Una tarde, cuando estaba caminando por los jardines de un viejo edificio cerca de su casa, se le apareció el guía de reiki, vestido con una túnica de brillantes  blanca, Thai se encontró con el y el guía le dijo:
-Hombre de brillantes perspectivas, deja tu trabajo y encuéntrame junto a la ribera del río dentro de tres días.
Y desapareció.
Thai fue a ver a su superior, conmovido por este encuentro, y le dijo que tenía que partir. Todo el mundo en la aldea se enteró pronto de esta decisión, y dijeron: "Pobre Thai, se ha vuelto loco". Pero como había muchos candidatos para su puesto no tardaron en olvidarlo. En el día señalado Thai se encontró con el guía, quien le dijo:
-Quítate las ropas y arrójate al río. Quizás alguien te salvará.
Thai lo hizo sin hesitar, aunque se preguntaba si se había vuelto loco. Puesto que sabía nadar no se hundió, pero fue arrastrado por las aguas largamente antes de que un pescador lo hiciera subir a su bote y le dijera:
-Hombre loco, la corriente es muy fuerte, ¿qué estás tratando de hacer?
Thai dijo:
-Realmente no lo sé.
-Estás loco -dijo el pescador-, pero te llevaré a mi cabaña junto al río, y veremos qué puedo hacer por ti.
Cuando el pescador descubrió que Thai hablaba bien, aprendió de él a leer y a escribir. En cambio le dio alimento y un lugar donde habitar. Thai ayudaba al pescador en su trabajo. Después de unos pocos meses el guía volvió a aparecer, esta vez al pie de la cama de Thai, y le dijo:
-Levántate y deja a este pescador. Ya veremos qué se hace contigo.
Thai salió inmediatamente de la cabaña, se vistió como pescador y vagabundeó hasta llegar a una carretera. Cuando se hizo el día vio a un agricultor en un burro en su camino hacia el mercado.
-¿Buscas trabajo? -le preguntó el agricultor-, porque necesito a un hombre que me ayude para traer de vuelta algunas compras que debo hacer.
Thai lo siguió. Trabajó para el agricultor durante casi dos años, tiempo en el cual aprendió bastante sobre agricultura, pero sobre ninguna otra cosa. Un atardecer, mientras estaba limpiando algodón, se le apareció el guía y le dijo:
-Deja este trabajo, ve a la ciudad de Maduo y usa los ahorros para convertirte en un mercader de pieles.
Thai obedeció. En Maduo se hizo conocido como mercader de pieles y no volvió a ver al guía durante tres años. Había ahorrado una suma considerable de dinero y estaba pensando en comprar una casa, cuando el guía volvió a aparecérsele y le dijo:
-Dame tu dinero. Vete de esta ciudad. Ve tan lejos como Beijing, y trabaja allí como almacenero.
Thai lo hizo. En realidad empezó a mostrar signos bastante ciertos de iluminación. Curaba a los enfermos, servía a sus conciudadanos y durante su tiempo libre notaba que los misterios se iban profundizando en él cada vez más acentuadamente. Filósofos, hombres de negocios, lo visitaban y le preguntaban:
-¿Con quién estudiaste?
-Es difícil decirlo -contestaba Thai
Sus discípulos le preguntaban:
-¿Cómo empezaste tu carrera?
Él decía:
-Como un pequeño funcionario.
-¿Y la abandonaste para dedicarte a la mortificación?
-No. Simplemente la abandoné -decía Thai
Y sus discípulos no lo entendían. La gente se le acercaba para escribir la historia de su vida.
-¿Qué has sido en tu vida? -le preguntaban.
-Salté a un río, me convertí en pescador; después me fui de una cabaña en la mitad de una noche; después de esto me volví agricultor, y mientras estaba limpiando algodón cambié y fui a Maduo, donde me convertí en un mercader en pieles. Ahorré algún dinero allí, pero lo dejé, y después vine a Beijing y trabajé como almacenero. Y aquí es donde estoy ahora.
-Pero esta conducta inexplicable no ilumina para nada tus dones tan extraños y tus ejemplos maravillosos, decían los biógrafos.
-Así es -decía Thai.
De tal suerte, los biógrafos organizaron para Thai una historia muy excitante y maravillosa, porque todos los santos deben tener su historia, y la historia debe estar de acuerdo con el apetito del oyente, no con las realidades de la vida. Y nadie puede hablar del guía directamente. Tal es la razón por la cual esa historia no es cierta. Es una representación de la vida.
Esta es la verdadera vida de uno de los más grandes Dalai Lama que ha dado el Tíbet.




martes, 14 de febrero de 2012

MARIA


El tren se aleja, en él viaja María, el amor de mi  vida, no pude retenerla por más que le suplique, se canso de esperar un cambio en mí que nunca llego, ahora solo en la estación, pienso en todo lo que pude hacer y no hice, que fácil es pensar lo que se puede hacer, con lo difícil que es hacer lo que se piensa.
Llevábamos veinte años viviendo juntos, desde la época de estudiantes en la universidad, la conocí el tercer año de carrera, empezamos a salir y después de terminar, decidimos irnos a vivir juntos como pareja. Éramos felices, vivíamos en una ciudad pequeña y tranquila de la costa brava, no estábamos casados y tampoco teníamos hijos.
Vivimos años maravillosos, viajamos por todo el mundo, teníamos una posición social bastante buena, ambos éramos profesores de universidad, así que cuando llegaban las vacaciones, nos dedicábamos a viajar, visitamos todos los continentes, conocimos otras culturas y  otras formas de vida.
El ultimo viaje lo realizamos a Perú, para ir  a ver el Machu Picchu, quedamos impresionado de la cultura MAYA, pero el destino nos tenia preparado una sorpresa que marco nuestras vidas.  Era una mañana temprano, viajábamos en el coche dirección al Cuzco, el valle sagrado de los Incas, nos la encontramos en medio del camino, iba sola con dos hijos pequeños, la  tuvimos que ayudar a dar a luz a su octavo hijo,  la atendimos y después  la acompañamos a su casa.
 Su familia nos recibió con cariño, después de saber lo que habíamos hecho, celebraron una fiesta en honor a nosotros, pasamos quince días en la aldea rodeado de todos los vecinos que nos agasajaban y nos atendían como si fuéramos dioses, María no se separaba de la niña, la madre le puso su nombre en honor a nosotros, y dijo que nunca nos olvidaría, después de llenarnos de regalos partimos con destino a casa.
Ya nada fue igual, ella no paraba hablar de su ahijada, de lo hermoso que seria tener sus propios hijos, que si se hacia vieja y no iba a conocer  lo que se sentía a ser madre, que su madre le decía que lo mas hermoso era cuando abrazabas a tu hijo recién nacido de tus entrañas.


 Ella quería tener dos hijos, decía que era lo que nos faltaba para ser realmente felices, yo le daba largas, le decía que cuando llegara el momento los tendríamos, pero mi estúpida vanidad no me dejaba ver, que María se estaba alejando poco a poco de mi, no quería compartir el amor que sentía por ella con nadie mas, ahora me doy cuenta de mi error y lo hipócrita que llegue a ser.
Estoy solo en el andén, y tengo decidido coger el próximo tren para ir a buscarla, no quiero pasar el resto de mi vida sin María, tendremos hijos, que después de todo ¿hay algo más “hermoso en la vida que ser Padres”?

 Sueco

domingo, 29 de enero de 2012

El Bigote del Tigre


Una mujer joven llamada Sofía  fue un día a la casa de un ermitaño de la montaña en busca de ayuda.
El ermitaño era un sabio de gran renombre, hacedor de ensalmos y pociones mágicas.
Cuando Sofía entró en su casa, el ermitaño, sin levantar los ojos de la chimenea que estaba mirando, dijo:
-¿Por qué viniste?
Sofía respondió:
-Oh, Sabio Famoso, ¡estoy desesperada! ¡Hazme una poción!
-Sí, sí, ¡hazme una poción! -exclamó el ermitaño-. ¡Todos necesitan pociones! ¿Podemos curar un mundo enfermo con una poción?
-Maestro -insistió Sofía-, si no me ayudas, estaré verdaderamente perdida.
-Bueno, ¿cuál es tu problema? -dijo el ermitaño, resignado por fin a escucharla.
-Se trata de mi marido -comenzó Sofía-. Tengo un gran amor por él. Durante los últimos tres años ha estado peleando en la guerra. Ahora que ha vuelto, casi no me habla, a mí ni a nadie. Si yo hablo, no parece oír. Cuando habla, lo hace con aspereza. Si le sirvo comida que no le gusta, le da un manotazo y se va enojado de la habitación. A veces, cuando debería estar trabajando en el campo, lo veo sentado ociosamente en la cima de la montaña, mirando hacia el mar.
-Si, así ocurre a veces cuando los jóvenes vuelven a su casa después de la guerra -dijo el ermitaño-. Prosigue.
-No hay nada más que decir, Ilustrado. Quiero una poción para darle a mi marido, así se volverá cariñoso y amable, como era antes.
-! Ja! Tan simple, ¿no? -replicó el ermitaño-. ¡Una poción! Muy bien, vuelve en tres días y te diré qué nos hará falta para esa poción.
Tres días más tarde, Sofía volvió a la casa del sabio de la montaña.
-Lo he pensado -le dijo-. Puedo hacer tu poción. Pero el ingrediente principal es el bigote de un tigre vivo. Tráeme su bigote y te daré lo que necesitas.
-¡El bigote de un tigre vivo! -exclamó Sofía-. ¿Cómo haré para conseguirlo?
-Si esa poción es tan importante, obtendrás éxito -dijo el ermitaño. Y apartó la cabeza, sin más deseos de hablar.
Sofía se marchó a su casa. Pensó mucho en cómo conseguiría el bigote del tigre. Hasta que una noche, cuando su marido estaba dormido, salió de su casa con un plato de arroz y salsa de carne en la mano. Fue al lugar de la montaña donde sabía que vivía el tigre.
Manteniéndose alejada de su cueva, extendió el plato de comida, llamando al tigre para que viniera a comer.
El tigre no vino.
A la noche siguiente Sofía volvió a la montaña, esta vez un poco más cerca de la cueva. De nuevo ofreció al tigre un plato de comida.
Todas las noches Sofía fue a la montaña, acercándose cada vez más a la cueva, unos pasos más que la noche anterior. Poco a poco el tigre se acostumbró a verla allí.
Una noche, se acercó a pocos pasos de la cueva del tigre. Esta vez el animal dio unos pasos hacia ella y se detuvo. Los dos quedaron mirándose bajo la luna. Lo mismo ocurrió a la noche siguiente, y esta vez estaban tan cerca que Sofía pudo hablar al tigre con una voz suave y tranquilizadora.
La noche siguiente, después de mirar con cuidado los ojos de Sofía, el tigre comió los alimentos que ella le ofrecía. Después de eso, cuando Sofía iba por las noches, encontraba al tigre esperándola en el camino.
Cuando el tigre había comido,  podía acariciarle suavemente la cabeza con la mano. Casi seis meses habían pasado desde la noche de su primera visita. Al final, una noche, después de acariciar la cabeza del animal, Sofía dijo:
-Oh, Tigre, animal generoso, es preciso que tenga uno de tus bigotes. ¡No te enojes conmigo!
Y le arrancó uno de los bigotes.
El tigre no se enojó, como ella temía. Bajó por el camino, no caminando sino corriendo, con el bigote aferrado fuertemente en la mano.
A la mañana siguiente, cuando el sol asomaba desde el mar, ya estaba en la casa del ermitaño de la montaña.
-¡Oh, Famoso! -gritó-. ¡Lo tengo! ¡Tengo el bigote del tigre! Ahora puedes hacer la poción que me prometiste para que mi marido vuelva a ser cariñoso y amable.
El ermitaño tomó el bigote y lo examinó. Satisfecho, pues realmente era de tigre, se inclinó hacia adelante y lo dejó caer en el fuego que ardía en su chimenea.
-¡Oh señor! -gritó la joven mujer, angustiada- ¡Qué hiciste con el bigote!
-Dime como lo conseguiste -dijo el ermitaño.
-Bueno, fui a la montaña todas las noches con un plato de comida. Al principio me mantuve lejos, y me fui acercando poco cada vez, ganando la confianza del tigre. Le hablé con voz cariñosa y tranquilizadora para hacerle entender que sólo deseaba su bien. Fui paciente. Todas las noches le llevaba comida, sabiendo que no comería. Pero no cedí. Fui una y otra vez. Nunca le hablé con aspereza. Nunca le hice reproches. Y por fin, una noche dio unos pasos hacia mí. Llegó un momento en que me esperaba en el camino y comía del plato que yo llevaba en las manos. Le acariciaba la cabeza y él hacía sonidos de alegría con la garganta. Sólo después de eso le saqué el bigote.
-Sí, sí -dijo el ermitaño-, domaste al tigre y te ganaste su confianza y su amor.
-Pero tú arrojaste el bigote al fuego -exclamó Sofía llorando-. ¡Todo fue para nada!
-No, no me parece que todo haya sido para nada -repuso el ermitaño-. Ya no hace falta el bigote. Sofía, déjame que te pregunte algo: ¿es acaso un hombre más cruel que un tigre? ¿Responde menos al cariño y a la comprensión? Si puedes ganar con cariño y paciencia el amor y la confianza de un animal salvaje y sediento de sangre, sin duda puedes hacer lo mismo con tu marido.
Al oír esto, Sofía permaneció muda unos momentos. Luego avanzó por el camino reflexionando sobre la verdad que había aprendido en casa del ermitaño de la montaña.

sueco


martes, 3 de enero de 2012

SOY PASADO




Era de noche, el viaje en coche era agotador, tenia prisa, ¿ no se porque?, nadie me espera....

Me puse a recordar, cuando volvía de viaje y mi mujer y mis dos hijos me esperaban despiertos, esperando los regalos que siempre les traía, fueron tiempos muy felices, pero un día mi mujer cogió a los niños y me abandono, no quería saber nada de mi, se fue con un amigo mio de la infancia, que se aprovecho de mis largas ausencias para ganarse el cariño de mis hijos y el de mi mujer, no se como lo hizo, pues era u n tipo violento no tenia trabajo, aunque reconozco que tenia un buen ver.

Después de diez años sin saber nada de ellos, recibo una carta de mis hijos en la que dicen, que me quieren ver, que su madre esta muy enferma, me resulto chocante e insólito, no podía imaginar que le podía pasar, porque desde que se fueron, solo veía a mis hijos en verano y no siempre, su padrastro programaba viajes en las fechas que me tocaban disfrutar de ellos, por mas que protesté y amenacé con denunciarlo nunca lo logre, poco a poco se distanciaron y tanto mi exmujer como mis hijos, se fueron alejando de mi hasta que perdí toda relación.

Después de ducharme y tomarme un café salí de casa a reunirme con ellos en la cafetería que había junto al parque, tenia curiosidad. Llegué temprano mis hijos todavía habían llegado, me pedí un coñac y espere, al cabo de media hora y dos coñac llegaron, venían serios como preocupados, después de saludarnos se sentaron en una mesa, la mas apartada del local, se pidieron unos cafés y dijeron:


 Padre nuestra madre esta muy enferma su marido la ha dejado, no tiene ni para comer, el poco dinero que tenia se lo gastó en juego, mujeres y bebida, cuando vio que no quedaba nada se marcho con una mujer mayor que el pero rica, pero lo peor es que mientras vivieron juntos la maltrataba, tanto física como psicológicamente, y en una de las palizas que le dio le destrozó un riñón, pero mama no quiso denunciarlo por miedo a que la matara, queremos que nos ayude, necesitamos que nos deje dinero para poder llevar a nuestra madre a que reciba tratamiento en el hospital, sabemos que no tiene la obligación de ayudarnos, pero no tenemos a nadie mas.

A la mañana siguiente pase por el banco, retire de mi cuenta el dinero que necesitaban, se lo entregué, me dieron las gracias, y dijeron que me llamarían para informarme de como se encontraba su madre y si había algún contratiempo.

Después de dos años me llamaron y me dijeron que estaban muy agradecidos, que su madre se había recuperado, quedamos para vernos otra vez, pero todavía los estoy esperando.

Estoy llegando a casa vengo cansado, el recuerdo de mis hijos me ha dejado frustrado, lo que me hace pensar que solo soy para ellos, el pasado.



Sueco


lunes, 2 de enero de 2012

El Oso y El Conejo




Había una vez una familia de osos. El padre la madre y dos ositos. Se echaba encima el invierno, fue en ese momento que el padre se percato de que en la cueva quedaba poca comida, determino salir a cazar, el osito mayor decidió que iría también, la madre se opuso a que fuera, pero el osito insistió al final la madre de mala gana acepto.

Partieron hacia el bosque buscando huellas de algún animal, el padre aceleraba el paso, el osito se va quedando rezagado, en ese instante se forma una ventisca y el osito pierde de vista a su padre.

Se orientaba como buenamente podía, la ventisca levantaba tanta nieve que apenas podía ver, al cabo de un buen rato andando se topa con un conejo, en el momento que ve al osito se esconde entre los matorrales, el osito le dice,- no te asustes, no te haré nada, solo quiero que me indiques el camino, que voy perdido y no veo a mi padre -, - es que yo también estoy perdido, iba con mi familia, me desvié del camino y ahora no los puedo encontrar, pero aquí tengo algo de comida,- le contesta el conejo.


 Después de descansar y compartir la comida se ponen en marcha, no sin dificultad , la ventisca cada vez es mas fuerte, se encontraban entre una arboleda y tropiezan con una ardilla recogiendo alimentos para pasar el invierno, el conejo le pregunta,- ¿has visto pasar a una familia de conejos o de osos?-, - No, no he visto a nadie, como os atrevéis a ir con el tiempo que hace solos por el bosque, con la cantidad de cazadores que hay,- le dice la ardilla, el osito y el conejo no le contestan y siguen caminando cuando de pronto ven a un puma que no les quita la vista de encima, asustados salen corriendo, el puma detrás, cada vez mas cerca, esta punto de cazarlos, pero en ese momento aparece la madre del osito puesta a dos patas y gruñendo, el puma se para en seco, se queda observando a la osa y comprende que es demasiado para el, dio media vuelta y se marcho.

La madre enfadada le regaña por no comprender sus temores al no hacerle caso, le dice que se asusto al ver que regresaba su padre sin el.

Se fueron los tres juntos a la cueva, el conejo como no sabia volver decidió aceptar la invitación que le hizo su amigo de pasar el invierno con ellos.

 



sueco

miércoles, 28 de diciembre de 2011

TE ESPERABA




















llegue a casa era medianoche. Estaba situada al pie de una colina, envuelta en niebla. Era una casa pequeña de impresionante construcción tenia los muros negros igual que el carbón, aquellas ventanas de formas góticas me daban escalofríos, iba solo pero al acercarme veía sombras, se movían en la oscuridad, no se cuantas eran pero no me importaba.
Al llegar me di cuenta que era mas pequeña de lo que parecía, la puerta era de color oscuro y tenia unos grabados extraños, cuando llegue estaba abierta, pase al recibidor y me diriji a la escalera, decidí subir al salón.
Estoy viejo y demacrado, sentado en mi sillón junto a la chimenea, un aire frió entra en la estancia, los brazos comenzaron a temblar sin poderlos contener, sabia que era la señal de que mi vida estaba llegando a su fin, mire a mi alrededor pero estaba solo, de pronto un hedor apestoso se apodero del salón, sentí ganas de vomitar, quise salir corriendo pero no me podía mover, era como si estuviera anclado al suelo, me di cuenta que el corazón latía demasiado deprisa, temí que algo podía ocurrirme, el aire frío secó mi sudor, pero no se llevaba el hedor, definitivamente el miedo se apodero de mi sabia que si seguía así iba a morir.
Mi vida paso por mi mente como una película  intentando encontrar algo de mi infancia que me hubiera hecho feliz, pero no vi nada, es extraño, pero así es, mi supervivencia había sido dura, no tuve niñez mi madre murió y mi padre me abandonó, me crié solo en las calles.
No se que me hizo girar la cabeza, pero estaba  unos pasos mas allá, se acercaba despacio, era el final, mi existencia se apagaba con la misma tristeza que la viví  ella me cogió de la mano, y me llevó al pozo de la soledad.

sueco

sábado, 17 de diciembre de 2011

¡POR FIN!







Acomodó su espalda en aquel sofá, que tanto tiempo había compartido su vida. Ubicado en el rincón menos lúgubre de la habitación, la luz de la ultima vela que había en el cajón de su escritorio es ya tenue, en esa tarde de otoño. Cierra sus ojos, sus oídos acostumbrados a callar el bullicio del mundo, solo oye el tic, tac de su viejo reloj, cosa que no le extraña pues hace tanto tiempo, que solo ha escuchado eso. En la calle, las nubes obligan al sol a guardar su verdadero encanto, anunciando el inicio del invierno, dejando para sí, una triste sonrisa. Abre los ojos y ve la vela frente a él, con una mirada parece acusarla por ser tan frágil, pero no se ha percatado que su visión ha dejado de tener contacto con la realidad. De pronto, parece oír de la habitación mas lejana, un sonido nostálgico, logrando que se le escapen unas lágrimas, provocando el ahogamiento de su soledad.
Y por primera vez decidió que quería olvidar, empezó a beber el buen vino que tenia guardado, no se detuvo hasta llegar a la embriaguez, aun así intento ponerse en sus cabales, dándose unas palmadas en el rostro, pero se quedó dormido.
Un sudor frió le recorrió la frente, su corazón parecía querer salirse de su lugar, mientras que sus párpados se dilatan a la vez.
¿Donde estoy?, observando en el estado que se encontraba, un dolor le obliga a llevarse la mano al pecho, el dolor es tan fuerte que se retuerce en el sillón, sumido por el dolor se percata de que esta solo, que hace muchos años que su esposa se marcho, de pronto ve una luz, ¡ Por fin llegaste!... te esperaba desde el mismo día que te fuiste, de eso hace ya tanto...


sueco

viernes, 9 de diciembre de 2011

El Viaje del Piojo

LAS AVENTURAS DEL PIOJO VIAJERO



Había una granja en las afueras de un pequeño pueblo, los animales, estaban reunidos, para elegir al miembro mas viajero. Tomo la palabra el caballo y dijo: Señores vamos a escuchar, a todo aquel que haya efectuado un viaje. El pollo levanto el ala y pidió la palabra,- yo he viajado desde Sevilla a Bilbao, en tren -, yo he ido a Francia en avión -,dijo el pato -, Cuando dijo el piojo, - les voy a contar mi historia, residía en el pelo de un perrito, que su dueña lo sacaba todos los días al parque, una mañana el perrito comenzó a rascarse con fuerza, su dueña que lo vio, lo cogió y se marcho a casa, una vez en casa, decidió bañar al perrito, en cuanto vi el agua salte al pelo de la señora, una vez el perrito estuvo bañado, ella se marcho a su habitación, para prepararse un baño, temiendo que me descubriera, salte a un abrigo de pieles que se encontraba en un sillón. Allí calentita me quede dormida.
Pasaron varios días y yo vivía estupendamente. Una noche llego su hija Wiki, a pasar el fin de semana, cuando se iba a marchar empezó a llover y hacia frió, la señora tomo el abrigo, y se lo regalo a su hija, me fui con el abrigo.
A la semana siguiente Wiki se marcho a París con el abrigo de pieles, conmigo dentro. Viajamos en primera clase, que lujo que comodidad, ya en París visite museos, la torre eiffel y el arco del triunfo. De París viaje a Milán, visitando los sitios mas bonitos de la ciudad. Como Wiki tenia varios hijos en Estados Unidos, viajamos a visitarlos, estuve en los Ángeles, Dalas, Nueva York, disfrute muchísimo viendo cosas que ni me podía imaginar, siempre dentro del abrigo. De Nueva York, fuimos a Cancún, hay empezaron mis problemas, a Wiki le apeteció almorzar en un lujoso restaurante mexicano, cuando un camarero derramo la bebida sobre el abrigo, rápidamente el dueño, le dijo que no se preocupase que en un momento se lo limpiaban, agarro el abrigo, conmigo dentro y se lo entrego a una doncella.
Llevaron el abrigo a una tintorería, lo metieron en una maquina gigante que llaman lavadora, que casi me ahogo, de pronto me encuentro dando vueltas mezclado con agua, jabón y otros detergentes, para posteriormente caer al desagüe, tras un largo recorrido por tuberías, para emerger en un rió y luego al mar, cuando creí que estaba todo perdido, me salve de milagro, fui recogido por la redes de un barco pesquero, me izaron a bordo sin darse cuenta de mi presencia, en el momento que desembarcaron la pesca en el puerto, salte a un saco de verduras, después las verduras las llevaron en avión a España, después en el aeropuerto, cargaron el saco de verduras en un camión y me trajo hasta aquí. Y esa es la historia de mi viaje -.
La vaca que había escuchado muy atentamente dijo,- amigos considero al piojo el mas viajero de todos nosotros -, todos lo proclamaron como el animal mas viajero de la granja.




sueco

Boby






Aquí os traigo un cuento para niños espero que os guste.








Era un perro de tamaño mediano. El perro se llamaba Boby y al oír su nombre, meneaba la cola y miraba hacia quien lo llamaba.
Su dueño se llamaba Quique y quería mucho a su compañero de juegos y de exploraciones por el monte cercano, al cual iban cuando su madre se lo permitía.
Boby había aprendido a traerle a quique sus libros, cuadernos y lapices que tomaba delicada mente con su boca, valiéndose de sus dientes. A Boby le gustaba ir al parque con Quique y sus amigos, se lo pasaba bien corriendo detrás de las ardillas y los pájaros, jugaba con ellos al escondite, cuando se tenia que esconder, no lo encontraban, le tenia que reclamar su dueño, para que saliera que había ganado, a Boby lo querían mucho en el barrio, un buen día que se fueron todos los amigos de excursión al monte, después de jugar, buscar setas y almorzar, se disponían a partir, cuando uno de los amigos no aparecía, gracias a su olfato, Boby lo encontró perdido a tres kilómetros de donde habían acampado.
Un día que estaban en el parque, estaba jugando con las ardillas, cuando unos desconocidos se acercaron a Quique ofreciéndole golosinas, sabia que no tenia que coger nada de desconocidos, pero las golosinas eran tan tentadoras que las acepto, cuando se acerco a cogerlas los hombres lo cogieron del brazo con la intención de subirlo al coche, se puso a gritar pero los hombres eran mas fuertes y no se podía soltar, Boby que había oído a su amo gritar se fue corriendo y ladrando hacia donde estaban los hombres sujetando a su dueño, el policía que vigilaba en el parque, rápidamente dio la voz de alarma y entre los vecinos que se encontraban allí, redujeron a los secuestradores.
A partir de ese día Boby nunca mas volvió a perder de vista a Quique.


La moraleja de este cuento es: No aceptes nada de desconocidos, y hacerle caso a los papás

sueco

jueves, 1 de diciembre de 2011

Historias de un recluta







Aquí os cuento historias reales de un recluta en el C.I:R. Nº 2 de  Alcalá de Henares 










Son las dos de la mañana, vamos en tren, camino de Madrid, entre el traqueteo y el frío no puedo dormir. Viajábamos en tercera clase, no hay calefacción, la temperatura fuera es bajo cero, pero mis compañeros de viaje si que están durmiendo. Decido pasar a primera clase, allí hay calefacción, si tengo suerte encontraré un compartimento vació y me quedaré a terminar el viaje.
Son las diez de la mañana, el tren entra en atocha. Bajamos todos los reclutas y enseguida nos forman, subimos al camión con destino a Alcalá de Henares, vamos al C.I.R. Nº 2, allí haré la instrucción. Una vez hemos llegado, nos forman, para pasar lista. 
Pasamos por vestuario, nos dan el ajuar, después al barbero y de mis pelos largos... nada quedó. A continuación nos dieron el numero de la compañía, la cincuenta y dos del quinto batallón. Fuimos a dejar todas las cosas, cambiarnos de color, todos caqui y pelaos, parecíamos reclusos. Después nos fuimos a comer el rancho, mas tarde cada recluta fue a presentarse al auxiliar asignado para que le dijera que tenia que hacer. Sin perder tiempo nos pusieron a trabajar, a mi me tocó la granja.
Me presento al auxiliar, un soldado de Barcelona, con mi ropa nueva y limpia. Me dice que le de el carné de identidad, que es la forma que hay para que hagamos nuestro trabajo, me ordena que coja un cubo que hay en la puerta de las porqueras,  para mi sorpresa veo que dentro del cubo solo hay agua y un cepillo de dientes, "entra y limpia los cerdos hasta que les quede la piel brillante" dijo, se echan a reir todos los veteranos de la granja. Yo ni corto ni perezoso cojo el cubo y lo tiro al suelo, a continuación me dirijo a ellos, les digo “limpiarlo vosotros con los cuernos”, les pido mi carné de identidad, me dicen que se lo darán al capitán de mi compañía, doy media vuelta y me voy.
Por la noche estando en formación para pasar lista,  recibir las ordenes del día siguiente, el Capitán de la compañía, con mi carné de identidad en la mano, me llama y dice, "da un paso al frente, coge una colchoneta y te presentas en el cuerpo de guardia, te vas a pasar la noche en el calabozo. La próxima vez te castigare con quince días de arresto".
Me presenté en el cuerpo de guardia, pase toda la noche haciendo rondas por el C.I.R., fumando un canuto de vez en cuando. Lo hice por voluntad propia, me podía haber quedado en la celda tumbado en el colchón tranquilamente.

sueco

lunes, 28 de noviembre de 2011

Soy Pasado

Era de noche, el viaje en coche era agotador, tenia prisa, ¿ no se porque?, nadie me espera....
Me puse a recordar, cuando volvía de viaje y mi mujer y mis dos hijos me esperaban despiertos, esperando los regalos que siempre les traía, fueron tiempos muy felices, pero un día mi mujer cogió a los niños y me abandono, no quería saber nada de mi, se fue con un amigo mio de la infancia que se aprovecho de mis largas ausencias para ganarse el cariño de mis hijos y el de mi mujer, no se como lo hizo, pues era un tipo violento no tenia trabajo, aunque reconozco que tenia un buen ver.
Recuerdo cuando después de diez años sin saber nada de ellos, recibo una carta de mis hijos, en la que decían, que me querían ver, que su madre estaba muy enferma, me extraño recibir la carta, no podía imaginar que le podía pasar, porque desde que se fueron, solo veía a mis hijos en verano y no siempre, su padrastro programaba viajes en las fechas que me tocaban estar con ellos, por mas que protesté y amenacé con denunciarlo nunca lo logre, poco a poco se distanciaron, tanto mi ex mujer como mis hijos, se fueron alejando de mi hasta que perdí toda relación.
Después de ducharme y tomarme un café salí de casa a reunirme con mis hijos en la cafetería que había junto al parque, tenia curiosidad de saber que pasaba, llegué temprano mis hijos todavía habían llegado, me pedí un coñac y espere, al cabo de media hora y dos coñac llegaron mis hijos, venían serios como preocupados, después de saludarnos se sentaron en una mesa, la mas apartada del local, pidieron unos cafés y me dijeron: Padre, nuestra madre esta muy enferma, su marido la ha dejado, no tiene ni para comer, el poco dinero que tenia se lo gastó en juego, mujeres y bebida, cuando vio que no quedaba nada se marcho con una mujer mayor que el pero rica, pero lo peor es que mientras vivieron juntos la maltrataba, tanto física como psicológica mente, en una de las palizas que le dio le destrozó un riñón, pero mama no quiso denunciarlo, por miedo a que la matara, queremos que nos ayude, necesitamos que nos deje dinero para poder llevar a nuestra madre a que reciba tratamiento en el hospital, sabemos que no tiene la obligación de ayudarnos, pero no tenemos a nadie mas. 
A la mañana siguiente pase por el banco, retire de mi cuenta el dinero que necesitaban, se lo entregué, me dieron las gracias, y dijeron que me llamarían para informarme de como se encontraba su madre y si había algún contratiempo.
Después de dos años me llamaron y me dijeron que estaban muy agradecidos, que su madre se había recuperado, quedamos para vernos otra vez, pero todavía los estoy esperando.
Estoy llegando a casa vengo cansado, el recuerdo de mis hijos me ha dejado frustrado, lo que me hace pensar que solo soy para ellos, " pasado".




sueco

domingo, 27 de noviembre de 2011

Don Manuel


Aqui  os traigo este relato: es la historia de un hombre que sentia un cariño muy especial hacia las gentes de su Aldea





El ruido rítmico de las tijeras de podar rompía la paz de la tarde otoñal, aquí y allí los sarmientos caían bajo la diestra mano del experto podador, con el fin de dejar las brocales mas fuertes, para que otros brotes, jóvenes surgiesen en su lugar. Era el ritmo de la vida y en cada estación se sucedía.
Dionisio alzó la vista al sol que ya se escondía. Estaba cayendo la tarde, pronto anochecería, tenia que recoger por hoy se acabo el trabajo, mañana sera otro día. Para ir a casa tenia que andar un buen trecho, pues otro medio de volver no tenía, se hecho las alforjas al hombro y empezó a caminar. Su casa estaba cerca, apenas media legua, iba canturreando canciones del lugar, así se le hacia el camino mas corto. Tenia prisa por llegar para ver a su mujer e hijos, para poder jugar con ellos antes de que se fueran a acostar.
Enseguida divisó el pueblo, su casa ya la ve, en la puerta su mujer con los hijos que en cuanto lo ven echan a correr, se abalanzan a sus brazos, lo besan y le dicen que quieren jugar con él. El los abraza y los besa por doquier, se va con ellos de la mano a buscar a su mujer.
Ya en la casa se reúnen en la mesa los tres, mientras la madre orgullosa, les prepara la cena, tiene prisa, para sentarse con ellos también, son humildes pero no les falta que comer.
Hacia las cuatro de la madrugada Dionisio se despierta sobresaltado, oye gritos en la calle, los vecinos no paran de correr gritando, ha muerto don Manuel.
Don Manuel nació en Sevilla en 1901, era el primogénito de una familia adinerada, su padre diputado del Partido Liberal en el gobierno de Praxedes Mateo Sagasta.
Su padre le dejo en herencia todas las tierras de labranza de Jarilla, una aldea de 150 habitantes, en la que había pasado parte de su juventud escondido, de las tropas fascistas en la guerra civil en la casa del Abuelo de Dionisio. Por sus ideas políticas, era militante del partido de Pablo Iglesias.
Don Manuel no tenia hijos. Enviudo con 65 años, se volvió a casar en segundas nupcias con una mujer 30 años menor que el. Pasaba largas temporadas en su casa de la aldea, se encontraba muy a gusto con la familia de Dionisio, al que quería como a un hijo, no en vano había sido su padrino. Lo tenia en mucha estima, de hecho era el encargado de todas sus propiedades, se ocupaba, tanto de las tierras, como de la casa, para que todo estuviera en orden. Ademas se encargaba de que no les faltara trabajo a ningún vecino. Don Manuel solo quería que sus tierras las trabajaran ellos como si fueran suyas, no le importaba, si sembraban o ponían plantas, lo único que quería es que las gentes de la aldea vivieran sin agobios y que fueran felices, el dinero no le importaba. Con su sueldo de catedrático y con las rentas que tenia en Sevilla, le sobraba para vivir sin agobios.
Dionisio estaba en su casa sentado junto a su mujer, acababan de venir de Sevilla del entierro de Don Manuel, cuando el cartero llamo a su puerta,- Dionisio, te traigo un Certificado de un notario de Sevilla,- le firmo cogió el sobre y volvió a la mesa con su mujer,- ¿de quien es la carta Dionisio?- del notario de Don Manuel, me tengo que presentar en su despacho el día veintitrés de este mes, -¿que querrá?- no se mujer pero habrá que ir a ver.
Dionisio, reunió a todos los vecinos en la iglesia. Una vez estuvieron todos sentados les dijo: “Don Manuel nos a dejado todas las tierras que tiene en la aldea menos su casa, que sera para su mujer, con la condición que nadie puede vender. El que no las quiera trabajar las deja sin ningún tipo de compensación. Las tierras que queden libres se le darán a los jóvenes que no se marchen de la aldea”.
De vuelta a casa con su mujer del brazo y sus hijos delante de ellos correteando, estaba feliz pues temía que la viuda vendiera las tierras, pero Don Manuel les había hecho el mejor regalo que uno puede recibir.

Les había regalado una vida.

sueco