jueves, 18 de diciembre de 2025

Portobello Road, Autor: Josep Pozo Caballero

A PORTOBELLO

Ricardo Miro

Portobello ilustre, léxico de piedra,

jardín de recuerdos, ciudad noble y fiel:

bajo tus espesas cortinas de yedra

dormita un pasado de eterno laurel.

 

En tu indiferencia grave y pensativa

no hay una pulgada donde no se advierta

el mundo vestigio de una historia muerta

o la roja llama de una gloria viva.

 

Pasaron los tiempos del real decoro,

la galantería, el fausto español,

cuando resbalaban las galeras de oro

como graves cisnes del País del Sol.

 

Hoy, rompiendo apenas tu bahía mágica

—restos que un naufragio dejara al azar—,

un mástil, a modo de una mano trágica,

asoma, crispado, del fondo del mar.

 

¡Oh, tus fortalezas...! En épicas ruinas

se yerguen luchando con su aciaga suerte,

y ya sólo rompen su quietud de muerte,

para hacer sus nidos las aves marinas.

 

Tus viejos cañones que de cumbre en cumbre

llevaron sus ecos por el vasto mar,

hoy duermen, cubiertos de olvido y herrumbre,

soñando que se oyen de nuevo tronar.

 

En las medias noches tétricas y oscuras

vagan por tus calles sombras y visiones,

se escuchan murmullos, se oyen oraciones,

salidos, quién sabe, de qué sepulturas.

 

Y en las noches fúlgidas de nácar y luna

flotan sobre el ala tenue de las brisas

canciones y notas, palabras y risas

que turban en ecos tu quieta laguna.

 

Portobello ilustre, patrio orgullo viejo,

jardín florecido de eterno laurel:

hoy sólo te queda tu mar, limpio espejo,

que te dice cosas que saben tú y él.

 

Por tu bella historia, roja y estupenda,

por tu breve vida de fausto y dolor,

eres, Portobelo, ciudad de leyenda,

ciudad de recuerdos y ciudad de amor. 

martes, 16 de diciembre de 2025


AMO AMOR

Gabriela Mistral

 

  Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,

late vivo en el sol y se prende al pinar.

No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:

        ¡le tendrás que escuchar!

 

  Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,

ruegos tímidos, imperativos de mar.

No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:

        ¡lo tendrás que hospedar!

 

  Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.

Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.

No te vale decirle que albergarlo rehúsas:

        ¡lo tendrás que hospedar!

 

  Tiene argucias sutiles en la réplica fina,

argumentos de sabio, pero en voz de mujer.

Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:

        ¡le tendrás que creer!

 

  Te echa venda de lino; tú la venda toleras.

Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.

Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras

        ¡que eso para en morir! 

domingo, 14 de diciembre de 2025

Imagen de Gaspar Aguilar

REDONDILLAS.
A LA FÁBULA DE JÚPITER Y EUROPA

Gaspar Aguilar

El que derretido en oro
a Danae pudo engañar,
perdiendo más el decoro,
por las orillas del mar
pace convertido en toro
qu' en fuego de amor deshecho
busca remedio al dolor,
y aunque es Júpiter, se ha hecho
toro, porque es el amor
toro que brama en el pecho.

                        * * *

Llega Europa y enriquece
al mundo con su venida
y en verle no se entristece,
que la deidad escondida
por mil partes resplandece.
Jove le sale al encuentro
y caúsale algún recelo,
mas como el cielo es su centro,
viene encaminada al cielo
que está escondido allí dentro.

                        * * *

No le teme aunque es mujer
por ver su gran gentileza,
que muy grande había de ser,
pues delante la belleza
de Europa se pudo ver,
porque el resplandor tenía
del Tauro que está en los cielos,
y tal formado se había,
que él mismo tenía celos
del toro a quien parecía.

                        * * *

Ella, que menospreciaba
cualquier peligro de muerte,
cuando el toro la buscaba
huía, pero de suerte,
que huyendo más le llamaba.
Al fin, cuando la alcanzó,
corvó la luciente espalda
y el blanco pie le besó,
y ella con una guirnalda
la cabeza le adornó.

                        * * *

Y como le vino a cuenta
ver postrado el bello amante,
sobre su espalda se sienta,
dándole el cargo de Atlante
que a todo el cielo sustenta.
El toro con la doncella
hacia el mar camina luego
por apagar su centella
y encender un vivo fuego
en el pensamiento della.

                        * * *

Ella, viendo el mal visible,
aunque del cielo blasfeme,
teme lo qu' es imposible,
qu' es caer, pero no teme
del dios el furor terrible.
El cual, como se apresura,
llega a la isla de Creta,
donde vuelta esta figura
en su figura perfeta,

gozó de la cojuntura. 

viernes, 12 de diciembre de 2025

 


A LUIS CERNUDA, AIRE DEL SUR BUSCADO EN INGLATERRA

Rafael Alberti

 

Si el aire se dijera un día:
                                                  —Estoy cansado,
rendido de mi nombre... Ya no quiero
ni mi inicial para firmar el bucle
del clavel, el rizado de la rosa,
el pliegecillo fino del arroyo,
el gracioso volante de la mar y el hoyuelo
que ríe en la mejilla de la vela...

Desorientado, subo de las blandas,
dormidas superficies
que dan casa a mi sueño.
Fluyo de las paradas enredaderas, calo
los ciegos ajimeces de las torres;
tuerzo, ya pura delgadez, las calles
de afiladas esquinas, penetrando,
roto y herido de los quicios, hondos
zaguanes que se van a verdes patios
donde el agua elevada me recuerda,
dulce y desesperada, mi deseo...

Busco y busco llamarme
¿con qué nueva palabra, de qué modo?
¿No hay soplo, no hay aliento,
respiración capaz de poner alas
a esa desconocida voz que me denomine?

Desalentado, busco y busco un signo,
un algo o alguien que me sustituya
que sea como yo y en la memoria
fresca de todo aquello, susceptible
de tenue cuna y cálido susurro,
perdure con el mismo
temblor, el mismo hálito
que tuve la primera
mañana en que al nacer, la luz me dijo:
—Vuela. Tú eres el aire.

Si el aire se dijera un día eso...