Portobello Road, Autor: Josep Pozo Caballero
A
PORTOBELLO
Ricardo
Miro
Portobello
ilustre, léxico de piedra,
jardín
de recuerdos, ciudad noble y fiel:
bajo
tus espesas cortinas de yedra
dormita
un pasado de eterno laurel.
En tu
indiferencia grave y pensativa
no hay
una pulgada donde no se advierta
el
mundo vestigio de una historia muerta
o la
roja llama de una gloria viva.
Pasaron
los tiempos del real decoro,
la
galantería, el fausto español,
cuando
resbalaban las galeras de oro
como
graves cisnes del País del Sol.
Hoy,
rompiendo apenas tu bahía mágica
—restos
que un naufragio dejara al azar—,
un
mástil, a modo de una mano trágica,
asoma,
crispado, del fondo del mar.
¡Oh,
tus fortalezas...! En épicas ruinas
se
yerguen luchando con su aciaga suerte,
y ya
sólo rompen su quietud de muerte,
para
hacer sus nidos las aves marinas.
Tus
viejos cañones que de cumbre en cumbre
llevaron
sus ecos por el vasto mar,
hoy
duermen, cubiertos de olvido y herrumbre,
soñando
que se oyen de nuevo tronar.
En las
medias noches tétricas y oscuras
vagan
por tus calles sombras y visiones,
se
escuchan murmullos, se oyen oraciones,
salidos,
quién sabe, de qué sepulturas.
Y en
las noches fúlgidas de nácar y luna
flotan
sobre el ala tenue de las brisas
canciones
y notas, palabras y risas
que
turban en ecos tu quieta laguna.
Portobello
ilustre, patrio orgullo viejo,
jardín
florecido de eterno laurel:
hoy
sólo te queda tu mar, limpio espejo,
que te
dice cosas que saben tú y él.
Por tu
bella historia, roja y estupenda,
por tu
breve vida de fausto y dolor,
eres,
Portobelo, ciudad de leyenda,
ciudad de recuerdos y ciudad de amor.

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