AMIGAS
Marta
Alberca
Tras
meses de ausencias,
de
silencios de amigas.
He
podido deleitarme
con tu
felicidad fortuíta y tranquila
y tu
ilusión de esposa enamorada.
Se
perdió la fatiga antigua de tu voz
y hoy
la firmeza preside tu discurso.
Yo,
con mis oidos plenos, abiertos,
escucho
como manejas el blanco y el negro,
cual
malabarista,
mientras
apenas distingo
una
paleta emborronada de grises,
de
azules manchados,
de
rosas de cuarzo,
algunos
lunes en la biblioteca.
Me has
rebelado el conjuro:
sin
apenas convocar a la paciencia,
elaborar
una lista
de cualidades selectas,
finamente
escogidas entre las ya especies protegidas,
—¡ese
pragmatismo tuyo!—
y
Diana alcanzará para ti todo lo que ahora disfrutas.
En el
pozo claro de mi alma,
quedan
tardes de dibujos,
aquellas
tertulias de recetas infalibles
para
vencer al tedio,
para
alcanzar el amor sin polillas.
Hoy te
ha mirado la fortuna,
espero
ofrezcas tu hombro helado
a los
fantasmas del miedo,
y de
las pérdidas,
y
mires de frente a tu suerte,
pues
tampoco mereciste perder
lo que perdiste.

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