lunes, 14 de agosto de 2017

PUERTA DE LA NADA


No sentir más el aire fresco
cuando roza mi frente en las mañanas,
ni volver a escuchar el firmamento
cuando toca el cristal de mi ventana.
No mirar a los valles soñolientos
que adornados de verdes se perfilan
en la escalera azul del horizonte.
No sentir el mensaje de tus manos,
ni mirar a los ojos a lo eterno.
No escuchar el murmullos de las aguas
cuando bajan ansiosas las laderas,
ni atrapar el silbido de los vientos
cuando azotan el margen del otoño,
esperando en el quicio del invierno.
No acercarme despacio hasta el silencio
invocando tu nombre en la callada
abreviatura insigne del deseo.
No poder decirte que te quiero,
ni recordar el dulce de los besos,
cuando el amor se acuesta con tu almohada.
No volver a sentir la primavera,
guirnalda de colores coronada,
cuando me hablan tus ojos a distancia,
y olvidarme de ti aunque no quiera,
esa es la muerte, puerta de la nada.




Luis Calama Rodriguez

domingo, 13 de agosto de 2017

CANTO DE LIBERTAD




Me despojé del cerco de las cosas
que tapaban mis ojos con un velo
impidiéndome ver, y mariposas
volaron a millares por el cielo.


Imaginé la vida contemplando
primaveras de miel, suaves y rosas,
que construyeron tardes cadenciosas
de momentos que el alma fue libando,
y para huir sin más del aire frío
imaginé mañanas adornadas
con el frescor caliente del estío,
de las praderas aterciopeladas,
soñando los silencios de mis noches,
como sueñan las flores perfumadas
al adornar los valles con sus broches
en los alegres velos de las hadas.


Y así me despedí de los temores,
pues mientras siga recitando el río
y en el campo haya gotas de rocío
adornando de espejos los alcores,
mientras el sol modele los colores
del fuego sin igual de los ponientes
y tras las tardes de sopor, ardientes,
un ábrego cristal bese las flores,
mientras la luz se acerque a mi ventana
inundando mi estancia de poesía,
cada tarde abrirá en otra mañana,
cada noche será otro mediodía.




Luis Calama Rodriguez

sábado, 12 de agosto de 2017

EL MIEDO A PERDERTE


La base del hongo
se recostó
en la carne del último niño.


Se abrieron las cercas
y se hicieron cuchillos
que humean neblina.


Hay murciélagos
de volar eterno
y casas sin acústica al futuro.


No existen pozas
en la tierra que todo devora.


Muere el olvido
y el recuerdo,
en una fogata ciega,
donde el pasado es combustible.


El fin llama al principio,
      firman la nada
  y salto en mi sueño,
      junto a la vida,
            a tu lado.

 
 
 
Alfredo Lavergne

viernes, 11 de agosto de 2017

AMANTE

 
Es igual que reír dentro de una campana:
sin el aire, ni oírte, ni saber a qué hueles. 


Con gesto vas gastando la noche de tu cuerpo
y yo te transparento: soy tú para la vida.


No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos. 

No te juntan a mí, nadie sabe que es tuya
esta mortal ausencia que se duerme en mi boca,
cuando clama la voz en desiertos de llanto. 


Brotan tiernos laureles en las frentes ajenas,
y el amor se consuela prodigando su alma. 


Todo es luz y desmayo donde nacen los hijos,
y la tierra es de flor y en la flor hay un cielo. 


Solamente tú y yo (una mujer al fondo
de ese cristal sin brillo que es campana caliente),
vamos considerando que la vida..., la vida
puede ser el amor, cuando el amor embriaga;
es sin duda sufrir, cuando se está dichosa;
es, segura, la luz, porque tenemos ojos. 


Pero ¿reír, cantar, estremecernos libres
de desear y ser mucho más que la vida...?
No. Ya lo sé. Todo es algo que supe
y por ello, por ti, permanezco en el Mundo.




Carmen Conde

jueves, 10 de agosto de 2017

CANTO LIBRE


Sutil soplo vacío y envolvente,
susúrrame al oído la gran calma
que generoso el cielo ofrece al alma
y esculpe los terrores del presente,
impulsas el camino de mi mente,
que leves pensamientos hoy enjalma,
respiración con hálito que empalma
la huida y el retorno de la gente.


Arrasas y construyes lo vivido,
tutelas la vejez y pubertad,
etérea brisa, céfiro, donaire,
sobre el encadenado hombre caído
no se encuentra otro canto en libertad
tan pleno e independiente como el aire.




Jose Mañoso

miércoles, 9 de agosto de 2017

APOGEO DEL APIO


Del centro puro que los ruidos nunca
atravesaron, de la intacta cera,
salen claros relámpagos lineales,
palomas con destino de volutas,
hacia tardías calles con olor
a sombra y a pescado.


Son las venas del apio! Son la espuma, la risa,
los sombreros del apio!
Son los signos del apio, su sabor
de luciérnaga, sus mapas
de color inundado,
y cae su cabeza de ángel verde,
y sus delgados rizos se acongojan,
y entran los pies del apio en los mercados
de la mañana herida, entre sollozos,
y se cierran las puertas a su paso.
y los dulces caballos se arrodillan.


Sus pies cortados van, sus ojos verdes
van derramados, para siempre hundidos
en ellos los secretos y las gotas:
los túneles del mar de donde emergen,
las escaleras que el apio aconseja,
las desdichadas sombras sumergidas,
las determinaciones en el centro del aire,
los besos en el fondo de las piedras.


A medianoche, con manos mojadas,
alguien golpea mi puerta en la niebla,
y oigo la voz del apio, voz profunda,
áspera voz de viento encarcelado,
se queja herido de aguas y raíces,
hunde en mi cama sus amargos rayos,
y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho
buscándome la boca del corazón ahogado.


Qué quieres, huésped de corsé quebradizo,
en mis habitaciones funerales?
Qué ámbito destrozado te rodea?


Fibras de oscuridad y luz llorando,
ribetes ciegos, energías crespas,
río de vida y hebras esenciales,
verdes ramas de sol acariciado,
aquí estoy, en la noche, escuchando secretos,
desvelos, soledades,
y entráis, en medio de la niebla hundida,
hasta crecer en mí, hasta comunicarme
la luz oscura y la rosa de la tierra.



Pablo Neruda

martes, 8 de agosto de 2017

EL SUEÑO

 
Andando en las arenas
yo decidí dejarte.


Pisaba un barro oscuro
que temblaba,
y hundiéndome y saliendo
decidí que salieras
de mí, que me pesabas
como piedra cortante,
y elaboré tu pérdida
paso a paso:
cortarte las raíces,
soltarte sola al viento.


Ay, en ese minuto,
corazón mío, un sueño
con sus alas terribles
te cubría.


Te sentías tragada por el barro,
y me llamabas y yo no acudía,
te ibas, inmóvil,
sin defenderte
hasta ahogarte en la boca de arena.


Después
mi decisión se encontró con tu sueño,
y desde la ruptura
que nos quebraba el alma,
surgimos limpios otra vez, desnudos,
amándonos
sin sueño, sin arena,
completos y radiantes,
sellados por el fuego.

 
 
 
Pablo Neruda

lunes, 7 de agosto de 2017

NOCHE DE PRESAGIO




El aliento del aura inocente
deambula entre pilares milenarios
de una noche de presagios,
retoza en los jardines
en forma de fragantes lenguas,
suena en los hilos
de algún títere travieso
y empuja el concierto
por los umbrales sordos.


En la sinfonía de los tiempos
con la bravura de la cadencia final
él viene hacia mí.


Su paso de relámpago embrujado
promete desafiar las hogueras
de todas las ausencias.


Parece un héroe troyano 
en medio de un alud de lunas rotas
ganadas en victorias
de no sé qué camposanto.


Las caricias se atropellan
como vibraciones cromáticas
de un fragor de timbales.


Los besos se descuelgan
como de un olivar
las maduras aceitunas.


Mis moradas encienden
las ascuas enterradas,
estallan las compuertas
tras cascadas de burbujas
y al temblor acompasado
de encandilados tropeles
se cuaja en un latido
el fulmíneo brebaje del amor.


Por una fisura del aire
se evapora el eco
del último suspiro
y el testigo de una lágrima
se asfixia en secreto
en la penumbra de los párpados.


Entonces el raudo, falaz
sabor del sueño
recoge sus trofeos,
huye en la piel
de un pájaro absorto
y me deja la llaga
de un adiós irremediable
sin un puñado de soles,
sin el soplo de una estrella.




Martha Napolitano

domingo, 6 de agosto de 2017

INJURIA EL POETA AL AMOR

  

Amor, con flores ligas nuestros brazos;
los míos te ofrecí lleno de penas,
me echaste tus guirnaldas más amenas,
secáronse las flores, vi los lazos,
            y vi que eran cadenas.

Nos guías por la senda placentera
al templo del placer ciego y propicio;
yo te seguí, mas viendo el artificio,
el peligro y tropel de tu carrera,
            vi que era un precipicio.

Con dulce copa al parecer sagrada,
al hombre brindas, de artificio lleno;
bebí; quemose con su ardor mi seno;
con sed insana la dejé apurada
        y vi que era veneno.

Tu mar ofrece, con fingida calma,
bonanza sin escollo ni contagio;
yo me embarqué con tal falaz presagio,
vi cada rumbo que se ofrece al alma,
        y vi que era un naufragio.

El carro de tu madre, ingrata diosa,
vi que tiraban aves inocentes;
besáronlas mis labios imprudentes,
el pecho me rasgó la más hermosa
        y vi que eran serpientes.

Huye Amor, de mi pecho ya sereno,
tus alas mueve a climas diferentes,
lleva a los corazones imprudentes
cadenas, precipicios y veneno,
        naufragios y serpientes.



 Jose Cadalso

sábado, 5 de agosto de 2017

ROMANCE


Yo me acerqué hasta tu vera
con miedo, ¿por qué negarlo?

En las sienes me latían
cincuenta y dos desengaños;
gris de paisaje en los ojos,
risas sin sol en los labios,
y el corazón jadeante
como un pájaro cansado. 


Yo me acerqué hasta tu vera
con miedo, ¿por qué negarlo?

Te reventaba en la boca
un clavel de veinte años
y en la mejilla un süave
melocotón sonrosado. 


Cuando dijistes: «Te quiero»
fue tu voz igual que un caño
de agua fresca en una tarde
calurosa de verano. 


Se me echó encima el cariño
lo mismo que un toro bravo
y quedé sobre la arena
muerto de amor y sangrando
por cuatro besos lentísimos
que me brindaron tus labios. 


De la sien a la cintura,
de la garganta al costado. 


¡Qué boda sin requilorios
sobre la hierba del campo!
¡Qué marcha nupcial cantaba
el viento sobre los álamos!
¡Qué luna grande y redonda
iluminó nuestro abrazo,
y qué olor el de tu cuerpo
a trigo recién cortado!

El pueblo, a las dos semanas
hizo lengua en los colmados,
en las barandas del río,
en la azotea, en los patios,
en las mesas del casino
y en los surcos del arado:
«Un hombre que peina canas
y que le dobla los años». 


Es cierto que peino canas
pero en cambio, cuando abrazo
soy lo mismo que un olivo,
igual que un ciprés sonámbulo,
Cristobalón de aguas puras
que atraviesa el río a nado
si ve en la orilla unos ojos
o una boca hecha de nardos,
para cortarle el suspiro
con el calor de mis labios. 


Que me escupan en la frente,
que me pregonen en bandos,
que vayan diciendo y digan. 


Tú conmigo; yo a tu lado
respirando de tu aliento,
yendo al compás de tus pasos,
refrescándome las sientes
en la palma de tu mano. 


Centinela de tus sueños,
hombro para tu descanso,
Cirineo de tus penas
Y San Juan de tu calvario
para quererte y tenerte
en la noche de mis brazos.


¡¿Qué importa que haya cumplido
cincuenta y pico de años?!
¿En qué código de amores,
en qué partida de cargos,
hay leyes que determinen
la edad del enamorado?
En cariños no hay fronteras,
ni senderos, ni vallados,
que el cariño es como un monte
con un letrero en lo alto
que dice sólo: «Te quiero»
Y colorín colorado.



Rafael de Leon

viernes, 4 de agosto de 2017

CUERPO DE PIEDRA


Luna de mármol, rígido calor,
noche de estío cuando el perro es mudo,
cuando un velo de esparto ante los ojos
casi acaricia, sueño o plumón leve.


Luna de piedra, manos por el cielo,
manos de piedra rompedoras siempre,
retorcidas a veces con destellos,
manos de lumbre láctea, ya rígidas.


Cuerpo de piedra, senda de cristales,
mudo siempre o doliente con los soles,
cuando perros de lana flotan quietos
por pantanos de seda acariciada.


Yo no sé si la sangre es roja o verde.
Ignoro si la luna vence o ama,
si su lengua acaricia los desvíos,
axilas que palpitan ya de pluma.


Cielo quieto de fango que ahora gira
dulcemente mintiendo un sol activo,
bella túnica amada por lo dura
sobre muslos de piedra avanzadores.


Dulce careta blanca que ladea
su morado celeste ya sin órbita.


Tibia saliva nueva que en los bordes
pide besos azules como moscas.


Soledad, soledad, calvero, mundo,
realidad viva donde el plomo es frío;
no, ya no quema el fuego que en las ingles
aquel remoto mar dejó al marcharse.




Vicente Aleixandre

jueves, 3 de agosto de 2017

EL DESNUDO

 
Basta, basta.

Tanto amor en las aves,
en esos papeles fugitivos que en la tierra se buscan,
en ese cristal indefenso que siente el beso de la luz,
en la gigante lámpara que bajo tierra solloza
iluminando el agua subterránea que espera.


Tú, corazón clamante que en medio de las nubes
o en las plumas del ave,
o en el secreto tuétano del hueso de los tigres,
o en la piedra en que apoya su cabeza la sombra.


Tú, corazón que dondequiera existes como existe la muerte,
como la muerte es esa contracción de la cintura
que siente que la abarca una secreta mano,
mientras en el oído fulgura un secreto previsto.


Di, qué palabra impasible como la esmeralda
deslumbra unos ojos con su signo durísimo,
mientras sobre los hombros todas, todas las plumas
resbalan tenuemente como sólo memoria.


Di, qué manto pretende envolver nuestro desnudo,
qué calor nos halaga mientras la luz dice nombres,
mientras escuchamos unas letras que pasan,
palomas hacia un seno que, herido, a sí se ignora.


La muerte es el vestido.
Es la acumulación de los siglos que nunca se olvidan,
es la memoria de los hombres sobre un cuerpo único,
trapo palpable sobre el que un pecho solloza
mientras busca imposible un amor o el desnudo.



Vicente Aleixandre

miércoles, 2 de agosto de 2017

CARTA DE ROMA


Te escribo, amor, desde la primavera.

Crucé la mar para poder decirte
que, bajo el cielo de la tarde, Roma
tiene otro cielo de golondrinas,
y entre los dos un ángel de oro pasa
danzando.


La cascada de piedra que desciende
por Trinitá dei Monti hasta la plaza,
se detuvo de pronto y ahora suben
azaleas rosadas por su cuerpo.


Los árboles repiten siete veces
la música del viento en las colinas,
y el húmedo llamado de las fuentes
guía mis pasos.


Más bella que en el aire
una rota columna hallé en el césped,
caída en el abrazo de una rosa.


Cuando fluye la luz,
cuando se para
el tiempo,
asomada a los puentes Roma busca
su imagen sobre el Tevere,
y en vez del nombre suyo ve que tiembla
tu nombre, amor, en el rodante espejo.




Meira Delmar

martes, 1 de agosto de 2017

ALGUIEN PASA


Alguien pasa y pregunta
por los jazmines, madre.


Y yo guardo silencio.


Las palabras no acuden
en mi ayuda, se esconden
en el fondo del pecho,
por no subir vestidas
de luto hasta mi boca,
y derramarse luego
en un río de lágrimas.


No sé si tú recuerdas
los días aún tempranos
en que ibas como un ángel
por el jardín, y dabas
a los lirios y rosas
su regalo de agua,
y las hojas marchitas
recogías en esa
tu manera tan suave
de tratar a las plantas
y a los que se acercaban
a tu amistad perfecta.


Yo sí recuerdo, madre,
tu oficio de ser tierna
y fina como el aire.


Una tarde un poeta
recibió de tus manos
un jazmín que cortaste
para él. Con asombro
te miró largamente
y se llevó a los labios,
reverente, la flor.


Se me quedó en la frente
aquel momento, digo
la frente cuando debo
decir el corazón.


Y se me va llenando
de nostalgia la vida,
como un vaso colmado
de un lento vino pálido,
si alguien pasa y pregunta
por los jazmines, madre.




Meira Delmar