viernes, 27 de abril de 2012

AUSENCIA Y EL TIGRE (Los Versos del Capitán)



AUSENCIA

Apenas te he dejado,
vas en mí, cristalina
o temblorosa,
o inquieta, herida por mí mismo
o colmada de amor, como cuando tus ojos
se cierran sobre el don de la vida
que sin cesar te entrego.

Amor mío,
nos hemos encontrado
sedientos y nos hemos
bebido toda el agua y la sangre,
nos encontramos
con hambre
y nos mordimos
como el fuego muerde,
dejándonos heridas.

Pero espérame,
guárdame tu dulzura.
Yo te daré también
una rosa.

Pablo Neruda

                                                    El deseo

EL TIGRE

Soy el tigre.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.

El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.

Desnuda te sumerges.
Espero.

Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.

Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.


por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil,
lejos del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.

Pablo Neruda


miércoles, 25 de abril de 2012

LA TIERRA (Los Versos del Capitán)



La tierra verde se ha entregado
a todo lo amarillo, oro, cosechas,
terrones, hojas, grano,
pero cuando el otoño se levanta
con su estandarte extenso
eres tú la que veo,
es para mí tu cabellera
la que reparte las espigas.

Veo los monumentos
de antigua piedra rota,
pero si toco
la cicatriz de piedra
tu cuerpo me responde,
mis dedos reconocen
de pronto, estremecidos,
tu caliente dulzura.

Entre los héroes paso
recién condecorados
por la tierra y la pólvora
y detrás de ellos, muda,
con tus pequeños pasos,
eres o no eres?

Ayer cuando sacaron
de raíz, para verlo,
el viejo árbol enano
te vi salir mirándome
desde las torturadas
y sedientas raíces.

Y cuando viene el sueño
a extenderme y llevarme
a mi propio silencio
hay un gran viento blanco
que derriba mi sueño
y caen de él las hojas,
caen como cuchillos
sobre mí desangrándome.

Y cada herida tiene
la forma de tu boca.

Pablo Neruda

lunes, 23 de abril de 2012

LA RAMA ROBADA Y EL HIJO (Los Versos del Capitán))



 En la noche entraremos
a robar
una rama florida.
Pasaremos el muro,
en las tinieblas del jardín ajeno,
dos sombras en la sombra.
 Aún no se fue el invierno,
y el manzano aparece
convertido de pronto
en cascada de estrellas olorosas.
En la noche entraremos
hasta su tembloroso firmamento,
y tus pequeñas manos y las mías
robarán las estrellas.
 Y sigilosamente,
a nuestra casa,
en la noche y en la sombra,
entrará con tus pasos
el silencioso paso del perfume
y con pies estrellados
el cuerpo claro de la primavera.



EL HIJO

Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?

De un lago con gaviotas
blancas y hambrientas.

Junto al agua de invierno
ella y yo levantamos
una fogata roja
gastándonos los labios
de besarnos el alma,
echando al fuego todo,
quemándonos la vida.

Así llegaste al mundo.

Pero ella para verme
y para verte un día
atravesó los mares
y yo para abrazar
su pequeña cintura
toda la tierra anduve,
con guerras y montañas,
con arenas y espinas.
Así llegaste al mundo.

De tantos sitios vienes,
del agua y de la tierra,
del fuego y de la nieve,
de tan lejos caminas
hacia nosotros dos,
desde el amor terrible
que nos ha encadenado,
que queremos saber
cómo eres, qué nos dices,
porque tú sabes más
del mundo que te dimos.

Como una gran tormenta
sacudimos nosotros
el árbol de la vida
hasta las más ocultas
fibras de las raíces
y apareces ahora
cantando en el follaje,
en la más alta rama
que contigo alcanzamos.


Pablo Neruda


sábado, 21 de abril de 2012

BELLA (Los Versos del Capitán)



BELLA

Bella,
como en la piedra fresca
del manantial, el agua
abre un ancho relámpago de espuma,
así es la sonrisa en tu rostro,
bella.

Bella,
de finas manos y delgados pies
como un caballito de plata,
andando, flor del mundo,
así te veo,
bella.

Bella,
con un nido de cobre enmarañado
en tu cabeza, un nido
color de miel sombría
donde mi corazón arde y reposa,
bella.

Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay países, hay ríos,
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella.

Bella,
tus senos son como dos panes hechos
de tierra cereal y luna de oro,
bella.

Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo como un río cuando
pasó mil años por tu dulce cuerpo,
bella.

Bella,
no hay nada como tus caderas,
tal vez la tierra tiene
en algún sitio oculto
la curva y el aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún sitio,
bella.

Bella, mi bella,
tu voz, tu piel, tus uñas,
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mío, bella,
todo eso es mío, mía,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre,
cuando estás cerca o lejos,
siempre,
eres mía, mi bella,
siempre.


Pablo Neruda

jueves, 19 de abril de 2012

EL VIENTO EN LA ISLA Y LA INFINITA (Los Versos del Capitán))


EL VIENTO EN LA ISLA

El viento es un caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.

Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.

Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia rompe
contra el mar y la tierra
su boca innumerable.

Escucha cómo el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.

Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.

Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo, sumergido
bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola
descansaré, amor mío.




LA INFINITA

 Ves estas manos? Han medido
la tierra, han separado
los minerales y los cereales,
han hecho la paz y la guerra,
han derribado las distancias
de todos los mares y ríos,
y sin embargo
cuando te recorren
a ti, pequeña, grano de trigo, alondra,
no alcanzan a abarcarle,
se cansan alcanzando
las palomas gemelas
que reposan o vuelan en tu pecho,
recorren las distancias de tus piernas,
se enrollan en la luz de tu cintura.
Para mí eres tesoro más cargado
de inmensidad que el mar y sus racimos
y eres blanca y azul y extensa como
la tierra en la vendimia.
En ese territorio,
de tus pies a tu frente,
andando, andando, andando,
me pasaré la vida.

Pablo Neruda

martes, 17 de abril de 2012

EL INCONSTANTE Y LA NOCHE EN LA ISLA (Los Versos del Capitán))



Los ojos se me fueron
detrás de una morena que pasó.

Era de nácar negro,
era de uvas moradas,
y me azotó la sangre
con su cola de fuego.

Detrás de todas
me voy.

Pasó una clara rubia
como una planta de oro
balanceando sus dones.
Y mi boca se fue
como una ola
descargando en su pecho
relámpagos de sangre.

Detrás de todas
me voy.

Pero a ti, sin moverme,
sin verte, tú distante,
van mi sangre y mis besos,
morena y clara mía,
alta y pequeña mía,
ancha y delgada mía,
mi fea, mi hermosura,
hecha de todo el oro
y de toda la plata,
hecha de todo el trigo
y de toda la tierra,
hecha de toda el agua
de las olas marinas,
hecha para mis brazos,
hecha para mis besos,
hecha para mi alma.


LA NOCHE EN LA ISLA

Toda la noche he dormido contigo
junto al mar, en la isla.
Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño,
entre el fuego y el agua.

Tal vez muy tarde
nuestros sueños se unieron
en lo alto o en el fondo,
arriba como ramas que un mismo viento mueve,
abajo como rojas raíces que se tocan.

Tal vez tu sueño
se separó del mío
y por el mar oscuro
me buscaba como antes,
cuando aún no existías,
cuando sin divisarse navegué por tu lado,
y tus ojos buscaban lo que ahora
-pan, vino, amor y cólera-
te doy a manos llenas
porque tú eres la copa
que esperaba los dones de mi vida.

He dormido contigo
toda la noche mientras
la oscura tierra gira
con vivos y con muertos,
y al despertar de pronto
en medio de la sombra
mi brazo rodeaba tu cintura.
Ni la noche, ni el sueño
pudieron separarnos.

He dormido contigo
y al despertar tu boca
salida de tu sueño
me dio el sabor de tierra,
de agua marina, de algas,
del fondo de tu vida,
y recibí tu beso
mojado por la aurora
como si me llegara
del mar que nos rodea.

  

Pablo Neruda


domingo, 15 de abril de 2012

TUS MANOS, TU RISA (los versos del capitan)




Cuando tus manos salen,
y amor, hacia las mías,
qué me traen volando?
Por qué se detuvieron en mi boca,
de pronto,
por qué las reconozco
como si entonces antes,
las hubiera tocado,
como si antes de ser
hubieran recorrido
mi frente, mi cintura?

Su suavidad venía
volando sobre el tiempo,
sobre el mar, sobre el humo,
sobre la primavera,
y cuando tú pusiste
tus manos en mi pecho,
reconocí esas alas
de paloma dorada,
reconocí esa greda
y ese color de trigo.

Los años de mi vida
yo caminé buscándolas.
Subí las escaleras,
crucé los arrecifes,
me llevaron los trenes,
las aguas me trajeron,
y en la piel de las uvas
me pareció tocarte.
La madera de pronto
me trajo tu contacto,
la almendra me anunciaba
tu suavidad secreta,
hasta que se cerraron
tus manos en mi pecho
y allí como dos alas
terminaron su viaje.



TU RISA

Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.




Pablo Neruda





viernes, 13 de abril de 2012

Jack


Jack, estaba contento, había asistido durante toda la semana al festival de cine de Madrid, dedicado al western, este año se habían proyectado películas de los directores, Sergio Leone y John Ford.

Se colocó las gafas Ray Ban. Se puso los cascos de su IPod y exclamo un aullido de coyote al escuchar la banda sonora de la película, “El bueno, el feo y el malo”. Después se abrocho la cazadora  vaquera con la misma rapidez que “El Manco” al desenfundar su colt 45. Luego, pego unos saltitos para desentumecer los músculos. Subió al tren que le llevaría a casa, se acomodó en su asiento, mientras el tren arrancaba.  

Aquel bandido le había dejado machacado. Se toco la mandíbula para examinarla y sintió el aire frío que le golpeaba el rostro. Negaba y sonreía. Lo hizo con orgullo. No podía creer que hubiese acabado con el bandido más grande de todo Texas el “Indio”. Y, bien pensado, había tenido suerte. Un par de guantazos, unas cuantas patadas, y aquel desgraciado resolló como “un cerdo el día de San Martin”. Todavía le parecía escucharlo “te juro que te despellejaré vivo”, mientras caía abatido por mi colt 45.  Hacía tan sólo dos días que en Texas había un cabrón menos.

Jack, volvió a mirar el horizonte. Apenas quedaban unas millas para llegar al destino. Sacó su tabaco de mascar y corto un trozo que se echo a la boca, paladeando con lentitud. Y en ese preciso instante, creyó que no había nada en el mundo que pudiera robarle el placer que estaba experimentando. Se sentía afortunado.

El tren corría como un caballo enloquecido por el medio de la llanura, el permaneció pegado al techo del vagón sin apenas mover un músculo, sintiendo cómo su poncho se arremolinaba con el viento, que en esos momentos sacudía fuertemente sobre su cabalgadura de acero. Con la barbilla pegada al frío techo, su vista se perdía hacia  el horizonte. Sus ojos eran dos brasas. Los labios morados, y sus dientes rechinando en la oscuridad. Se aferró al techo con más fuerza. El traqueteo le sacudía sin compasión.

Esbozó una sonrisa mientras cerraba los ojos. Todo había terminado, y dentro de escasos minutos, llegaría al destino y  saltaría del tren, se encaminaría victorioso hacia la oficina del Sheriff. De pronto sintió que le sujetaban por los tobillos, que tiraban de él con fuerza. Miró hacia atrás, el pánico se dibujaba en su rostro con la certeza de que aquel bastardo que le miraba con ojos de asesino, era un hijo de perra supremo. Un cabrón inmortal con ribetes de canalla. Un ser infame salido de los mismísimos infiernos.

Con un rápido movimiento se soltó de las garras y le asestó una patada en la cara. Su enemigo, hizo un leve gesto al encajar el golpe. Su retorcido rostro se enfureció con una mueca satírica.

 El Indio se arrastró como una serpiente hacia él. Era todo furia. Jack comenzó a avanzar con los codos y las rodillas. Intentando librarse de la amenazas, que salían por la boca ensangrentada de su agresor. Se abalanzo sobre él como una bestia, golpeándole en la espalda. Jack se retorció de dolor.

De pronto, la luz lo inundó todo. Los ojos de el Indio se cegaron, repeliendo la luz del sol como una fiera herida. Se los cubrió con los antebrazos. Jack no lo pensó dos veces. Se incorporó de un salto, y se arrojó sobre él con fuerza. Era un mastodonte, un animal. El tren empezó a frenar con lentitud hasta detenerse. Fue el momento justo. Con las manos entrelazadas le asestó un contundente golpe en la cabeza. Aquello le dolió, le ardieron las manos, el Indio profirió un alarido y cayó de rodillas. Jack le dio un puñetazo en la mandíbula y, sin detenerse a valorar los daños, le propinó una tremenda patada en la cabeza, desplazándolo del sitio. El Texano cayó boca arriba. Miró a Jack que acababa de noquearlo. Le miró, lo justo para ver cómo se le venía encima con los puños  apretados y una mueca aniquiladora en la mirada. Y encajó tantos golpes, que a los pocos minutos se le nubló la vista. Ya no sentía las acometidas de Jack. Ya no sentía nada. Tan sólo un suave cosquilleo en el tobillo, justo donde guardaba su pequeña arma. Como si ese trozo de metal le estuviese llamando a gritos, diciéndole: “¡Serás cagon! Te estás dejando vencer por un gringo que no vale un centavo. Sácame y verá lo que vales. ¡Ándale y que no se diga!”. Y entonces, la mano que hasta ahora había permanecido adolecida, como muerta, cobró vida. Alargó los dedos y tocó la empuñadura. En segundos, encañonó la boca de Jack. Éste puso los ojos en blanco, tal vez por la sorpresa, y se quedó paralizado. Incapaz de tragar la saliva que le corría pegajosa por las comisuras.

—¡Juré que te despellejaría vivo, güebón!
Sonó un terrible impacto. Todo fue oscuridad.
Jack abrió los ojos muy despacio. La música de El bueno, el feo y el malo seguía sonando en sus oídos. Por unos segundos no supo dónde estaba. Se palpó la boca. Algo le corría por la comisura. Era caliente y húmedo. Hizo un esfuerzo para enfocar su vista. Y allí estaba. El Indio le miraba fijamente. Pero ya no estaban en el techo del tren. Estaba sentado frente a él. Y sus ojos no destilaban odio.

—Espabila, chaval, que ya hemos llegado a Almansa.



sueko



miércoles, 11 de abril de 2012

Los Versos del Capitán




Estos días voy a ir publicando  poco a poco "los versos del Capitán" de Pablo Neruda, espero que disfrutéis de su lectura como yo he disfrutado.


EN TI LA TIERRA

Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.


LA REINA

Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina.
Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
la alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.
 Y cuando asomas
suenan todos los ríos
en mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas
y un himno llena el mundo.
 Sólo tú y Yo,
sólo tú y yo, amor mío,
lo escuchamos.


EL ALFARERO

Todo tu cuerpo tiene
copa o dulzura destinada a mí.

Cuando subo la mano
encuentro en cada sitio una paloma
que me buscaba, como si te hubieran, amor, hecho de arcilla
para mis propias manos de alfarero.

Tus rodillas, tus senos,
tu cintura faltan en mí como en el hueco
de una tierra sedienta
de la que desprendieron
una forma,
y juntos
somos completos como un solo río,
como una sola arena.


TUS PIES

Cuando no puedo mirar tu cara
miro tus pies.

Tus pies de hueso arqueado,
tus pequeños pies duros.

Yo sé que te sostienen,
y que tu dulce peso
sobre ellos se levanta.

Tu cintura y tus pechos,
la duplicada púrpura de tus pezones,
la caja de tus ojos que recién han volado,
tu ancha boca de fruta,
tu cabellera roja,
pequeña torre mía.

Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.







Pablo Neruda