miércoles, 31 de julio de 2013

DESNUDO


Azules casi en veta, 
      retraídos, mentales. 
Puntos de luz latente dan señales
 
      de una sombra secreta.
 
Pero el color, infiel a la penumbra,
 
      se consolida en masa.
 
Yacente en el verano de la casa,
 
      una forma se alumbra.
 
Claridad aguzada entre perfiles,
 
      de tan puros tranquilos
 
que cortan y aniquilan con sus filos
 
      las confusiones viles.
 
Desnuda está la carne. Su evidencia
 
      se resuelve en reposo.
 
Monotonía justa: prodigioso
 
      colmo de la presencia.
 
¡Plenitud inmediata, sin ambiente,
 
      del cuerpo femenino!
 
Ningún primor: ni voz ni flor. ¿Destino?
 
      ¡Oh absoluto presente!



Jorge Guillen

martes, 30 de julio de 2013

NOCHES DEL MES DE JUNIO



Ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
                                                                           nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.
Eran las noches incurables
                                                        y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.
Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
            o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
                                               Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.


Jaime Gil de Biedma

lunes, 29 de julio de 2013

PRESO EN LOS LABERINTOS



Tras arder siempre, nunca consumirse,
y tras siempre llorar, nunca acosarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme, 
y tras siempre vivir, jamás morirme;
después de tanto mal, no arrepentirme;
tras tanto engaño, no desengañarme;
despues de tantas penas, no alegrarme,
y tras tanto dolor, nunca reírme;
en tantos laberintos, no perderme,
ni haber tras tanto olvido recordado,
¿qué fin alegre puede prometerme?
Antes muerto estaré que escarmentado;
ya no pienso tratar de defenderme, 
sino de ser de veras desdichado.

Luis de Gongora y Argote

domingo, 28 de julio de 2013

SONETO VI


Por ásperos caminos he llegado 
a parte que de miedo no me muevo; 
y si a mudarme a dar un paso pruebo, 
y allí por los cabellos soy tornado. 

Mas tal estoy, que con la muerte al lado 
busco de mi vivir consejo nuevo; 
y conozco el mejor y el peor apruebo, 
o por costumbre mala o por mi hado. 

Por otra parte, el breve tiempo mío, 
y el errado proceso de mis años, 
en su primer principio y en su medio, 

mi inclinación, con quien ya no porfío, 
la cierta muerte, fin de tantos daños, 
me hacen descuidar de mi remedio.


Garcilaso de la Vega

sábado, 27 de julio de 2013

PAN


Dejaron un pan en la mesa,
mitad quemado, mitad blanco,
pellizcado encima y abierto
en unos migajones de ampo.

Me parece nuevo o como no visto,
y otra cosa que él no me ha alimentado,
pero volteando su miga, sonámbula,
tacto y olor se me olvidaron.

Huele a mi madre cuando dio su leche,
huele a tres valles por donde he pasado:
a Aconcagua, a Pátzcuaro, a Elqui,
y a mis entrañas cuando yo canto.

Otros olores no hay en la estancia
y por eso él así me ha llamado;
y no hay nadie tampoco en la casa
sino este pan abierto en un plato,
que con su cuerpo me reconoce
y con el mío yo reconozco.

Se ha comido en todos los climas
el mismo pan en cien hermanos:
pan de Coquimbo, pan de Oaxaca,
pan de Santa Ana y de Santiago.

En mis infancias yo le sabía
forma de sol, de pez o de halo,
y sabía mi mano su miga
y el calor de pichón emplumado...

Después le olvidé, hasta este día
en que los dos nos encontramos,
yo con mi cuerpo de Sara vieja
y él con el suyo de cinco años.

Amigos muertos con que comíalo
en otros valles, sientan el vaho
de un pan en septiembre molido
y en agosto en Castilla segado.

Es otro y es el que comimos
en tierras donde se acostaron.
Abro la miga y les doy su calor;
lo volteo y les pongo su hálito.

La mano tengo de él rebosada
y la mirada puesta en mi mano;
entrego un llanto arrepentido
por el olvido de tantos años,
y la cara se me envejece
o me renace en este hallazgo.

Como se halla vacía la casa,
estemos juntos los reencontrados,
sobre esta mesa sin carne y fruta,
los dos en este silencio humano,
hasta que seamos otra vez uno
y nuestro día haya acabado...


Gabriela Mistral


viernes, 26 de julio de 2013

VACA


Se tendió la vaca herida;
Árboles y arroyos trepaban por sus cuernos.
Su hocico sangraba en el cielo.

Su hocico de abejas
bajo el bigote lento de la baba.
Un alarido blanco puso en pie la mañana.

Las vacas muertas y las vivas,
rubor de luz o miel de establo,
balaban con los ojos entornados.

Que se enteren las raíces
y aquel niño que afila su navaja
de que ya se pueden comer la vaca.

Arriba palidecen
luces y yugulares.
Cuatro pezuñas tiemblan en el aire.

Que se entere la luna
y esa noche de rocas amarillas:
que ya se fue la vaca de ceniza.

Que ya se fue balando
por el derribo de los cielos yertos
donde meriendan muerte los borrachos.


Federico Garcia Lorca

jueves, 25 de julio de 2013

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO


Cuando ya nada se espera personalmente exaltante
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades:
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.

Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.

Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: Poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.

Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.

Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.

Son lo más necesario: Lo que no tiene nombre.

Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos. 



Gabriel Celaya

miércoles, 24 de julio de 2013

AUNQUE DE EUROPA EL ROBADOR DIVINO


Aunque de Europa el robador divino 
siente el desdén, a Europa disculpaba; 
queriendo ser vencida, peleaba, 
que hay defensas que muestran el camino. 

Del rencor femenil es tan vecino  
el gusto que en el gusto siempre acaba. 
No quiere ser esquiva la más brava; 
esquiva quiere parecer, Licino. 

Si Filida te escucha y te responde, 
aunque de amor se te figure exenta,  
con blandos ruegos su dureza excita. 

Gobiérnete su pecho en lo que esconde, 
porque no es no pecar lo que ella intenta: 
pecar, mas con disculpa solicita.





Gabriel Bocángel y Unzeta

martes, 23 de julio de 2013

EL MALDICIONERO.


VIII
A LOS POETAS QUE MURIERON cuando éramos niños, mutilados de lengua, del sonido y del aire. A los poetas revolucionarios, prisioneros, maestros de la voz y de la lluvia, antipájaros que un día se estrellaron en el vómito del agua.

IX
LA LUCHA ES EL ÚNICO CAMINO de nuestro tiempo, bajo mis pies hay una ciudad de pájaros subterráneos, la noche los ahoga en par, ¿cuánto cuesta jugar al sepulturero?

Aceptar de golpe sin medir la susceptibilidad del insecto, el tiempo cambió veinticuatro horas desde la última vez.

El cuervo endurece el espinazo en el asoleo, lo hace indiferente a la humillación, tantas veces repetida la circunferencia en el aire, ¿qué importa que el aire sea distinto?, buscador incansable de una línea.

El hipócrita oído se hace inofensivo, la tierra cae y se filtra con la delicadeza de su peso, la humedad de la hoja desprendida renace en el ojo, tierra y sal se identifican en un nuevo estilo de soledad.

El agua deja su sabor y el ciervo como un tren de papel se detiene en la sombra, nadie sabe que estuvo de visita, habló del contenido de una nueva sustancia que denunciará la debilidad de los sentidos, ha dicho que las cosas van a cambiar en el camino a Tlapalán, país grande y azul donde los hombres aprenderán el idioma del agua.

Dice que la cruel sustancia cambiará la electricidad con la deslucidez de su aspecto y otra órbita en segundo grado de desintegración perecerá en el diagrama de una superioridad descendente.

X
ALGUIEN VIENE CON SU CASA llena de canarios adiestrados por el indio, silueta silvestre empacada en una vieja construcción en la espalda; la lengua se neutraliza y a la arena le crece una uña de pasto.

Quetzalcóatl como un ser solitario riega las flores de su casa, así aumenta su prisión de edades a donde viene todos los días una ciudad distinta de alcaldes.

Los niños aprendieron la historia de Texcoco, Netzahualcóyotl ya no está solo, despacio conquistador del tiempo; el dolor se va con dignidad.

Cuando apenas era un niño de meses su espíritu se pegó a su piel, poeta de una sola vez que aún no termina.

Con los dedos guardados en la cintura de algún sin lugar siquiera, mundo de eternidades, piedra vieja, tallada con el color de un hasta-ahora imposible.

Qué fácil suceden estas cosas, perderse de vista con la sospecha de lo mismo de siempre, soledad inmensa que nos vive de sobra, ¿qué hacer, callarse el corazón como los pájaros enfermos cuando cambia el tiempo?

¿Para qué seguir masticando edades si el hombre de este siglo no tolera himnos?


Francisco Azuela


lunes, 22 de julio de 2013

NO CONSIENTAN LOS DIOSES SINO VIDA


No consienten los dioses sino vida.

Todo, pues, rehusemos que nos alce

A irrespirables cimas,

Perennes mas sin flores.

La ciencia de aceptar tengamos sólo

Y, mientras de la sangre en nuestras 

sienes,

No con nosotros mústiase

El mismo amor, duremos,

Cual vidrios a las luces transparentes

Y dejando escurrir la lluvia triste,

Tibios al sol caliente

Y reflejando un poco.



 Fernando Pessoa

domingo, 21 de julio de 2013

EL SILENCIO DE UNOS OJOS


Qué me dicen tus dulces ojos negros,
tan cargados de sombras, ¡oh, adorada!
que en la noche me basta su recuerdo
para llenar mi corazón de lágrimas.

Qué me dicen tus dulces ojos negros,
en su silencio lleno de palabras
tan leves, que el oído nunca advierte
cuando se adentran en mi oscura entraña...

Tal dos aves que buscan su refugio
en un agrio peñón de oculta playa,
y en su áspero nidal, en vez de cánticos
alzan al cielo súplicas calladas. 


Fabio Fiallo

sábado, 20 de julio de 2013

A LA FINAL, CHE, SOMOS ESO ¿CÓMO DECIRLO?

  
El abasto es un exilio de la suerte apostando a que te mueras 
un atravesamiento de gangrenas militantes anestesiando el dolor
 
un no se qué de almanaques como tetas nos abandona en este paraíso defectuoso de buenos aires
 
nos escrupula la sonrisa
 
nos asila es este baldío donde sólo podemos amanecer como turistas
 
nos putea esta existencia hambrienta de suicidios
 
es que somos la cabeza de legañosos robespieres
 
la pituitaria estragada de luca  el sombrero hipocondríaco de gardel
 
y tal vez
 
por un ratito
 
el portafolios del cacho costantini cantando cuatro frescas con sus versitos
 
somos
 
la barbarie acumulada en lenguas de lamer insectos a la mesa
 
somos tristes por argentinos y fastidiosos por porteños
 
nos amputamos y nos putamos
 
estamos hasta el cuello de caños oficiales estallando por los barrios
 
no somos modernos
 

somos conservadores de treinta mil historias
 
conservadores del riesgo de amanecer vomitando lagartijas en las gorras policiales
 
conservadores de esta hipertensión ideológica que nos vuela la tapa de los sesos
 
eso somos
 
una manada sedienta de beberse la sangre derramada
 
unos descoyuntados esqueletos que no los va a enterrar ni dios padre
 
somos
 
comechingones de la calle corrientes
 
insomnes chiriguanos de la paternal
 
wichis del asfalto
 
ranqueles de san juan y boedo
 
bravos pampas del riachuelo
 
eso somos
 
un acertijo de sillas ruidando el poema de los carajos intelectuales
 
una conjetura de mujeres copulando como ventanas abiertas sobre las calles del puerto
 
la definitiva indecencia de pactar la noche con un balazo en la boca chorreando animalitos del alma en vez de sangre
 
una débil baba que aprovecha la última vuelta de mate para ensoparte las encías
 
eso somos
 
sí señor
 
concienzudamente lascivos a la hora de amar
 
inaproximables
 
amarcianados a fuerza de historia patria
 
enquilombados como amor de telenovelas
 
llenos de banderas atadas al cuello
 
de símbolos crucificados por todo el mundo
 
eso somos
 
¿cómo decirlo?
 
los aparecidos
 
los que quedamos como sombra adheridos a las paredes
 
a los ladrillos
 
a la inocencia de los trenes
 
a tanto muerto
 
amilagrando la ausencia de todos ellos




Daniel Barroso

viernes, 19 de julio de 2013

AL VOLVER



¡Bien hayas oh lejano
y glorioso contento
de volver a mirarla!
¡Qué desgano
el del viaje de ahora, que me cubre
de una angustia de pésame!
Presiento
la fuga del amor en este octubre.

Corre la antigua posta en la llanura
barrida por los cierzos de contino;
el sol avaro apenas si fulgura
sobre la paz de otoño del camino,
y con fúnebres sones
que se dilatan por la carretera
van entonando en la mañana austera
coplas de desamor los postillones.

(Fuensanta: cuando ingreso a tu azul valle
la ternura de ayer se me alborota,
pero yo le aconsejo que se calle.
Mi corazón es una cuerda rota).

Y te miro por fin... ¡Pero qué raros
se le aparecen a mi fe taimada
tu faz risueña y tus vestidos claros!
¡Oh, qué lejos te fuiste, enlutada!

Haces bien en reír de mis locuelas
ilusiones, ¡ay Dios!, de hacerte mía,
y en darlas un adiós, que es alegría
en el augurio de tus blancas telas.

En la zona en que muertas a cuchillo
mis esperanzas yacen hoy deshechas
¿no miras, dulce amada,
la pagana visión de un amorcillo
que me dispara sus ardidas flechas,


Ramon Lopez Velarde

jueves, 18 de julio de 2013

CUANDO TENDRE


Cuándo tendré, por fin, la voz serena, 
sencillo el gesto, la ansiedad cumplida, 
sigilados los labios de la herida, 
mi pleamar cansada por tu arena.

Cuándo mi sangre trazará en la vena 
su ronda acostumbrada y consentida, 
y unánimes irán —corta la brida- 
el fiero gozo y la dorada pena.

Cuándo estará mi boca sosegada, 
suave el aliento, el beso compañero, 
compartida la gracia de la almohada.

Cuándo llegará el día verdadero 
en que me suelte ya de tu mirada, 
para poder decirte que te quiero.


Antonio Gala

miércoles, 17 de julio de 2013

MUJER


Esas nubes amadas se hacen al fin estatua.
Si acaricio, doy forma
y, en el azul, desnuda como una diosa antigua,
estás tú, sólo bella.

Mas si viene la noche,
si una brisa te envuelve dulcemente asfixiante,
vuelves al mar confuso donde tomaste origen,
ola fresca y sonora que rompe alegremente,
toda alzada, y luego
ancha y derramada
como una madre llega ya al fin de las palabras,
sonríe piadosa.



Gabriel Celaya



martes, 16 de julio de 2013

SAUCE


Lirismo de invierno, rumor de crespones,
cuando ya se acerca la pronta partida;
agoreras voces de tristes canciones
que en la tarde rezan una despedida.

Visión del entierro de mis ilusiones
en la propia tumba de mortal herida.
Caridad verónica de ignotas regiones,
donde a precio de éter se pierde la vida.

Cerca de la aurora partiré llorando;
y mientras mis años se vayan curvando,
curvará guadañas mi ruta veloz.

Y ante fríos óleos de luna muriente,
con timbres de aceros en tierra indolente,
cavarán los perros, aullando, ¡un adiós!

Cesar Vallejo

lunes, 15 de julio de 2013

NECESITO DE TI


Necesito de ti, de tu presencia,
de tu alegre locura enamorada.
No soporto que agobie mi morada
la penumbra sin labios de tu ausencia.

Necesito de ti, de tu clemencia,
de la furia de luz de tu mirada;
esa roja y tremenda llamarada
que me impones, amor, de penitencia.

Necesito tus riendas de cordura
y aunque a veces tu orgullo me tortura
de mi puesto de amante no dimito.

Necesito la miel de tu ternura,
el metal de tu voz, tu calentura.
Necesito de ti, te necesito.


Rafael de León

domingo, 14 de julio de 2013

MADRIGAL AL BILLETE DE TRANVÍA


  Adonde el viento, impávido, subleva
torres de luz contra la sangre mía,
           tú, billete, flor nueva,
cortada en los balcones del tranvía.
  Huyes, directa, rectamente liso,
en tu pétalo un nombre y un encuentro
           latentes, a ese centro
cerrado y por cortar del compromiso.
  Y no arde en ti la rosa, ni en ti priva
el finado clavel, si la violeta
           contemporánea, viva,
del libro que viaja en la chaqueta.



Rafael Alberti

sábado, 13 de julio de 2013

LA VOZ


Se encontraba mi cuna junto a la biblioteca,
Babel sombría, donde novela, ciencia, fábula,
Todo, ya polvo griego, ya ceniza latina
Se confundía. Yo era alto como un infolio.

Y dos voces me hablaban. Una, insidiosa y firme:
«La Tierra es un pastel colmado de dulzura;
Yo puedo (¡y tu placer jamás tendrá ya término!)
Forjarte un apetito de una grandeza igual.»
Y la otra: «¡Ven! ¡Oh ven! a viajar por los sueños,
lejos de lo posible y de lo conocido.»
Y ésta cantaba como el viento en las arenas,
Fantasma no se sabe de que parte surgido
Que acaricia el oído a la vez que lo espanta.

Yo te respondí: «¡Sí! ¡Dulce voz!» Desde entonces
Data lo que se puede denominar mi llaga
Y mi fatalidad. Detrás de los paneles
De la existencia inmensa, en el más negro abismo,
Veo, distintamente, los más extraños mundos
Y, víctima extasiada de mi clarividencia,
Arrastro en pos serpientes que mis talones muerden.

Y tras ese momento, igual que los profetas,
Con inmensa ternura amo el mar y el desierto;
Y sonrío en los duelos y en las fiestas sollozo
Y encuentro un gusto grato al más ácido vino;
Y los hechos, a veces, se me antojan patrañas
Y por mirar al cielo caigo en pozos profundos.

Más la voz me consuela, diciendo: «Son más bellos
los sueños de los locos que los del hombre sabio».



Charles Baudelaire

viernes, 12 de julio de 2013

INVENTARIO GALANTE


Tus ojos me recuerdan
las noches de verano,
negras noches sin luna,
orilla al mar salado,
y el chispear de estrellas
del cielo negro y bajo.

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.

Y tu morena carne,
los trigos requemados
y el suspirar de fuego
de los maduros campos.

Tu hermana es clara y débil
como los juncos lánguidos,
como los sauces tristes,
como los linos glaucos.

Tu hermana es un lucero
en el azul lejano...

Y es alba y aura fría
sobre los pobres álamos
que en las orillas tiemblan
del río humilde y manso.

Tu hermana es un lucero
en el azul lejano.

De tu morena gracia,
de tu soñar gitano,
de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.

Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canciòn que deje
cenizas en los labios...

De tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.

Para tu linda hermana
arrancaré los ramos
de florecillas nuevas
a los almendros blancos,
en un tranquilo y triste
alborear de marzo.

Los regaré con agua
de los arroyos claros,
los ataré con verdes
junquillos del remanso...

Para tu linda hermana
yo haré un ramito blanco.



Antonio Machado

jueves, 11 de julio de 2013

LA HORMIGA


Sin saber que es domingo, ruidoso día de fiesta,
va llevando su carga la minúscula hormiga:
el trozo de una hoja en perfilada cresta
colúmpiase oscilante sin impedir que siga.

Apenas se apresura, que caminar le cuesta,
y se esfuerza consciente pues el deber la obliga,
prosiguiendo el sendero, pese a tal lastre, enhiesta,
pero sin detenerse ni demostrar fatiga.

¿Cómo sigue su rumbo el portentoso insecto,
conociendo infalible la dirección que toma?
¿Qué indicios lo conducen por previsto trayecto
y alcanzar sin perderse el lugar donde vive?
¿Será acaso la brisa? ¿O tal vez el aroma?
¿Quizá la propia tierra por su altura o declive?
¿Cuál será la conciencia de un obrar tan perfecto?

Marilina Rébora 



miércoles, 10 de julio de 2013

AL SOL, EN UN DÍA DE DICIEMBRE


Reina en el cielo, ¡Sol!, reina, e inflama
Con tu almo fuego mi cansado pecho:
Sin luz, sin brío, comprimido, estrecho,
Un rayo anhela de tu ardiente llama.

A tu influjo feliz brote la grama;
El hielo caiga a tu fulgor deshecho:
¡Sal, del invierno rígido a despecho,
Rey de la esfera, sal; mi voz te llama!
De los dichosos campos do mi cuna
Recibió de tus rayos el tesoro,
Me aleja para siempre la fortuna:
Bajo otro cielo, en otra tierra lloro,
Donde la niebla abrúmame importuna...
¡Sal rompiéndola, Sol; que yo te imploro!


Gertrudis Gomez de Avellaneda

martes, 9 de julio de 2013

NO PONDRAS NOMBRE AL FUEGO


No medirás la llama
con palabras dictadas por la tribu,
no pondrás nombre al fuego,
no medirás su alcance.

Todas las llamas son el mismo fuego.
Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos
que la razón construye en sus tinieblas.

Hay que bajar al cuerpo, muy adentro,
tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar
el gozo de la lava.

No importa en qué caderas,
en qué pecho resbale,
no importa la estatura, el sexo o la materia
pues todos caminamos sobre la misma pira.

No medirás la llama con palabras que encubren
los viejos sentimientos de los hombres.



 Chantal Maillard

lunes, 8 de julio de 2013

PROLOGO


I
Sí, yo he escrito estos Abrojos
tras largas penas y agravios,
ya con la risa en los labios,
ya con el llanto en los ojos.

Tu noble y leal corazón,
tu cariño, me alentaba
cuando entre los dos mediaba
la mesa de redacción.

Yo, haciendo versos, Manuel,
descocado, antimetódico,
en el margen de un periódico,
o en un trozo de papel.

Tú , aplaudiendo o censurando,
censurando o aplaudiendo
como crítico tremendo,
o como crítico blando.

Entonces, ambos a dos,
de mil ambiciones llenos,
con dos corazones buenos
y honrados, gracias a Dios,

hicimos dulces memorias,
trajimos gratos recuerdos,
y no nos hallamos lerdos
en ese asunto de glorias.

Y pensamos en ganarlas
paso a paso y poco a poco...
Y ya huyendo el tiempo loco
de nuestras amigas charlas,

nos confiamos los enojos,
las amarguras, los duelos,
los desengaños y anhelos...
y nacieron mis Abrojos.

Obra, sin luz ni donaire,
que al compañero constante
le dedica un fabricante
de castillos en el aire.

Obra sin luz, es verdad,
pues rebosa amarga pena;
y para toda alma buena
la pena es oscuridad.

Sin donaire, porque el chiste
no me buscó, ni yo a él;
ya tú bien sabes, Manuel,
que yo tengo el vino triste.
II
Juntos hemos visto el mal
y en el mundano bullicio,
cómo para cada vicio,
se eleva un arco triunfal.

Vimos perlas en el lodo,
burla y baldón a destajo,
el delito por debajo
y la hipocresía en todo.

Bondad y hombría de bien,
como en el mar las espumas,
y palomas con las plumas
recortadas a cercén.

Mucho tigre carnicero,
bien enguantadas las uñas,
y muchísimas garduñas
con máscaras de cordero.

La poesía con anemia,
con tisis el ideal,
bajo la capa el puñal
y en la boca la blasfemia.

La envidia que desenrosca
su cuerpo y muerde con maña;
y en la tela de la araña
a cada paso la mosca...

¿Eres artista? Te afeo.
¿Vales algo? Te critico.
Te aborrezco si eres rico,
y si pobre, te apedreo.

Y de la honra haciendo el robo
e hiriendo cuanto se ve,
sale cierto lo de que
el hombre del hombre es lobo.
III
No predico, no interrogo.
De un sermón ¡qué se diría!
Esto no es una homilía,
sino amargo desahogo.

Si hay versos de amores, son
las flores de un amor muerto
que brindo al cadáver yerto
de mi primera pasión.

Si entre esos íntimos versos
hay versos envenenados,
lean los hombres honrados
que son para los perversos.

Y tú, mi buen compañero,
toma el libro; que en verdad
de poeta y caballero,
con mis Abrojos no hiero
las manos de la amistad.



Ruben Dario

domingo, 7 de julio de 2013

VEN, SIEMPRE VEN

No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente, 
las huellas de unos besos,
ese resplandor que aun de día se siente si te acercas,
ese resplandor contagioso que me queda en las manos,
ese río luminoso en que hundo mis brazos,
en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero.
No quiero que vivas en mí como vive la luz,
con ese ya aislamiento de estrella que se une con su luz,
a quien el amor se niega a través del espacio
duro y azul que separa y no une,
donde cada lucero inaccesible
es una soledad que, gemebunda, envía su tristeza.
La soledad destella en el mundo sin amor.
La vida es una vívida corteza,
una rugosa piel inmóvil,
donde el hombre no puede encontrar su descanso,
por más que aplique su sueño contra un astro apagado.
Pero tú no te acerques. Tu frente destellante, carbón encendido que me arrebata a la propia conciencia,
duelo fulgúreo en que de pronto siento la tentación de morir,
de quemarme los labios con tu roce indeleble,
de sentir mi carne deshacerse contra tu diamante abrasador.
No te acerques, porque tu beso se prolonga como el choque imposible de las estrellas,
como el espacio que súbitamente se incendia,
éter propagador donde la destrucción de los mundos
es un único corazón que totalmente se abrasa.
Ven, ven, ven como el carbón extinto oscuro que encierra una muerte;
ven como la noche ciega que me acerca su rostro;
ven como los dos labios marcados por el rojo,
por esa línea larga que funde los metales.
Ven, ven, amor mío; ven, hermética frente, redondez casi rodante
que luces como una órbita que va a morir en mis brazos;
ven como dos ojos o dos profundas soledades,
dos imperiosas llamadas de una hondura que no conozco.
¡Ven, ven, muerte, amor; ven pronto, te destruyo;
ven, que quiero matar o amar o morir o darte todo;
ven, que ruedas como liviana piedra,
confundida como una luna que me pide mis rayos!



Vicente Aleixandre