lunes, 18 de junio de 2012

DAME, DAME LA NOCHE (Antonio Carvajal)


Dame, dame la noche del desnudo
para hundir mi mejilla en ese valle,
para que el corazón no salte, y calle:
hazme entregado, reposado y mudo.

Dame, dame la aurora, rompe el nudo
con que ligué mis rosas a tu talle,
para que el corazón salte y estalle:
hazme violento, bullidor y rudo.

Dame, dame la siesta de tu boca,
dame la tarde de tu piel, tu pelo:
sé lecho, sé volcán, sé desvarío.

Que toda plenitud me sepa a poca,
como a la estrella es poco todo el cielo,
como la mar es poca para el río.



Antonio Carvajal

domingo, 17 de junio de 2012

MI AMOR... ¡POR UNA ROSA! (ALI AL HADED)


MI AMOR... ¡POR UNA ROSA!
Ayer crecía, enhiesto, 
el tallo de una rosa en mi huerto
 
y soñaba, el bohemio,
 
en el ajetreo de un mirlo
 
y en el cantar de una calandria
Ayer crecía, enhiesto, 
el tallo de una rosa en mi huerto
 
y corría el niño divertido
 
por el patio de una casa
Ayer crecía, enhiesto, 
el tallo de una rosa en mi huerto
 
mientras yo besaba a la novia
 
con mis labios encendidos
 
al despuntar el alba
 
ese pimpollo tierno
 
que coronaba la flora
 
de su seno virgo
Ayer crecía, enhiesto, 
el tallo de una rosa en mi huerto
 
pero ayer era otro día  —decía un filósofo
 
adivinando que, tal vez, el hoy
 
se moriría inextricablemente en el mañana
Ayer crecía, enhiesto, 
el tallo de una rosa en mi huerto
 
la luna lo sabía y por eso
 
su sonrisa era de nácar
 
y su aliento a caramelo
 
que eclipsaba al cielo
 
todas las noches desde la terraza
Sin su tallo, sin su fruto, sin su aroma 
¡hoy, amaneció la rosa deshojada
 
por el arbitrio de unos dedos!
 
apagando la sonrisa de una infancia
 
el cantar de una calandria
 
el ajetreo de un mirlo
 
y el sueño de un bohemio...
¡y se marchitó mil huerto! 
y se fue la novia...
 
y la luna fue vista llorando en la terraza
¡Oh, Rosa! ¡Oh, huerto! ¡resucitad os pido! 
que aún deseo besar a la novia
 
con mis labios encendidos
 
al despuntar el alba
 
ese pimpollo tierno
 
que coronaba la flora
 
de su seno virgo.


Ali al Haded

sábado, 16 de junio de 2012

LA VOZ DEL MAR ( ALI AL HADED)


LA VOZ DEL MAR
Arena en el mar 
mar en el desierto...
 
¡qué otro mar que la lágrima!
 
¡qué otra lágrima que la arena!
 
¡cuánto llanto! ¡cuánta soledad!
¿Dónde un espejo, ¡oh mar! 
en esta arena, que como tú,
 
refleje nuestro rostro
 
y nos devuelva intacta
 
esa imagen con la que Dios
 
a su semejanza hombre nos hizo?
La poesía del mar 
en un argot de silicio
 
impregna la tarde del hombre
 
y desde aquí diviso al sol
 
desde esta atalaya desnudo
Hay una multitud de fieras 
agazapadas desde el pleistoceno
 
esperando el deceso del crepúsculo
 
y adivino que están cerca y se aproximan
 
procurando acorralar  las horas
 
en el mítico segundo de un reloj de arena
Arena en el mar 
mar en el desierto...
 
¡cuánta infinitud de sueños
 
y de sal albergas en tu lecho!
 
tus aguas no se rinden
 
ni se rindieron
 
¡tu voz no callará!
Será así desde el comienzo
Tu voz profética 
nos hablará y nos enseñará
 
todos los días de nuestra iniquidad
Mar fileteado por la luna 
en tu ancho pliego anida un cuerpo
 
y en tus ojos una lágrima de sal
¡Hay un beso triste que se posa en el agua 
cuando solloza la luna de Arabia
 
durante las noches de Omán!


Alí Al Haded

viernes, 15 de junio de 2012

DOLOR



Quisiera esta tarde divina de octubre
Pasear por la orilla lejana del mar;

Oue la arena de oro, y las aguas verdes,
Y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
Como una romana, para concordar

Con las grandes olas, y las rocas muertas
Y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
Y la boca muda, dejarme llevar;

Ver cómo se rompen las olas azules
Contra los granitos y no parpadear

Ver cómo las aves rapaces se comen
Los peces pequeños y no despertar;

Pensar que pudieran las frágiles barcas
Hundirse en las aguas y no suspirar;

Ver que se adelanta, la garganta al aire,
El hombre más bello; no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
Perderla, y que nunca la vuelva a encontrar;

Y, figura erguida, entre cielo y playa,
Sentirme el olvido perenne del mar.



Alfonsina Storni