"Sumérgete en el océano de emociones tejido por palabras, donde cada verso es un eco del alma y cada estrofa es un viaje hacia la profundidad del corazón: Bienvenido al santuario de la poesía, donde los sueños danzan entre líneas y los sentimientos florecen en cada palabra."

viernes, 9 de diciembre de 2011

Boby






Aquí os traigo un cuento para niños espero que os guste.








Era un perro de tamaño mediano. El perro se llamaba Boby y al oír su nombre, meneaba la cola y miraba hacia quien lo llamaba.
Su dueño se llamaba Quique y quería mucho a su compañero de juegos y de exploraciones por el monte cercano, al cual iban cuando su madre se lo permitía.
Boby había aprendido a traerle a quique sus libros, cuadernos y lapices que tomaba delicada mente con su boca, valiéndose de sus dientes. A Boby le gustaba ir al parque con Quique y sus amigos, se lo pasaba bien corriendo detrás de las ardillas y los pájaros, jugaba con ellos al escondite, cuando se tenia que esconder, no lo encontraban, le tenia que reclamar su dueño, para que saliera que había ganado, a Boby lo querían mucho en el barrio, un buen día que se fueron todos los amigos de excursión al monte, después de jugar, buscar setas y almorzar, se disponían a partir, cuando uno de los amigos no aparecía, gracias a su olfato, Boby lo encontró perdido a tres kilómetros de donde habían acampado.
Un día que estaban en el parque, estaba jugando con las ardillas, cuando unos desconocidos se acercaron a Quique ofreciéndole golosinas, sabia que no tenia que coger nada de desconocidos, pero las golosinas eran tan tentadoras que las acepto, cuando se acerco a cogerlas los hombres lo cogieron del brazo con la intención de subirlo al coche, se puso a gritar pero los hombres eran mas fuertes y no se podía soltar, Boby que había oído a su amo gritar se fue corriendo y ladrando hacia donde estaban los hombres sujetando a su dueño, el policía que vigilaba en el parque, rápidamente dio la voz de alarma y entre los vecinos que se encontraban allí, redujeron a los secuestradores.
A partir de ese día Boby nunca mas volvió a perder de vista a Quique.


La moraleja de este cuento es: No aceptes nada de desconocidos, y hacerle caso a los papás

sueco

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